viernes, 15 de abril de 2011

UN HOMBRE SIN PASADO - Mies vailla menneisyyttä



Dirección: Aki Kaurismäki

Producción: Aki Kaurismäki
Guion: Aki Kaurismäki
Fotografía: Timo Salminen
Montaje: Timo Linnasalo
Escenografía: Markku Pätilä, Jukka Salmi
Vestuario: Outi Harjupatana
Reparto:
Markku Peltola
Kati Outinen
Annikki Tähti
Juhani Niemelä
Kaija Pakarinen

Países: Finlandia, Alemania, Francia
Año: 2002

Ganó el Gran Premio del Jurado y el Premio a la Mejor Interpretación Femenina del Festival de Cannes de 2002. Fue también nominada al Oscar a la mejor Película de Lengua Extranjera en 2003

" Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.
Miedo de quedarme dormido durante la noche.
Miedo de no poder dormir.
Miedo de que el pasado regrese.
Miedo de que el presente tome vuelo.
Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.
Miedo a las tormentas eléctricas.
Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.
Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.
¡Miedo a la ansiedad!
Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.
Miedo de quedarme sin dinero.
Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.
Miedo a los perfiles psicológicos.
Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.
Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.
Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.
Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.
Miedo a la confusión.
Miedo a que este día termine con una nota triste.
Miedo a despertarme y ver que te has ido.
Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.
Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.
Miedo a la muerte.
Miedo a vivir demasiado tiempo.
Miedo a la muerte.
Ya dije eso. "
Miedo
Raymond Carver




Podemos analizar “Un hombre sin pasado” desde dos puntos de vista. Desde la escualidez de su estructura narrativa, con sus austeros y empequeñecidos personajes, su triste y pálida historia pero asombrosamente rica en lo connotativo-profundo de sus imágenes. O por su singular descripción de ciertos sectores marginales en un país nórdico de escaso perfil y escondido detrás de una imaginaria prosperidad socio-económica, envidiable, con comportamientos sociales caracterizados de intachables. De todas maneras ambas formas de encarar el film son el resultado ineludible de las concepciones formales que pone en práctica el realizador, uno de los realizadores, junto con su hermano Mika, más prestigiosos de la región nórdica de Europa. Región formada, como todos saben, por Noruega y Suecia, además de Finlandia. Un país de apenas 16 habitantes por km cuadrado con un extenso territorio, uno de los más grandes de Europa quizá. Su extenso invierno, sus bajísimas temperaturas, especialmente en el norte, produjeron que la mayoría de su población se concentre en el sur, sobre el mar Báltico y el golfo de Finlandia, donde se encuentra su capital Helsinski. Ciudad a donde llega el protagonista y donde es salvajemente golpeado hasta tal punto de quedar amnésico. Dicen además, que es un país de alto bienestar y escasa corrupción –de acuerdo con las mediciones de los organismo internacionales-, sin embargo en el film El Ejército de Salvación (ahí también existe) se ocupa de alimentarlo, mientras y en forma paulatina, va recuperando la memoria. El idioma digamos materno de gran parte de los finlandeses es el finés, una lengua, de las pocas, que no proviene del indo-europeo, lo que no impidió que su historia fuera compleja y sangrienta ya que perteneció en una primera era a Suecia y en una segunda al Imperio Zarista Ruso, antes del complicado proceso de su independencia. Detalle curioso ya que en el film sus atacantes lo llaman “sueco” en repetidas embestidas mientras era golpeado. La película está llena de estos pequeños detalles por lo que cada uno de ellos documenta y complejiza la lectura de la narración que es simple y sencilla. Sus escasos diálogos y la poca o nula gestualidad de los actores, el estilo minimalista para contar la historia centrada en las sucintas y a veces absurdas relaciones con extraños o ridículos personajes, sobre el fondo de la costa finlandesa, inscribe esta película en la estética del absurdo, el objetivismo y el minimalismo de las narraciones de Carver. 


-Informe a la morgue, debo ir a la Maternidad- le dice el médico a la enfermera cuando lo declaran muerto. Luego revive con su rostro destrozado, arregla su larga nariz, y se marcha. En los contenedores del puerto, como en todos los puertos, una familia le da cobijo, lo cura y lo cuida. No hay mucho que hablar. No recuerda quién es ni qué hace. Todo transcurre en largos silencios con lacónicos diálogos, en el lúgubre ambiente portuario. Todo semeja las metálicas descripciones de Arlt, sus viejas plumas y oxidados contenedores. Y ahí van a transcurrir sus días y su recuperación. En otro momento le enseña a tocar rock a la vetusta y anquilosada orquesta del Ejército de Salvación. Lo grotesco, la decadencia, las miserias humanas de aquellos que reciben las dádivas, se mezcla con una nublosa visión llena de violencia e incomprensión en una tierra considerada como la más próspera, moralmente intachable, donde también se vive en contenedores, se bebe alcohol en forma desmedida, y los matrimonios se derrumban, sumidos en la oscuridad de destinos inciertos, el vacío existencial y la tristeza en el alma.


Toda una parábola, sin duda, sobre la anodina sociedad finlandesa, considerada por los organismos internacionales como de las más desarrolladas en calidad de vida y de las más “honestas”, o sea prácticamente sin corrupción. Como toda obra de arte cinematográfica, la imagen traslada conceptos, metáforas, describe la aldea, lleva emociones, sensaciones, le muestra al espectador la concepción del mundo del director, habla de sus apetencias estéticas, vislumbra las técnicas narrativas escondidas o solapadamente utilizadas, y hace decir a los personajes párrafos enteros sobre su lugar en la tierra y sus relaciones con el otro. En fin, nos muestra todo, no hay ningún aspecto que pase desapercibido, ni puede soslayar ningún costado sea cual sea la historia. Habrá historias más complejas, llenas de símbolos, giros y conceptos más o menos oscuros; y otras más simples, hechas a propósito como con retazos de vida, trozos de personajes y atajos narrativos que, en apariencia tienen un destino predeterminado, cuando en realidad el autor está expresando otras ideas o exponiendo otros costados. Eso sí, de la suma de esos dispersos y desprolijos fragmentos, se levanta, sin duda, una mole que de pronto golpea al espectador, lo obliga a poner más atención, para enseñarle que esa caótica realidad, producto de esos desnudos hechos de la realidad, no es tan incoherente, por lo contrario, toma sentido, un profundo sentido, capaz de realzar los aspectos más difíciles de describir o mostrar, dándole a la obra un perfil trascendente e incuestionable: un hombre sin pasado en un mundo muy “moderno” y “desarrollado”.

Es así como de pronto emerge la solidaridad del que no tiene nada o nada tiene que perder. En ese país de extraña geografía, de extraños comportamientos (para nuestra mirada latinoamericana), en un ambiente casi marginal donde una organización religiosa llena el vacío que las estadísticas ignoran, el amnésico comienza a descubrir una nueva vida, que existe otra forma de vivir, que aquellos apartados de la tecnología y la supercivilización, que moran como ratas en cubículos, rincones y agujeros, son aún más humanos que los que encontró bien bajó del tren en Helsinski. En realidad, sólo unos pocos personajes cobran vida durante el desarrollo del film, se relacionan y entablan una relación humana. Muchos otros pasan como meros apéndices, como parte del entorno o el pesado paisaje finlandés. Pero esos pocos, con sus limitaciones y excentricidades, terminan siendo la humanidad, una humanidad ya perdida en los confines nórdicos de una Europa escéptica y nihilista.

Héctor Correa
Punta Alta, abril de 2011


domingo, 10 de abril de 2011

LA FALACIA DE LOS MODELOS ORIENTALES Y LOS MODELOS OCCIDENTALES. LA EDUCACIÓN: UNA LUCHA SIN CUARTEL POR LAS FORMAS DEL PODER


Estilos de crianza. ¿Modelos de país? La Nación. Domingo 10 de abril de 2011. Luciana Vazquez

Somos blandos. Demasiado blandos. Los padres occidentales somos blandos. Al menos así lo cree la profesora en leyes de Yale University, la chino-norteamericana Amy Chua, autora de un libro que viene escandalizando a Estados Unidos desde que salió a principio de año. The Battle Hymn of the Tiger Mother (El himno de batalla de la madre tigre ) sacudió con la fuerza de un tsunami la autoestima de los padres estadounidenses. El libro salió a la venta un mes después de que se publicaran los resultados de las pruebas PISA, el ya famoso examen de lectura, matemática y ciencias llevado adelante por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), en el que intervienen sesenta y cinco países y se toma a chicos de 15 años.
Se sabe: la primera economía del mundo, Estados Unidos, caía al puesto 17 en lectura, al 23 en ciencia y al 31 en matemática. ¿Y China? Los chinos no sólo se habían convertido en la segunda economía del planeta, bien pegaditos a EE.UU., sino que arrasaban en educación.
Barack Obama se hizo cargo de la cuestión y habló de un "momento Sputnik": el informe PISA venía a poner en evidencia las impotencias de EE.UU. como lo había hecho la Unión Soviética cuando lanzó el cohete Sputnik en 1957 y se convirtió así en el ganador de la carrera espacial. Después del sacudón, EE.UU. se decidió a invertir millones en educación para recuperar el liderazgo en el espacio y en el conocimiento.
Pero las familias estadounidenses no fueron las únicas que quedaron boquiabiertas ante el triunfalismo de madre tigre de la abogada. Chua puso a los padres en el banquillo de los acusados y planteó un escándalo: que los padres occidentales estamos arruinando a nuestros hijos con tanta contención y tanto canto a la individualidad, la creatividad y la autoestima.
Las pruebas PISA parecían darle otra vez la razón: el ranking de los cuatro mejores países estuvo dominado por tres potencias asiáticas, además de China: Corea del Sur, Singapur, y Hong Kong. Los siguió de cerca Japón en alguna de las pruebas. Sólo un país occidental, Finlandia, llegó al top four de la educación global.
The Washington Post sintetizó el debate: "Why Chinese mothers are superior?", tituló. Un artículo del The New Yorker destacó la "dimensión geopolítica" que había detrás del texto de Chua.
La polémica saltó entonces a su segundo nivel: del hogar a la nación. Si los orientales están alcanzando tanto éxito educativo, ¿cuánto tiene que ver el estilo de crianza que domina entre los padres de esas regiones? ¿Una crianza de corte autoritaria es la respuesta a todo, al futuro de nuestros hijos y al destino de una nación en general? ¿Una paternidad más permisiva es la causa de los fracasos eventuales de nuestros hijos y de los pobres resultados de nuestras naciones?

Nuestra manera de educar

Las preguntas también tienen sentido para la Argentina: en el ranking de PISA, perdemos contra todos, los tigres del Asia pero también contra Occidente, el del primer mundo, como en el caso de Finlandia, y el más cercano. Chile, Uruguay, Colombia y México también nos ganan.
Aún entre algunos argentinos que hoy influyen y construyeron su camino sorteando importantes desafíos educativos, el discurso sobre valores, pertenencia, diversidad de experiencias, idiomas y deportes le gana de lejos al discurso de la meritocracia esforzada y la excelencia académica en estado de pureza. Esa fue la respuesta que escuché cuando los entrevisté para el libro La educación de los que influyen y les pregunté sobre la educación de sus hijos.
Ahí está el caso del megaempresario Eduardo Elsztain, que egresó del Nacional Buenos Aires. O del CEO del Citibank Argentina, Eduardo Brouchou, con maestría en leyes por la Universidad de Harvard e hijo de un graduado del Buenos Aires. También el del doctor en Medicina Conrado Estol, neurólogo de fama mundial, especializado en Harvard e hijo de un ex alumno del Buenos Aires con título de ingeniero aeronáutico por la Universidad de Nueva York.
"Es más importante que sean buenas personas antes que sean los más destacados", me dijo entonces Elsztain refiriéndose a su descendencia.
¿Deberíamos estar pensando en ganar olimpíadas de matemática internacionales en lugar de concentrarnos en los valores y el deporte? ¿Hay algo en nuestro estilo patrio de crianza que nos está perjudicando como nación?
La tesis del libro de Chua no admite grises. La abogada es una especie de madre talibán en materia educativa que reivindica directamente y sin culpa el estilo que llama "Tiger Mother" y sus durísimas rutinas de "parenting" (crianza de los hijos). Del otro lado están los "Western parents", que Chua condena sin pelos en la lengua.
En el diccionario de esta abogada asiático-americana, llamar "basura" a un hijo no es un insulto sino "una técnica de estimulación" que su padre chino, un doctor en física graduado del MIT y estrella mundial en teoría del caos, aplicó con ella cuando era niña y que Chua misma usó con una de sus hijas cuando fue madre.
Para Chua, la infancia no es una etapa de creatividad y libertad sino "un tiempo de entrenamiento, oportunidades e inversión para el futuro" y los problemas de autoestima, y los métodos paternales para reforzarla, son un invento occidental. Para Chua, que la libertad de opción de los hijos conduzca a formar chicos más libres y creativos, tal como sostienen "todos estos padres occidentales", es una gran falacia: "Es obvio que resultará que la "pasión" será estar en Facebook durante diez horas". Una "pérdida de tiempo", dice Chua, que eligió ella misma las pasiones de sus hijas Sophia y Lulu y las obligó a practicar violín y piano.
Los juegos en el patio; los días de juego en casa de amiguitos; los pijama parties -"normas sociales estúpidas... ¿Ustedes creen que nuestros Padres Fundadores tuvieron pijama parties?", desafía Chua a los occidentales de EE.UU.-; las clases de teatro y los deportes están prohibidos en el sistema de Chua. Y también está descartado sacarse una B o una A-. Sólo vale una A (10). Si llega una A-, un 9, habrá que practicar sin descanso hasta alcanzar el 10.
Hay que decir que es encomiable la cantidad de horas diarias que Chua se roba a sí misma para ayudar -y cronometrar- las tareas escolares de sus dos hijas o supervisar las cinco horas de música que las obliga a practicar por día.
Chua no descansa: cree en el rendimiento educativo, impacta sin contemplaciones en la vida familiar con sus concepciones de exigencia y disciplina, y persigue a sus dos hijas para ser las mejores en la escuela o con sus instrumentos con el mismo empeño que un entrenador cae sobre un atleta de alta competición.
"Extreme parenting", lo llamó The New York Times, para oponerlo a una paternidad occidental ejercida en clave de comprensión, refuerzo de la autoestima y libertad de opción para los hijos, pero que, de acuerdo con el ranking de PISA, estaba dando pocos resultados académicos. ¿Tendremos que volvernos más autoritarios entonces?
El modelo autoritario orientado a resultados académicos de Chua plantea interrogantes. El periodista Andrés Oppenheimer los enfrenta cuando muchos de los lectores de su último libro, "¡Basta de historias! La obsesión latinoamericana con el pasado y las 12 claves del futuro", lo desafían con un dilema: los chicos asiáticos son alumnos brillantes... ¿pero son felices?
La duda surge ante las tasas de suicidio que se registran en Corea del Sur, Japón o China, por ejemplo, asociadas a los fracasos académicos. En China, la presión del Gao Kao, el examen para ingresar a la universidad, es causa de suicidio de estudiantes.
Sin embargo, Oppenheimer toma partido a favor del modelo oriental. "Los casos de suicidios son una tragedia y algo que hacer -dice desde Miami-. Pero el porcentaje de chinos que se suicida es muy bajo comparado con el porcentaje de chinos que está saliendo de la pobreza gracias a una educación de mejor calidad."
Según el Banco Mundial, 500 millones de chinos han salido de la pobreza en los últimos diez años gracias al "crecimiento económico", que llegó de la mano del conocimiento y la educación.
También hay que decir que países occidentales, alejados de la crianza autoritaria como Suecia o Francia o la misma Finlandia, registraban en 2004 una tasa de suicidio mayor que la china, aunque por otros motivos, de acuerdo con el trabajo "Bienestar y capital social: ¿el suicidio plantea un enigma?", de John F. Helliwell.
El tema es complejo: no es que los padres orientales son monstruos, insiste Chua. La abogada no está loca. En la dimensión familiar, la paternidad autoritaria tiene algunos beneficios. La revista Time citó evidencia científica de Stanford y otros centros de estudio a favor del aprendizaje por repetición o del escamoteo de halagos a los talentos de los chicos.
Según la psicóloga Maritchu Seitún, autora del libro Criar hijos confiados, motivados y seguros, los padres autoritarios son "claros y firmes" y eso es bueno, aunque no alcanza.
En cuanto a las sociedades, la paternidad autoritaria resultadista produce grandes beneficios, sobre todo en un medioambiente donde reina la meritocracia. Como dice el director del programa de Educación de Cippec, Axel Rivas: "En Corea del Sur, por ejemplo, todos los empleos, las posibilidades de éxito y la posición social están definidos por los resultados educativos."
Pero hay que entender, sostiene Rivas, que el modelo no puede trasladarse sin más a otro contexto. No está claro, por ejemplo, que la sociedad americana acompañe la creencia de Chua en el éxito académico. Los asiáticos-americanos son mejores alumnos en general que los estadounidenses, pero pocos llegan a ocupar roles decisivos en las corporaciones. Y la lista de nombres de los emprendedores americanos que revolucionaron con su creatividad el siglo XXI no incluye todavía los retoños de la crianza autoritaria de corte oriental.

La belleza del término medio

En la vereda de enfrente, la permisividad occidental, y argentina en particular, también enfrenta sus desafíos y no sólo académicos. Es cierto: los índices de suicidio son bajísimos. Pero sabemos: las tasas de alcoholismo y uso de drogas, por ejemplo, son preocupantes. Chua se haría un festín con las estadísticas que jaquean las bondades del estilo de los "Western parents".
Ahí está el caso de la Argentina, por ejemplo, donde tres de cada diez chicos bebe en exceso. O donde el inicio del consumo del alcohol ahora se da a los 13 años y en algunas provincias, entre los 10 y los 12.
El tiempo frente a las pantallas es otro problema. Entre una y dos horas por día, según si los chicos están en primaria o secundaria de doble jornada: el límite lo pone Seitún. Pero la realidad es otra: "Los adolescentes argentinos pasan un promedio de seis horas por día vinculados a los medios electrónicos", según una encuesta de la consultora Knack de 2006.
La vida cotidiana confirma las estadísticas. En la reunión de padres de un liceo bilingüe de Buenos Aires, famoso por su nivel de exigencia, la maestra les pide a los padres que "se organicen" y supervisen más de cerca a sus hijos. "Los chicos están entrando en Facebook a las 2 de la mañana", les dice. Los chicos están en tercer grado.
Me lo cuenta una madre, empresaria ocupada, que reconoce la dificultad de poner límites y exigir. "Es agotador, te lleva tiempo y es un tire y afloje de nunca acabar."
Con iguales argumentos, la tarea escolar es el peor enemigo. Los chicos argentinos que van a escuela pública están entre los que menos horas de clase tienen en el mundo: 774 horas de educación primaria por año en la Argentina contra 1257 de horas al año en Chile. Sin embargo, los padres y los chicos argentinos se resisten a llevar deberes a casa. "No hagas la tarea. Yo le escribo una nota a la maestra", apañan los padres permisivos, para horror de Chua, según dice Seitún.
"Los padres argentinos de hoy son más permisivos -explica- y/o están confundidos en cuanto a qué significa educar y poner límites que fortalecen a los hijos." Para Seitún no hay dudas: "La permisividad es catastrófica".
¿Los padres argentinos son permisivos por cansancio, por falta de tiempo para exigir y cultivar el esfuerzo junto a los hijos o por comodidad? Una combinación de las tres, explica Seitún, y también "el miedo a perder el amor de los hijos".
Vigilar y castigar o acariciar y contener. Crianza oriental exitosa versus crianza occidental en problemas. En realidad, la dicotomía es discutible. "Finlandia es un país occidental, está entre los primeros en PISA y compite de igual a igual con los gigantes de Asia", dice, tajante, la experta en educación Silvina Gvirtz da en el clavo. El último coletazo de la polémica post Tiger Mother va en ese sentido. Un artículo de la revista Time anunciaba hace unos días: "The Anti-Tiger Mother approach" ("El abordaje anti-Tiger Mother). Se refería precisamente a Finlandia.
Ahí no hay exámenes donde hay que ganar cueste lo que cueste. El objetivo social no es ser mejor que el resto sino estar en el promedio, pero, y esto es central, el promedio es muy alto. Eso sí: tienen los mejores maestros del mundo y creen en la meritocracia y la educación.
Para demoler el blanco y negro en el tema crianza, otro caso empezó a tallar en el debate cuando el padre del creador de Facebook, Mark Zuckerberg, habló sobre la crianza de su hijo. Su receta de crianza fue simple: dejarlo jugar libremente con la computadora en casa y darle margen para ejercer sus pasiones. "Western parenting", diría Chua. "El papá de Mark Zuckerberg no fue un Tiger Daddy", resonó en la Web.
Seitún tiene clara la respuesta a estos dilemas. Ni autoritarios ni permisivos, sino un tercer modelo de crianza que integre las fortalezas de esos opuestos: "Del autoritarismo, la firmeza. Del permisivismo, la comprensión".
En ese sentido, el libro de Chua representa un aporte. Les devuelve la pelota a la sociedad y a los padres para interpelarlos sobre los valores en los que creen para criar y educar a sus hijos. Ya no se trata simplemente de responsabilizar a las políticas educativas y los gobiernos que las implementan.

© LA NACION

domingo, 20 de marzo de 2011

RAPSODIA EN AGOSTO, el ojo nuclear “Hachi-gatsu no kyōshikyoku”



Según una leyenda japonesa, tu mayor deseo se hará realidad, si construyes mil grullas de papel. La consigna de crear grullas de papel en la lucha por la paz, se remonta a la historia de una de las pequeñas víctimas de la bomba de Hiroshima durante la Segunda Guerra Mundial.
Sadako Sasaki tenía dos años cuando cayó la bomba en Hiroshima, ciudad en la que vivía. Diez  años más tarde (cuando tenía 12 años), como consecuencia de la irradiación que le produjo la bomba de Hiroshima, los médicos le diagnosticaron leucemia. Cuando la pequeña Sadako estaba en el hospital recuperándose de su enfermedad, su amiga Chizucho le explicó la historia de las 1.000  grullas de papel. La historia consiste en que si deseas algo con mucha fuerza y  construyes 1.000 grullas de papel (papiroflexia), los dioses te concederán ese deseo que tanto anhelas.
Es así como Sadako deseó curarse de su terrible enfermedad y para ello se propuso construir por sí misma 1.000 grullas de papel, aunque no logró conseguirlo porque falleció mucho antes de poder acabarlas todas. Murió en octubre de 1955 y sólo había conseguido plegar 644 grullas de papel. Simbólicamente, sus amigos continuaron su misión y completaron las mil grullas, con la esperanza de que se evitaran las guerras en el futuro y se consiguiera la paz entre todos los países del mundo. Tres años más tarde de la muerte de Sadako, los niños de toda la ciudad de Hiroshima le dedicaron una estatua de ella con una grulla en su mano. La estatua está en el  Parque de la Paz de Hiroshima.
Cada año, para el 6 de agosto, Día de la Paz, llegan miles de grullas de papel a Hiroshima desde todos los lugares del planeta. Los niños de la ciudad cuelgan las grullas en el monumento de Sadako, con la esperanza de transmitir este mensaje a todo el mundo.

En estos días, como consecuencia del Terremoto de Japón, muchísimas personas y asociaciones de todos los lugares del mundo se han propuesto construir grullas de papel con la finalidad de enviarlas a Japón. En Japón hay personas encargadas de recoger estas grullas que la gente envía anónimamente y colocarlas en los distintos templos del país, con el deseo de que Japón pueda salir de la pesadilla  que está viviendo y que la vida, la salud, la esperanza y la prosperidad se restablezcan de nuevo en sus vidas.

Una japonesa residente en Madrid ha recuperado la leyenda japonesa de las mil grullas de papel para pedir a los internautas que se unan a esta iniciativa de abrazo y ánimo a Japón que simboliza la paz.

A través de una página web llamada ‘Las 1.000 grullas ‘.  Makiko pide ayuda para completar las mil grullas de papel de las que habla la leyenda. Quien las complete, recibirá un deseo. Y ése, ahora mismo, no es otro que el fin de la amenaza de catástrofe nuclear y la mejor de las suertes para todos los damnificados. La grulla de la paz deja ahora paso a la grulla de la solidaridad, que desde todos los rincones inunda ya las webs con múltiples mensajes de apoyo.

¿Por qué un grulla?

Para los japoneses la grulla es el símbolo de la paz, como para nosotros lo es la paloma blanca. Para los japoneses la grulla además de paz significa salud.

¿Qué es una grulla?

Las grullas son aves de espacios abiertos. Se desplazan dando zancadas con sus largas patas  y recogen semillas e insectos con sus largos picos. Viven en bandadas y muchas de ellas recorren largas distancias para criar. Las distintas variedades de grullas tienen en común que se emparejan de por vida. Son muy fieles.

¿Qué es el origami?

El origami es parte integral de la cultura japonesa desde hace más de 1.000 años .  Su técnica se  basa en el plegado de papel para crear figuras (papiroflexia).

Aquí os dejo un vídeo precioso que ilustra sin palabras la triste historia de Sadako Sasaki. Os animo a verlo porque es realmente conmovedor.


Extraído de PitBox Blog
Leyenda de Sadako Sasaki y las mil grullas de origami. Mil grullas por Japón. Una leyenda para la esperanza.
Publicado el 19 marzo, 2011 por VitaraX


Según Akira Kurosawa la sociedad japonesa olvidó un poco las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki, masacre que dio por terminada una de las guerras más crueles que recuerda la humanidad. Las explosiones se produjeron el 6 y el 9 de agosto de 1945, entre ambas el lapso fue de apenas tres días, y la distancia entre las dos ciudades es de aproximadamente 300 km. Las bombas contenían cabezas de uranio-235 y plutonio-239, capaces de derretir todo lo que encontrara a su paso en un radio de 11 km. Una de ellas, la primera, fue denominada Little Boy y la otra, la segunda, Fat Man, por los norteamericanos. Unos años antes prominentes científicos, incluido Albert Einstein, habían mencionado que el material usado era una poderosa fuente de energía, incluso para fabricar bombas, y así fue. No es necesario hablar de víctimas, hoy todavía las estamos viendo. Lo paradójico es que entre las condiciones de la rendición japonesa una de ellas impedía a Japón tener armamento nuclear para lo cual se adoptaron los llamados “tres principios antinucleares”, establecidos precisamente para lograr esto. Pero, y a pesar de esta imposición, el mayor castigo de EE.UU al imperio japonés, antes de la guerra, fue quitarle la provisión de petróleo, lo que sin duda obligó, en el futuro, a que construya 16 centrales nucleares en la isla geológicamente más inestable del planeta.


El cine de Kurosawa, a pesar de haberse nutrido de los grandes maestros de la literatura y el cine occidental por lo menos en el aspecto formal, conceptualmente retoma muchos tópicos relacionados con la cultura y los mitos japoneses. Desde sus primeras obras, pasando por “Vivir”, “Rashomon”, “Yojimbo”, la extraordinaria “Dersu Uzala”, hasta “Los sueños” y “Madadayo”, lo que no podemos negar es la poderosa influencia de ese occidente, y filmó pensando en esos tres componentes: la cultura occidental, la mitología japonesa y la estética del cine universal, especialmente ruso y norteamericano. Esto lo llevó a componer imágenes llenas de aristas tomadas del western, la literatura rusa (Gorki, Dostoievski) e inglesa (Shakespeare), y los peculiares rasgos orientales históricos y hasta religiosos. “Rapsodia en Agosto” vuelve su mirada sobre la sociedad japonesa, incorpora la tragedia bélica y advierte sobre las catastróficas transgresiones del hombre sobre la naturaleza que guarda sus propias e inquebrantables que leyes que debemos respetar para no despertar su ira, sus fuerzas milenarias y su gran poder destructor. Ya en Los Sueños, en el primer cuento, el niño no debió espiar, no debió inmiscuirse, ni apenas mirar, los naturales ritos de los seres que pueblan los bosques, por lo que debe someterse a un duro y mortal castigo por sus propias manos. En medio de sus sueños, en otra historia, la devastación es el final del hombre casualmente por la radiación. Y sobre el final, uno de los más bellos, el anciano le enseña al visitante los bailes rituales funerarios de los habitantes de una pequeña aldea enmarcados por la madre naturaleza, sus rítmicos movimientos y la mística integración ancestral con el entorno. El ojo, inmenso ojo acusador, domina la pantalla, en Rapsodia en Agosto. El hongo nuclear, los vientos tornados en malignos, las fuerzas naturales desatadas, la incomprensión de las generaciones jóvenes, el egocentrismo de una sociedad superoccidentalizada e indiferente, son los elementos contra los que deben luchar los que aún guardan (como la abuela) la memoria de la tragedia atómica. Los mensajes de Kurosawa son claros y no se dirigen con exclusividad a recordar las bombas. Su homenaje está cargado de transparentes advertencias sobre la naturaleza de la transformación cultural, social y económica de un Japón atrapado entre la rígida rutina del hombre medio aún creyente en el viejo stablishment imperial, con su hábitos, sus costumbres ancestrales y su lógica oriental, y un proceso occidentalizador de sometimiento a condiciones impuestas, negocios conservadores de un status quo asentado por limitaciones geopolíticas, y una cada vez más férrea dependencia que mira no hacia oriente precisamente. Kurosawa en cada film, en cada imagen, en cada diálogo, observa esa contradicción y transmite la depresión resignada de una derrota demasiado cara.

En “Rapsodia en Agosto” muestra tres generaciones, sus actitudes y la reacción social frente al holocausto nuclear. La consternación y el vacío de la incomprensión de los más pequeños; la irracionalidad y la indiferencia, o el olvido, de los hijos de las víctimas; y el recuerdo cargado de odio y resignación de los sobrevivientes que ven cómo sus hijos y nietos miran con la distancia del descreído una historia que ya no es de ellos. El paisaje, la tierra, el árbol y la montaña, dejan de constituir elementos llenos de esencialidad, para ser sólo cosas, objetos, desprovistos de vida y entidad. Por supuesto, toda la obra de Kurosawa esta cruzada por esta concepción. En otra nota habíamos hablado de “Dersu Uzala”, quizá la más apropiada y adecuada para establecer su estética a partir de la fundamental y medular relación hombre-naturaleza. Los mundos de Dersu Uzala y la taiga se encuentran y constituyen un solo y esencial ente, síntesis del fundamento existencial de la tierra que pisamos, que no debe ser ni desvirtuada o ultrajada, por el contrario deberá ser protegida y cuidada como lo más valioso y principal.

El cine norteamericano ha realizado algunas películas sobre Hiroshima y Nagasaki, cabe destacar sólo una realmente. Llena de ironía, como no podía ser de otra manera, Kubrick con “Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb” (Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba), destaca dos cosas en especial, el espíritu festivo y despreocupado de las autoridades militares y civiles de EE.UU al tomar y llevar a cabo los lanzamientos, y la lógica del norteamericano medio para defender a ultranza el estilo de vida que jamás van a perder, cueste lo que cueste. Por otro lado el francés Alain Resnais, autor de “Hiroshima, mon amour”, film del año 1959, donde, fiel a su trayectoria documentalista y narrador comprometido, transforma en imágenes la novela del mismo nombre de Marguerite Duras, dirigida a penetrar en las conciencias de los protagonistas con todas sus consecuencias de índole existencial que provocó semejante hecatombe con su carga de angustia, dolor, miedo y destrucción.

Mencionar estos films, no necesariamente relacionados con la catástrofe del terremoto y posterior tsunami en Japón, nos hace reflexionar sobre otras consecuencias aún más letales todavía, como las averías en las centrales nucleares y la contaminación radioactiva derivada. Nos hace pensar en la historia del imperio japonés, en su pueblo, en esa pequeña isla superpoblada, en sus avances tecnológicos, en sus guerras, en sus mega ciudades, su peculiar religiosidad llena de mitos y leyendas, sus avances imperialistas y expansionistas, su particular visión del mundo, sus derrotas militares, sus rituales cotidianos, sus extraordinarios avances, su consumismo y su extraña relación con el occidente. Todo sobre una también distintiva geografía, inestable, pero también temida y reverenciada. Conjunción, combinación de poderosos factores que llevaron y la llevan a ser hoy en día uno de los países que más atención produjo en la historia de la humanidad. Tendrá que ser socorrida, tendrá que ser protegida y tendrá que ser estudiada como modelo de soberbia, altivez y valentía, todo al mismo tiempo.

Héctor Correa
Punta Alta, marzo de 2011



viernes, 4 de marzo de 2011

NI UNO MENOS (YI GE DOU BU NENG SHOU)



De la LEY N° 26.206
LEY DE EDUCACIÓN NACIONAL
(Por supuesto la ley argentina)


ARTÍCULO 8°.- La educación brindará las oportunidades necesarias para
desarrollar y fortalecer la formación integral de las personas a lo largo de toda la
vida y promover en cada educando/a la capacidad de definir su proyecto de vida,
basado en los valores de libertad, paz, solidaridad, igualdad, respeto a la
diversidad, justicia, responsabilidad y bien común.

CAPÍTULO II
FINES Y OBJETIVOS DE LA POLÍTICA EDUCATIVA NACIONAL
o) Comprometer a los medios masivos de comunicación a asumir mayores grados
de responsabilidad ética y social por los contenidos y valores que transmiten.


CAPÍTULO IV
EDUCACIÓN SECUNDARIA
h) La atención psicológica, psicopedagógica y médica de aquellos adolescentes y
jóvenes que la necesiten, a través de la conformación de gabinetes
interdisciplinarios en las escuelas y la articulación intersectorial con las distintas
áreas gubernamentales de políticas sociales y otras que se consideren
pertinentes.



Título en inglés: Not one less.
Dirección: Zhang Yimou.
País: China .
Año: 1999.
Duración: 106 min.
Interpretación: Minzhi Wei, Huike Zhang, Zhenda Tian, Enman Gao, Zhimei Sun, Yuying Fen, Fanfan Li, Zhang Yichang, Xu Zhanqing, Liu Hanzhi, Ma Guolin, Wu Wanlu, Liu Ru, Wang Shulan, Fu Xinmin, Bai Mei. Actores no profesionales interpretando unos personajes basados en ellos mismos.
Guión: Xiangsheng Shi.
Producción: Yu Zhao.
Música: Bao San.
Fotografía: Yong Hou.
Montaje: Ru Zhai.
Diseño de producción: Juiping Cao.
Vestuario: Huamiao Tong.
Premios: León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia

Filmografía de Zhang Yimou:

1987 - Sorgo rojo
1989 - Daihao meizhoubao (sin traducción)
1990 - La semilla de crisantemo. (Ju Dou)
1991 - La linterna roja. (Da hong deng long gao gao gua)
1992 - Qiu Ju, una mujer china. (Qiu Ju da guan si)
1994 - ¡Vivir! (Huozhe)
1995 - La joya de Shanghái. (Yao a yao yao dao waipo qiao).
1997 - Keep cool. (You hua hao shuo)
1999 - Ni uno menos (Yi ge dou bu neng shao)
1999 - Turandot - At the Forbidden City of Beijing
1999 - El camino a casa. (Wo de fu qin mu qin)
2000 - Happy Time (Xingfu shiguang)
2002 - Heroe (Ying xiong)
2004 - La casa de las dagas voladoras (Shi mian mai fu)
2005 - La búsqueda (Qian li zou dan ji)
2006 - La maldición de la flor dorada (Man cheng jin dai huang jin jia)
2008 - Ceremonia inaugural del Mundial de Fútbol 2008 realizado en China

En la Italia del neorrealismo, movimiento cinematográfico de extraordinaria influencia dentro y fuera de las fronteras italianas, y que aún sigue teniéndola, Paolo y Vittorio Taviani (de 79 y 81 años respectivamente), en 1977, filman una de las obras más duras y conmovedoras sobre el tema de la educación, en especial de la educación en regiones rurales, sobre la novela autobiográfica de  Gavino Ledda, un lingüista de relevancia luego en su país: “Padre Padrone”. Dos aspectos se destacan en este film de los hermanos Taviani, los silencios y las pocas palabras pero vitalmente relacionadas con el comportamiento de los hombres, y la tenacidad del protagonista, por su educación, en un medio adverso, cruzado por los aún vigentes esquemas culturales y antropológicos medioevales de ciertas regiones, y por qué no, sociedades de la Italia contemporánea. La película sigue teniendo suma vigencia y vale la pena verla para conocer cómo la exclusión de las pequeñas poblaciones rurales, sus habitantes, y los paradigmas educativos retrógrados condicionan la vida, los horizontes y los destinos de pueblos enteros. El film fue reconocido internacionalmente, por lo que recibió varios premios.



“Padre Padrone”, se escribió y luego se filmó, en la Italia (Europa) de la segunda mitad del siglo pasado. En otro continente, Asia, de la China milenaria, pero en las postrimerías del siglo XX, en 1999, Zhang Yimou, uno de sus mejores directores, filma una extraña pero también impactante historia sobre una pequeña maestra (Wei Minzhi) de 13 años llamada a cumplir una suplencia de un mes en una escuela rural de una provincia China.

En “La trilogía de Apu”, obras fílmicas creadas por el director bengalí  Satyajit Ray entre 1955 y 1960, (Pather Panchali -Canción del Pequeño Camino-, Aparajito -El Invencible- y Apur Sansar -El Mundo de Apu-), se relata la vida y la educación de un niño en Bengala, sobre las obras del escritor Bibhutibhushan Bandopadhyay, también bengalí. De nuevo la obstinación y la perseverancia dominan estas vidas y estas imágenes llenas de valores hoy olvidados sobre las esenciales relaciones entre estado y educación.

Mencionamos estos tres realizadores para tener referencias concretas y palpables acerca de la preocupación que semejante tema produce y porque, no en vano, el cuadro cinematográfico traduce y refleja las iniquidades y perversidades que los grandes países del occidente superdesarrollado han cometido en su camino por el poder y la felicidad de sus sociedades. O sea a costa de continentes enteros: Asia, África y América.

Pero la idea era detenernos en “Ni uno menos” de Zhang Yimou. Una sola idea domina con exclusividad la historia. Se trata de preservar, conservar y evitar que el número de alumnos disminuya en esa pequeña y pobre escuela, o, en otras palabras, que durante el mes de la suplencia nadie deserte. Ese objetivo es el que tratará, por cualquier medio, de no perder de vista la pequeña maestra china. El extraño camino que emprende para recuperar al único desertor es un complejo y profundo periplo donde la perseverancia, por un lado, y la homérica ruta, por el otro, se combinan para mostrarnos todos los grandes temas por los que ha transitado la China de Mao, en los aspectos sociales, económicos, culturales políticos y educacionales. Una sencilla historia se transforma en una compleja pintura de la China moderna.


El antiquísimo conflicto ciudad-campo, eje y motivo de innumerables actos de violencia entre los hombres, es el marco en el cual se desarrolla “Ni uno menos”. Las contradicciones de las sociedades donde el despojo fue una constante, la explotación una forma de vida, y el analfabetismo una condición difícil de salvar, dejan al descubierto no sólo las luchas de los pueblos por no sucumbir, sino también los actos individuales de seres pequeños a veces, ignotos e ignorados, que con sólo su voluntad se yerguen en una dimensión colosal, épica y heroica, como ejemplos, modelos, del inconmensurable empeño por enfrentar los inalcanzables sistemas de ignominia y inhumanidad.

Las sucesivas etapas por las que transita Wei Minzhi, el momento tenso y desconcertante de su primer encuentro con el maestro que debe alejarse, su temeroso enfrentamiento con el alcalde, y la suprema prueba que debe sortear desde el punto de vista pedagógico, donde logra un alcance didáctico increíble, son aspectos que desde el punto de vista fílmico y humano demuestran la maestría de Yimou. Y donde logra su mayor envergadura estética y conceptual es cuando en su último y final recorrido la ciudad se yergue como un tremendo conglomerado de asfalto, grandes edificios, seres burocratizados y corruptos, y muy poca solidaridad y comprensión. El regreso es el elemento catártico que descomprime tanta iniquidad y perversidad, como un final feliz. Todos se montan, todos aprenden y todos deben reconocer, sobre el sacrificio y la persistencia de una niña devenida en maestra, que sólo, por mantener su palabra o su promesa, a cambio de su salario, obtiene lo que, de otra manera, sería imposible. “Ni uno menos” es una obra pequeña, sencilla, simple, como los niños que la interpretan y la maestra que la hace, esa es la magnitud de la sabiduría, no se necesita mucho más.

Héctor Correa
Punta, marzo de 2011

sábado, 12 de febrero de 2011

HOME o la última advertencia


Dirección: Yann Arthus-Bertrand.
País: Francia.
Año: 2009.
Duración: 120 min.
Género: Documental.
Guión: Isabelle Delannoy, Yann Arthus-Bertrand, Denis Carot y Yen Le Van.
Producción: Denis Carot y Luc Besson.
Música: Armand Amar.
Montaje: Yen Le Van.


“En los últimos 200.000 años, los humanos  han  alterado  el equilibrio  del  planeta  Tierra,  el equilibrio establecido por casi cuatro millones de años de evolución. Tenemos que actuar ahora. Es demasiado tarde para ser pesimista. El precio es demasiado alto. La humanidad  tiene poco tiempo  para  invertir la  tendencia a  un  cambio de  sus  patrones  de consumo.

A través de imágenes visualmente impresionantes de más de cincuenta países, todos las tomas desde una perspectiva aérea, Yann  Arthus-Bertrand  nos  muestra un panorama que en la mayoría de nosotros nunca hemos visto. Él comparte con nosotros su sentido de respeto por nuestro planeta y su preocupación por su salud. Con esta película, Arthus-Bertrand espera  proporcionar  un trampolín para impulsar un llamado a la acción de cuidar nuestro hogar.

HOME es la primera película que se ha realizado usando sólo imágenes aéreas.  La película es artística-activista, y va a caracterizar a Yann  en su debut en el cine  como director.

El tema de HOME es la compensación del carbono. Todas las  emisiones de  CO2  generadas por  la  realización de la película  se calculan y se  compensan con  sumas  de  dinero que  se utilizan para  proporcionar  energía  limpia  a los  que no  tienen ninguna.  En  los últimos diez años,  todo el  trabajo  de  YannArthus-Bertrand  ha  sido sobre la compensación del carbono.”

Del sitio oficial del film
 

Mirar los desastres que esta produciendo el hombre sobre nuestro planeta desde arriba, desde un costado o desde abajo creo que da lo mismo. Hemos escrudiñado las estrellas, la profundidad de los cráteres volcánicos, la inmensidad de los más altos picos, y la profundidad de los océanos. Nos hemos internado en la oscuridad de las impenetrables selvas y los extensos bosques, en los caudalosos y bravíos ríos, y en los calientes y agresivos desiertos, hemos seguido todo tipo de ser viviente sobre la tierra y los fenómenos más desconcertantes del planeta, y, así y todo, no hemos avanzado mucho sobre la consciencia del hombre para terminar de desolar lo que nos rodea. Y esto es lo más importante: la consciencia del hombre.

La cinematografía ha encarado, en toda su historia, muchas formas de plasmar, por un lado, sus relaciones con el prójimo, si pensamos que es también una manera de tomar y penetrar en la naturaleza y todo lo que rodea al hombre; de cómo se trate a sí mismo surge y se transparentan los vínculos con el entorno. Y por el otro, aquellas producciones, documentales o de ficción, que han tratado de comprender las complejas y a veces místicas relaciones del hombre con la tierra que pisa cotidianamente.

Entre las primeras, no hace falta indagar mucho para encontrarlas, toda la historia del cine es una constante búsqueda, los grandes maestros que en forma permanente han creado historias, propias o adaptadas del teatro o la novela son un ejemplo bien claro al mostrarnos las miserias, los violentos conflictos de la historia de la humanidad y las pequeñas relaciones individuales llenas de pasión y antropofagia.

Esta película trata sobre este último fenómeno. Otros films, productos del cine norteamericano, como no podía ser de otra manera, como “Soy leyenda” o “La ruta”, han descripto de alguna manera los escenarios apocalípticos que podemos tener a la vista, según Yann Arthus-Bertrand, si se cumplen los vaticinios que enuncia en “Home”. Desde este ángulo son films interesantes, apuntan a utilizar la imagen para conmocionar emocionalmente al espectador, que no es otro que el que consume y despilfarra lo que denuncia. Pero, vamos a ir de nuevo a esta obra, ya que detenernos en los otros films significaría entrar en el análisis de la estética neo-distópica de las grandes productoras y distribuidoras, donde se mezclan el horror, con el desastre ambiental y el retorno de los muertos vivos.

Apuntar, mediante imágenes bellas, impactantes y asombrosas, a desarrollar un tipo de consciencia para el activismo o la militancia ambientalista, es quizá uno de los desafíos más ingenuo, pero también provocativo, del cine contemporáneo. Y aquí, sí, debemos ir a otras experiencias cinematográficas que en anteriores notas, y en este mismo blog, hemos abordado. Nos referimos sin duda, a “Baraka” (1992) de Jon Friedke, “La trilogía Qatsi” de Godfrey Reggio (Koyaanisqatsi, Powaqqatsi, Naqoyqatsi –hechas entre 1983 y 2002), y las obras de Jacques Perrin, “Nómadas del viento” (2001), “Microcosmos” (1996) y “Océanos” (2009). Dejamos un poco de lado los magníficos documentales de la BBC de Londres  como “Earth”, ya que iluminan con la utilización de las últimas tecnologías nuestro planeta, y nos deslumbran con su magnificencia y prolijidad. En cambio, no podemos dejar de mencionar esa extraordinaria obra de denuncia y compaginación etnológica que es “Cuando los diques se rompen: réquiem en cuatro actos” (When the Levees Broke: A Requiem in Four Acts -2006-), de Spike Lee, sobre el desastre provocado por el huracán Katrina sobre Nueva Orleans, Luisiana, EE.UU., quizá la más impactante y profunda sobre los procesos de exclusión social y cultural a los que se ven sometidos las distintas etnias en el país más desarrollado del mundo.



Cualquier tipo de militancia, sea esta política, ecologista o religiosa, requiere un proceso complejo, de toma de conciencia, de formación y de acción en el medio de que se trate. No creemos que “Avatar” sea un film dirigido a esta labor, si bien la ubicamos dentro de esas películas producidas por la super industria estadounidense donde el condimento sexual es reemplazado  por la cuota de denuncia emocionalmente controlada por la propia tecnología que coloca en el banquillo de los acusados. En cambio, Arthur Penn, Sam Peckinpah o Stanley Kubrick, con sus obras contribuyen a la formación del espectador sobre los aspectos más negros y desastrosos de la acción del hombre sobre su medio. Lo mismo intentaron autores de la talla de Visconti, Fellini o Bergman, nos mostraron sus mundos y sus concepciones donde el hombre podía, como en un espejo, verse a sí mismo en su problemático y nocivo paso por la vida.

En “Home” la actitud “positiva”, por su intención, es enseñarnos un planeta demasiado bello, visto desde las alturas, como para ser habitado por alguien tan dañino; más, no sólo bello sino destinado a ser destruido y con escaso tiempo para remediarlo. La desaparición del carbono por obra del propio hombre, sería el fin del mundo que pisamos. Aquí cabe un pequeña reflexión sobre los aborígenes y la defensa ancestral de la tierra. Ya lo habíamos hecho en otra nota y en la respuesta sioux en 1854 al presidente de la Unión titulada “LO QUE OCURRA CON LA TIERRA, RECAERÁ SOBRE LOS HIJOS DE LA TIERRA. HAY UNA UNIÓN EN TODO”. Recalquemos lo siguiente: la defensa de la tierra nunca será igual hoy, en el estadio tecnológico en el que nos encontramos, con Twitter y Facebook y toda la red, sea social o no, que en la virulenta época de las grandes matanzas de pueblos aborígenes durante la conquista de América, o la cruenta e infame penetración europea en África y Asia, en siglos anteriores, origen de la esclavitud y el sojuzgamiento inhumano de sus pueblos. Lo que significa que no es el mismo estado de consciencia, ayer y hoy, del blanco occidental y cristiano, que la del hombre originario, nómade primero y sedentario después de esos continentes. El reciente movimiento social en Egipto, pueblo milenario, rico y profundo, contra un estado dictatorial y distópico de más de treinta años (Mubarak), explicado por Obama y su vice, como producto del uso de la red social, quizá sea uno de los mayores insultos recibido por una sociedad, y, paradójicamente, por el propio derrocado. Caer, por obra de Twitter es en realidad peor que ser lanzado del poder por mensajitos de texto o por las cacerolas. Hasta tal punto de locura han llegado las explicaciones destinadas a banalizar, disminuir o minimizar cualquier estallido social legítimo y reivindicativo de los más elementales derechos del hombre, egipcio en este caso.

Desde el punto de vista técnico, fílmico y documental, la obra de Yann Arthus-Bertrand es magnífica. Uno se siente orgulloso de vivir en semejante planeta; henchido y feliz, son la sensaciones primarias que nos produce cuando nos sentamos y la primeras imágenes de Home comienzan a mostrar el origen y los fenómenos geológicos y paleontológicos de nuestro astro con sus mares, ríos, volcanes, selvas y bosques. Pero no termina así, sólo unos pocos años más podremos disfrutarlos sino hacemos algo para corregir nuestros errores, nos estamos equivocando y mucho, y, como un atisbo de esperanza, nos enseña algunas tentativas que en países desarrollados, por supuesto, se está encarando para paliar este estado. El cultivo bajo cubierta, el aprovechamiento de las fuentes alternativas de energía (sol, mares o vientos), y un mejor aprovechamiento del agua para riego y consumo, serían formas destinadas a beneficiar al hombre, todavía hay esperanza termina diciendo bajo un cúmulo de datos estadísticos sobre lo que estamos haciendo para destruir lo poco que queda. Pero, el desafío, el mayor desafío está dentro nuestro, en nuestra consciencia, todavía falta, llegar a tiempo será la única alternativa, sin duda.

Héctor Correa
Punta Alta, febrero de 2011



 LANZAMIENTO DEL LIBRO  "EJERCICIOS CRÍTICOS SOBRE CINE" PRELUDIO  "El cine es la música de la luz”Abel Gance "Esta músi...