sábado, 28 de febrero de 2009

SOBRE LA TELEVISIÓN Y EL CINE. ALGUNOS APORTES


El reciente artículo aparecido en el diario La Nación –en el suplemento ADN Cultura-, sobre la TV y Hollywood, firmado por el reconocido crítico y analista de medios Marcelo Stiletano, y reproducido en este blog, con fecha 14/02/09, menciona, con el título de “Razonable Escepticismo” una aparente crisis en el sistema industrial hollywoodense, provocado por el abandono de la “…más genuina tradición hollywoodense…”, por la cada vez más supremacía de “…los efectos visuales, de los films seriales…”, por el pánico “cuando se desplomaron las cifras de venta de DVD”, y la declinación del start-system por la degradación de la súper estrella Nicole Kidman –como ejemplo-, a raíz de una fulminante crítica en Los Angeles Times. Todas razones que nos llevarían a algo así como a un estado de angustia y desesperanza por el destino de la meca del cine, nuestro refugio para poner la mente en blanco y obtener el grado de despreocupación y desinterés que nuestro conflictivo y complejo mundo nos reclama, como me dijo una vez un amigo psicólogo a la hora de tratar de explicar ciertos films demasiados intrincados para él. Por supuesto, termina su artículo, el crítico del diario argentino más culturoso, no todo está perdido. Y cita algunas producciones muy respetables y otras del peor cine de esa extraordinaria meca. Con esto podemos sostener que hay Hollywood para rato todavía. Un solo punto observo que fue dejado de lado en ésta tan desalentadora visión de la situación del cine norteamericano. La cuestión del cine como arte, como expresión artística y como vehículo de las más profundas motivaciones del artista y su cosmovisión, no fue aludida en absoluto, y no creo equivocarme.

Sigo insistiendo, sigo sosteniendo, que el cine es por sobre todo arte. Que EE.UU haya generado un movimiento industrial muy inteligente y poderoso, todo un sistema de héroes, divas, personalidades insólitas o inconfundibles, historias atrapantes y cautivadoras, donde la fantasía reinó por sobre la más cruel y cruda realidad, asentado en una concepción lúdica, de entretenimiento y solaz de las masas o el hombre medio estadounidense, es tan digerible como que en literatura también se acepta el folletín, la historieta o el betseller, como géneros de características propias y peculiares. No por eso vamos a dejar de mencionar todo lo que han logrado, a través de esa concepción, como aporte a la gramática, la técnica y el desarrollo de formas narrativas relacionadas con la acción de contar historias. En este sentido el cine de EE.UU es y ha sido muy valioso y rico en contribuciones, por su pertinaz búsqueda de las mejores formas de cautivar al espectador, por sus guionistas a merced de los mejores objetivos comerciales –considerado éste el único medio para hacer de este arte sustentable y factible-, por haber generado realizadores considerados algunos de ellos como valiosos y muy hábiles artesanos en modular técnica y entretenimiento, y por sobre todo por –a través de extraordinarios productores- ponerse a la órdenes del mayor y más poderoso sistema de expansión político, económico y cultural de todos los tiempos.

En este contexto sostengo que la televisión contribuyó mucho estableciendo pautas, normas y reglas propias que si bien tuvieron siempre en cuenta un lenguaje propio, nunca dejó de lado ni olvidó sus originales vínculos con el cine. La imagen en la pequeña pantalla, o en la súper pantalla de la sala, es y será su sustento y su razón de ser. Lo que sí es cierto, y la historia reciente del séptimo arte lo ha demostrado, ambos medios tienen aspectos técnico-formales por un lado, y semánticos y conceptuales por el otro, que los han diferenciado pero no distanciado. Es cierto, también, que no es lo mismo contar una historia para la televisión que para el cine. Pero, no hay que olvidar que los intereses comerciales o industriales han dirigido a ciertos “creadores” a contar acciones y sucesos en el cine para la televisión, y en la televisión con pretensiones de transformarse luego en películas para la famosa cadena de distribución universal, requisito ineludible e insoslayable para el éxito más taquillero que artístico.

Creo que es algo saludable que el cine y la televisión se entremezclen, dijo una vez un crítico. Tiene razón, sólo que se debe aclarar que es muy difícil, y pocos lo han logrado –Federico Fellini, Krzysztof Kieslowski, Ingmar Bergman, Alfred Hitchcock, Sydney "Paddy" Chayefsky, y algún otro-, que la televisión alcance la calidad conceptual, la hondura semántica, y los refinados recursos narrativos y formales del cine. Entonces deberá apelar a emitir cine en televisión, no le queda otra. Y aquel que quiera utilizar el lenguaje de la televisión para narrar un film estará sometido y constreñido a recursos estrechos y débiles propios de ese medio. La serie televisiva, que nos deleita el cable en sus múltiples géneros y aspectos, o sea a través de una comicidad muchas veces estúpida o con torrentes de sangre chorreando por la pantalla chica, o con pseudo-melodramas de poca o ninguna riqueza además de repetitivos y muy débiles en lo que respecta a guiones e interpretaciones actorales, es un género que no creo que pueda coexistir nunca con lo cinematográfico. Sólo la menciono como ejemplo. Lo que no quita que esas mismas carencias y deformaciones abunden y se reproduzcan sin más ni más en la creación de películas, pero eso es harina de otro costal.

Este es una cuestión que atañe más a los contenidos y las formas narrativas que a los lenguajes en sí de cada uno de ellos. El cine, como se dijo alguna vez tiene su propia gramática, su propia estética, y sus contenidos también propios. La televisión es otro lenguaje, tiene otra forma de presentar una historia, y tiene una estética peculiar que la hace muy vulnerable a la hora de conceptualizar o profundizar la realidad y el hombre; nunca podrá alcanzar el poder y la riqueza que el cine ha alcanzado cuando se enfrenta o tiene que transmitir concepciones, conceptos, ideas o estados complejos del alma y la mente, o sea emociones de hondas raíces o acciones de los hombres que entrañan complejas motivaciones, racionales o no.

También podríamos desentrañar ambos medios, el cine y la televisión, desde la semántica, la gramática en sus múltiples aspectos técnicos y formales, y en cuanto a los recursos o medios para la iluminación, la escenografía, la actuación, o el sonido y las formas de utilización de la música. Podríamos concentrarnos en las formas comerciales, industriales y de distribución que tanto influyen en la economía y las finanzas para la producción de las obras hasta que llegan al espectador como objetos acabados y listos para su consumo. En fin podríamos hablar hasta el infinito cómo los avances y adelantos tecnológicos han perjudicado o han contribuido positivamente en la creación, en el acto creativo, y en la concepción del artista a la hora de la elaboración estética. Esto no tiene fin ni lo tendrá. El hombre es un ser muy rico y complejo en estas labores donde la imaginación es el vehículo por excelencia, y donde sus ser se expande en el producto artístico. No podemos ni banalizarlo ni transformarlo en un acto trivial, deberá tener la entidad de lo más poderoso y más trascendente que puede nacer de la humanidad, del hombre. El cine no es otra cosa.

Héctor Correa Punta Alta, febrero de 2009

domingo, 15 de febrero de 2009

RAZONABLE ESCEPTICISMO

Nota de ADN Cultura en el Diario La Nación sobre Hollywood. 14 de febrero de 2009

Hollywood ya no es lo que era. Su época dorada pasó a la historia y la televisión, antes vista como el peor enemigo, se ha convertido en aliada
LANACION.com | ADN Cultura | Sábado 14 de febrero de 2009

jueves, 12 de febrero de 2009

EL CINE HECHO POR NEGROS y los derechos de los pueblos indígenas en América




"Sé que la raza como concepto biológico no existe, pero socialmente y psicológicamente sí, porque la gente sigue mirando y diciendo: tenía que ser negro", sostuvo Sandra Álvarez (de su blog "Negra cubana… tenía que ser"
entrevista realizada por Patricia Grogg (periodista)


“¿La cámara es sólo para los blancos?

Este artículo fue publicado en la revista Butaca en julio de 2005, con motivo de la muestra “El Universo Audiovisual de los Pueblos Indígenas”. La reproducimos ahora que se celebra una nueva edición de dicha muestra en Lima.

Notas sobre un festival que esperábamos hace años

Balanceando en su cobriza mano una maleta negra y larga, el aguaruna Inpi Wachapa avanza sosteniendo al hombro la wifala multicolor, la conocida bandera indígena que siempre está al frente de las acciones y actividades de los movimientos indígenas de diversas partes del continente. Muchos la relacionan con la violencia y la rebelión, pues tras esa bandera ya han caído varios presidentes en Ecuador y Bolivia. Un helado nerviosismo me asalta al ver el edificio al que se dirige Inpi, donde flamea la altiva bandera española. A lo lejos la bandera norteamericana también se yergue orgullosa. Aquí va a pasar algo. En un solo plano, tres banderas, condensando más de 500 años de historia. Muchas historias, en realidad. Fade out.

Del lunes 20 al viernes 24 de junio pasados, gracias a un esfuerzo conjunto del Centro de Culturas Indígenas Chirapaq, el Consejo Latinoamericano de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas(CLACPI), AIDESEP, Tokapu, CEFREC y CAIB (Bolivia), y TeleAndes, se presentó la Muestra “El Universo Audiovisual de los Pueblos Indígenas”, gracias al auspicio de la Agencia Española de Cooperación Internacional y del Centro Amazónico de Antropología y Aplicación Práctica. El día de la inauguración no cabía ni una ocarina más en el Auditorio del Centro Cultural de España. En medio de tanto aplauso de celebración, la realizadora chilena–mapuche Jeannette Paillan enseñó al público cómo aplaudía y manifestaba la alegría el pueblo mapuche: El grito/canto IAIAIAIAIAUUUUUUU fue coreado varias veces por todos los asistentes. Además de ella, varios invitados internacionales nos acompañarían en la semana: Iván Sanjines (CEFREC, Bolivia), Marcelino Pinto (Bolivia), Leonardo González (Paraguay), Fernando Anza y Esteban Cruz (Chile), entre otros.

Fueron tres actividades paralelas que prácticamente ocuparon por una semana el Centro Cultural de España. Por las mañanas se dictaba un taller de realización audiovisual a comunicadores indígenas de diversas partes del país, que incluía ejercicios prácticos en las instalaciones del mismo Centro y en los alrededores. A las 5 p.m. comenzaba la muestra pública, conformada por una selección de obras del VII Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas (Chile, 2004), del Premio Anaconda 2004 al Vídeo Indígena Amazónico del Chaco y los Bosques Tropicales de América Latina y el Caribe, y obras realizadas en Perú relacionadas a lo indígena. Y a las 8 p.m., se iniciaban los coloquios con el público. Algunos de los temas de estos fueron: “Identidad cultural”; “Derechos de los Pueblos Indígenas”, “Diversidad cultural en los medios”. Entre los expositores estuvieron, Rodrigo Montoya, Luis Figueroa, Fernando Valdivia, Andrés Chirinos, Ana María Pérez, Roger Rumrrill, Tarcila Rivera, además de los propios organizadores y los invitados extranjeros.

El Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas que organiza el CLAPCI desde hace 20 años no se presentaba en el Perú desde el año 1992 (Lima y principalmente Cusco). Aquella vez tuvo una organización más bien modesta. No extraña tal ausencia en un país donde, hasta hace muy poco, las personas de rasgos indígenas o mestizos solo aparecían en las pantallas para ser mostradas como delincuentes o personajes marginales y denigrantes. Si bien en el Perú no se ha extendido un discurso o activismo indígena al mismo nivel de países vecinos, sí existe una mínima producción referida a lo indígena, y que continúa una tradición fundada por la llamada Escuela de Cine de Cusco y el largometraje Kukuli (1960, Luis Figueroa), la primera película en quechua realizada en el mundo.

Es un mérito de esta muestra haber presentado producción reciente realizada en el Perú, como Marankiari, Tierra de culebras (2004, Salomón Senepo), Iskay Yachay (2005, Maja Tillmann), Ashaninka: La selva que se va (2004, Joaquín Sancho) o Una muerte en Sion (2002, Federación de Comunidades Nativas Ashuar de Corrientes). Estas obras no están directamente relacionadas con la generación de los llamados cineastas andinos(Ortega, Quispe, Vallejo, Eusebio, Inga, entre otros) cuyas obras de ficción nos revelan otros personajes, escenarios e imaginarios de nuestro propio y diverso país, y enriquecen la cultura audiovisual peruana, pero sin abordar ni reivindicar específicamente lo indígena.

Las raíces de este tipo de audiovisual son más antiguas y amplias. El Festival Internacional de Cine y Video de los Pueblos Indígenas se viene realizando desde 1985 en diversos países del continente promovidos por el CLACPI (Sede México), en coordinación con organizaciones indígenas locales y entidades ligadas a la actividad audiovisual. Existen muchos otros festivales nacionales y regionales. Otro referente fundamental es la experiencia boliviana, donde a partir de una larga tradición de radio comunitaria con participación indígena, surge en 1996 el Plan Nacional Indígena Originario de Comunicación Audiovisual, una experiencia pionera e histórica en la lucha por el ejercicio autónomo del derecho a la comunicación de los pueblos indígenas de América, y que es promovida por la Coordinadora Audiovisual Indígena Originaria de Bolivia, junto a otras organizaciones y confederaciones. En todo el continente, comunicadores y cineastas indígenas se están apropiando del medio audiovisual buscando reconstruir su propia imagen, y crear su propio lenguaje y cultura audiovisual. Las obras resultantes pueden no satisfacer a las miradas especializadas, pero esos problemas técnicos son cada vez más escasos. El audiovisual indígena esta adquiriendo valor no solo por su innegable importancia en una estrategia de resistencia cultural, o por originarse en procesos comunitarios (video proceso), sino también porque cada vez está mas preparado para dirigirse al publico común y corriente, aquel que ni siquiera sabe de su existencia. Y a eso contribuyen no solo los realizadores indígenas, sino también aquellos realizadores comprometidos con la cultura indígena, como, en el caso de nuestro país, Fernando Valdivia y Salomón Senepo, entre otros.

Fade in. Son la 1.30 de la mañana, Fernando Valdivia(director del premiado Buscando el azul) y yo salimos totalmente agotados de la evaluación que acaba de concluir en un ambiente casi festivo, a pesar del cansancio de todos. El Festival se clausuró multitudinariamente hace unas horas, al ritmo de estudiantina y con el sabor de la cancha, la cecina y el tamal que convidaron los organizadores. En Qosqo, como todos los años en esta fecha, aún se está celebrando el Inti Raymi. Avanzando hacia la Av. Arequipa, veo flamear la bandera en la residencia del embajador de los EE.UU. Recuerdo las palabras de aquel técnico de iluminación, con mucha experiencia en publicidad, que ante el arduo trabajo que le ocasionaba el iluminar las escenas donde aparecían personas de piel negra o cobriza, dijo alguna vez, muy serio y profesional, que pareciera que la cámara estuviera hecha sólo para los blancos.

Esos últimos minutos han sido fundamentales, los proyectos y sueños han brotado como flores en la selva tropical: la red peruana de comunicadores indígenas, una muestra itinerante para el interior del país, traer a Perú el festival internacional. Y, para mí, la flor/sueño más hermosa: el proyecto de un canal de televisión indoamericano, cuya señal llegue desde Alaska a la Patagonia, recordándonos de dónde venimos, pero también produciendo cultura indígena moderna, sin miedo al futuro, con el orgullo y seguridad de ser heredera de una civilización y una tradición milenarias. Pronto, exíjaselo a su empresa proveedora de televisión por cable.

Fin. Esta historia continuará.”
Marco Antonio Condori Oymas (Perú, 1974)

Comunicador Social. Documentalista. Fundador de ImaginAcción - Centro de Comunicación Social. Fue expositor y capacitador en el taller de este festival.
Por Marco Condori
26 Abril 2007
(Cinencuentro.com -Todo el cine del Perú)


Estas dos citas merecen una consideración especial. En la nota anterior sobre el cine hecho por negros dejamos sin mencionar los productos de los pueblos originarios de Norteamérica. La multiculturalidad, sin duda, abarca no sólo la cultura afro norteamericana, también fue interpretada por aquellos films producidos por blancos allá por la década del 60, pero enfocada hacia la tremenda problemática étnica cuya víctima es el “piel roja”, los pueblos aborígenes de los EE.UU., y también la que se encuentra al sur del Río Grande: Méjico, ya mencionado, cuya cinematografía tiene peculiaridades producto de su contacto con el país grande, por un lado, y por el otro por su casi constante protagonismo en el “western” –junto al piel roja-, género belicista por excelencia, puro y exclusivo de Hollywood, cuyo fin fue promocionar como ninguno el destino manifiesto y el origen heroico y místico de la naturaleza anglosajona. O sea que dos grandes enemigos enfrentó el vaquero -tipo John Wayne-, el colonizador y el bandido blanco; uno fue el “indio” y el otro al sur, bien al sur, el mejicano. Autores de la talla de John Ford, Raoul Walsh, King Vidor, Fritz Lang, Michael Curtiz, William Wyler, Raoul Walsh, Howard Hughes, William A. Wellman, King Vidor, Howard Hawk, Samuel Fuller, y muchos más, esparcieron su obra por el lejano oeste, los espacios y lugares sagrados de los pueblos aborígenes y la frontera con Méjico. No puedo dejar de mencionar, por supuesto la obra cumbre del western, hecha por Fred Zinnemann y protagonizada por los míticos Gary Cooper y Grace Kelly, “A la hora señalada” (High Noon, 1952). Y no es posible dejar de mencionarla por una cuestión muy simple, si queremos entender un poco más esa cultura que inundó de imágenes el mundo entero, la película esta impregnada de misticismo, religiosidad, destino manifiesto, hombre medio y estilo de vida norteamericanos, o sea el sueño americano, y por supuesto todo el star-system y la industria en su pleno apogeo. Se goza por tener todos los elementos y condimentos de la forma de vida y la concepción del mundo hacia donde debía dirigirse el sistema en su destino globalizador.

Esta fue la contracara de esa muy compleja moneda que fue la cuestión étnica en el seno de la propia primera potencia.

Si el western fue un género de amplia repercusión y espléndido difusor cultural, también fue admirado por haber generado obras valiosas desde el punto de vista formal, con historia llanas, simples y muy apasionadas, con directores eximios dotados de una profesionalidad y un manejo técnico indudables, pero muy arraigados al sistema, y muy esclavos de las profundas raíces de un americanismo excluyente y fanático. Basta señalar algunas obras como la ya mencionada “A la hora señalada” de Fred Zinnemann, “Río Bravo” de Howard Hawks, o “La Diligencia” de John Ford.

Pero también desde el mismo seno, surgieron autores que miraron de otra manera este fenómeno. Tal el caso de Arthur Penn “Pequeño gran hombre”, “El restaurant de Alice”, “Bonny and Clyde”, o Sam Peckinpah, con “La pandilla salvaje”, “Perros de paja”, etc., donde la violencia cobra un primerísimo plano y se transforma en tema de un ojo muy crítico y enjuiciador, dirigido a advertir no sólo como fue el hombre durante la conquista y la colonización, sino cómo es el hombre ahora en la sociedad estadounidense.

Como ven el tema es infinito, tiene múltiples enfoques, posee complejas raíces, abarca innumerables caminos, y comprende aspectos donde son muy pocos los pueblos del mundo que pueden negar estar involucrados de alguna manera. De ahí nuestra atenta mirada y la permanente advertencia sobre estas latitudes y sobre la obra de estos hombres.

Por supuesto algo habría que decir sobre la Cuba africana, o el Brasil multiétnico, negro, mestizo y portugués. Pero excede nuestras posibilidades y será motivo de nuevos comentarios e intentos de explicar sus encuentros y desencuentros.

Por supuesto, aquí el negro jugó un papel de poco protagonismo, casi ningún heroísmo, y mucha riqueza conceptual y humana, eso sí. Ni hablar del aborigen, el cine fue poco piadoso, y pueblos blancos, como el nuestro, salvo honrosas excepciones, conscientes de sus orígenes y alertados sobre nuevas concepciones y terminologías, “pueblos originarios”, no se han percatado de que también somos hijos, tenemos raíces y bebemos de lo telúrico en cada rincón y a cada paso en los caminos de nuestro extenso y particular territorio.

El cine argentino merece un capítulo aparte y no ha tenido ni tiene ningún nexo con el cine hechos por negros o bien con la participación de algún hombre de color en sus pantallas. No recuerdo haber visto ninguna película realizada en nuestro país sobre este tema. O sea que hemos bebido sólo parte de ese inmenso caudal étnico y universal. También hablaremos acerca de lo que tomamos y lo que dejamos, o no comprendimos de ese fenómeno cultural. Es, como dicen, una asignatura pendiente.



Sólo una acotación más acerca del cine y la cultura afroamericana. Dos películas ejemplifican un poco más este tratamiento por parte de Hollywood, o lo que es lo mismo el stablishment cultural norteamericano. Ambos tratan el tema de la educación de los jóvenes de ciertas comunidades urbanas. Hablo de “Semilla de maldad” (The Backboard Jungle) de Richard Brooks, hecha en 1955, protagonizada por Glen Ford, Vic Morrow y Sidney Poitier. La tensión étnica (negros, latinoamericanos, etc.), la violencia que se transpira a cada momento, y el tratamiento de la sexualidad, son, quizá los tres aspectos más patentes y notorios que se observan en todo su desarrollo, por supuesto ambientada en un barrio marginal de la gran urbe y en un contexto de post-guerra latente y siempre activo. La otra “Al maestro con cariño” (To Sir With Love), hecha por el ignoto James Clavell, en 1966, y protagonizada por el mismo Sidney Poitier como el maestro, y como dato curioso canta Lulu.¿Qué tienen en común los dos films? Primero, en ambos se destaca el actor negro, o sea Sidney Poitier. Segundo, apuntan a destacar la necesidad de afianzar la responsabilidad ante la sociedad y abandonar ese estado permanente de rebeldía que fue típico y constante en los EE.UU en los años posteriores a la 2da. Guerra Mundial, especialmente por la juventud, la adolescencia, frente a los nuevos desafíos ya no de un país sino más bien de un nuevo mundo (bipolar) en gestación. Creo que se merecen, ambos films, un tratamiento un poco más fino, y un análisis un poco más profundo. El sistema educativo de esa sociedad debía constituirse quizá en una de las principales herramientas para tal fin. Hoy, algunos estadounidenses deben estar replanteándose estas cuestiones, Obama (primer presidente negro real, no en la ficción) y la crisis -financiera y económica-, que la irresponsabilidad de semejante potencia ha provocado en el mundo entero, golpea en los países más vulnerables, no hay que olvidarlo.

Héctor Correa

Punta Alta, febrero de 2009

sábado, 31 de enero de 2009

EL CINE HECHO POR NEGROS o un presidente negro hoy viene a cenar a casa



-¿Y piensa que Barack Obama puede ganar las elecciones?-
“Hay esperanzas. Tenemos esperanzas, las mismas esperanzas que nuestros ancestros tuvieron durante la esclavitud, sobreviviendo, yendo a la iglesia, cantando canciones espirituales, rezándole al Todopoderoso, esperando que algún día podamos conocer al fin elegido... Mi abuela vivió hasta los 100 años. Su madre era esclava cuando nació y sin embargo, llegó a tener un título universitario. Pero ella jamás imaginó que hubiese alguna posibilidad de tener a uno de nosotros como Presidente de los Estados Unidos. Te da una idea del movimiento que ha generado este país. Hay muchos jóvenes norteamericanos que no tienen la imagen que vivieron sus padres o sus abuelos. Fíjate la gente que pretende desmitificar el hip hop y sin embargo el 70 por ciento de los chicos blancos lo consumen igual, demostrando que no van a dejarse imponer por las ideas diferentes. Todas las encuestas que están saliendo no creo que tengan en cuenta a esos chicos blancos que van a votar por primera vez. Todo tiene que ver con la esperanza y la oportunidad que tiene este país de concretar lo que nunca hicieron los padres fundadores. En las escuelas no lo enseñan, pero George Washington tenía esclavos. Thomas Jefferson también. Es gracioso, pero si alguien puede demostrar que es descendiente de Thomas Jefferson, puede estudiar en la Universidad de Virginia, completamente gratis. Pero eso lo hicieron mucho antes de que existiera el ADN (Ríe a carcajadas). Ahora, tal vez puedan lograrlo de verdad, porque Jefferson hacía lo suyo con la corte de esclavas.”
Entrevista realizada a Spike Lee en el canadiense Hotel Park Hyatt de Toronto por Fabián W. Waintal el 05-Octubre-2008


Antes que nada debo aclarar algo. Para hacer esta nota tuve que unir dos asuntos muy diferentes. Los desastres naturales en EE.UU y la cultura afroamericana. Pero esto tiene una explicación.

Nueva Orleans es una ciudad única. Dos tercios de su población son negros, y ha sido un puerto esencial en el comercio de esclavos. Además, no hace mucho se convirtió en un testimonio crudo y descarnado de lo que puede hacer un huracán impresionante sobre uno de los estados más pobres de EE.UU, un país poderoso, con muchos recursos humanos y tecnológicos, pero con una cultura despiadada dominada por la codicia, la segregación y los fanatismos religiosos.


Spike Lee, realizador cinematográfico norteamericano y negro, realizó un documental sobre el huracán Katrina que asoló EE.UU., titulado “When the levee broke: A Requiem in Four Acts (Cuando se rompieron los diques-Una tragedia americana-Requiem en 4 actos)”. Los cuatro estados más golpeados fueron Florida, Alabama, Mississippi y Luisiana, pero en el documental se centra en Nueva Orleans (Estado de Luisiana), porque es una ciudad única, como dije antes y ha dicho Lee, ha sido española y francesa, además fue uno de los puertos esclavistas más importantes y ha sido cuna de importantísimos géneros musicales donde dos tercios de la población son de raza negra. En EE.UU esto es muy importante. La ciudad quedó inundada en un 80% y sumergida en un caos del que todavía no se ha repuesto. El documental cuenta la historia del huracán, la ruptura de los diques y el desastre humanitario posterior. También muestra cómo son los planes de reconstrucción y cómo fue la actuación del Gobierno federal durante la tragedia, muy criticada por los afectados por su lentitud e ineficacia. Este testimonio cinematográfico se inicia cuando muestra el famoso desfile de comparsas, personajes y bandas de Nueva Orleans y un grupo de músicos negros encabeza un funeral al son de “Do You Know What It Means To Miss New Orleans” -cantada por ese extraordinario trompetista y mejor vocalista aún, que fue Louis Armstrong (nacido en esa misma ciudad)-, uno de los temas de la música negra más tradicionales y populares del país. El colorido, los movimientos, cómo arrastran sus pies los participantes o se deslizan por las calles de la ciudad, cómo los músicos se desplazan mientras sus instrumentos hacen sonar su lamento, mientras los distintos personajes que se muestran, típicos de ese rito tan particular de los pobladores negros mueven sus cuerpos armónicamente, son imágenes que impresionan por su fuerte compromiso vivencial con una historia de tristeza y esclavitud.

Este es un aspecto, la visión de un artista negro acerca del comportamiento del gobierno federal norteamericano frente a un desastre natural de graves consecuencias sociales y económicas en cuatro estados del sur poblado en su mayoría por negros. El otro aspecto es que la cuestión de la presencia del hombre negro (como realizador o productor) en la industria cinematográfica no ha sido muy numerosa, y por varias razones, entre ellas, étnicas, sociales y políticas, todo un fenómeno de los EE.UU. Alrededor de esto la discusión se ha centrado primero en las oportunidades y segundo en una polémica ideológica sobre la integración o no del negro en la sociedad norteamericana, y por supuesto en el cine.

Actores negros, como Sidney Poitier, en la década del 60, mostraron al negro sufriendo la segregación, la exclusión y el rechazo, pero con el típico atuendo del hombre blanco e incluso compitiendo en ámbitos y aspectos donde era difícil que pudieran descollar. Denzel Washington, uno de los más importantes actores negros de la actualidad, protagonista de numerosos films donde se enfoca con una aguda crítica ciertas actitudes de las fuerzas armadas norteamericanas, y también de su policía, encara en ellas una especie de continuidad de aquél Sidney Poitier. De todas maneras, a pesar de la forma tradicional y convencional de su cine -ha llegado a dirigir alguna película-, no escapa a las normas éticas y estéticas de la gran industria, y no nos extraña. Lo mismo podría decirse de Morgan Freeman o Forest Whitaker.

Es decir, para tratar de aclarar estos conceptos sobre la cuestión negra en Estados Unidos, el “star-system” es muy perverso; así como tuvo su lista negra en la época del macarthysmo mas virulento y su decálogo de moralidad anacrónica y recalcitrante, es capaz de tolerar cierta crítica hacia sí mismo, siempre y cuando los resortes, en última instancia, ético-financieros no impidan acrecentar los márgenes de ganancias convenientes para la continuidad de la explotación cinematográfica, y su consecuente expansión.

John Singleton es otro director negro, autor de Boyz N the Hood (1991), Poetic Justice (1993), Higher Learning (1995), Rosewood (1997), Shaft (2000), Baby Boy (2001), 2 Fast 2 Furious (2003), Four Brothers (2005), Tulia (2009), Luke Cage (2009). Sólo dos rescato, donde retrata Los Ángeles con crudeza y sin mucha consideración, aunque sin abandonar cuando puede algún tono poético, Baby Boy y Poetic Justice, con actores negros y problemáticas étnicas bien actuales.

En cuanto a la literatura escrita por negros, aunque no es tema ahora que quisiéramos abordar, por su complejidad y profunda trascendencia, no ha sido muy prolífica ni ha sido tema muy considerado por el stablishment cultural estadounidense y universal. Ha tenido y tiene, sin embargo, excelentes poetas y narradores, no hay duda.

Pero, sí ha sido muy prolífica la creatividad del negro en el terreno de la música. Esto explica los primeros planos y el fondo musical de “Cuando se rompieron los diques”, la evolución de la música negra desde la esclavitud, y la aparición de las distintas expresiones musicales que dieron origen a uno de los géneros musicales más ricos: el jazz.

En el cine, en el teatro, la comedia musical, los grandes creadores blancos (George Gershwin, Cole Porter, Jerome Kern, etc.) y los grandes músicos de distintas etnias, han bebido, se han nutrido y han producido música negra (jazz). No termina aquí, la música universal ha recibido su influencia, sobran ejemplos y daría pie a una nota mucho más extensa.

Pero en el cine, en la realización, en lo que respecta a la creación cinematográfica, otros rumbos se han perfilado en cuanto a la participación del hombre negro y de la cultura afroamericana en general. La multiculturalidad, esa compleja red cultural, expresión social de un fenómeno humano sin muchos precedentes, por razones étnicas y religiosas también, en este país, no se ha revelado o ha tenido un modo de manifestación muy peculiar, donde ha provocado obras muy ricas y ha dado lugar a injustas exclusiones que aún hoy se sienten y perciben. Otras etnias, otros pueblos, otros hombres de otros lugares del mundo han tratado, y lo han logrado, insertarse en esa civilización. Y surge así una cuestión relevante, por sus implicancias socio-culturales, y es que el origen de las grandes productoras de películas, no ha tenido lugar ni en la comunidad negra, ni en el criollismo, ni en el blanco puro norteamericano. Otro fenómeno se produjo e impregnó esta actividad de cuantiosos dividendos, ganancias, o como quieran llamarlo. Pero generó, por otro lado, uno de los resortes de expansión política y cultural más grandiosos de los últimos siglos.

Desde la caída del imperio otomano, desde la oscura edad media, con su excepcional peculiaridad en todos los órdenes de la vida, desde el renacimiento, con su particular modo de considerar al hombre y a sus obras, no ha habido una complejidad tan contradictoria y a la vez invasiva y desprejuiciada, como la que se creó con la aparición de la imagen fílmica. Si la literatura tuvo que pergeñar una expresión, a veces complementaria y otras independiente y con características propias; si la novela decimonónica tuvo que dar a luz un género que le diera continuidad semántica y actualizada a los nuevos tiempos, el cine fue ese prodigio, no hay duda.

La presencia del negro en el cine ha dado u originado otros fenómenos en la cultura norteamericana, tal es el caso de la “blaxploitation”, o sea un cine producido para actores negros, cuyo rol protagónico se destaca por sobre el blanco. Se destaca pero queda sin respuesta ante el planteo estético. Y sobre esto es necesario, también aclarar algo, no es lo mismo un cine hecho por blancos anglosajones para su difusión y desahogo por todo el mundo, que un cine hecho por otras etnias, sean negros, musulmanes o amarillos. No hay duda que cada expresión, provenga del mundo occidental y cristiano, o del mundo del lejano oriente, tendrá aristas y perfiles propios, peculiares, aunque el resultado final sea cine, un arte como cualquier otro. El hombre creará, realizará su obra y utilizará las herramientas y las formas del género en función de sus capacidades, dones, su subjetividad, y sin duda, la concepción del mundo que posea, es decir, según lo que quiera expresar y cómo lo quiera expresar.

Desde este punto de vista, hablar de un cine hecho por negros, o un cine de blancos, es una cuestión que no tiene mucho futuro ni aporta nada a la creación, ni al arte. Gustará o no gustará, tendrá, desde la forma, más belleza o no, pero desde la realización cinematográfica, el lenguaje, la imagen, etc., no dejará de ser cine.

Otro ángulo es, y los EE.UU se destaca, quizá, como el país más importante, la utilización de este género más allá de los fines puramente estéticos. La expansión cultural, política y económica de este país ha sido única en la historia del hombre. No creo que haya otra manifestación hecha por un país que se compare con este dominio, técnica y formalmente hablando.

En este contexto tan particular, surge un presidente negro. Pensemos si esta historia, en un país donde el prejuicio étnico se constituyó, en algunas regiones más que en otras -no olvidemos la guerra Norte-Sur-, en una forma de vida; donde el ghetto se asentó como una particular estructura urbana; donde el enfrentamiento de las distintas expresiones sociales y culturales generó paralelamente otros tantos enunciados de artistas y personajes de peso en el mundo del arte; pensemos si esta tan alardeada multiculturalidad, caótica, conflictiva y muy dura, puede originar gobiernos tolerantes, pacíficos y solidarios con el mundo entero.




No necesitamos irnos de Hollywood, ni del país, para explicar o ejemplificar, a través del cine, de la historia del cine norteamericano, cómo los distintos creadores, directores, guionistas, fotógrafos, actores, etc., desde el nacimiento de este fenómeno, concibieron o se hicieron eco de esta trama tan compleja de choques y acercamientos interétnicos. También podría suceder que es propia de esta peculiar universalidad, haber nacido y desarrollado así, y que continuará así por el resto de nuestras vidas sin cambios ni alteraciones sustanciales, podría ser. Este imperio es impredecible e imprevisible, o sea que podría, en sus entrañas, manifestarse de cualquier manera, independientemente de nuestra voluntad y racionalidad. Todo podría ser.

Héctor Correa
Punta Alta, enero de 2009

sábado, 17 de enero de 2009

JUNO. 4 meses, 3 semanas, 2 días



“Juno”

(año 2007)
Duración 92 min. País: EE.UU. Director: Jason Reitman. Guión: Diablo Cody. Música: Kimya Dawson, Matt Messina. Fotografía: Eric Steelberg. Reparto: Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman, Olivia Thirlby, J.K. Simmons, Allison Janney, Rainn Wilson. Productora: Fox Searchlight Pictures
2007: Oscar mejor guión original. 4 Nominaciones: película, director, guión original y actriz (Ellen Page)

Juno, desde el punto de vista de su etimología, tiene una raíz, de una lengua anterior al griego, que significa “fuerza vital”. De esa raíz se puede inferir que deriva, hacia el latín, juvenil, hombre joven, y rejuvenecer. Pero en la mitología romana, Juno era la diosa del matrimonio, o también doncella de los nacimientos. Todo esto es interesante desde la óptica de la lingüística, la mitología, y el origen de ciertos nombres utilizados por casi todo el mundo.

Pero, desde el punto de vista de este film, donde la protagonista es una adolescente embarazada llena de fuerza y vitalidad –llamada Juno, como la mítica diosa-, puede tener otras connotaciones, o bien otras interpretaciones. Tres referencias importantes nos traen a nuestra pobre mente este personaje y su estado. Primero su edad, segundo su estúpido noviecito, y tercero el matrimonio, débil y casi quebrado, que había elegido, luego de una intensa y discutida búsqueda, para hacerse cargo del bebé luego de que nazca.

Si aceptamos que el cine, según algunos estudiosos, es un arte que ayuda a pensar, o al menos a eso debe aspirar, nosotros vamos a tratar de dilucidar algunos aspectos que nos parecen o creemos de cierta relevancia para ubicar la película en su contexto socio-cultural. Quizá una forma de intentar comprender el fenómeno cinematográfico –o al menos esta película-, o una de las tantas formas que deambulan por el universo del análisis y la crítica cinematográfica para tal fin.

La película tiene una estructura convencional, dirigida al rápido entendimiento del adolescente actual –y al casi adulto en transición hacia la adultez-, con una fresca y ágil actuación por parte de la protagonista y el chico futuro padre. La banda musical, excelente, se destaca y aporta una atmósfera entre melancólica y tierna, acorde al estado maternal que impregna toda la obra. Todo, hay que reconocerlo, muy acorde con las leyes y normas narrativas de la llamada “meca del cine”.

La frescura, la agilidad mental, la adultez que por momentos inspira Juno, contrasta, en el contexto de la cultura estadounidense, con la indecisión, las contradicciones o la imprevisibilidad del adulto que rodea y nos pega, a nosotros, que vivimos atormentados por la indolencia y la indiferencia del adolescente. Por otro lado, la atmósfera de escasa o nula preocupación y alarma que trae el acontecimiento del embarazo, refleja sin duda, cierta displicencia a la hora de considerar la llegada de un nuevo ser a este mundo, o al mundo “americano”, como ustedes quieran.

El tratamiento que de este “escandaloso” hecho –así considerado también en otras latitudes-, que hace el director, el candor, la frescura, la ingenuidad, la serena o calma en la reacción de los personajes, revela muchas cosas, y una de ellas es que aún en países súper desarrollados, con culturas muy adelantadas o presuntamente a la vanguardia en el tratamiento de ciertos temas con claras y profundas implicancias morales y éticas –quizá el otro caso sea la pena de muerte y la discriminación-, existe alguna desorientación a la hora de tomar una postura o decisión en el momento oportuno, justa y saludable.

No hay duda que en el mundo occidental, con EE.UU a la cabeza junto con los países más desarrollados de Europa, según Jason Reitman, director de Juno, la cuestión del embarazo de una adolescente es tratado social, moral y culturalmente como un tema “natural” y motivo de películas candorosas, simpáticas, tiernas, dulces, además de posibles candidatas al mayor premio del mundo cinematográfico hollywoodense.

Hay que reconocer una cosa -a la hora de ver films norteamericanos que mejor transparenten las costumbres, las normas morales y éticas, la forma de hacer política, el humor, los métodos y el bagaje bélico alimentado por la discriminación étnica y la xenofobia, la música, la delincuencia, y hasta la manera de considerar las adicciones como las drogas y el alcohol-, no hay nada mejor que analizar una buena película hecha en sus estudios, con toda su tecnología, con sus excelentes directores, y con sus mejores escritores y guionistas para comprender en toda su magnitud el alcance y la significación de esa cultura. La historia de la cinematografía estadounidense es la historia casi de la historia de la cultura universal. Han tomado las reglas aristotélicas sobre la estética y la forma, y han bebido de la religión judeo-cristiana sobre como manejar los contenidos y dotarlos de esa cualidad que los hizo universales, para todo público, sociedad y etnia. Pero no en todas la sociedades y culturas han tomado asiento tan fácilmente.

No podemos hablar de Juno sin mencionar esta otra película, pero de origen rumano: “La muerte del Señor Lazarescu” de Cristi Puiu, ni de esta otra: “4 Meses, 3 semanas, 2 días”. Pero quizá de esta última debamos ocuparnos sobre todo, hoy, en este análisis.

Rumania es un país que hoy pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, limita con Hungría, Serbia, Ucrania, Moldavia, Serbia y Bulgaria. Se encuentra también junto al Mar Negro. El río Danubio y los montes Cárpatos son, quizá, parte de esa diversidad geográfica que le ha dado a este país, junto a una región llamada Transilvania –en el centro del país-, un carácter histórico-cultural muy particular. No podemos olvidar que una de las obras más importantes de la literatura universal, Drácula (Vlad Draculea), se desarrolla, por la calidad narrativa y poética del irlandés Brad Stocker en 1897, en esta región. Pero, en otros aspectos también -citaremos sólo dos grandes autores-, se le ha otorgado reconocimiento universal, en teatro –en especial su “teatro del absurdo”, realmente genial- Eugene Ionesco, y en la antropología Mircea Eliade, profundo y minucioso.

Ubicar geográficamente el país de “4 Meses, 3 semanas, 2 días”, o sea el país de Cristian Mungiu, mencionar algo de su historia y sus personajes no es en vano. Significa, por el simple acto de situarnos en su espacio, poner las cosas en su justo lugar, con toda la significación que encierra, y entender de qué se trata cuando la narración adquiere un tono trágico, o se torna cálida y melancólica cuando retrata los personajes y los mueve en lugares –en este caso la urbe-, con cierta historia y características peculiares. Y conocer cómo, en este país, un director joven, de escasa trayectoria, pero dotado de mucha sensibilidad, encara un tema tan ríspido, controvertido y polémico, como el aborto, no hay duda que es entrar en una forma de pensar distinta, imbuido de otras aristas, otros aspectos y otras conclusiones.


“4 luni, 3 saptamini si 2 zile”

Director: Cristian Mungiu. País: Rumania. Intérpretes: Anamaria Marinca (Otilia), Laura Vasiliu (Gabita), Vlad Ivanov (Sr. Bebe), Alex Potocean (Adi), Luminita Gheorghiu (Sra. Radu), Adi Carauleanu (Sr. Radu), Madalina Ghitescu (Dora), Catalina Harabagiu (Mihaela), Sanziana Tarta (Carmen), Mihaela Alexandru (Daniela). Género: Drama.
2007: Cannes: Palma de Oro. 2007: Academia del Cine Europeo: mejor película, mejor director. Autor también de Occident (2001)




Desgraciadamente, el embarazo de una adolescente y el aborto van de la mano. Este es el tema de este film rumano. No son acontecimientos felices y anodinos, más bien, arrastran una aureola trágica que invita a reflexionar sobre los temas más trascendentes de la vida y el hombre. Si a esto le sumamos el contexto socio-político de una Rumania al borde del cataclismo mundial que desemboca en el desmoronamiento del muro de Berlín y el cambio de las condiciones geo-estratégicas a nivel (llamémosle globalización) de las relaciones continentales, la mirada del director no tiene más que detenerse un poquito en la estructura cultural y moral de ese pobre país de la Europa Central para recrear todas las condiciones propicias para desenmascarar los valores y decadencia de esa sociedad en plena desestructuración y crisis.

Antes que nada aclaremos que esta película es la primera de una serie enmarcada en un proyecto titulado Relatos de la edad de oro, aún en elaboración.

Por supuesto, se nos ocurre que el film –sobre el aborto en Rumania-, es una mirada sumamente personal del director. La desaparición de la famosa cortina de hierro trajo más de un problema cultural, social, político y, por qué no, religioso, a más de un país enrolado con la ex Unión Soviética.

De todas maneras, este tema no es problemático o crítico sólo en este país. Es, en el nuestro y en cualquier otro, tan polémico y conflictivo como ninguno. Sólo con analizar tranquilamente “La muerte del Señor Lazarescu”, donde vemos cómo un hombre moribundo recorre todo el sistema sanitario de la capital de Rumania, Bucarest, en busca de ayuda para su enfermedad terminal, vemos y sentimos que por estos pagos también se cuecen habas. Es el motivo por el cual la menciono. Y en esa tónica, el drama de Otilia y Gabita, para decidir y resolver la interrupción de un embarazo no deseado, entra en la antología de los episodios más trágicos de la historia de la humanidad.

Cómo hizo, Mungiu, esta película es otra cuestión muy distinta, puesto que abordó semejante tema con una economía de recursos realmente impresionante. Y no podía ser de otra manera, Bucarest no es Hollywood, ni el cine rumano tiene o goza de una trayectoria excepcional. Así que detenernos a bucear o desmenuzar cada encuadre, cada escena o secuencia, sería inútil, y no es el objeto de esta nota. Cada autor elige dentro del lenguaje cinematográfico aquella técnica, estilo o forma que más le gusta o mejor se adapta para los objetivos que persigue; si la versión final es coherente o no, el espectador comprende el mensaje o le resulta críptico y desarticulado, bello o desmañado y ridículo es harina de otro costal, merece, sin duda, un capítulo aparte o un análisis de otra naturaleza. De todas maneras, el cine de ciertos países del ex mundo comunista de la Europa oriental, Polonia, Hungría, Yugoeslavia, Checoeslovaquia, la Unión Soviética, etc., en especial durante las décadas del 50 y del 60 del siglo pasado, fueron de una calidad estética original y trascendente desde todo punto de vista. Vale recordarlo en este caso.

Héctor Correa
Punta Alta, enero de 2009

jueves, 8 de enero de 2009

ENFANT, L'


“En el mundo actual, y en el terreno que sea, sólo las obras excepcionales podrán dar brillo a Francia. Robert Bresson ejemplifica esta regla en lo referente al cine. Él es al cine lo que Dostoievski a la novela rusa o Mozart a la música alemana.”

Jean-Luc Godard


Dirección y guión: Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne.
Países: Bélgica y Francia.
Año: 2005.
Duración: 100 min.
Género: Drama.
Interpretación: Jérémie Renier (Bruno), Déborah François (Sonia), Jérémie Segard (Steve), Fabrizio Rongione (Matón joven), Olivier Gourmet (Oficial), Mireille Bailly (Madre de Bruno), Samuel De Ryck (Thomas), Sophia Leboutte (Inspectora), Frédéric Bodson (Matón mayor), Léon Michaux (Policía).
Producción: Jean-Pierre Dardenne, Luc Dardenne y Denis Freyd.
Fotografía: Alain Marcoen.
Montaje: Marie-Hélène Dozo.
Diseño de producción: Igor Gabriel.
Vestuario: Monic Parelle.

Le fils

Dirección y guión: Jean-Pierre y Luc Dardenne.
Países: Francia y Bélgica.
Año: 2002.
Duración: 103 min.
Interpretación: Olivier Gourmet (Olivier), Morgan Marinne (Francis), Isabella Soupart (Magali), Rémy Renaud (Philippo), Nassim Hassaïni (Omar), Kevin Leroy (Raoul), Félicien Pitsaer (Steve), Fabian Marnette (Rino), Jimmy Deloof (Dany), Anne Gérard (Madre de Dany).
Producción: Jean-Pierre y Luc Dardenne, Denis Freyd.
Fotografía: Alain Marcoen.
Montaje: Marie-Hélène Dozo.
Diseño de producción: Igor Gabriel.
Vestuario: Monic Parelle.


No podríamos hablar de Enfant, L' sin mencionar Le fils. Y tampoco podríamos hablar de los hermanos Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne sin recordar el cine de Robert Bresson y de François Truffaut. Pero vayamos de a poco.

Qué filmó Bresson y por qué fue y sigue siendo importante como creador. Por varias razones, primero porque sus films son un ejemplo del más genuino lenguaje cinematográfico, diría mejor que el lenguaje de la imagen se expresó a través de su cine. Luego, porque su concepción de la utilización de esa lengua en función de la historia no sólo se limitó al mero y simple desarrollo narrativo, sino que además la subordinó a un pensamiento trascendente sobre el hombre, los pequeños o grandes problemas de relación con la sociedad, a los grandes temas de conciencia y en especial al lugar que ocupamos en el mundo ya sea como individuos o como parte de una comunidad. La austeridad, la simpleza de los encuadres, los planos estoicos y serenos, los silencios y el mundo interior de sus personajes, llenos de profunda intencionalidad existencial, son quizá los principales rasgos de su cine. Los actos, la acción del hombre de Bresson, están imbuidos de humanidad y sentido, de trascendencia y espiritualidad, no se ajustan a la estrecha significación causal del cine convencional, o mejor de la forma convencional de la narración, la imagen está cargada de una sensibilidad donde forma y significado adquieren su máxima expresión para el fin, ideológicamente claro y transparente, del autor.

“Mouchette”, “Un condenado a muerte se escapa”, “Pickpocket”, o “Diario de un cura rural”, son verdaderas muestras de una concepción expresiva como nunca un autor de cine supo elaborar. “Mouchette” (1966), o la historia de la tremenda angustia de una adolescente violada, maltratada e incomprendida; “Un condenado a muerte se escapa” (1956), la idea de la realidad pura y descontaminada ya sea de la mano del autor como de los sentimientos del personaje; “Diario de un cura rural” (1950), la conciencia en primer plano de un cura frente a su entorno, crudo y directo, obra maestra sobre el uso de ciertos recursos narrativos como la misiva y la voz en off; o “Pickpocket” –El carterista- (1959), tremendo alegato acerca de la lucha interior de un hombre atrapado entre la injusticia, la sociedad, y la redención que lo premia con el amor; son –entre otros films-, muestras ineludibles de su capacidad de indagación formal, por un lado, y de compromiso artístico por los dilemas irresolutos de la condición humana. Ambos para nada tratados en forma aislada, sino más bien entrelazados, interrelacionados y encarados con realismo y preocupación dirigidos al hombre como un todo indisoluble, o a la sociedad y a la obra de arte como expresión total. Sobre esta imagen de Bresson trata la cita de Goddard con la que iniciamos esta nota.

“Los cuatrocientos golpes”, obra cumbre de François Truffaut, no sólo se constituyó en film emblemático de un cine francés pleno de singularidad, originalidad, y sensibilidad hacia el tratamiento crítico del mundo y su relación con el hombre, sino que abordó la interioridad del niño, de la infancia, más como producto del crudo conflicto, sangrante y vivo, de ciertas ideas relacionadas con la sociedad y la familia cuestionadas por su inmoralidad e hipocresía, desgraciadamente aún vigentes. Truffaut, en la tradición bressoniana, es el director que indagó, con un ojo analítico sin precedentes, en los más oscuros e impenetrables rincones del hombre, primero como niño, luego como adulto y por último como parte de la sociedad, una sociedad que abandona, que hiere y lastima, y que busca sin cesar las formas más profundas de salvación. “Jules et Jim”, y “Disparen sobre el pianista”, sus otras dos obras cumbre, se constituyen en obras de una sensibilidad que nos conmueve de muchas maneras, pero en especial el mundo de los sentimientos y el mundo de la soledad y el abandono, ambos cabalmente registrados en toda su obra. Así, podemos explicar, por su calidad artística (como creador), y por su profunda humanidad, que por un lado haya podido realizar esa extraordinaria entrevista de quinientas horas nada menos que a Alfred Hitchcock, verdadero compendio de análisis de casi toda la obra de un verdadero genio, y por el otro, que haya sido invitado por Spielberg a participar en algunas escenas de “Encuentros cercanos del tercer tipo”, que aún hoy veo cada vez que puedo, claro homenaje a través de la emoción del encuentro y del reencuentro con una infancia ya perdida, dura y mágica a la vez.



De esto trata el cine de los hermanos Dardenne. La cámara sigue a los jóvenes protagonistas, a los personajes, como un ojo escrutador, como tratando de desentrañar lo más oscuros e indescifrables rincones de sus interioridades, constituyéndose en la mirada personal de los autores acerca de los conflictos, a veces incomprendidos o irracionales, de los adolescentes en este mundo lleno de sorpresas y falsas imágenes ofrecidas por aquellos mismos que ejercen el poder. Relaciones, desencuentros entre ellos mismos y con el adulto, las normas, la moral y la ética de una sociedad cada vez más dura e indiferente.

Analizar el comportamiento, extraño a los ojos del hombre mayor y de la sociedad, de personajes no adultos todavía, o con adolescencias tardías, frente a los grandes desafíos de la vida, como la paternidad, los avances tecnológicos y su influencia en el niño, o la supervivencia en el medio hostil de la vida de la gran urbe, es reconocer que todavía hay quienes nos alertan que el terreno es peligroso, y que la dura existencia cotidiana no es tan sencilla y está, sin duda, llena de peligros acechando, en especial al niño y al adolescente.

Héctor Correa
Punta Alta, enero de 2009

 LANZAMIENTO DEL LIBRO  "EJERCICIOS CRÍTICOS SOBRE CINE" PRELUDIO  "El cine es la música de la luz”Abel Gance "Esta músi...