domingo, 25 de septiembre de 2011

"BOLIVIA" O UNA HISTORIA SOBRE LOS CONFLICTOS MULTICULTURALES DE LA GLOBALIZACIÓN


Autores: María Marta Cardesa. Vanina Capdevilla. Diana Durán. David Stebe. Laureano Correa y Alicia Schwerdt. Prof. María José Blanco. Transformaciones culturales y educación. Tramo pedagógico de nivel superior. ISFD Nº 79. 2011.

Introducción

El siguiente informe analítico tiene el objetivo de analizar la película Bolivia de Caetano a través de la aplicación y articulación de los conceptos que surgen de la lectura del libro del antropólogo y crítico cultural argentino Néstor García Canclini, “Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización.”

En primer término, describimos de manera contextual la película con el propósito de extraer las consideraciones requeridas para su relación con los temas que aborda el libro. En segundo término, establecemos las confluencias conceptuales del libro y el film. En un último acápite, incluimos algunas conclusiones relacionadas con la identidad y las políticas urbanas desde una perspectiva crítica.

1. Breve descripción de la película de Israel Adrián Caetano

“Bolivia es una radiografía de la actualidad de los desposeídos del planeta, acorralados por el desempleo, la carestía de vida y la xenofobia, entre otras perlas, y la desesperanza y agresividad hacia el otro que surgen como consecuencia de aquellos factores. En la fonda, donde se registra el clima de la calle, y en la calle, donde el maltrato de la policía revela el envilecimiento oficial que recorre el país. Bolivia es un ejemplo para el cine de América Latina, setenta y cinco minutos de conciencia de límites logísticos y posibilidades creativas que han engendrado una propuesta rigurosa y honesta, sin ripio”.

Ficha técnica

Director: Israel Adrián Caetano.
Duración: 75 min.
Edición: Argentina –Holanda

Intérpretes: Freddy Flores (Freddy), Rosa Sánchez (Rosa), Oscar Bertea (Oso), Enrique Liporace (Enrique Galmes), Marcelo Videla (Marcelo), Héctor Anglada (Héctor), Alberto Mercado (Mercado), Luis Enrique Caetano (Hombre Locutorio I), Rodolfo Resch (Hombre Locutorio II), Rafael Ferro (Borracho).

La película trata con gran realismo urbano la discriminación y la xenofobia que sufren los migrantes limítrofes, especialmente bolivianos. De allí su nombre: “Bolivia”. Es una historia de migrantes en Buenos Aires, claro está en un segundo paso del itinerario migratorio desde la frontera hasta la gran ciudad.
Transcurre en escasos y estrechos escenarios, centralmente en un pequeño Café-Bar de un barrio porteño, al que llega el migrante boliviano indocumentado, Freddy y en el que trabaja otra migrante de nacionalidad paraguaya, Rosa.
Las primeras escenas muestran el sencillo bar y sus habitués con sus problemáticas cotidianas –especialmente económicas, como la posible pérdida de un auto o de la casa de alquiler-. Entre ellos se destaca un “visitante crónico, un sujeto amargado y hostil llamado “Oso”, quien reniega de todo y contra todos, pero en especial pone la puntería en el extranjero”.
En ese lugar, comienza a trabajar Freddy, inicialmente confundido con un peruano que es lo mismo que cualquier otro latinoamericano. El bar se llena cuando los concurrentes ven partidos de fútbol o peleas de box y algunos recalan en él en búsqueda de solidaridad social, pero también para el consumo de droga. Acompaña una de las primeras escenas la trasmisión de un partido de fútbol entre Argentina y Bolivia.
Freddy comienza a trabajar en la parrilla recién llegado solo de Bolivia, ya que ha dejado su familia en este país. Su aspecto es desgarbado y su personalidad aparentemente sumisa, dado el contexto en que se encuentra. La causa de la migración de Freddy se descubre a través de la pregunta de Ana cuando ante su requerimiento le cuenta que trabajaba en la cosecha de “coca” y que los “yanquis” quemaron esas plantaciones por lo que queda desocupado, si bien en realidad, nunca tuvo una ocupación formal.
El patrón, Enrique, tiene todo el aspecto de un porteño discriminador que maltrata a sus empleados como a la moza paraguaya Rosa.
Durante toda la película, los epítetos pronunciados por los parroquianos del bar contra los trabajadores y, en general, contra todos los migrantes son muy denigrantes, tanto sobre los bolivianos, peruanos y, en general, sobre todos los latinoamericanos, como si los argentinos no lo fuéramos. También se aprecia la homofobia y el desprecio por el migrante interno, Héctor, uno de los taxistas que recalan en el bar.
En las primeras escenas el patrón manda a Freddy a echar a quienes están en las mesas sin consumir y lo tratan muy mal.
El “Oso”, quizás uno de los personajes más agresivos y violentos del film, que está almorzando le reclama al patrón por darle trabajo al “boliviano”.
Rosa y Freddy comienzan una relación solidaria frente a las circunstancias que los rodean que se manifiesta, por ejemplo, en el reparto de la propina cotidiana y en el compartir las comidas. Los diálogos son breves: ¿hace cuánto que trabajas?, ¿hace cuánto que vives aquí?, pregunta Rosa. Freddy ha llegado hace una semana y no tiene donde vivir. Nunca había estado en Buenos Aires y parece tener pocos recursos y conocimientos para enfrentar la gran ciudad. Rosa dice que no ve la hora de irse, a pesar de que ya tiene más tiempo de residencia precaria en la gran urbe.
En un momento, Freddy pide permiso al patrón para hablar por teléfono a Bolivia y lo envía a un lugar indiferenciado, en vez de a un locutorio, donde lo esperan y lo confunden nuevamente con un peruano. Habla con su hija Anita, a quien le dice “wawita”, típica expresión boliviana y con su mujer de manera entrecortada, mintiendo al contar que está trabajando en un “restaurante”, cuando en realidad, es parrillero informal de un simple bar. Su trabajo es indigno tanto por la situación laboral de un jefe que lo maltrata y le paga poco, como también por el ambiente hostil que lo rodea.
La primera noche de su trabajo, Freddy no tiene donde ir y deambula por las calles del barrio donde es encontrado y maltratado por dos policías que le preguntan “de dónde venís”. Él trata de evadir las respuestas y dice “de cerquita”, “estoy de paso”, “vine a ver a un familiar”. Muestra sus papeles migratorios y los policías, conociendo las circunstancias generales en que vive esta población, lo rechazan diciendo: “si te vuelvo a ver por aquí te llevo preso”.
Freddy se sienta en otro pequeño bar y pide un simple café para pasar la noche.
En la siguiente secuencia, Freddy y Rosa van a bailar a una cantina donde se encuentran los migrantes, en la que se escucha de fondo una canción que dice “añorando mi tierra”. Freddy y Rosa tienen una fugaz relación que nace de la solidaridad y la soledad. Rosa aun sabiendo que es casado lo lleva a su “pieza” en un hotel.
Existen muchas muestras de la discriminación en el desarrollo de la película cuando los argentinos –de clases bajas y marginales porteñas- expresan, por ejemplo: “cuando te querés acordar son tus patrones”, “parece que aquí en Buenos Aires son todos así”, “cualquier paraguayo viene a dormir aquí”, “vos te pensás que yo soy ese bolita que está parando ahí”, “pensás que necesito a un boliviano”, “los bolivianos son ratas”, entre tantos otros.
El desenlace de la película no puede ser otro que la muerte de Freddy en manos de uno de los parroquianos, el “Oso”, el más xenófobo, que ante una gresca termina tirándole un tiro desde un taxi. Queda allí Freddy “tumbado” en el bar, en total soledad su cuerpo de migrante; y al día siguiente el cartelito de “se necesita cocinero parillero” da cuenta de su fugaz itinerario migratorio en Buenos Aires.

2. Confluencias conceptuales de “Bolivia” y “Consumidores y ciudadanos”




Comenzando por el subtítulo del libro: “Conflictos multiculturales de la globalización”, el principal problema que aúna la película y el libro es el antagonismo xenófobo entre los habitantes de una gran ciudad como Buenos Aires y los inmigrantes ilegales de los países limítrofes. Conceptualiza García Canclini que los “(…) conflictos interculturales y el racismo crecen en muchas fronteras nacionales y en todas las grandes ciudades del continente , como se aprecia en el film, aun en la escala local que muestra el espacio fílmico.
La película de Caetano es un relato trágico de la multiculturalidad por lo que muchas de los argumentos de García Canclini pueden aplicarse en un marco de gran pesimismo. Así por ejemplo, el protagonista Freddy es un representante de la negación de la multiculturalidad. El migrante es una víctima de una multiculturalidad enferma, plena de xenofobia, segregación y violencia.
Por otra parte, Freddy también representa un mundo de carencias y marginalidad, típico del modelo neoliberal del que García Canclini propone una perspectiva interdisciplinaria. En tal sentido señala que “(…) una visión integral también debe dirigir la mirada hacia los grupos donde las carencias se multiplican. El modo neoliberal de hacer la globalización consiste en reducir empleos para reducir los costos, compitiendo entre empresas transnacionales que no se sabe desde dónde se dirigen, de manera que los intereses sindicales y nacionales casi no pueden ejercerse. Todo esto lleva a que más del 40 % de la población latinoamericana esté privada de trabajos estables y seguridades mínimas…” Y Freddy es un representante paradigmático de ese 40 % de la población latinoamericana.
Quizás sea la siguiente conceptualización de García Canclini la que sintetice parte del informe sobre “Bolivia” en relación con “Consumidores y ciudadanos”. “¿Qué función cumplen las industrias culturales que se ocupan no sólo de homogeneizar sino de trabajar simplificadamente con las diferencias, mientras las comunicaciones electrónicas, las migraciones y la globalización de los mercados complican más que en cualquier otro tiempo la coexistencia entre los pueblos?” , explica el antropólogo argentino y ciertamente la relación entre el cine como industria, el fenómeno migratorio y el problema de la coexistencia de los pueblos estén allí plasmados.
Por otra parte, la cultura de lo efímero a la que hace referencia García Canclini como una de las “(…) dos maneras de interpretar el descontento contemporáneo suscitado por la globalización" , es aquella que algunos autores posmodernos aplican a los sectores para los cuales el problema no es tanto lo que les falta, sino que lo que tienen que se vuelve a cada instante obsoleto o fugaz, como son el fútbol o el boxeo que miran los parroquianos por televisión en el film.
Si bien no se puede ubicar espacio-temporalmente en términos de globalización a la película de Caetano, que transcurre en tiempos históricos previos al estado actual del proceso globalizador, sí es posible coincidir en relación con el film en que los “(…) conflictos interculturales y el racismo crecen en muchas fronteras nacionales y en todas las grandes ciudades del continente. Nunca ha sido tan necesario como ahora elaborar políticas educativas, comunicacionales y de regulación de las relaciones laborales que fomenten la convivencia democrática interétnica” . La Argentina como país representa a esas naciones y Buenos Aires como metrópolis es una de esas ciudades donde el conflicto intercultural se produce entre porteños y migrantes limítrofes; donde la ausencia de políticas laborales impide el fomento de la convivencia como bien lo demuestra el film a través del conflicto y la tragedia.
También es posible comparar la situación de Estados Unidos con la de la Argentina que muestra el film de Caetano –aun mediando distancias sociales notorias y de menor discriminación-, cuando García Canclini afirma que “(…) la reestructuración de las condiciones laborales y el creciente racismo agudizan la represión a los migrantes latinoamericanos, contradiciendo las tendencias integrativas de los acuerdos de libre comercio” . Debemos advertir que la película es ardua en tal sentido, ya que la situación de los migrantes latinoamericanos en la Argentina es mejor en términos de lo que el Estado promueve como los decretos de amnistía y otras políticas migratorias de mayor solidaridad con el migrante que las políticas norteamericanas.
En “Bolivia” no se aprecia el ser ciudadano como lo conceptualiza Canclini en relación “(…) con los derechos reconocidos por los aparatos estatales a quienes nacieron en un territorio, sino también con las prácticas sociales y culturales que dan sentido de pertenencia y hacen sentir diferentes a quienes poseen una misma lengua, semejantes formas de organizarse y satisfacer sus necesidades.” Sino, muy por el contrario, se advierte la antítesis de lo que es la ciudadanía, ya que el autor expresa que “(…) en América Latina la experiencia de los movimientos sociales está llevando a redefinir lo que se entiende por ciudadano, no sólo en relación con los derechos a la igualdad sino también con los derechos a la diferencia.” Derechos estos ausentes en la historia del protagonista.
Tampoco es posible apreciar en el film la nueva escena sociocultural con sus cinco procesos de modificación sociocultural , sino una fijación en tiempos preposmodernos, exceptuando la “(…) redefinición del sentido de pertenencia e identidad, organizado cada vez menos por lealtades locales o nacionales y más por la participación en comunidades transnacionales o desterritorializadas de consumidores”, como podrían ser los migrantes limítrofes.
Y tampoco se presentan en el film manifestaciones de la sociedad civil concebida como una “(…) nueva fuente de certezas en este tiempo de incertidumbres, [sino más bien] otro concepto totalizador destinado a negar el heterogéneo y desintegrado conjunto de voces que circulan por las naciones” .
En el microcosmos del bar de “Bolivia”, se revelan algunas de las múltiples perspectivas que describe García Canclini a otras escalas. Por ejemplo, se aprecia el contraste entre la noción de barrio y ciudad actual. Dice el autor que la masificación de la ciudad redujo las interacciones barriales lo que ocurrió junto con la reinvención de lazos sociales y culturales en la televisión. Y agrega que son estos medios los que ahora, desde su lógica vertical y anónima, diagraman los nuevos vínculos invisibles de la urbe . Estas apreciaciones se ven reflejadas en las escenas del bar cuando los parroquianos ven televisión como una mass media indiferenciada y también en la ausencia de los lazos sociales del barrio en que transcurre la fugaz presencia de Freddy. También allí se advierte el conflicto, la discriminación y el desarraigo a los que alude García Canclini en todo su libro.
En el capítulo titulado “Disolución de las identidades”, García Canclini hace referencia a una cuestión que el film no manifiesta, pero que es para tener en cuenta: “(…) otra vía prometedora, aún inexplorada, para documentar la discriminación entre habitantes de diversas zonas de una misma ciudad, y sobre todo hacia los migrantes, sería estudiar el racismo y el clasismo en el humor” , aspecto excluido por Caetano que crea una atmósfera dura, ruda, tenebrosa, lúgubre, en blanco y negro, donde el humor no tiene cabida.
En ese contexto, el migrante interno arquetípico del film, Héctor, responde en Buenos Aires al fenómeno de la “(…) la irrupción masiva de provincianos desde los años cuarenta fue etiquetada como "aluvión zoológico"; a los recién llegados se les denomina desde "cabecitas negras" hasta "teléfonos públicos": "son negros, cuadrados y no funcionan" . Todos ellos, términos que bien se podrían haberse incluido en la película, cuyo protagonista es un migrante extranjero y no el personaje secundario del migrante interno.

3. Aportes relacionados con la identidad y las políticas culturales

Una perspectiva para la ampliación de los horizontes planteados en la película “Bolivia” es la reinvención de las políticas, según García Canclini, en relación con que será necesario lograr políticas que representen las identidades multiculturales en la era de la globalización.
¿Cuál es la identidad de Freddy? Ninguna… García Canclini dice que se “(…) estableció que tener una identidad equivalía a ser parte de una nación, una entidad espacialmente delimitada, donde todo lo compartido por quienes la habitaban —lengua, objetos, costumbres— los diferenciaría en forma nítida de los demás. Esos referentes identitarios, históricamente cambiantes, fueron embalsamados por el folclore en un estadio tradicional de su desarrollo y se les declaró esencias de la cultura nacional”.
Bien podemos tener en cuenta que las identidades modernas eran territoriales y casi siempre monolingüísticas y se construyeron a través de la subordinación de las regiones y etnias en un territorio, como un proceso opuesto al de otras naciones, según las expresiones de García Canclini. El autor cita la zona de origen del protagonista –Bolivia-, como un área andina en la que las políticas de homogeneización modernizadora “(…) escondieron la multiculturalidad bajo el dominio del español y la diversidad de formas de producción y consumo dentro de los formatos nacionales” . Esta cuestión podría estar en el origen del proceso de expulsión territorial, de desterritorialización y consecuente inmigración del protagonista del film.
Los siguientes argumentos acerca de la ciudadanía actual según García Canclini son aplicables al film en relación con la condición de migrante de Freddy y de una “(…) cultura de la ciudad [que] es lugar de intersección de múltiples tradiciones nacionales —las de los migrantes reunidos en cualquier metrópoli — que a su vez son reorganizadas por el flujo transnacional de bienes y mensajes”.
Se plantean, en conclusión, las políticas culturales urbanas en América Latina y qué principios podrán guiarlas en las grandes ciudades. Tales políticas requerirán, de acuerdo a García Canclini:
- políticas multisectoriales, adaptadas a las zonas, los estratos económicos, educativos y generacionales,
- políticas culturales más democráticas,
- responsabilidad ciudadana a través de movimientos sociales que no propicien nostálgicamente la xenofobia de manera reactiva a la globalización y
- la posibilidad de reconstruir un imaginario común que combine los arraigos territoriales de barrios o grupos con la participación solidaria en la información y el desarrollo cultural propiciado por medios masivos de comunicación.

Por último, coincidimos con García Canclini en la necesidad de “(…) reconstruir desde la sociedad civil y con el Estado una multiculturalidad democrática” . Para que no mueran más Freddys.

Bibliografía citada

GARCÍA CANCLINI, Néstor. Consumidores y ciudadanos. Conflictos multiculturales de la globalización. México, Grijalbo, 1995. ISBN 970-05-0586-3
QUISPE, Gabriel. Bolivia (2001). Perú. Cinencuentro.com -Todo el cine del Perú., 2007.

domingo, 31 de julio de 2011

LA PELÍCULA QUE MARCÓ TU VIDA



Cuando van al cine, el 95% de los adolescentes argentinos elige solamente filmes norteamericanos. Un escaso 3% vio alguna película argentina en el último año y nadie vio cine europeo o latinoamericano. Estas cifras -que resultan de una encuesta entre adolescentes de todo el país- se repiten cuando alquilan o compran filmes: todos eligen de Estados Unidos; básicamente, ciencia ficción y terror.
La homogeneidad de respuestas por un único estilo de cine no es un problema menor. El acceso a un cine diversificado es fundamental para una sólida formación cultural en los jóvenes. Si los adolescentes no pueden ir al cine o si ven un solo tipo de cine, verán también limitado su capital cultural.
¿Es posible que los chicos amplíen sus gustos y descubran un cine diferente al que usualmente ven? ¿Cómo explicarles que en la diversidad podrían descubrir una película que los marque para siempre? Un reciente libro, elaborado por el Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación, preguntó a unos veinte cineastas argentinos: "¿Qué película marcó tu vida y un adolescente no debería dejar de ver?" Participaron realizadores de los más variados géneros, estilos, edades y trayectorias. Todos bajo un común denominador: elegir una película, una sola, aquella que dejó una huella en sus vidas para siempre.
Más allá de la enorme variedad de filmes seleccionados (hubo norteamericanos, argentinos, europeos y asiáticos) es interesante detenerse en los motivos que dieron. Algunos hablaron de las virtudes de la película: "Por sus valores"; "por los sentimientos que genera"; "por su belleza y estética"; "por el tema" y "porque es una obra maestra".
Otros cineastas, en cambio, hablaron de sí mismos: "Porque fue la primera película de adultos que vi"; "porque me hizo llorar"; "porque decidió mi vocación", "porque me ayudó a romper con mandatos familiares" y "porque fue la primera vez que vi llorar a mi papá".
Ningún realizador rechazó la propuesta del libro. Ninguno dijo que era imposible elegir una única película. Todos respondieron. Todos repasaron sus vidas y encontraron rápidamente una película que los marcó. Las emotivas respuestas reflejan que efectivamente un filme puede dejar una huella que las personas lleven consigo toda su vida. Quizás sea uno solo, pero lo recordarán para siempre.
Volvamos, entonces, a la pregunta inicial: ¿es posible que los jóvenes elijan un cine diferente al que usualmente ven? Si a partir de este libro los adolescentes ven alguno de los veinte filmes que evocan los cineastas, habrán ampliado sus gustos cinematográficos.
Pero si, además, sienten de qué profunda manera una película puede marcar una vida, no sólo habrán conocido un nuevo filme: habrán descubierto la enorme fuerza, el poder y la magia de la pantalla grande. En otras palabras, habrán descubierto el secreto del buen cine. 

Roxana Morduchowicz © La Nacion
  
La autora dirige el programa Escuela y medios en el Ministerio de Educación de la Nación


viernes, 29 de julio de 2011

LA LITERATURA ESCANDINAVA SE ADELANTÓ A LA REALIDAD



El atentado con bomba y la matanza ocurridos en Noruega parecen extraídos de una novela negra nórdica, un género que hoy ofrece denuncia social incisiva.

Miércoles 27 de julio de 2011
Yanet Aguilar Sosa | El Universal
yanet.aguilar@eluniversal.com.mx


Hace un año, en una entrevista, el escritor sueco Henning Mankell, creador del detective Kurt Wallander, aseguraba: “Hay que utilizar los crímenes o los delitos como un espejo de la sociedad”. Eso ha hecho la narrativa nórdica contemporánea. Mediante la ficción, escritores de Noruega, Suecia, Dinamarca, Islandia y Finlandia han mostrado que debajo del orden y la civilización que enarbolan, perviven ciertas tendencias desequilibradas.

La novela negra nórdica, esa que en los últimos años ha generado un boom en el mercado internacional alcanzando ventas millonarias, ha forjado un retrato de la Europa escandinava. Sus historias, protagonizadas por investigadores, inspectores de homicidios, comisarios, policías, periodistas, escritores, abogados y hakers dan cuenta de la violencia social y política que existe en esas sociedades que son consideradas por muchos como “muy avanzadas” y como modélicas.

En cada historia escrita por exponentes como Sjöwall y Wahlöö, Henning Mankell, Stieg Larsson, Arnaldur Indridason, Jo Nesbø, Per Olov Enquist y Karin Fossum, entre muchos otros escritores de la ola nórdica, hay temas fundamentales presentes en el trasfondo de sus tramas: violencia social, estigmatización de lo diferente, ascenso de la ultraderecha y de grupos extremistas, falsa idea del bienestar, denuncia social y una obsesión por retratar ese mundo y sus contradicciones.

El escritor y diplomático mexicano Héctor Orestes Aguilar asegura que no hay duda de que esos países del norte de Europa tienen un altísimo nivel de civilización con un orden democrático ejemplar; pero dice que han ocultado un sustrato social violento que subyace, sobre todo en su historia reciente. "Sabemos que esos países tienen un alto nivel de desarrollo económico, un alto nivel democrático, así como educativo y cultural, pero hay un sustrato donde se viven tensiones muy fuertes y ese sustrato sí que ha sido atendido en la literatura y el cine”, dice el escritor.

Orestes asegura que ahora hay varios escritores que de refilón o de manera tangencial abordan cuestiones como la violencia social y la violencia de género que vive en los sustratos de las sociedades nórdicas, y opina que hay un fenómeno central que parece un tópico del siglo XVIII: el hecho de que la vida cotidiana en esos países está muy marcada por cuestiones como el clima.

“El clima sí es un factor crucial; es decir, el hecho de vivir tantos meses con climas tan hostiles evidentemente termina golpeando las emociones; yo sé que es increíble que en pleno 2011 todavía tengamos que recurrir a tópicos como el clima para darnos cuenta que efectivamente hay efectos reales en la vida social por vivir en zonas geográficas hostiles”, señala.
Sustrato social violento

Se sabe que en la enigmática y aislada Islandia, una de cada diez personas puede sin problema publicar un libro en su vida; que en Noruega es factible que todo escritor reciba un sueldo vitalicio; o que en Suecia, hace más de 110 años, un grupo de trabajadores organizó su propia red de bibliotecas con la certeza de que la educación era la mejor arma frente al poder.

Hay un dato más claro que enarbolan con orgullo esas sociedades avanzadas, el hecho de que desde 1850, en los cinco países escandinavos, acabaron con el analfabetismo. Sin embargo, hay datos que refutan ese avance de la que da cuenta esta moderna literatura nórdica que muestra sociedades con una idea de bienestar en declive.

En un reportaje, en su blog, Juan Carlos Rodríguez dice que los países nórdicos tienen, por ejemplo, las mayores tasas de delitos por mil habitantes de toda la Unión Europea. El 20% de las mujeres reconoce haber vivido algún episodio de violencia doméstica y el acoso escolar causa estragos -18% en Noruega y Suecia-, según estudios.

En la primera entrega de la trilogía Millenium, titulada Los hombres que no amaban a las mujeres, Stieg Larsson ofrece cifras escalofriantes: por ejemplo, “en Suecia, el 46% de las mujeres ha sufrido violencia machista y un 92% de los abusos sexuales no son denunciados a la policía”.

Ante ese panorama, el doble atentado suscitado el pasado fin de semana en Oslo y la isla Utoya, Noruega por el ultranacionalista Anders Behring Breivik que dejó 76 muertos, fue “relatado” desde hace varios años por la novela negra nórdica contemporánea.

¿Cómo conectamos este sustrato violento de esas sociedades con los hechos del pasado fin de semana?, es una pregunta con respuesta clara para Héctor Orestes Aguilar; él dice que se conecta concretamente por el hecho de que en estas sociedades hay un sustrato de violencia social, de exclusión, de racismo y de desequilibrio que los grandes logros de esas civilizaciones han olvidado y aligerado o que dejan en las sombras.

“Pero es factible, como lo han demostrado el cine sueco y el cine danés, que por debajo del orden y la civilización persisten y perviven ciertas tendencias desequilibradas como las que llevaron al perpetrador de este atentado a disparar sobre la multitud”, señala Orestes Aguilar, autor de la novela El asesino de la palabra vacía.

Las violentas historias de la ficción

Aunque Mankell ya era un escritor muy bien traducido y leído por los lectores de todo el mundo, el éxito sorpresivo alcanzado por el sueco Stieg Larsson con Millenium -que sólo en su país (de seis millones de habitantes) vendió tres millones de ejemplares- generó un interés por importar literatura nórdica.

Verónica Flores, directora editorial de Tusquets México, afirma que en las historias de Henning Mankell la investigación de un crimen le sirve para algo más que el relato de una intriga, hay detrás una operación literaria, un retrato incómodo de una realidad social, un análisis psicológico, el acierto en la definición de una personalidad.

“El mismo Mankell defiende las historias de crímenes como herramientas para retratar una realidad social. Y aunque reconoce que hay otras maneras, insiste con que la escena del crimen puede decir mucho acerca de las contradicciones de una sociedad”, dice.

Si la editora asegura que las grandes obras del género negro reflejan con precisión fotográfica nuestro tiempo, con sus temores e inseguridades, su violencia y desconcierto, Héctor Orestes dice que escritoras como Karin Fossum y Linn Ullman “toman temas subyacentes en la edulcorada superficie de la vida nórdica para ficccionalizarlas”.

Con los escritores nórdicos, la novela policiaca se erigió en lo que es: la más certera disección de la sociedad contemporánea. Lo confirman sus historias de crímenes en lugares inhóspitas, sus resoluciones con investigación a detalles, sus protagonistas sagaces y sus autores que son críticos duros de las perversiones del sistema.

“Estos escritores anticiparon problemas que están sucediendo en nuestras sociedades hoy, como la crisis de la socialdemocracia, del Estado de bienestar”, señalaba en 2008, Diego Moreno, editor de Nórdica Libros. Y lo acontecido en Noruega le da la razón.

viernes, 8 de julio de 2011

DOCE HOMBRES EN PUGNA. Una estética integradora


“Y cuando me pregunta en base a qué he desarrollado mi sentimiento anti yanqui, le contesto que si cualquier sistema imperialista me es odioso, el neocolonialismo norteamericano disfrazado de ayuda al tercer mundo, Alianza para el Progreso, decenio para el desarrollo y otras boinas verdes de esa calaña me es todavía más odioso porque miente en cada etapa, finge la democracia que niega cotidianamente a sus ciudadanos negros, gasta millones en una política cultural y artística destinada a fabricar una imagen paternal y generosa en la imaginación de las masas desposeídas e ingenuas.”(Entrevista de “Life” 
JULIO CORTÁZAR. “Papeles inesperados”


Título: “Doce hombres en pugna” (12 Angry Men)
Dirección: Sidney Lumet
Producción: Henry Fonda, Reginald Rose
Guión: Reginald Rose
Música: Kenyon Hopkins
Fotografía: Boris Kaufman
Montaje: Carl Lerner
Reparto:
Henry Fonda
Martin Balsam
John Fiedler
Lee J. Cobb
E. G. Marshall
Jack Klugman
Edward Binns
Jack Warden
Joseph Sweeney
Ed Begley
George Voskovec
Robert Webber

Filmografía de Sidney Lumet:
ü  Doce hombres en pugna (12 Angry Men) (1957)
ü  Stage Struck (1958)
ü  Esa clase de mujer (That Kind of Woman) (1959)
ü  Piel de serpiente (The Fugitive Kind) (1959)
ü  Una mirada desde el puente (Vu du pont) (1961)
ü  Larga jornada hacia la noche (Long Day’s Journey Into Night) (1962)
ü  El prestamista (The Pawnbroker) (1964)
ü  Punto límite (Fail-Safe) (1964)
ü  La colina (The Hill) (1965)
ü  El grupo (The Group) (1966)
ü  Llamada para el muerto (The Deadly Affair) (1966)
ü  Bye Bye Braverman (1968)
ü  La gaviota (The Sea Gull) (1968)
ü  Cita, Una (The Appointment) (1969)
ü  Last of the Mobile Hot Shots (1968)
ü  King: A Filmed Record... Montgomery to Memphis (1970) (documental)
ü  Supergolpe en Manhattan (The Anderson Tapes) (1971)
ü  Perversión en las aulas (Child's Play) (1972)
ü  La ofensa (The Offence) (1973)
ü  Serpico (Serpico) (1973)
ü  Lovin' Molly (1974)
ü  Asesinato en el Orient Express (Murder on the Orient Express) (1974)
ü  Tarde de perros (Dog Day Afternoon) (1975)
ü  Network, un mundo implacable (Network) (1976)
ü  Equus (Equus) (1977)
ü  El mago (The Wiz) (1978)
ü  Dime lo que quieres (Just Tell Me What You Want) (1980)
ü  El príncipe de la ciudad (Prince of the City) (1981)
ü  La trampa de la muerte (Deathtrap) (1982)
ü  Veredicto final (The Verdict) (1982)
ü  Daniel (Daniel) (1983)
ü  Buscando a Greta (Garbo Talks) (1984)
ü  Power (Power) (1986)
ü  A la mañana siguiente (The Morning After) (1986)
ü  Un lugar en ninguna parte (Running on Empty) (1988)
ü  Negocios de familia (Family Business) (1989)
ü  Distrito 34: corrupción total (Q & A) (1990)
ü  Una extraña entre nosotros (A Stranger Among Us) (1992)
ü  El abogado del diablo (Guilty as Sin) (1993)
ü  La noche cae sobre Manhattan (Night Falls on Manhattan) (1997)
ü  En estado crítico (Critical Care) (1997)
ü  Gloria (Gloria) (1999)
ü  Declaradme culpable (Find Me Guilty) (2006)
ü  Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the Devil Knows You're Dead) (2007)



Sidney Lumet murió hace algunos días, exactamente el 9 de abril a los 86 años. Había nacido en Filadelfia, el 25 de junio de 1924.Fue uno de los más grandes artesanos que nos dio el cine de Hollywood. Junto con “El Ciudadano” de Orson Welles y “Rashamon” de Akira Kurosawa, “Doce hombre en pugna” y “El veredicto”, dos films de su rica producción, indagan sobre la fragmentación de la conciencia, la ruptura de los más finos lazos con la realidad y como consecuencia, la manipulación, por parte de los factores del poder, de los instrumentos, de aquellos instrumentos que el hombre deposita y confía en su vida, que debieran ser inamovibles e incuestionables, pero que de pronto desaparecen misteriosamente, dejando una cadena perversa de hechos dispersos y aparentemente aislados. Tal lo que sucede con la justicia y aquellos que deben protegerla.
Ya, en Doce hombres, no la fragmentación de la realidad, sino la visión que de ella tiene el hombre, en forma deliberada, produce no sólo un acto de injusticia, también la indiferencia y la violencia emergen como protagonistas en el acto más sublime donde el hombre debe poner todo su ser, dictar justicia.

El cine norteamericano ha sido pródigo en obras relacionadas con este acto, o sea, juzgar al hombre según su propias normas y derecho. Desde la mano propia, como en el western, hasta los boinas verdes (como en Vietnam) y las brigadas del ejército norteamericano en Irán e Irak o Afganistán, todas han sido manifestaciones de una de las cuestiones más debatidas y asumidas mesiánicamente por el estadounidense. El dilema moral sobre si es justo o no, que los EE.UU asuman tal designio, quizá no sea muy importante para muchos de ellos, el destino manifiesto así lo ha declarado a través de la historia, y cada político o miembro del stablishmet cultural o social ha venido remarcando casi hasta el cansancio. Este es un aspecto.

Desde las trece colonias, la conquista del lejano oeste, la expansión territorial sobre los pueblos aborígenes,  o las luchas intestinas Norte-Sur, todas han sido manifestaciones de tal designio, mejor dicho lo han construido, lo han alimentado y lo han ido enriqueciendo. También perfiló, y es lo más importante, una concepción del mundo, una forma de percibir el mundo, y una lógica asentada en el “desmembramiento de la realidad”, o el mundo exterior, una lógica del imperio. Uno de los ejemplos más claros, en el cine, ha sido y es el manejo de los géneros. Si bien cada uno de ellos parece o simula tomar un aspecto de ese mundo, en realidad todos apuntan a lo mismo, reforzar esa percepción hegemónica que los convirtió en dominadores absolutos de una de las mayores causas expansionistas de la historia de la humanidad.

El cine de autor, que generó obras estéticamente perfectas, algunas de ellas, elaboradas por autores como Visconti, Bergman, Fellini, Renais, Bresson, Tarkovski, etc., algunos de sus máximos exponentes, fue un cine individualista, de profunda indagación en la conciencia del hombre, tomado éste casi como un objeto estético y moral inmerso en una sórdida sociedad deshumanizada donde entabla una solitaria lucha; pero sucumbió frente a la arrolladora e incontrolable marcha de la industria hollywoodense. Este cine pergeñado en países de la Europa decadente entre las dos grandes guerras y la irrupción del gran país americano, fundado en las concepciones filosóficas y estéticas de los primeros años del s. XX y los cambios sociales y económicos de postguerra, o por decirlo de otra manera, los comienzos de la “guerra fría”, se dirigió a contrarrestar el avance norteamericano y encontrarle sentido al hombre europeo confundido y aturdido todavía por los estruendos de las bombas, sin rumbo entre las concepciones nazis. la despiadada crítica nietzscheana al orden conservador, y los nuevos aires relacionados con la praxis socio-política de los movimientos marxistas y liberadores de Europa, y el Tercer Mundo. El cine francés, italiano, alemán, ruso, polaco, checo, húngaro, etc., reflejó este estado de cosas, estas ideas y estos pensamientos, kafkianos, joysceanos u proustianos, donde la conciencia de los personajes recorrían el mundo a su imagen y semejanza.


Lumet, con sus hombres en pugna, en realidad hombres con sus conciencias en pugna y un inextricable ambiente, no es ajeno a este dialéctico devenir. Cada miembro del jurado es un aspecto de esa realidad. La dinámica de los razonamientos y la praxis que subyace en cada hecho cuestionable, nos muestra, en forma diminuta o en pequeña escala, el recorrido lógico-conceptual de cada miembro hacia lo que supuestamente va a ser la verdad. ¿En dónde radica el atractivo del film, o el gancho? No precisamente en la exposición o refutación teórica de la falacia de aquellos que encarnan el engaño o la endeblez de sus argumentos, sino en la demostración práctica dentro de un pequeño recinto donde los términos espacio-temporales se trastocan, se deforman y adquieren una categoría que trasciende el hecho mismo del homicidio. En “El veredicto” el abogaducho se debate entre la pericia en la manipulación de los hechos y la mentira al servicio del poder, entre el ocultamiento de datos y elementos irrefutables, y la lógica de una sucesión de hechos que están indudablemente alejados del propio protagonista. Son acontecimientos que transitan su propia lógica. El delito y la justicia se encuentran sobre el final, mientras tanto, los hombres soportan un inasible o descontrolado estado de confusas condiciones objetivas.

En “Rashomon” y “En el bosque”, los dos cuentos de Ryunosuke Akutagawa, que dieron origen a la extraordinaria película de Kurosawa, los hombres que relatan, desde su punto de vista, los sucesos, adquieren entidad propia, en tanto sus historias transmiten coherencia y verosimilitud. La pregunta es sobre cuál es la historia verdadera, y si tiene razón de ser el tratar de descubrirla. En última instancia quizá lo que importe se refiere a lo conceptual, ya sea moral o socialmente sostenible.
En los doce hombres lo moral cruza en forma permanente cada hecho refutado. Lo social tiñe cada actitud de cada testigo, lo condiciona, lo categoriza y lo ubica en su justo lugar. En eso radica la fuerza narrativa del film. Mientras que cada miembro del jurado encarna un prejuicio, una actitud moral, un resorte de la decadente sociedad norteamericana, mientras que Henry Fonda lo trata de hacer resaltar o marcar a lo largo del film.

Sobre los géneros, qué mejor y elocuente expresión que los géneros cinematográficos del fraccionamiento y del pragmatismo semántico-conceptual pergeñado por Hollywood. Si indagamos sobre las razones estético-filosóficas de esta concepción desmembradora, es claro su funcionalidad hacia los poderes expansionistas y hegemónicos del imperio. Una percepción integradora del hombre inmerso en su entorno hubiera, desde lo ideológico, puesto al descubierto sus intenciones devastadoras, incoherentes con los fines de preservar el dominio mundial de los recursos primordiales para su subsistencia, en cualquier lugar del mundo. Presentar múltiples frentes, enunciar infinitos slogans y discursos en fueros internacionales y cónclaves mundiales, ya sea sobre el medio ambiente como el comercio o la política internacional, todos, en apariencia, coherentes con las políticas del estado en defensa de las libertades y la paz mundial, es lo mismo que hacer comedias musicales, comedias románticas, bélicas sobre el honor y la valentía individual sobre el extranjero iraní o colombiano, o policiales donde se pone sobre el tapete la moral y la ética profesional del policía en Florida o en Nueva York. Todas responderán, sin duda, sobre la concepción del mundo que el norteamericano medio debe asumir como garantía de cualquier política interior o exterior de demócratas o republicanos. Al fin y al cabo es lo mismo, la misión del gran país norteamericano deberá ser preservado a toda costa, caiga quien caiga, y cueste lo que cueste.

Contar desde múltiples versiones y formatos la misma historia, llegar hasta el último rincón del mundo con los trillados y repetidos personajes bélicos, policiales, románticos o del eterno western; utilizar siempre la misma estructura narrativa convencional como soporte para los mismos contenidos elaborados por un ejército de guionistas hasta el hartazgo, sin que el espectador emita un mero juicio o crítica, más bien elogios y satisfacción de que le brinden historias inamovibles, incuestionables y nada pretensiosas, es el mayor mérito de la industria cinematográfica norteamericana. Siempre lo dije y lo han dicho, competir contra esa maquinaria tan bien aceitada, uno de los principales sustentos del poder hegemónico mundial, es una propuesta entre ingenua y alocada. Quizá esa competencia pase por otro lado, en otra oportunidad deberíamos tratarlo.

Nada tiene esto que ver con la llamada “cultura de masas”, definida como aquella, entre democratizadora y masificadora, denostada y elogiada, que logró incorporar a amplios sectores que sin la formación, o la pretensión acaparadora de las élites propietarias de la cultura elevada, pudieron tener su propio espacio en el amplio espectro de los productos culturales, sean estos exigentes o no. Si el llamado séptimo arte es cultura de masas, si el cine realizado bajo las normas industriales de Hollywood está dentro de esa casi insultante denominación  pergeñada por Ortega y Gasset , junto a los otros mass-media (televisión, radio y el folletín), lo que implica masificación y consumismo, por lo tanto bajo nivel artístico y creativo, es un tema de profundas raíces sociales y antropológicas difíciles de clarificar en estas pocas líneas. Sólo diremos que la Nouvelle Vaugue, Bergman, muchos realizadores italianos, rusos, polacos, checos, debieron de hacer un cine totalmente fuera de esta categorización, ya que el “cine de autor” respondía a todo lo contrario a lo que se sentía como a gusto de las masas y las clases populares. En cambio, salvo contadas excepciones, la cinematografía norteamericana, fundó su concepción en el sólo afán de llegar al mayor público posible, es decir, fue consumista.



Los artesanos hollywoodenses se situaron en el medio, transitaron la búsqueda que les imponía la industria, pero dotaron a sus films de cierta inteligencia creativa con guiones muy bien realizados, con aportes estéticos realmente notables. Doce hombres es una muestra de ello. Por eso no es de extrañar que detrás de las notables actuaciones de actores y actrices muchos surgidos del star system, haya una puesta en escena y una visión del mundo que muchas veces se le escapa al espectador medio, más si es norteamericano con pochoclos y alguna bebida cola en la mano. Hasta qué punto a directores como Lumet le interesaba este tipo de espectador, creo que sus obras, sus otras obras lo demuestran con mayor evidencia: “Sérpico”, “El prestamista”, “La colina de la deshonra”, son producciones de una riqueza conceptual del mejor cine universal, y nos muestran al hombre como un ser integrado, no paradigmático, con una riqueza más bien propia de la víctima del mundo que muestra.



Presentar un mundo inasible por su fragmentariedad, por lo tanto peligroso por violento e incomprensible, donde sólo los fuertes, preparados para el triunfo y dotados de condiciones físicas más allá de lo normal, es, quizá la mejor alternativa para el sostenimiento de un poder hegemónico incuestionable. Las teorías benignas e ingenuas sostienen que esta capacidad expansionista contribuye a la diversidad cultural ya que gracias a este medio audiovisual, de gran poder, logramos una inmejorable valoración de las distintas culturas y una increíble herramienta en el conocimiento del mundo y sus manifestaciones de toda índole. Nosotros decimos otra cosa, del cine que se ve en el mundo, salvo algún que otro país como la India, o la misma Francia, el 85% es de origen norteamericano.  Si Lumet, con Doce hombres, es parte de este fenómeno sin duda contribuye a la diversidad cultural. Sólo que la “cultura de masas” o sea el cine entendido como mass-media, democratizador y masificador, según Ortega y Gasset, pierde frente a la calidad artística de la obra y la creatividad del autor, provenga de donde provenga.


 Ortega y Gasset confundía masificación con cultura de masas. El hombre “masa” perdía su identidad y su condición de ser, único e irreductible; en la cultura de masas una corriente no culturosa, ni elitista, cumple las mismas funciones en la creación y la gestación de productos a veces muy ricos, obras de arte surgidas de la misma esencia de los estamentos populares, con características propias peculiares y especiales. Tal el caso de ciertos cómics, folletines, así como en la música el jazz o el tango y el folclore.

Los géneros cinematográficos representan cabalmente la mirada fragmentada, quebrada y deshumanizada del cine norteamericano. Por supuesto, tal fenómeno produjo también, como dijimos más arriba, obras maestras, excelentes obras tanto desde el punto de vista conceptual como formal. Más, gracias a esas obras hemos podido penetrar en la cultura del norteamericano medio, hemos podido discernir los conflictos sociales en los que está sumido esa sociedad compleja y contradictoria, y hemos podido desentrañar los fundamentos políticos y económicos que terminaron por generar semejante imperio. Pero, a la vez, nos encandiló hasta enceguecernos. El “star system”, la concepción imperial del héroe, la gestación de una concepción del conflicto muy estructurada, sus paradigmas narrativos esquemáticos e inamovibles, la filosofía del hombre medio norteamericano llena de estúpidas actitudes egocéntricas y vacías, e innumerables aspectos más, terminaron por formar a nivel mundial, un espectador sumiso y acrítico dispuesto a digerir todos esos contenidos pasivamente.


La dispersión de los contenidos en géneros, por lo tanto las distintas visiones del hombre en roles claramente clasificados (western, policial, romántico, musical, bélico, etc.), determinó también una percepción artístico-cultural, social y ético-moral, bien clara, donde todos los frentes quedaban cubiertos en cualquier ámbito y sociedad que las obras se proyectaran. A la vez que perfilaba con trazos gruesos bien visibles la hegemonía del poder, y estoy seguro que en ese aspecto nunca hubo dudas.

Héctor Correa
Punta Alta, julio de 2011

viernes, 15 de abril de 2011

UN HOMBRE SIN PASADO - Mies vailla menneisyyttä



Dirección: Aki Kaurismäki

Producción: Aki Kaurismäki
Guion: Aki Kaurismäki
Fotografía: Timo Salminen
Montaje: Timo Linnasalo
Escenografía: Markku Pätilä, Jukka Salmi
Vestuario: Outi Harjupatana
Reparto:
Markku Peltola
Kati Outinen
Annikki Tähti
Juhani Niemelä
Kaija Pakarinen

Países: Finlandia, Alemania, Francia
Año: 2002

Ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio a la Mejor Interpretación Femenina del Festival de Cannes de 2002. Fue también nominada al Oscar a la mejor Película de Lengua Extranjera en 2003

" Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso. "
Miedo
Raymond Carver




Podemos analizar “Un hombre sin pasado” desde dos puntos de vista. Desde la escualidez de su estructura narrativa, con sus austeros y empequeñecidos personajes, su triste y pálida historia pero asombrosamente rica en lo connotativo-profundo de sus imágenes. O por su singular descripción de ciertos sectores marginales en un país nórdico de escaso perfil y escondido detrás de una imaginaria prosperidad socio-económica, envidiable, con comportamientos sociales caracterizados de intachables. De todas maneras ambas formas de encarar el film son el resultado ineludible de las concepciones formales que pone en práctica el realizador, uno de los realizadores, junto con su hermano Mika, más prestigiosos de la región nórdica de Europa. Región formada, como todos saben, por Noruega y Suecia, además de Finlandia. Un país de apenas 16 habitantes por km cuadrado con un extenso territorio, uno de los más grandes de Europa quizá. Su extenso invierno, sus bajísimas temperaturas, especialmente en el norte, produjeron que la mayoría de su población se concentre en el sur, sobre el mar Báltico y el golfo de Finlandia, donde se encuentra su capital Helsinski. Ciudad a donde llega el protagonista y donde es salvajemente golpeado hasta tal punto de quedar amnésico. Dicen además, que es un país de alto bienestar y escasa corrupción –de acuerdo con las mediciones de los organismo internacionales-, sin embargo en el film El Ejército de Salvación (ahí también existe) se ocupa de alimentarlo, mientras y en forma paulatina, va recuperando la memoria. El idioma digamos materno de gran parte de los finlandeses es el finés, una lengua, de las pocas, que no proviene del indo-europeo, lo que no impidió que su historia fuera compleja y sangrienta ya que perteneció en una primera era a Suecia y en una segunda al Imperio Zarista Ruso, antes del complicado proceso de su independencia. Detalle curioso ya que en el film sus atacantes lo llaman “sueco” en repetidas embestidas mientras era golpeado. La película está llena de estos pequeños detalles por lo que cada uno de ellos documenta y complejiza la lectura de la narración que es simple y sencilla. Sus escasos diálogos y la poca o nula gestualidad de los actores, el estilo minimalista para contar la historia centrada en las sucintas y a veces absurdas relaciones con extraños o ridículos personajes, sobre el fondo de la costa finlandesa, inscribe esta película en la estética del absurdo, el objetivismo y el minimalismo de las narraciones de Carver. 


-Informe a la morgue, debo ir a la Maternidad- le dice el médico a la enfermera cuando lo declaran muerto. Luego revive con su rostro destrozado, arregla su larga nariz, y se marcha. En los contenedores del puerto, como en todos los puertos, una familia le da cobijo, lo cura y lo cuida. No hay mucho que hablar. No recuerda quién es ni qué hace. Todo transcurre en largos silencios con lacónicos diálogos, en el lúgubre ambiente portuario. Todo semeja las metálicas descripciones de Arlt, sus viejas plumas y oxidados contenedores. Y ahí van a transcurrir sus días y su recuperación. En otro momento le enseña a tocar rock a la vetusta y anquilosada orquesta del Ejército de Salvación. Lo grotesco, la decadencia, las miserias humanas de aquellos que reciben las dádivas, se mezcla con una nublosa visión llena de violencia e incomprensión en una tierra considerada como la más próspera, moralmente intachable, donde también se vive en contenedores, se bebe alcohol en forma desmedida, y los matrimonios se derrumban, sumidos en la oscuridad de destinos inciertos, el vacío existencial y la tristeza en el alma.


Toda una parábola, sin duda, sobre la anodina sociedad finlandesa, considerada por los organismos internacionales como de las más desarrolladas en calidad de vida y de las más “honestas”, o sea prácticamente sin corrupción. Como toda obra de arte cinematográfica, la imagen traslada conceptos, metáforas, describe la aldea, lleva emociones, sensaciones, le muestra al espectador la concepción del mundo del director, habla de sus apetencias estéticas, vislumbra las técnicas narrativas escondidas o solapadamente utilizadas, y hace decir a los personajes párrafos enteros sobre su lugar en la tierra y sus relaciones con el otro. En fin, nos muestra todo, no hay ningún aspecto que pase desapercibido, ni puede soslayar ningún costado sea cual sea la historia. Habrá historias más complejas, llenas de símbolos, giros y conceptos más o menos oscuros; y otras más simples, hechas a propósito como con retazos de vida, trozos de personajes y atajos narrativos que, en apariencia tienen un destino predeterminado, cuando en realidad el autor está expresando otras ideas o exponiendo otros costados. Eso sí, de la suma de esos dispersos y desprolijos fragmentos, se levanta, sin duda, una mole que de pronto golpea al espectador, lo obliga a poner más atención, para enseñarle que esa caótica realidad, producto de esos desnudos hechos de la realidad, no es tan incoherente, por lo contrario, toma sentido, un profundo sentido, capaz de realzar los aspectos más difíciles de describir o mostrar, dándole a la obra un perfil trascendente e incuestionable: un hombre sin pasado en un mundo muy “moderno” y “desarrollado”.

Es así como de pronto emerge la solidaridad del que no tiene nada o nada tiene que perder. En ese país de extraña geografía, de extraños comportamientos (para nuestra mirada latinoamericana), en un ambiente casi marginal donde una organización religiosa llena el vacío que las estadísticas ignoran, el amnésico comienza a descubrir una nueva vida, que existe otra forma de vivir, que aquellos apartados de la tecnología y la supercivilización, que moran como ratas en cubículos, rincones y agujeros, son aún más humanos que los que encontró bien bajó del tren en Helsinski. En realidad, sólo unos pocos personajes cobran vida durante el desarrollo del film, se relacionan y entablan una relación humana. Muchos otros pasan como meros apéndices, como parte del entorno o el pesado paisaje finlandés. Pero esos pocos, con sus limitaciones y excentricidades, terminan siendo la humanidad, una humanidad ya perdida en los confines nórdicos de una Europa escéptica y nihilista.

Héctor Correa
Punta Alta, abril de 2011


 LANZAMIENTO DEL LIBRO  "EJERCICIOS CRÍTICOS SOBRE CINE" PRELUDIO  "El cine es la música de la luz”Abel Gance "Esta músi...