domingo, 10 de junio de 2012

LA SEPARACIÓN. Jodaeiye Nader az Simin




Escrita y dirigida por Asghar Farhadi
Reparto: Peyman Moaadi, Leila Hatami, Sareh Bayat, Shahab Hosseini, Sarina Farhadi, Kimia Hosseini, Babak Karimi, Ali-Asghar Shahbazi, Shirin Yazdanbakhsh
Country: Irán
Lenguaje: Persian
También conocida como: A Separation
Locaciones: Teherán, Irán
Productor: Asghar Farhadi
Director de fotografía: Mahmood Kalari
Montaje: Hayedeh Safiyari
Año: 2011

PREMIOS     
2011: Oscar: Mejor película de habla no inglesa. Nominada a Mejor guión original
2011: Festival de Berlín: Oso de Oro a la Mejor película, Mejor actor, Mejor actriz
2011: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2011: National Board of Review: Mejor película extranjera
2011: Premios Cesar: Mejor película extranjera
2011: Critics Choice Awards: Mejor película extranjera
2011: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
2011: Independent Spirit Awards: Mejor película extranjera
2011: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2011: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor guión
2011: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2011: Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película extranjera
2011: British Independent Film Awards: Mejor película extranjera
2011: Nominada Premios David di Donatello: Mejor película extranjera









Antes había sido el Imperio Persa, hoy es la República Islámica de Irán –también llamada Persia-. Tiene una extensión enorme (1.648.000k2), lo que la ubica entre los mayores países del mundo en cuanto a tamaño. Nuestro país Argentina tiene 2.480.000 km2. Según los últimos datos rebelados tiene una población de 80.000.000 de habitantes, el doble que la nuestra. Teherán es la capital, donde se desarrolla esta historia, la historia de un divorcio. La historia de su religión es bastante compleja, hoy la oficial es el Islam. El tema de la fe y sus rígidos preceptos cruza toda la película, hasta tal punto que los atuendos y las relaciones de familia se translucen permanentemente, lo que significa que están bajo la constante influencia del Corán. Pero no mucho más. En ningún momento el guión hace referencia alguna al carácter religioso de las relaciones interpersonales y a la forma en que funcionan los llamados tribunales públicos a los cuales son sometidos los personajes, ya sea por cuestiones de carácter civil o penal. El film se inicia con la pareja central dialogando de frente con un supuesto juez, quien trata de dirimir el pleito del pedido de divorcio disparando los acontecimientos hacia una decisión consensuada, donde la hija del matrimonio debe tomar la resolución final, lo que inapelable.




El film es un estupendo ejercicio sobre el punto de vista. Los acontecimientos se desarrollan bajo la atenta mirada de la hija, y la cámara de Asghar Farhadi se limita a registrar hechos, acciones y rostros que surgen de una historia cara para los persas, o cualquier país musulmán que se encuentra en la etapa occidentalizadora propuesta por las grandes potencias del mundo -Irán no es otra cosa-, donde el hombre es un hombre musulmán, la esposa es una mujer musulmana y la hija una hija musulmana. O sea que hay que partir de una clara premisa: la niña mira la separación o divorcio de sus padres como una catástrofe que hay que evitar de cualquier modo, el punto de vista del realizador la pone en imágenes dramatizando el contexto, la familia, la justicia, y la cuestión religiosa, sin descuidar a la niña en ningún momento.

Paralelamente es la historia de una decisión crucial. La que en definitiva debe tomar Termeh, verdadera protagonista del film. Así se inicia la película, cuando el juez les advierte que la medida debe ser conjunta, y así termina también, con esa propuesta que de alguna manera debe resolverse. Los ojos de la cámara son los ojos de Termeh, y si el guión fue pergeñado para ser así, el contexto social y religioso de Irán es el contexto de clara transformación de un país de indudable perfil islamita en vías de una controvertible occidentalización donde el cine, entre otras manifestaciones, culturales y religiosas, y, como consecuencia, sociales, cobra un papel incuestionable.




Este es un perfecto ejemplo donde se desarrolla esa lucha entre ortodoxos (conservadores) y progresistas (occidentalistas), y el ámbito de la fe es propicio para manifestaciones duras y rígidas. Las mujeres encabezan ambas posturas, sólo Termeh lidera el dudoso futuro iraní. Aparentemente deberán ser las nuevas generaciones las encargadas de trasponer las fronteras, o bien, construir una sociedad distinta, sin la falsa antinomia de islamismo-occidente, religión o muerte, o alguna otra por el estilo que van surgiendo en el curso de esa desgraciada y milenaria historia.

Es claro que en el film tomar partido por una posición u otra implica un profundo conocimiento de las raíces y características religiosas de la sociedad iraní. En última instancia son las dudas y las incertidumbres las que conducen la historia a callejones sin salida, y dejar un final abierto es una posición no comprometida y correcta políticamente. El film fue premiado en Hollywood, o porque como planteo es inocuo, o como por ser un grito de ayuda está diciéndonos que sólo ellos pueden decidir su futuro, sin la intervención extranjera. El debate lo desarrollará el propio islamismo, en el seno de la comunidad, en el orden religioso y si es necesario en los estrados judiciales.




Teniendo en claro estas consideraciones, el film ostenta un extraño y expectante perfil narrativo, lleno de vericuetos y momentos de mucha tensión dramática, con diálogos muy precisos y justos, y actuaciones medidas y muy controladas, lo que implica una construcción de personajes coherentes y a la vez contradictorios, lo que entraña una relación dialéctica de hondas y ricas claves entre el individuo y la sociedad en que vive.




Impresionante película si tenemos en cuenta el concepto final, o si nos adentramos en la duda que carcome a la niña y a los padres, si buceamos en las aristas de la sociedad iraní, o si nos ponemos en el lugar de los preceptos religiosos que dominan ciertos aspectos profundos del hombre de esas regiones. No debe de ser fácil dar vuelta una cultura milenaria, ni aquí, ni en China ni en la India, y comprender esto nos cuesta, y deberemos tener mucha sabiduría para no contaminar y para no lastimar al hombre de otros lugares, de otros ámbitos y de otras creencias.

Héctor Correa
Punta Alta, junio de 2012






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