sábado, 22 de agosto de 2009

CACHÉ. IMAGEN Y VIOLENCIA




Dirección y guión: Michael Haneke. Países: Francia, Austria, Alemania e Italia. Año: 2005. Duración: 115 min. Interpretación: Daniel Auteuil (Georges), Juliette Binoche (Anne), Maurice Bénichou (Majid), Annie Girardot (Madre de Georges), Lester Makedonsky (Pierrot), Bernard Le Coq (Editor), Walid Afkir (Hijo de Majid), Daniel Duval (Pierre), Nathalie Richard (Mathilde), Denis Podalydès (Yvon), Aissa Maiga (Chantal). Producción: Margaret Menegoz y Veit Heiduschka. Fotografía: Christian Berger. Montaje: Michael Hudecek y Nadine Muse. Diseño de producción: Emmanuel De Chauvigny y Christoph Kanter. Vestuario: Lisy Christl.



La filmografía de Michael Haneke:

1. Der siebente Kontinent (The Seventh Continent) (El séptimo continente, 1989)
2. Benny's Video (1992)
3. 71 Fragmente einer Chronologie des Zufalls (71 Fragments of a Chronology of a Chance, 1994)
4. Das Schloß (The Castle, 1997)
5. Funny Games (1997)
6. Code inconnu: Récit incomplet de divers voyages (Code Unknown) (Código desconocido, 2000)
7. La profesora de piano (2001)
8. Le Temps du loup (Time of the Wolf) (Tiempo de lobos, 2003)
9. Caché, escondido (2005)
10. The White Ribbon (2008)

Un “caché” es un sistema especial de almacenamiento de alta velocidad, o memoria, en términos informáticos. Almacenar significa guardar para luego usar según los requerimientos del sistema. En este caso, el film no alude precisamente a un elemento de la computación, más bien se refiere a la memoria del protagonista (Georges), y se extiende sin duda a la memoria histórica de los pueblos, quizá lo más importante e interesante del film. Y aquí cabe una breve reflexión al respecto. Un incidente de la niñez de Georges provoca todo un proceso en el que se mezclan una familia de la burguesía francesa, un niño argelino, cuestiones étnicas, elementos de la iconografía social, representaciones oníricas, soportes diversos de los medios de comunicación, y una crisis matrimonial honda, profunda, teñida de la hipocresía propia de las clases medias y altas de la Europa de siempre. ¿Adónde apunta el director con todos estos recursos? A tratar de dilucidar la ruptura ético-social del hombre, un problema muy nuestro, sin duda.



Párrafo aparte es la consideración especial acerca de las nuevas redes de comunicación vía web, soporte magnético, óptico o digital, etc., todos haciendo su aporte en este terrible y descarnado mundo de los mass-media, donde el hombre lucha contra su soledad y su destino incierto.

La imagen como portadora de violencia es un aspecto de su tratamiento que pocos autores se atrevieron a abordar. Haneke, en este film, así como en otros también, lo hace de una manera bien clara y contundente. En realidad el eje de toda su temática es la violencia en el mundo, en la sociedad occidental, en el medio laboral, en las calles, en la escuela, y lo más tremendo en el seno de la familia. La mentira y la hipocresía, las falsas posturas, las relaciones ambiguas, etc., potenciadas por palabras e imágenes destinadas a acrecentar y alentar estas actitudes, se constituyen en los principales factores generadores de la ira y la furia que destilan las acciones del hombre en todos los aspectos y ámbitos.



Pero aquí, entra a jugar un elemento, que nuestra sociedad y los operadores de los medios no han previsto. Se trata de la manipulación de las imágenes indiscriminadamente, sin criterio alguno, y sin advertir las consecuencias que sobre la población, en especial el niño, pueden producir. Los normas y las disposiciones comerciales que dominan cualquier medio o emprendimiento son muy poderosas en este mundo. En Haneke las imágenes, independientes del soporte en el cual vayan, son portadoras de una violencia casi intrínseca. No podemos eludir el comienzo del film. Una cámara fija sobre un casa, como un ojo imperturbable, pero dotado de un objetivo turbulento y perverso. Se nos ocurre que la intención de director es provocar ese sentimiento de impotencia, ira y desesperanza, ante algo imposible ya de manejar y que al hombre actual se le está escapando de las manos. En realidad no se trata de enjuiciar la imagen como perversa en sí, se trata de comprender que nosotros hemos usado esta herramienta de la comunicación humana no precisamente para los mejores fines en muchos casos.




Otros realizadores han querido encarar otra postura sobre la violencia y han usado el cine para mostrarla como categórica e irreductible. Kubrick y Peckinpah han construido una estructura narrativa donde se visualiza la infamia, la crueldad y el exceso en ciertos contextos donde el hombre lucha y se endurece para sobrevivir. Sus films destilan furia, contenida, reprimida, para luego repentinamente desplegarse ante los ojos del espectador como huracanes incontrolables y destructivos, arrasando a su paso con todo, hombres y mujeres.




La semántica de la violencia de Haneke surge de la sociedad misma, el hombre es producto de una sociedad furiosa y cruel, los medios son instrumentos que esparcen brutalidad sin sentido y sin conciencia, la virulencia y la tensión conforman un estado del hombre ya natural y asumido sin resistencia alguna.



Por supuesto, en cuanto a la forma del film, no sólo hay un tratamiento de la imagen y los medios, donde ciertos planos, movimientos de cámara, color y música, se instalan en función de esta concepción, sino que además va más allá de la organización narrativa convencional, para internarse en la dimensión de la conciencia del narrador que toma partido y observa, junto con la cámara, cómo el desorden propio de la ferocidad va apoderándose de los personajes y la historia. Nos recuerda, y Haneke es perfectamente consciente de ello, al Antonioni de “Blow Up”, aquel film donde el protagonista también descubre un mundo de virulencia y crueldad (un asesinato) a través de una cámara fotográfica.





No deja de lado tampoco, una cuestión de suma actualidad y tormento para la sociedad de la Europa actual y de siempre, en especial para aquellas capas sociales altas donde ciertas etnias (del norte de África) se transformaron en una pesadilla irreversible. Todo ese contexto socio-cultural conforma para Haneke un estado de agresión en apariencia gratuito y arbitrario, aunque con profundas raíces en la historia, que lo hace esencia y razón de las mayores brutalidades de la humanidad. Su film “71 Fragments of a Chronology of a Chance” hecho en 1994 constituye un relato curioso y a la vez monstruoso de un brutal asesinato múltiple en un Banco austríaco en el que un cajero no le dio cambio a un hombre joven para poder cargar nafta. Lo interesante es como fue construyendo la historia, hecha de pequeños fragmentos de actos e incidentes, de la guerra en Bosnia, la guerra civil en Somalia, el conflicto en el sur de Líbano, el movimiento guerrillero en Turquía, e imágenes de Michael Jackson, tan desquiciadas como las otras, y por último la injusta y agresiva historia de un chico rumano que ingresa ilegalmente a Austria. Todo conforma una concepción de ese continente y del cine que lo hace a Michael Haneke, un director muy rico y profundo.



Si bien esta película, “Caché”, pone el acento en los medios y en las imágenes como soporte para describir o más bien hacer visible la naturaleza distorsionada del estilo de vida de un sector, en realidad su objetivo se enmarca en la abusiva, agresiva y furiosa sociedad industrializada del viejo continente. Un continente decadente y atrapado en un pasado salvaje y virulento, de excesos y despojos a etnias y países de América, África y Asia.

No podemos dejar de mencionar la experiencia kafkiana en este film del austríaco. Kafka, el escritor austro-checo-alemán, cuya obra (fue autor de tres novelas -El proceso, El castillo y América y una novela corta, La metamorfosis-), no hay duda que impactó en este film por varias razones, entre ellas porque indaga en la locura del mundo, porque el hombre está solo y no entiende, y porque le resulta imposible penetrar en las organizaciones que el mismo ha creado para constituirse en vallas poderosas y omnipresentes, lo que le provoca una angustia infinita y un pánico irracional.

Acerca de la violencia en sí, como experiencia y producto del hombre alienado, habría mucho más que decir en la obra de Haneke. Como decíamos más arriba el atroz fenómeno de la crueldad humana en la sociedad contemporánea cruza como un eje esencial todos sus films, y se destaca en sus imágenes e historias, como denuncia y como advertencia sobre el futuro, el nuestro y el de todos.

Héctor Correa
Punta Alta, agosto de 2009

martes, 4 de agosto de 2009

Okuribito. おくりびと. Departures (Despedidas)




Devuélveme mi sueño,
cuervo! La niebla empaña,
la luna que veo al despertar

Haiku de OHNITSURA

Ficha Técnica:

Dirección: Yojiro Takita
Guión: Kundo Koyama
Editor: Akimasa Kawashima
Reparto: Masahiro Motoki, Ryoko Hirosue, Tsutomu Yamazaki, Kimiko Yo, Kazuko Yoshiyuki, Takashi Sasano
País(es): Japón
Año 2008
Duración: 131 minutos
Idioma(s): Japonés
Distribución: Shochiku, Regent Releasing (USA), Golem (España)

Premios:
2009 Ganadora del Oscar a la Película de Habla No Inglesa
2008 Ganadora Festival Internacional de Cine de Montreal
2008 Asian Film Awards: (Mejor Actor) Masahiro Motoki Ganadora


“A diferencia de sus contrapartes en muchos países, en Japón los llamados servicios "nokanski" para asear y embellecer a los cadáveres se realizan en presencia de las familias, en un ritual que debe combinar una atmósfera de simpatía y reverencia.” dice Takita, quien ha hecho otros films:

1986 COMIC MAGAZINE
1988 THE FAMILY
1990 BYOIN E IKO
1992 YAMAI WA KIKARA: BYOIN E IKO 2
1993 WE ARE NOT ALONE
1993 THE CITY THAT NEVER SLEEPS
1994 THE TROPICAL PEOPLE
1997 SHARAN-Q NO ENKA NO HANAMICHI
1999 HIMITSU
1999 OJUKEN
2001 THE YIN YANG MASTER
2003 ONMYOJI 2
2005 ASHURA
2007 THE BATTERY
2008 OKURIBITO
2009 SANPEI THE FISHER BOY

Digamos que ha filmado bastante, pero es con esta película que ha conseguido cierto eco en los ámbitos de la crítica cinematográfica. El guión es de Kundo Koyama (famoso gracias al éxito del programa de cocina El cocinero de hierro) y música del excepcional Joe Hisaishi (compositor habitual de las películas de Hayao Miyazaki y de Kitano). Pero aquí hay que considerar un aspecto que trasciende la cuestión meramente formal, cuestión que no hay que ignorar en este director ya que vemos un tratamiento de las imágenes muy cuidadoso, y una estructura narrativa interesante lo que amalgama un cuidadoso guión con una dirección acorde con la temática y los contenidos desarrollados. No olvidemos que este tópico (la preparación hacia la muerte y la desaparición física del difunto) no es muy sencillo de tratar de acuerdo con la cultura -llena de prejuicios- japonesa.
Disparar todo un planteo de aceptación y rechazo de la profesión de “nokanshi” (amortajador) al que es sometido el protagonista, y al mismo tiempo pretender convertir dicho oficio en razón de ser de una vida que estuvo marcada intensamente por la música y su ejecución como actividad vital, es todo un desafío ideológico y una toma de posición sobre los aspectos más delicados de la vida de un hombre en esa sociedad.

El “Diario de un amortajador budista”, de Shinmon Aoki, es una de las bases en la que se asienta esta obra. “Ser Nacido En Un Loto” del Venerable Tai Kwong dice hacia el final:

“Normalmente un hombre señala su cuerpo y dice: “yo”. Esto es incorrecto.
El cuerpo en sí mismo no es “yo”. “¡Es “mío!” Es una herramienta para el
hombre. La naturaleza pura del hombre es su “verdadero “yo”. Todas las
herramientas y cosas usadas por el “verdadero yo” se gastarán o se
descompondrán. Ellas entonces deben ser reemplazadas. “Ayudar a cantar”
para enviar a alguien a ser renacido en el Sukhavati es permitirte ser
renacido en un loto y reemplazar tu cuerpo por uno nuevo.”




Ayuda y canto se constituyen en dos elementos destinados a apoyar y enriquecer la visión cultural de la historia, y ambos surgen precisamente de lo más rico de la religiosidad asiática, donde la preocupación del hombre está imbuida por la vibración y el timbre de su paso por la vida.

El film “Okuribito” se inscribe, y no puede ser de otra manera, en la particular tradición del cine oriental, o sea poner en primer plano la rica práctica del humanismo religioso con el sentido ritualista y místico de la cotidianeidad en el hombre común producto de esa conjunción social.

Si bien la percepción de la muerte en Japón está cruzada por el budismo, los mitos, el obscurantismo, arcaicas concepciones, y estructuras culturales muy complejas para nuestra mente occidental, incluidos el ocultamiento y la negación en algunos casos, autores de la talla de Akira Kurosawa han incursionado en este tema rompiendo tabúes y desafiando creencias populares. “Vivir”(“Ikiru”), “Rashomon”, “Los sueños de Kurosawa”, “Rapsodia en Agosto”(“Hachigatsu no kyoshikyoku”), y en otras películas más, todas de Kurosawa, la idea de la muerte corre en forma permanente y reiterativa. Una diferencia formal y que se transforma en conceptual, marca el estilo de este genial director en especial en este tema, y es que los ritos se insertan en la forma narrativa, y lo vemos claramente en el ritual funerario del protagonista de “Vivir”, y en el trabajo sobre los puntos de vista que hace del cuento “Rashomon”. En ambos films los personajes discurren sobre el muerto y la muerte, su vida y sus desdichas, pero sobre todo sobre el camino recorrido en vida y sus frutos, o lo que deja para los otros.

El cine japonés ha sido, y sigue siéndolo, un cine trascendente a nivel universal. Hacia 1940 Akira Kurosawa estrena su primer film. Pero antes, Japón tuvo también su cine mudo, cuando ya Hollywood producía películas sonoras, y sus directores recibieron el influjo del poder industrial y estético de los EE.UU. sin duda.



También tiene Japón sus propios géneros cinematográficos, peculiares, y muy orientales algunos de ellos. Si los citamos muchos los reconocerán con claridad dada su permanente y universal difusión, casualmente muchas veces por la propia industria norteamericana. Y, por supuesto, esto nos trae a la memoria una de las polémicas más ríspidas que en estos momentos se encuentra vigente dentro de la sociedad nipona: lo que algunos han llamado la occidentalización de la cultura japonesa, y más allá, de la cultura oriental. Sin lugar a dudas un fenómeno producido por la penetración occidental de la mano del país más poderoso hoy, pero ayer de la Europa colonialista (v.gr. Inglaterra y Francia) desde hace unos cientos de años. Estos géneros, el Anime (cine de animación), el Jidaigeki (cine de época), el Cine de terror, el Kaiju (cine de monstruos), el Pink films o cine pornográfico (también de animación y muy difundido), el Yakuza (la mafia japonesa), etc., constituyen la peculiaridad del actual cine japonés, un cine dirigido claramente a la industria y a la intensa comercialización que se desprende de ella, o sea al consumo. Nada de esto, quiero aclarar, tiene que ver con Yasujiro Ozu, Hiroshi Inagaki, Nagisa Oshima, Shohei Imamura, o con Akira Kurosawa. Éstos han hecho un cine con una claridad estética y conceptual muy marcada y han influido mucho en el cine de otros ámbitos y pueblos. Bergman, Allen, Tarkovski, Eastwood, o Kubrick, han bebido de estos autores orientales, y han volcado sus enseñanzas de una manera magistral.

Sobre Kurosawa podríamos extendernos un poco más, y en especial sobre un tópico que abordó durante toda su carrera hasta constituirse en una especialidad para ciertos grupos de realizadores japoneses. El tema de la violencia, a diferencia del tratamiento que le ha dado el cine comercial, fue un universo conceptual y semántico de alta significación en la obra de A. K. Casi podríamos decir que la podemos dividir en dos grandes grupos, estéticamente hablando: la violencia producto de las raíces étnico-culturales del japonés, y la violencia de la sociedad contemporánea, donde la “occidentalización” y la lucha por liberar de ese yugo a su cultura, jugaron un papel preponderante. El “samurái” símbolo y leyenda, más las guerras crueles e intensas que cruzaron la historia milenaria, representan el primer grupo, y el más shakesperiano de su perfil estético; la penetración de los EE.UU., la bomba atómica, y la deshumanización de la cultura primordial, encarnan el segundo grupo, constituyéndose en el más occidental de sus perfiles, por el cual fue criticado injustamente. De todas maneras ambos significan la amplitud y la profundidad del pensamiento de este gran director japonés fallecido hace casi diez años.

Pero hay otro aspecto que aflora irremediablemente de esta concepción del hombre y de la violencia, y es el surgimiento de ciertos autores -no japoneses- que han abordado de una manera muy particular esta temática, me refiero al coreano Park Chan-wook (del sur) con “Old Boy”, y al alemán Michael Haneke autor de “Siete fragmentos para una cronología del azar”, ambos, sin duda, productos de Kurosawa y de Sam Pakinpah, dos de los más concienzudos y estudiosos maestros de la violencia en la sociedad contemporánea -y en el cine-, junto con Kubrick, a quien nunca podremos dejar de lado, sea el tema que sea.

La “violencia” es una temática que ha sido abordada por los críticos y analistas en todos sus aspectos y en todas sus particularidades, y sobre ella han llegado a conclusiones profundas e interesantes, tanto desde el punto de vista de la estética que generó como de la indudable persistencia en el séptimo arte, en los realizadores como en los creadores de las historias del cine universal. Hasta algunos han creído que sin ella no hubiera existido el cine, o, lo que es lo mismo, han creído que cine y violencia han sido lo mismo, o han constituido el mismo fenómeno.

Pero la película de Yojiro Takita, “Okuribito”, tiene la valentía y la particularidad de mostrar un costado sesgado del mayor acto de violencia “natural” en la vida del hombre, la muerte, o la pérdida de la vida, o el comienzo de su viaje a la eternidad, al más allá, o donde sea, lo que implica, ni más ni menos que su despedida. En Takita esta partida deja de ser un acto violento para constituirse en una acción ética y estética, generosa y solidaria, dirigida a embellecer y acompañar la despedida. Toda una concepción, extraña para el hombre occidental, pero vitalmente arraigada en la idiosincrasia del oriental. Quizá, el rito, este rito en sí no tenga la aceptación masiva y sea rechazado por sectores del pueblo japonés. Pero, muestra, en su carácter excepcional, el carácter y el sentido de la obra y la idea plasmada por Takita. Un film lleno de contemplación, hacia su propia sociedad y hacia el hombre bombardeado por culturas deshumanizantes y deshumanizadas, líquidas y livianas, egoístas y egocéntricas, enajenadas y alienadas, despreocupadas y vacías. Pero otra cosa también nos dice el film, no necesitamos el cine oriental para darnos cuenta de esto, nuestro cine, el occidental, está desbordado de este desmoronamiento, sólo necesitamos aprender a verlo.

domingo, 19 de julio de 2009

UN CAFÉ EN CUALQUIER ESQUINA (Man push cart)


Ficha Técnica:

Dirección y guión: Ramin Bahrani. País: USA. Año: 2005. Duración: 87 min. Interpretación: Ahmad Razvi (Ahmad), Leticia Dolera (Noemi), Charles Daniel Sandoval (Mohammad), Ali Reza (Manish), Farooq "Duke" Mohammad (Duke), Upendran K. Panicker (Noori), Hassan Razvi (Hijo de Ahmad). Producción: Ramin Bahrani, Pradip Ghosh y Bedford T. Bentley III. Música: Peyman Yazdanian. Fotografía: Michael Simmonds. Montaje: Ramin Bahrani. Dirección artística: Charles Dafler. Vestuario: Elena Kouvaros.

Si bien el film se refiere a un personaje de origen pakistaní, su director, Ramin Bahrani, es un norteamericano nacido en Carolina del Norte, el 20 de marzo de 1975, de padres iraníes. Realizó 5 películas: “Goodbye Solo” (2008), “Chop Shop” (2007), “Man Push Cart” (2005), “Strangers” (2000), y “Backgammon” (1998). Las escribió y las produjo a todas, hay que destacar, y está considerado un director muy promisorio en EE.UU.

Sobre la diversidad étnica, sus conflictos, vicisitudes e incidencias en la sociedad, de los EE.UU ya hemos hablado en otras notas, con relación a otras películas y a otros directores. Hay, existe, un cine hecho en Pakistán del cual tenemos no muchas noticias, casi ninguna. Lo que significa que su difusión a nivel mundial es casi nula. Sin embargo, en este film el tema de la migración pakistaní hacia Norteamérica cobra una relevancia especial. No hay duda, entonces, que el único cine que existe es el que se produce en el país del norte, y es el único cine que habla de este tema, además. Toda referencia al llamado séptimo arte debe hacerse partiendo de Hollywood, no hay otra forma. Pero, sin embargo, hay que aclarar algo. Y lo hemos hecho en otros comentarios. Se desarrollaron importantes intentos de conformar otro tipo de cine, en la ex Unión Soviética, en algunos países europeos, algo en Latinoamérica y un poco en África y Asia. El cine australiano fue y es un apéndice del cine de habla inglesa y nada más. Así que, si un director iraní filma en EE.UU una película sobre un inmigrante pakistaní resulta interesante, por un lado para conocer su enfoque, y por el otro si está inmerso o forma parte de la inmensa maquinaria da la industria cinematográfica vigente.

Por lo tanto no es lo mismo que un realizador norteamericano, nacido de padres norteamericanos y en tierra norteamericana, vuelque en una obra su visión de la cuestión étnica y la inmigración, que un realizador nacido de padres iraníes, de Irán (Persia), situada en el Medio Oriente, musulmán y con un idioma llamado persa.

En este contexto, este excelente director, ubica su personaje en medio del ombligo del mundo, nada menos que en Manhattan, Nueva York, quizá la ciudad más importante del mundo, se la mire por donde se la mire, -Woody Allen incluido-, y recorriendo sus calles con un pequeño carrito vendiendo café a los transeúntes. Toda una curiosidad étnica, cultural y socio-económica. Este es el protagonista, y este es el escenario. Y no termina ahí, más allá, un poco más allá, una chica española, también de paso por ese país y esa ciudad, vende diarios, revistas y cigarrillos de la misma manera. La película es así, se trata de seres casi marginales, con historias extrañas y relaciones llamémosle ambientales sin definir y muy conflictivas.

Podríamos haber incorporado un mapa de Irán y otro de España. Irán se encuentra en el Medio Oriente, como dijimos, Pakistán en Asia, entre India y Afganistán, y España en Europa. Todos, en el film confluyen en Manhattan, la multiculturalidad llevada a su máxima expresión, sin duda.

La historia es irrelevante. Durante muchos minutos de la película vemos a Ahmad, con su carrito, que mantiene limpio y reluciente, caminar por las superpobladas y esquizofrénicas calles de Manhattan. Apenas algo podemos llegar a conocer de su historia, de su esposa muerta y de su pequeño hijo, su pasado de roquero en su país natal, y sus compatriotas, todos transitando ese país con sus miserias de inmigrantes y sus destinos inciertos. Qué otra cosa les queda parece decirnos el director. No hay duda que no es una mirada muy esperanzadora, ni para el pakistaní, ni para el persa, la española o el asiático que llega con la ilusión del inmigrante y la fuerza de aquél que busca buena vida y fortuna. Quizá el eje de la película pase por ahí. Un film más sobre la cuestión étnica en EE.UU. Lo interesante es que este tipo de cine, a veces, cobra el particular perfil del realizador, porque es una mirada extranjera sobre el país más poderoso del mundo, y porque esa mirada muchas veces es más auténtica que lo que producen los propios norteamericanos.

Además da pie para conocer un poco de la situación del país de origen, bien del realizador, bien de los personajes, inmigrantes éstos. Para eso subimos este mapa. Muchos lectores quizá adviertan de qué país se trata y su ubicación en el mundo, y además quieran, aunque sea por curiosidad, inmiscuirse en su cultura e historia.

Pakistán tiene su propia industria cinematográfica también, conocida como Lollywood, y llegó a producir, en la ciudad de Lahore, unas 40 películas por año últimamente. En sus mejores momentos realizó más de 120 films anuales. Nuestro país, argentina, hacia los años 2004 y 2005, produjo 65 películas anuales. Datos que ayudan un poco a comparar ambas cinematografías, la nuestra y la pakistaní. Dejémoslo ahí este tema, es para otra nota más atenta y concienzuda sobre el cine en la Argentina, y su relación con el mundo.

El mapa ilustra geográficamente Pakistán, la tierra del protagonista de la película. Hacia el oeste, al sur de Afganistán, Irán, la tierra del director y autor del guión, Ramin Bahrani. Desde el punto de vista geopolítico ambos tienen importancia, mucha importancia. Bush, y hoy Obama, no pueden dormir pensando en ellos. En otros momentos, especialmente durante la guerra fría, la ex Unión Soviética vigiló obstinadamente esta región. En estos momentos de la historia de la humanidad, es una región de permanentes conflictos, inestable e impredecible. Más o menos como nuestro continente sudamericano, sin duda.

Como no podemos penetrar con más datos y detalles acerca de la conformación socio-económica y cultural de estos pueblos, vamos a seguir un poco más con la película. Manhattan es uno de los cinco distritos que forman la ciudad de Nueva York, de cerca del millón y medio de habitantes, y es una isla. Dentro de esta isla transcurre esta pequeña historia del pakistaní, en sus calles abarrotadas, siempre con el plano principal del carro brillante e infrahumano, junto con los precisos movimientos de las manos preparando el café y las rosquillas típicas del transeúnte neoyorquino. Esa es la pintura que prevalece; los conflictos inter-étnicos, las pasajeras relaciones emocionales, o los detalles costumbristas, pasan a segundo plano. Nueva York es demasiado poderosa como para prestarles atención, así lo vio Woody Allen, o lo retrató Auster, en “Smoke” junto con Wayne Wang, nacido en Hong Kong. El fenómeno inmigratorio brota en cada toma, en cada encuadre, en realidad, toda la película es una tomografía de este tema, las imágenes filtran el miedo, el sufrimiento, la tensión constante en la cual están inmersos estos individuos que han buscado en EE.UU un lugar de cambio y desarrollo personal. Aunque la inmigración es universal como lo han notado los europeos, y durante el s. XX, Estados Unidos, aún es fuente de tremendos peligros para el hombre medio norteamericano.

El cine y los movimientos migratorios han estado ligados a través de la historia. Directores de casi todos los países, donde se pudo desarrollar un cine preocupado por el hombre, han incursionado en estos contenidos. No podemos desconocer que de los grandes temas universales éste es el gran tema, desde Homero en adelante la literatura primero y el cine después lo han tomado para desarrollar la vida, la muerte, el amor y los sufrimientos en todos sus aspectos y dimensión.

La cámara de Ramin Bahrani muestra cómo viven estos inmigrantes, cómo transitan sus calles, dónde se reúnen y dónde desarrollan sus miserables vidas. Pero no sólo los pakistaníes, otras tantas comunidades étnicas, incluso de América y Europa, se mueven por Nueva York en busca de una mejor vida, o lo que esperan encontrar, aunque muchas veces no puedan o no los dejen, y alimentarán esa fría maquinaria más allá de sus voluntades, sus sufrimientos y sus desgracias.

Héctor Correa

Punta Alta, julio de 2009

lunes, 6 de julio de 2009

ENTRE LOS MUROS (Entre Les Murs)





Dirigida por Laurent Cantet, con François Bégaudeau, Nassim Amrabt, Laura Baquela, Cherif Bounaïdja Rachedi, Juliette Demaille, Dalla Doucoure, Arthur Fogel, Damien Gomes.
Palma de Oro en Cannes (2008), cuyo jurado estuvo presidido por el norteamericano Sam Pean.
Este director también filmó: “Hacia el sur”, “El empleo del tiempo” y “Recursos humanos”.



François Bégaudeau, “el maestro” en este film, y autor también de la novela que luego Cantet transforma en film, se interna en el mundo de la educación, o más bien, en ese escenario o espacio tan particular donde los adolescentes concurren para obtener algo de educación. “Entre les murs” es el título en francés, y algunos lo han traducido también como “El aula”. Preferimos la otra traducción “Entre los muros”, por dos sencillas razones, una porque las acciones se desenvuelven entre las paredes de un colegio y con una escasa matrícula (escasos o pocos alumnos) como podrán observar, y la otra porque es el espacio donde la intimidad de las pequeñas o grandes tragedias que viven los adolescentes, protagonistas de este film, cobran su verdadera o real dimensión, mal que les pese a algunos adultos, profesores o no, que minimizan las problemáticas juveniles y creen que el aula está aislada o es ajena a las grandes complicaciones o deformaciones de la sociedad, y con esto me refiero a las relaciones tan particulares que establecen con los medios (televisión, cine, radio), y con las nuevas tecnologías (internet, informática, celular, juegos electrónicos, etc.). La estrecha vinculación escuela-familia, es tan vieja y tan obvia, que sería tema de otro gran debate. Aquí se trata de poner las cosas en su lugar. Por lo tanto los muros del aula concentran y sintetizan el universo donde los hombres viven, sufren, se castigan y se matan.

El tema de los diálogos profesor-alumnos acapara una gran parte de la película, no hay duda. Algunos críticos la han analizado como paradigmática en cuanto a ese intercambio, a veces un tanto incoherente o esquizoide, entre los profesores y los imberbes interlocutores. Nosotros, desde este blog, vamos a focalizar su tratamiento desde la perspectiva del impacto o la influencia de la culturas postmodernas, mediatizadas, tecnificadas, deshumanizadas, y decadentes también de la Europa de siempre. ¿Con relación a qué? Esa es la pregunta. Y nos contestamos: con relación al hombre, al hombre íntegro, al hombre considerado en relación a su prójimo, al otro, a su igual. Desde este punto de vista el film nos remite a otros films. No es cierto que es un tema trillado, harto abordado en la historia del cine. Es cierto, sí, que se lo ha filmado desde un ángulo emocional, romántico y anodino, como las dos versiones de “Adiós, Mr. Chips”, donde se observa el hipócrita sistema educativo inglés entre victoriano e híper-conservador, o desde la heroicidad del profesor “súper” como “La sociedad de los poetas muertos”, del australiano Peter Weir. Entre estos dos demagógicos estilos de encarar la cuestión, tenemos “If” del inglés Lindsay Anderson donde confluye y se asimila la disciplina con la violencia, “Semilla de maldad” del norteamericano Richard Brook, su secuela “Al maestro con cariño” de James Clavell, “The Wall” del inglés Alan Parker, “Padre Padrone” de los hermanos (italianos) Taviani, Paolo y Victorio, Martin Ritt (estadounidense) con su film “Conrack”, “Shunko” del chileno, que filmó en nuestro país, Lautaro Murúa, creo que también se podría incluir “El señor de las moscas” de la novela de William Golding, “Ser y Tener” del francés Nicolas Philibert, o ésta última por supuesto, motivo de esta nota. Todas -puede ser que existan más-, de alguna manera han desmitificado ya sea el sistema en el que se asienta su visión de esa relación alumno-profesor, no siempre asimétrica o desjerarquizada, o han ensalzado, con un conservadurismo anacrónico, los aparatos educacionales, en su afán de esconder bajo la alfombra uno de los problemas más críticos y acuciantes de nuestra sociedad: qué educación le damos a nuestros hijos. Todo un tema.



Sigamos, la película, decíamos, se asienta en los diálogos, intensos, tensos, nerviosos, hasta violentos, que el profesor sostiene con sus alumnos. Pero qué alumnos. No son chicos de familias humildes de la Francia moderna, ni delincuentes juveniles, como le gusta mostrar al cine norteamericano, ni de familias pudientes, de clase media alta o aristócratas, como le gustó siempre, al cine inglés, usar como ejemplo de decadencia político-social de su sociedad; en realidad son, en su mayoría adolescentes provenientes de países con los cuales Europa mantiene uno de los fenómenos más terribles de su historia: la inmigración de los países africanos y asiáticos. Negros, musulmanes, chinos, vietnamitas, etc., etc., etc. En este contexto, de la multiculturalidad más acendrada, se desarrolla “Entre los muros”. Y en verdad el tema pasa a otro eje de atención mucho más profundo y crítico: lo étnico, su relación con la Europa, y el impacto en su sistema educativo, social, cultural, político y económico ¿De qué manera este fenómeno influyó en “el maestro”, François Bégaudeau, autor del libro? Podemos sospechar que le produjo un cierto problema de conciencia, hasta tal punto, que no creemos que le haya encontrado algún tipo de solución, ya que, y lo podemos observar en las reuniones de profesores del colegio, y en el mismo tribunal de disciplina, la situación se torna como descontrolada y sin un futuro promisorio, al menos para esos alumnos, algunos de ellos indocumentados o ilegales. Por lo tanto es así también para la sociedad francesa, descontrolada y desesperanzadora.

Hemos hablado, en otras oportunidades qué pensamos acerca de la televisión, su calidad, su naturaleza, y su relación con el arte y la educación. Y partimos de una premisa irrefutable, el mayor fracaso de la educación, al menos en nuestro país, se ha dado en las escuelas y en los proyectos para utilizar la T.V. en las aulas. Creo que lo mismo va a suceder con la informática, internet y, por supuesto, el celular. Los medios, salvo honrosas excepciones, o casos aislados, por la deformación que en sus últimos años se ha venido produciendo, producto de la comercialización de sus productos y los intereses de centros de información ubicados en otros países más poderosos, más preocupados por el aspecto económico-financiero que en la educación de sus propios hijos y nietos, no han constituido una alternativa educativa-cultural de peso a la hora de efectuar la selección concreta y eficaz de los contenidos y las formas para los intereses del niño y el adolescente. Y sin entrar en una visión moralizante, ni de una fácil actitud enjuiciadora, sobre el cine y la TV, ambos nos han dado muestras ejemplificadoras de sus intereses comerciales y afines a la gran industria de las imágenes, no radicadas precisamente en nuestro país.

Con respecto a la utilización de las nuevas tecnologías en la educación, mucho se ha dicho, mucho se ha tratado de hacer y pocos resultados se han obtenido que no sea una pseudo-legislación sobre el celular y el uso de Internet en las aulas, recurso tecnológico que fuera de los muros escolares se torna en juego y auto-erotización irresponsable del adolescente y hasta del niño. Quizá habría que leer mejor y un poco más a Marshall McLuhan. Y a propósito lo cito:

“El choque de los medios antiguos con los nuevos, hoy, es anárquico y nihilista. Por ejemplo, lo que se llama `Muerte de Dios´ es la transición de las imágenes newtonianas a las einsteianas, y el relojero cósmico, para la imaginación popular, se ha convertido en un transistor. The New York Times cita al Dr. H. M. Kormos: `Con estos chicos se tiene una sensación de vacío… la sensación auténtica de que la vida tiene poco que ofrecer, y hablan constantemente de la tristeza y la monotonía de la vida cotidiana'… Del mismo modo que los japoneses insisten en que no es el té sino el rito lo que da significado, el Dr. Kormos indicó que el sistema de la participación colectiva y el compartir la droga es lo que da `un sentido de pertenencia e identidad que puede ser más importante para el estudiante que los efectos de la droga'.”

Esto fue escrito en 1968, en su libro “Guerra y paz en la aldea global”, que muchos conocen.

Al respecto cabe transcribir una nota aparecida en el diario La Nación no hace mucho:

Educar con entusiasmo
Cómo hacer atractiva la exigencia
Enrique Rojas
Para LA NACION
Miércoles 20 de mayo de 2009

MADRID.- Educar es entusiasmar con los valores. Estamos en un momento en el que mucha gente joven está perdida, sin saber a dónde ir.
Estar perdido es no tener rumbo. Ir tirando a ver qué pasa. Veo mucha gente joven así. Y no hablo sólo de nuestro país. McLuhan habló del planeta global.
¿Por dónde debemos empezar? Los edificios que no se caen son los que tienen unas bases firmes, unas raíces sólidas. Lo primero de todo es la formación. Educar, convertir a alguien en persona. Educar es conseguir seres humanos con dignidad y criterio. Educar es seducir con modelos sanos, atractivos, coherentes y llenos de humanidad.
Por ahí debemos comenzar. Ejemplos de vidas llenas de sentido, atractivas, que nos empujen, que arrastren nuestra conducta en esa dirección. Educar es atraer por encantamiento y por ejemplaridad.
El gran educador moderno está enfermo y con mal pronóstico: la televisión.
Y no hay ningún indicador que nos diga que va a cambiar en positivo.
Pero la primera fuente educativa, en la que todo debe arrancar, es la familia. La familia debe ser una escuela en la que uno se sabe querido por lo que es, y no por lo que tiene. Una familia sana es la primera escuela en la que uno recibe lecciones que no se olvidan.
Si la familia funciona, la persona va a tener un edificio construido con materiales resistentes. Allí hay un mundo mágico y decisivo. Porque la primera piedra de la educación es la formación. Adquirir una buena formación, en general, es distinguir lo que es bueno de lo que es malo; tener criterio; saber a qué atenerse; discernimiento: aprender a penetrar en la realidad distinguiendo lo que es mejor y más positivo para escoger ese camino.
La formación hospeda en su interior distintos ingredientes. Hay dos notas principales que no quiero dejarme en el tintero, por eso quiero plasmarlas cuanto antes: la formación humana y la espiritual. La primera aspira a que lleguemos a tener un comportamiento propio de seres humanos y, dentro de ese plano, se abren tres grandes notas: la inteligencia, la afectividad y la voluntad. Para mí ellas constituyen el subsuelo desde dónde debe arrancar la condición humana. Cada una de ellas tiene un largo recorrido.
La inteligencia es la capacidad de síntesis; saber distinguir lo accesorio de lo fundamental. Desde pequeños, hay que enseñar a pensar, a tener espíritu crítico y a formular argumentos que defiendan nuestras ideas y creencias. Hay muchos tipos de inteligencia y, en general, unas y otras no se llevan bien; parece como si poseer unas, excluyera a otras. Inteligencia teórica, práctica, social, analítica, sintética, discursiva, creativa, inteligencia emocional (tan de moda hoy, desde el libro de Goleman), fenicia, instrumental, matemática? e inteligencia para la vida (saber gestionar del mejor modo posible la propia trayectoria). Todas tiene un lugar común, captar la realidad desde diversos ángulos.
La inteligencia se nutre de la lectura. Fomentar este hábito es esencial. Hoy a todos nos cuesta más, pues estamos en la era de la imagen. Pero hay que intentarlo. Un par de libros siempre cerca, alternándolos. Y la curiosidad como ingrediente esencial. La lectura es a la inteligencia lo que el ejercicio físico es al cuerpo.
La afectividad: ese sentido pura sangre que recorre nuestra persona y que se manifiesta por medio de los sentimientos, las emociones y las pasiones. Tener una buena formación sentimental significa capacidad para dar y para recibir amor. Uno de los puntos básicos, en este sentido, es aprender a expresar sentimientos: desde dar las gracias, mostrar afecto, saber que la palabra bien empleada es puente de comunicación: te quiero, te necesito, perdóname, ayúdame en este asunto, necesito hablar contigo, tengo un problema y necesito que me orientes. Todo eso cultiva, hace prosperar el mundo sentimental, y le da fuerza y consistencia.
En tercer lugar, la formación humana tiene un elemento decisivo, clave, de una importancia a la larga de gran alcance: la voluntad.
¿Qué es la voluntad, en qué consiste, qué características tiene? Voluntad es la capacidad para ponernos metas, objetivos y luchar a fondo por ir consiguiéndolos. Con la voluntad no se nace, sino que uno la cultiva, la trata, se empeña por ir incluyéndola en la conducta personal, contra viento y marea.
La voluntad es la determinación, la firmeza, el esfuerzo deportivo por conquistar cimas de cierto nivel que nos ayuden a crecer como personas. Y ésta, a su vez, se compone de una serie de ingredientes que son muy importantes: el orden, la constancia y la motivación.
Yo les llamo a todos esos elementos la inteligencia instrumental, porque son las alas que hacen volar alto a la inteligencia? las joyas de la corona. No hago lo que me apetece ni lo que me pide el cuerpo, sino lo que es mejor para mí, aquello que me hace crecer como persona.
La formación espiritual significa la rebeldía del que no quiere vivir como un animal, sino como una persona. Hoy lo políticamente correcto es no creer en casi nada, todo light , ligero, liviano, sin compromiso con nada? es el posmodernismo: una vida sin valores ni convicciones, suspendida en el relativismo y la permisividad.
La espiritualidad bien entendida nos hace crecer en humanidad y nos lleva a ver al otro en toda su dignidad. Expulsar a Dios de la vida personal, porque está de moda y se lleva y eso es lo que hay, no hace más libre ni a las personas ni a la sociedad. Eso lleva a lo que estamos viendo hoy tan a menudo, un vacío espiritual enorme.
Sólo un profundo sentido espiritual de la vida, moderno, abierto, liberal?, pero firme como la tierra sólida que pisamos, es capaz de cambiar en profundidad el corazón del ser humano. Esta sociedad está muy perdida en lo básico. Hablaría de esto con detalle, pero ahora dejo sólo apuntada esta idea para el que quiera recogerla. Pero lo resumiría de este modo: la persona espiritual lo juzga todo.
No quiero alargarme para no hacer muy extenso este artículo. Cuanto más vale una persona, más valora a los demás. Y al revés. No hay secretos para el éxito, éste se alcanza con preparación progresiva, trabajando con minuciosidad sobre uno mismo, sacando lecciones de los fracasos y procurando tener un modelo de identidad, esos ejemplos de vida lejanos o cercanos, que tiran, arrastran, empujan en esa dirección para conseguir hacer una pequeña obra de arte de la vida personal.
Querer es poder. Voy contra corriente. No me importa, sé que son tiempos difíciles, en los que hay mucha gente desorientada, pero que puede ser reconducida. En el libro de Chesterton El hombre eterno , el autor habla de ir contra la corriente, y dice lo siguiente: cuando uno va navegando por un río de cierto caudal a favor de la corriente, ésta lo lleva a uno rápida y fluidamente, pero se corre el riesgo de ir tan bien, que uno se duerme y se puede caer al agua y ahogarse. Por el contrario, cuando uno está acostumbrado a ir contra la corriente, hay que luchar y esforzarse y resistir, y cada pequeña victoria es un triunfo? el agua salpica a la cara y es difícil seguir, pero la pasión por avanzar es mayor, así se fortalece la postura.
Para ir contra la corriente hoy hay que estar bien formado y tener ideas claras, y criterios coherentes y sólidos para no dejarse llevar por una sociedad herida por el consumismo y manipulada por los medios de comunicación.
El ser humano es el capital más preciado. La crisis económica es nada comparada con la crisis moral. No saber para dónde tirar ni a qué atenerse es mucho más grave. Una educación permisiva y relativista se sitúa lejos de la voluntad y la buena orientación, y destruye el vigor del alma y del cuerpo.
El autor es un catedrático español en Psiquiatría, autor del libro Quién eres.

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Comparémosla con esta otra, también tomada del mismo diario argentino:

Entrelíneas
Educación: remedio social infalible

Entre los muros, el film de Cantet, demuestra que las contradicciones del presente obligan a reforzar la acción docente

Noticias de Espectáculos
Domingo 19 de abril de 2009

Por Pablo Sirvén

Mucha gente pasa por esta vida y muere sin enterarse del sentido más profundo que tiene la escuela en la formación de los seres humanos. Como hay allí en primer plano una cantidad de materias para aprender dispuestas como en una suerte de competencia deportiva, por momentos feroz, que califica a los más aptos y hace sufrir o expulsa a los que menos asimilan, se tiende a pensar que lo primordial del colegio es inculcar nociones concretas sobre matemática, lengua, geografía, historia, física, rudimentos de algún idioma, etcétera, y que enseña lo básico -aprender a leer, escribir y contar-, aderezado por una pátina ligera de conocimientos generales, base de la ilustración de cada individuo, a través de cuyo árido recorrido suelen despabilarse genuinas vocaciones.
Con todo lo importante que resulta lo mencionado es todavía mucho más crucial lo que subyace debajo de ese andamiaje rígido de aprendizajes y evaluaciones. Allí se nos enseña por sobre todo, o debería enseñarse, a convivir en la diversidad, a tolerar y comprender las diferencias de y con los otros, a ser solidarios, a disciplinar el cuerpo y el ánimo en exigencias que serán esenciales para desempeñarse más tarde en el mercado laboral (respeto por los horarios, entender los mecanismos de la autoridad y hasta aguantar a las jefaturas caprichosas, cumplir con las tareas encomendadas y presentarse con vestimenta y aseo adecuados), a trabajar en equipo, a consensuar posturas, a entender que nosotros debemos adaptarnos al mundo (y no el mundo a nosotros), a respetar las reglas instituidas y a cultivarnos con espíritu autocrítico. En una palabra, se aprende en la escuela a ser ciudadano o se pierde la oportunidad para siempre de serlo, convirtiéndose en un paria social, sin distinción de clases, porque si no se cultivan las sensibilidades en la niñez y en la adolescencia, tanto embrutece humanamente la pobreza extrema como la riqueza absoluta.
* * *
Se estrenó el jueves Entre los muros , la película de Laurent Cantet ( El empleo del tiempo , Recursos humanos ) que muestra en carne viva, sin efectismos ni planteos aleccionadores, lo difícil que es llevar adelante todo lo dicho anteriormente hoy en día. Pero, he ahí, en todo caso, una de las enseñanzas implícitas más valiosas del film ganador, en muy buena ley, de la Palma de Oro en el último festival de Cannes: la vida es el arte de lo posible y para transitarla con algún éxito hay que desengancharse de ciertos preconceptos rígidos e idealizados que todos tenemos, y en los que pretendemos encajar la realidad, y procurar, en cambio, abrirnos, intentar entender a los demás, saberlos escuchar y hasta, incluso, aprender de ellos, desviando la enorme energía que derrochamos en irritarnos, y en irritar a los otros, hacia la búsqueda de algunos indispensables consensos que demanda la convivencia en sociedad.
François Bégaudeu es docente y escribió el libro que inspiró la película de Cantet, en algunas de cuyas experiencias se basa, pero lo más interesante es que aceptó el desafío de protagonizarla haciendo casi de él mismo, un profesor amplio y audaz que se carga sobre sus espaldas un bravo alumnado multiétnico en un colegio de un barrio marginal de París. Lo más rico es la frescura con que se desarrollan las tensiones y contradicciones psicológicas, culturales y educativas que acechan y se entrecruzan entre los jóvenes entre sí, con el maestro y viceversa y, a su vez, las repercusiones que provoca en el tribunal de disciplina de la escuela, integrado por el cuerpo de docentes y los directivos, que fluctúan entre las rigideces de sus propias normas e hipócritas poses de supuesto liberalismo.
* * *
Mientras aquí el discurso político se resiente día tras día (ocultamiento de índices económicos y, ahora también, de salud; interpretación aviesa de leyes y textos constitucionales en provecho propio; agresividad en palabras o hechos hacia quienes piensan distinto, clientelismo desembozado) y la institución escolar colapsa (conflictos gremiales, distritos sin clase, escuelas en pésimas condiciones, empeoramiento de la calidad de la enseñanza), la falta de horizontes, la expansión de la miseria, la circulación creciente de la droga y el endiosamiento constante de la violencia en el cine, la TV y los videojuegos provocan un cóctel explosivo.
No es casual que en este contexto tan inquietante se multipliquen episodios como el de la feroz pelea, con ladrillazos, balas y puntazos, desatada entre dos pandillas de adolescentes dentro de una escuela santiagueña el jueves último, y que en ese caldo de cultivo, lamentablemente, fermente la inseguridad que tanto nos preocupa a todos.
"Nos interesa que los medios ayuden a que la educación, los chicos y los adolescentes se instalen en la agenda pública de la sociedad", exhorta Roxana Morduchowicz, directora del Programa Escuela y Medios del Ministerio de Educación de la Nación.
La licenciada Mirta Romay, creadora de la señal educativa Formar y que desarrolla desde hace años contenidos multimedia volcados hacia la educación, se concentra ahora en Tucumán: "Estamos capacitando a una gran masa de agentes sociosanitarios, madres cuidadoras, referentes sociales que trabajan con la infancia, voluntarios en su mayoría sin formación, que hay que profesionalizar, ofreciéndoles recursos culturales". (La negrita es nuestra)
Allí, la pantalla de Canal 10 posibilitará la ampliación del plan que, ojalá, trascienda la elección del 28 de junio. Se dijo ya muchas veces, y hay que repetirlo una y otra vez: sin educación no hay futuro. Pero hay algo peor: sin educación tampoco hay presente.

psirven@lanacion.com.ar

El análisis del film es correcto, nos parece. Pero quedémonos con lo subrayado por nosotros, ya que se relaciona estrechamente con los objetivos finales y la labor del estado y la TV en la educación de nuestros chicos, niños y adolescentes. Me atrevo a una sola afirmación como conclusión final: el mayor fracaso de la TV en nuestro país fue con respecto a su misión en la labor educativa. Me remito a las palabras o a lo escrito por el psiquiatra Enrique Rojas, el gran educador no fue tal. Y si no quedémonos con lo que le dejan hacer a Tinelli.

Nos fuimos un poco del cine y de la película que estamos comentando. Creo que vale la pena incursionar, de vez en cuando, sobre temas que, en última instancia, constituyen los fundamentos de las cuestiones que estamos tratando y abordamos permanentemente en este blog dedicado al análisis y el pensamiento cinematográfico. El cine que pretendemos destacar se asienta, no sólo en lo formal, esto es la estética del encuadre, la planificación, cómo se arma la escena, cómo se enlazan y se entretejen (montaje) para determinar la secuencia, y cómo el desarrollo armónico y rítmico de éstas van configurando, desplegando la historia que el realizador tiene en mente o en un guión, con sus leyes y pautas que también deben ser valorizadas para ver si es coherente con las intenciones semánticas y conceptuales del autor. También nos interesa -y mucho más, a veces-, todo ese caudal de ideas y concepciones que se esconden o se muestran explícitamente, denotan o connotan, en la narración, que forman parte, sin duda, de lo que piensa el director sobre el hombre y el mundo en el que vive, condicionan la naturaleza del film, constituyéndose, junto con lo formal, en la esencia de la obra.

Es notorio que al director de “Entre los muros” le interesan estos asuntos, el adolescente frente a los medios, al avance de la tecnología, y las intenciones, claras o inciertas, de aprovecharlas para su mejor educación o formación. Pero le interesa aún más, aquel adolescente que sufre la inserción en la sociedad francesa, una sociedad no muy sana, incoherente y nihilista frente a sus propias ventajas, pero más frente a los inmigrantes, o sea, a aquellos que por una razón u otra, producto del avance de la Europa sobre los continentes empobrecidos, colonizados y despojados, ven en ese país (Francia) como único espacio para sentirse humano. Quizá se olviden que ese país los condenó, los abandonó y los mutiló en su esencia y sentido de vivir. Toda una paradoja. Y es el sentido último de este film, sin duda.

Héctor Correa
Punta Alta, julio de 2009




viernes, 19 de junio de 2009

CINE Y REFLEXIÓN. EN EL BAR Y CON EL CUARTO DIÁLOGO






Dijimos en la primera nota, con respecto a estos encuentros, para conversar sobre un film, organizados por el grupo del 4to. Diálogo (sin convicciones religiosas) del Movimiento de Los Focolares de Punta Alta, que lo mejor que nos podía suceder era primero su continuidad, y segundo la clara y transparente intención de promover precisamente el intercambio de opiniones entre aquellos espectadores que quieran hablar o verter su interpretación sobre la obra proyectada, en este caso con “Il Postino”, una película sobre la palabra, la solidaridad, el valor de la amistad, y el amor como único camino hacia la unidad entre los hombres. Al respecto subimos el correspondiente afiche por supuesto como una invitación para aquellos que aman el cine.

domingo, 14 de junio de 2009

2001: una odisea del espacio (algunos apuntes más sobre el cine y la ciencia-ficción)



"2001 es una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música."

Stanley Kubrick


Título original: 2001: A Space Odyssey

Director: Stanley Kubrick

País: Inglaterra

Año: 1968

Reparto: Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Richter, Douglas Rain, Vivian Kubrick, Margaret Tyzack, Robert Beatty, Leonard Rossiter, Sean Sullivan, Bill Weston, Ed Bishop

Duración: 139 min.

Guión: Stanley Kubrick

Música: Richard Strauss, Johann Strauss

Fotografía: Geoffrey Unsworth

Productora/Distribuidora: MGM

Saga: 2001

Premios: David de Donatello, Otros, Baftas, OSCARS

Nominaciones: OSCARS


Filmografía de Kubrick:

1999 Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados)

1987 Full Metal Jacket (Nacido para matar)

1980 The Shining (El resplandor)

1975 Barry Lyndon

1971 A Clockwork Orange (La naranja mecánica)

1968 2001: A Space Odyssey (2001: Odisea del espacio)

1964 Dr. Strangelove or: How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb (Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba)

1962 Lolita (Lolita)

1960 Spartacus (Espartaco)

1957 Paths of Glory (Patrulla infernal)

1956 The Killing (Casta de malditos)

1955 Killer's Kiss (El beso del asesino)

1953 Fear and Desire

1953 The Seafarers

1951 Day Of The Fight

1951 Flying Padre



Algunas obras de Arthur C. Clarke:



Perfiles del Futuro

La ciudad y las estrellas

Cita con Rama

El fin de la infancia

2001: Una odisea espacial

2010: Odisea dos

2061: Odisea tres

3001: Odisea final

El Centinela. “The Sentinel”


En el primer capítulo de “2001: Una Odisea espacial”, que tituló Noche Primitiva, exactamente en el Prefacio, Arthur C. Clarke dice lo siguiente y lo transcribimos:

“Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra.

Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido luce una estrella en ese Universo.

Pero, cada una de las estrellas es un sol, a menudo mucho más brillante y magnífico que la pequeña y cercana a la que denominamos el Sol. Y muchos -quizá la mayoría- de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos. Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembro de las especies humanas, desde el primer hombre-mono, su propio mundo particular: cielo… o infierno.

No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus, esas metas remotas aún para la próxima generación. Más las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores entre las estrellas.

Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No bastante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio?

¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable pregunta. Mas recordad, por favor, que ésta es sólo una obra de ficción.

La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.”

Claro, para alcanzar un nivel interno de conciencia, como lo pide Kubrick, de tal envergadura y amplitud, necesitaríamos, creo, conocer un poco más cómo piensa este realizador acerca del hombre y del universo en el que vive.

Kubrick no fue un artesano más dentro del mundo cinematográfico de los Estados Unidos. Algunos comentaristas biográficos han observado en él una vital inclinación por la fotografía desde muy joven, y una también vital obsesión por el detalle y la perfección, éste último un rasgo caracterológico que a algunos favorece y a otros no, pero en este caso cada encuadre, cada escena, y cada secuencia de cualquiera de sus obras, reflejan ampliamente esa faz personal, hasta tal punto que se lo considera, junto con Orson Welles (“El ciudadano”), un director supremo, en su país y en el mundo entero.

En el orden formal, por lo expuesto, podemos observar, más, podemos mirar sus films como minuciosos, detallistas y meticulosos trabajos sobre la composición de la imagen, la estructura semántica y las conexiones simbólicas de los objetos, hechos y sucesos que van desarrollándose en el curso de la historia. Y cabe la siguiente reflexión acerca de esto. Un claro y transparente objetivo guía su narrativa, no sólo en este film, sino en todos sus films. Ha hecho cine policial negro, cine bélico, melodrama, terror, y también ha incursionado en la ironía, cruel y despiadada; ha diseccionado la sociedad, su sociedad, como en “La Naranja Mecánica”, y ha incursionado puntillosamente, casi de manera exquisita, en la historia, como en “Barry Lyndon”, una película preciosista, de un virtuosismo obsesivo sin duda; y ha utilizado la ciencia-ficción como un instrumento propicio para la exposición de sus profundas preocupaciones sobre la humanidad; pero toda su obra destila una coherencia ideológica y formal que lo ubica en el plano de los grandes creadores cinematográficos.

La música, las primeras imágenes, casi un preludio conceptual de la película, la nave espacial transitando la inmensidad del espacio, el viaje en la Discovery de los dos tripulantes tratando de develar los misterios de la misión, la enigmática computadora HAL 9000, verdadera máquina, macabra y perversa, en la que confluyen miedos míticos, ancestrales, y el homínido temor a lo desconocido y lo ignorado, más la colosal transformación, luego de traspasar las puertas del infinito, constituyen verdaderas parábolas, alegorías y metafóricas aproximaciones a la esencialidad del hombre, concentrado en la feroz carrera por la manipulación desenfrenada de una ciencia y una tecnología que a veces le depara misterios horribles e incontrolables.

De todas maneras, podemos vislumbrar dos formas, producto de dos concepciones de encarar estos temas y estas revelaciones. Por un lado, la de Clarke, centrada en la dilucidación científica de los destinos y los derroteros del homo sapiens; y la de Kubrick asentada en la violencia y la agresividad del uso indebido y desmesurado de esa ciencia, violencia que no es más que la consecuencia de la propia evolución, y que, parece haber surgido antes y en los albores de la aparición del hombre. Ya, en “El Centinela” Clarke hacía emerger el elemento desconocido, el objeto que por último terminó siendo el nudo, el hilo, el ente que cruza toda la historia de 2001, que transita por todo su desarrollo y que permanece y acompaña hasta el infinito esta saga. El tótem, como receptáculo y guardián de la vida del hombre primitivo, y la loza o monolito alrededor del cual giran curiosos los primates, y que a su vez marca las distintas etapas evolutivas de la humanidad, no son más que los signos de una presencia que más allá del hombre y de su nivel de desarrollo tecnológico en el fondo aún está vigilado, aún está custodiado y aún debe ser observado por algo superior. Luego en “El fin de la infancia” (2000) vuelve a volcar esta idea, ya un tanto mística y decadente.

Kubrick desarrolla este pensamiento pero desde otro ángulo, su filmografía así lo demuestra, y su último guión, concluido por Spielberg, “Inteligencia artificial”, nos muestra un hombre casi dominado y sujeto a un afán de controlar aspectos esenciales de la vida no tanto por su complejidad como por lo polémico. Se trata ni más ni menos de crear vida artificial (robots) inteligente y con sentimientos. Una parábola escéptica, desesperanzadora de la ciencia y sus consecuencias.

El tema de la loza (monolito), sus connotaciones totémicas, es seguido por otro tema aún más conflictivo y fatal, el descontrol y rebelión de la computadora que, no sólo centraliza el control automático de la nave Descubrimiento, sino que contiene el fin, el objeto, y la finalidad de la misión. El último tripulante que queda con vida al fin logra desconectarla y todo salta al final y última etapa del viaje. Un viaje que, como su título lo indica nos remite a Ulises, a la Odisea, cuya misión, tal como el pensamiento mítico lo concibe, es un retorno a los confines del hombre y su universo, como es considerado en esos tiempos y dentro de los límites que el hombre del s. X a.d.C era capaz de transitar. Comparar a Homero con esta obra de Clarke y Kubrick es quizá uno de los desafíos más apasionantes para el estudioso del cine y la literatura. Y ver el recorrido final sobre paisajes ignotos y deslumbrantes como el desplazamiento de la conciencia hacia lo infinito, es introducirse en las grandes obras del hombre en las letras desde Cervantes, Proust, Joyce, Faulkner, hasta las fantásticas incursiones de Borges con su permanente y continuo choque contra la esencialidad de la palabra como instrumento para explicar el paso del hombre por este mundo. El tropo, el giro, la imagen y la metáfora, encuentran su verdadero ámbito, esta vez transformados en cine, en luz, de la mano de Kubrick ¿Qué otra cosa puede ser entonces la losa negra que se yergue y domina el ser y el destino?

esta impronta ético-moral, la literatura universal la ha señalado permanentemente desde las primeras luchas por el dominio y el poder del fuego en la mitología, pasando por “Frankentein” de Mary Shelley, “El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, las obras de Herbert George Wells o ‘Un mundo feliz’, de Aldous Huxley. Los creadores, la literatura y el cine se han encargado de advertir y percibir, más que denunciar, los extraños derroteros que el avance de la tecnología y la ciencia está incursionando.
El conflicto de HAL 9000 con la tripulación, un conflicto trágico, por supuesto, es la concepción más tortuosa que Kubrick tiene del desarrollo científico del hombre. El avance tecnológico, su manejo descontrolado, produce violencia. Más, esa tecnología es usada para generar más violencia. La sociedad está impregnada de

El final de esta historia es un bebé navegando en el espacio infinito. Saquemos la conclusiones que obtengamos, miremos estas imágenes desde cualquier punto, siempre vamos a conseguir múltiples lecturas sobre la vida, su evolución y las inciertas consecuencias que podemos dejar de considerar.

Héctor Correa

Punta Alta, junio de 2009

miércoles, 27 de mayo de 2009

SOLARIS. Солярис. Solyaris. Algunas notas sobre el cine y la ciencia-ficción






Ficha técnica

Título: Solyaris (Solaris)
Director: Andrei Tarkovsky (nació: 04-04-1932) (murió: 28-12-1986) (edad 54 años)
Realizada el 20-03-1972 (hace 37 años)
Duración: 165 minutos (2 horas 45 minutos)
Libro: Fridrikh Gorenshtein y Stanislaw Lem
Música: Eduard Artemyev

Actores y personajes

Natalya Bondarchuk (como Hari)
Donatas Banionis (como Kris Kelvin)
Jüri Järvet (como Dr. Snaut)
Vladislav Dvorzhetsky (como Henri Berton)
Nikolai Grinko (como Kelvin' s Father)
Anatoli Solonitsyn (como Dr. Sartorius)
Sos Sargsyan (como Dr. Gibarian)
Olga Barnet (como Kelvin' s Mother)
Tamara Ogorodnikova (como Aunt Anna)
Georgi Tejkh (como Prof. Messenger)
Yulian Semyonov Chairman at Scientific Conference
Vitalik Kerdimun (como V. Kerdimun)
Tatyana Malykh
Aleksandr Misharin (como A. Misharin)
Bagrat Oganesyan (como B. Oganesyan)
V. Statsinsky
Valentina Sumenova (como V. Sumenova)

Después de haber navegado un poco, en la nota anterior, por la historia de la Rusia zarista de la mano de Aleksandr Sokúrov (“El arca rusa”), un viaje muy particular, casi mágico, por su forma, su desarrollo y sus personajes, imbuido de los misterios propios de los mundos imperiales y poderosos de un país tan especial de la Eurasia, transformado en arca, trataremos de sumergirnos en el tiempo y el espacio mítico-religioso de Andrei Tarkovsky a través de la ciencia-ficción.



Andrei Arsenevich Tarkovsky, quizá haya sido -murió en 1986-, el más lúcido y enigmático realizador en lo que fue la Rusia de la Unión Soviética. Lúcido, por su extraordinaria capacidad poética y genio, para internarse en los más complejos problemas del ser humano utilizando no sólo la palabra sino la imagen cinematográfica, imagen que indagó, estudió y descifró a través de los maestros de la iconografía y la pintura de todos los siglos. Críptico por la utilización inteligente y profunda de todos los recursos de la poética literaria y cinematográfica, desde la luz hasta la más compleja metáfora, para transmitirnos toda una concepción del mundo, cruzada por una visión totalizadora del hombre y sus relaciones con el universo, ya sea por los procesos mundiales de deshumanización, como por aquellos que implican desentrañar los misterios de la religiosidad y el destino del hombre sobre el planeta. Sólo otro gran creador, Ingmar Bergman, pudo realizar un cine de esta naturaleza, así como el japonés Akira Kurosawa (1910-1998) se adentró en las heridas que el hombre realizó y realiza sobre la naturaleza provocando condicionamientos irrecuperables en las relaciones de los hombres a nivel universal. Es decir cómo y cuánto la interdependencia del hombre con su entorno natural determina no sólo conductas sino que compromete el destino de los seres vivos en todos los aspectos. Mientras tanto el norteamericano Kubrick, Stanley, también ya desaparecido (1999), realiza otra obra maestra del cine de ciencia-ficción, “2001: una odisea espacial” (1968), donde conjuga con una maestría perfecta, las señales peligrosas de una ciencia al margen de los intereses reales del hombre con la búsqueda incesante, realizada con esa tremenda tecnología, de una explicación sobre su origen y su incierto final.

Stanislaw Lem escribió este relato ("Solaris") en 1961. Lem fue un escritor polaco, murió en 2006, y dedicó casi toda su obra a la ciencia-ficción. Quizá merezca una nota aparte. Aquí sólo haremos referencia a la obra que originó el film.




Todo esto que decimos, acerca de la ciencia-ficción, es sólo un esbozo sobre este modo o forma narrativa fundada en la utilización de los recursos y avances científicos, y en cómo el autor o realizador crea un universo donde ubica lo peor del ser humano, le dice al espectador su concepción sobre cómo está situado en ese universo, lo que hace para su propia destrucción, o bien si la ciencia y por consiguiente la súper-tecnología, tal como están siendo utilizados, son útiles y beneficiosos para su futuro o el futuro de la humanidad.

La tierra, que el hombre habita, ha sido y sigue siéndolo, materia no sólo de investigación e indagación científica, sino también objeto de las mejores creaciones estéticas a través del tiempo. El futuro, lo que está por venir, más los distintos pensamientos acerca del rumbo de la vida en el tiempo nunca podrá dejar de estar entre las cuestiones más importantes en la mente de los hombres y con más razón en la de los creadores, es decir los que hacen arte. El cine lo ha demostrado desde su nacimiento, por algo siempre será razón de ser de este blog.

Héctor Correa
Punta Alta, mayo de 2009








Arthur C. Clark, que murió en Sri Lanka en 2008, fue junto con Kubrick el autor de “2001: odisea del espacio”. En realidad la idea había sido esbozada en un cuento escrito por Clark llamado “El centinela”. Cabe hacer esta aclaración ya que es donde traza su concepción de la ciencia-ficción como indagación en los misterios del origen del hombre, su lugar en el universo, y su futuro en manos de la ciencia. Lem, y luego Tarkovsky, con “Solaris”, crean un mundo donde el tiempo y el espacio concebidos por esa ciencia se pierden en la oscuridad de la conciencia, la memoria, y los costados insondables del hombre. Plantean así una nueva cosmogonía donde el hombre ya no es el centro, sí en cambio, su interioridad como vehículo para nuevas y extrañas relaciones con otras dimensiones aún inexploradas. Lo elíptico de la imagen de Tarkovsky, la alegoría, la parábola y lo metafórico son instrumentos de una estética dirigida al transmitir una nueva geografía del hombre, situado, parado sobre la incertidumbre y el sufrimiento interior.

La ciencia-ficción, como género literario, ha sido muy prolífica, tiene orígenes remotos, y ha sido utilizada para introducirnos en mundos imaginarios utópicos, o bien crudos y descarnados por las profecías apocalípticas que han pretendido describir. Desde la literatura de anticipación científica, Julio Verne (1828-1905), H. G. Wells (1866-1946), hasta autores de la talla de Isaac Asimov, Ray Bradbury, Olaf Stapledon, Poul Anderson, Anthony Burgess, J.G. Ballard, etc., que han hecho una ciencia-ficción con perfiles duros, humanistas o metafísicos, este género fue utilizado para transmitir problemáticas con claras connotaciones anti-sistema o bien advertencias sobre un destino incierto y tenebroso.

En el cine todo esto ha sido trasladado de alguna manera, pero con rasgos a veces infantiles o dirigidos al público infantil, y en muy pocas ocasiones con intenciones de emitir señales sobre el destino del hombre. Si debemos mencionar obras cinematográficas de nivel creativo ya sea en cuanto a los contenidos como a la realización propiamente dicha, en verdad no hay muchas, y han sido cruzadas por la magnificencia y artificiosidad industrial del cine comercial (pletórico de efectos especiales) dominado por los EEUU. Sin embargo, esa industria posibilitó que Kubrick hiciera “2001”, y en la ex Unión Soviética, Tarkovsky pudiera realizar “Solaris”. Y en otro nivel Ridley Scott con dos films muy buenos: “Blade Runner” y “Alien, el octavo pasajero”, y no creo que mucho más, a pesar de unas cuantas películas dirigidas a adaptar la obra de Philip K. Dick, que sin duda vale la pena mencionar, más por su calidad artesanal que por la indagación estética que este género de cine posibilita y posibilitó.

Por supuesto, analizar la obra del autor de “Solaris”, significa adentrarnos en el pensamiento totalizador de Tarkovsky. En realidad este autor realizó unas pocas obras, [La infancia de Iván (Ivanovo detstvo) (Иваново детство) (1962), Andréi Rubliov (Андрей Рублёв) (1966), Solaris (Solyaris) (Солярис) (1972), El espejo (Zerkalo) (Зеркало) (1975), Stalker (Cталкер) (también conocida como La Zona) (1979), Tempo di viaggio (1983), Nostalgia (Nostalgya) (Ностальгия) (1983), Sacrificio (Offret) (1986)], si lo comparamos con otros mucho más fecundos, pero se convierte así en un significativo ejemplo de que la cantidad de obras de un autor no mide su calidad, ni en cine ni en literatura. La obra de este extraordinario creador se caracteriza por su penetración en los más complejos mundos del hombre contemporáneo y en su inteligencia para describir el incierto camino y sus siniestras consecuencias para la humanidad toda.

“Solaris” no es una película hecha, asentada sobre las categorías o los cánones del relato cinematográfico tradicional, todo lo contrario, va más allá, crea un mundo casi irreal, onírico, pero tremendamente realista por su cruda escenografía y sus duros paisajes donde impera la soledad y la destrucción. La búsqueda de un hombre íntegro, consciente y seguro en sus convicciones, ya sea como individuo o parte de un universo, fue su objetivo y su meta. En cambio encontró, y es lo que transmitió, un hombre fragmentado, inestable, desequilibrado e inseguro acerca de su misión y fin. El uso del tiempo, su concepción del tiempo como poeta; su manejo, complejo y escrupuloso del transcurrir en la conciencia, así como el no-espacio donde se desarrollan los más cruciales acontecimientos de los personajes, marca a “Solaris” como una obra inteligente y rica desde el punto de vista conceptual y formal, abriendo un canal de múltiples interpretaciones pero con el eje humano sustancial que la abarca en su totalidad. Crea un mundo, así, donde ubica y despliega todas sus ideas sobre la naturaleza del hombre, sobre sus creencias y convicciones, y sobre sus miserias y sus peligrosas transgresiones, para lo cual la alegoría y la parábola se convierten en profundas expresiones de una realidad que no podemos eludir.

La cuestión quizá pase por si es necesario mantener o conservar la estética que a la ciencia-ficción le impuso Hollywood. Creemos que ahí está la clave, por un lado si “2001: una odisea espacial” respeta los paradigmas del género, si “Solaris” deja de ser o mantiene los estereotipos, o bien, renuevan ambas dichos códigos, modificándolos en substancia para transformarse en verdaderas creaciones peculiares, originales, innovadoras, pero por sobre todo indagadoras de los vínculos y nudos estéticos y conceptuales que destruyen el concepto como género.

La estética de Spilberg ("E.T." y “Contactos cercanos del tercer tipo”) no hay duda que se destaca y no la podemos de dejar de lado bajo ningún punto de vista. Pero se asienta en al recuperación del cuento fantástico y maravilloso -en lo feérico-, donde vemos cómo lo del más allá, lo desconocido, irrumpe en el mundo cotidiano del hombre, y porta un mensaje de buenaventura, optimismo y esperanza, o más o menos así. Parecerá algo inocente, ingenuo, cándido, hasta infantil, pero encierra dentro, en lo más recóndito, una voz de alerta, una señal de alarma y un claro llamado a la conciencia ambientalista y preservadora de lo más importante para el hombre: su propio mundo y la paz entre los hombres. De lo contrario estaremos perdidos.

 LANZAMIENTO DEL LIBRO  "EJERCICIOS CRÍTICOS SOBRE CINE" PRELUDIO  "El cine es la música de la luz”Abel Gance "Esta músi...