domingo, 14 de junio de 2009

2001: una odisea del espacio (algunos apuntes más sobre el cine y la ciencia-ficción)



"2001 es una experiencia no verbal: de dos horas y 19 minutos de película, sólo hay un poco menos de 40 minutos de diálogo. Traté de crear una experiencia visual que trascendiera las limitaciones del lenguaje y penetrara directamente en el subconsciente con su carga emotiva y filosófica. Quise que la película fuera una experiencia intensamente subjetiva que alcanzara al espectador a un nivel interno de conciencia como lo hace la música."

Stanley Kubrick


Título original: 2001: A Space Odyssey

Director: Stanley Kubrick

País: Inglaterra

Año: 1968

Reparto: Keir Dullea, Gary Lockwood, William Sylvester, Daniel Richter, Douglas Rain, Vivian Kubrick, Margaret Tyzack, Robert Beatty, Leonard Rossiter, Sean Sullivan, Bill Weston, Ed Bishop

Duración: 139 min.

Guión: Stanley Kubrick

Música: Richard Strauss, Johann Strauss

Fotografía: Geoffrey Unsworth

Productora/Distribuidora: MGM

Saga: 2001

Premios: David de Donatello, Otros, Baftas, OSCARS

Nominaciones: OSCARS


Filmografía de Kubrick:

1999 Eyes Wide Shut (Ojos bien cerrados)

1987 Full Metal Jacket (Nacido para matar)

1980 The Shining (El resplandor)

1975 Barry Lyndon

1971 A Clockwork Orange (La naranja mecánica)

1968 2001: A Space Odyssey (2001: Odisea del espacio)

1964 Dr. Strangelove or: How I Learned To Stop Worrying And Love The Bomb (Dr. Insólito o: Cómo aprendí a dejar de preocuparme y amar la bomba)

1962 Lolita (Lolita)

1960 Spartacus (Espartaco)

1957 Paths of Glory (Patrulla infernal)

1956 The Killing (Casta de malditos)

1955 Killer's Kiss (El beso del asesino)

1953 Fear and Desire

1953 The Seafarers

1951 Day Of The Fight

1951 Flying Padre



Algunas obras de Arthur C. Clarke:



Perfiles del Futuro

La ciudad y las estrellas

Cita con Rama

El fin de la infancia

2001: Una odisea espacial

2010: Odisea dos

2061: Odisea tres

3001: Odisea final

El Centinela. “The Sentinel”


En el primer capítulo de “2001: Una Odisea espacial”, que tituló Noche Primitiva, exactamente en el Prefacio, Arthur C. Clarke dice lo siguiente y lo transcribimos:

“Tras cada hombre viviente se encuentran treinta fantasmas, pues tal es la proporción numérica con que los muertos superan a los vivos. Desde el alba de los tiempos, aproximadamente cien mil millones de seres humanos han transitado por el planeta Tierra.

Y es en verdad un número interesante, pues por curiosa coincidencia hay aproximadamente cien mil millones de estrellas en nuestro universo local, la Vía Láctea. Así, por cada hombre que jamás ha vivido luce una estrella en ese Universo.

Pero, cada una de las estrellas es un sol, a menudo mucho más brillante y magnífico que la pequeña y cercana a la que denominamos el Sol. Y muchos -quizá la mayoría- de esos soles lejanos tienen planetas circundándolos. Así casi con seguridad hay suelo suficiente en el firmamento para ofrecer a cada miembro de las especies humanas, desde el primer hombre-mono, su propio mundo particular: cielo… o infierno.

No tenemos miedo alguno de conjeturar cuántos de esos cielos e infiernos se encuentran habitados, y con qué clase de criaturas: el más cercano de ellos está a millones de veces más lejos que Marte o Venus, esas metas remotas aún para la próxima generación. Más las barreras de la distancia se están desmoronando, y día llegará en que daremos con nuestros iguales, o nuestros superiores entre las estrellas.

Los hombres han sido lentos en encararse con esta perspectiva; algunos esperan aún que nunca se convertirá en realidad. No bastante, aumenta el número de los que preguntan: ¿Por qué no han acontecido ya tales encuentros, puesto que nosotros mismos estamos a punto de aventurarnos en el espacio?

¿Por qué no, en efecto? Sólo hay una posible respuesta a esta razonable pregunta. Mas recordad, por favor, que ésta es sólo una obra de ficción.

La verdad, como siempre, será mucho más extraordinaria.”

Claro, para alcanzar un nivel interno de conciencia, como lo pide Kubrick, de tal envergadura y amplitud, necesitaríamos, creo, conocer un poco más cómo piensa este realizador acerca del hombre y del universo en el que vive.

Kubrick no fue un artesano más dentro del mundo cinematográfico de los Estados Unidos. Algunos comentaristas biográficos han observado en él una vital inclinación por la fotografía desde muy joven, y una también vital obsesión por el detalle y la perfección, éste último un rasgo caracterológico que a algunos favorece y a otros no, pero en este caso cada encuadre, cada escena, y cada secuencia de cualquiera de sus obras, reflejan ampliamente esa faz personal, hasta tal punto que se lo considera, junto con Orson Welles (“El ciudadano”), un director supremo, en su país y en el mundo entero.

En el orden formal, por lo expuesto, podemos observar, más, podemos mirar sus films como minuciosos, detallistas y meticulosos trabajos sobre la composición de la imagen, la estructura semántica y las conexiones simbólicas de los objetos, hechos y sucesos que van desarrollándose en el curso de la historia. Y cabe la siguiente reflexión acerca de esto. Un claro y transparente objetivo guía su narrativa, no sólo en este film, sino en todos sus films. Ha hecho cine policial negro, cine bélico, melodrama, terror, y también ha incursionado en la ironía, cruel y despiadada; ha diseccionado la sociedad, su sociedad, como en “La Naranja Mecánica”, y ha incursionado puntillosamente, casi de manera exquisita, en la historia, como en “Barry Lyndon”, una película preciosista, de un virtuosismo obsesivo sin duda; y ha utilizado la ciencia-ficción como un instrumento propicio para la exposición de sus profundas preocupaciones sobre la humanidad; pero toda su obra destila una coherencia ideológica y formal que lo ubica en el plano de los grandes creadores cinematográficos.

La música, las primeras imágenes, casi un preludio conceptual de la película, la nave espacial transitando la inmensidad del espacio, el viaje en la Discovery de los dos tripulantes tratando de develar los misterios de la misión, la enigmática computadora HAL 9000, verdadera máquina, macabra y perversa, en la que confluyen miedos míticos, ancestrales, y el homínido temor a lo desconocido y lo ignorado, más la colosal transformación, luego de traspasar las puertas del infinito, constituyen verdaderas parábolas, alegorías y metafóricas aproximaciones a la esencialidad del hombre, concentrado en la feroz carrera por la manipulación desenfrenada de una ciencia y una tecnología que a veces le depara misterios horribles e incontrolables.

De todas maneras, podemos vislumbrar dos formas, producto de dos concepciones de encarar estos temas y estas revelaciones. Por un lado, la de Clarke, centrada en la dilucidación científica de los destinos y los derroteros del homo sapiens; y la de Kubrick asentada en la violencia y la agresividad del uso indebido y desmesurado de esa ciencia, violencia que no es más que la consecuencia de la propia evolución, y que, parece haber surgido antes y en los albores de la aparición del hombre. Ya, en “El Centinela” Clarke hacía emerger el elemento desconocido, el objeto que por último terminó siendo el nudo, el hilo, el ente que cruza toda la historia de 2001, que transita por todo su desarrollo y que permanece y acompaña hasta el infinito esta saga. El tótem, como receptáculo y guardián de la vida del hombre primitivo, y la loza o monolito alrededor del cual giran curiosos los primates, y que a su vez marca las distintas etapas evolutivas de la humanidad, no son más que los signos de una presencia que más allá del hombre y de su nivel de desarrollo tecnológico en el fondo aún está vigilado, aún está custodiado y aún debe ser observado por algo superior. Luego en “El fin de la infancia” (2000) vuelve a volcar esta idea, ya un tanto mística y decadente.

Kubrick desarrolla este pensamiento pero desde otro ángulo, su filmografía así lo demuestra, y su último guión, concluido por Spielberg, “Inteligencia artificial”, nos muestra un hombre casi dominado y sujeto a un afán de controlar aspectos esenciales de la vida no tanto por su complejidad como por lo polémico. Se trata ni más ni menos de crear vida artificial (robots) inteligente y con sentimientos. Una parábola escéptica, desesperanzadora de la ciencia y sus consecuencias.

El tema de la loza (monolito), sus connotaciones totémicas, es seguido por otro tema aún más conflictivo y fatal, el descontrol y rebelión de la computadora que, no sólo centraliza el control automático de la nave Descubrimiento, sino que contiene el fin, el objeto, y la finalidad de la misión. El último tripulante que queda con vida al fin logra desconectarla y todo salta al final y última etapa del viaje. Un viaje que, como su título lo indica nos remite a Ulises, a la Odisea, cuya misión, tal como el pensamiento mítico lo concibe, es un retorno a los confines del hombre y su universo, como es considerado en esos tiempos y dentro de los límites que el hombre del s. X a.d.C era capaz de transitar. Comparar a Homero con esta obra de Clarke y Kubrick es quizá uno de los desafíos más apasionantes para el estudioso del cine y la literatura. Y ver el recorrido final sobre paisajes ignotos y deslumbrantes como el desplazamiento de la conciencia hacia lo infinito, es introducirse en las grandes obras del hombre en las letras desde Cervantes, Proust, Joyce, Faulkner, hasta las fantásticas incursiones de Borges con su permanente y continuo choque contra la esencialidad de la palabra como instrumento para explicar el paso del hombre por este mundo. El tropo, el giro, la imagen y la metáfora, encuentran su verdadero ámbito, esta vez transformados en cine, en luz, de la mano de Kubrick ¿Qué otra cosa puede ser entonces la losa negra que se yergue y domina el ser y el destino?

esta impronta ético-moral, la literatura universal la ha señalado permanentemente desde las primeras luchas por el dominio y el poder del fuego en la mitología, pasando por “Frankentein” de Mary Shelley, “El Extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson, las obras de Herbert George Wells o ‘Un mundo feliz’, de Aldous Huxley. Los creadores, la literatura y el cine se han encargado de advertir y percibir, más que denunciar, los extraños derroteros que el avance de la tecnología y la ciencia está incursionando.
El conflicto de HAL 9000 con la tripulación, un conflicto trágico, por supuesto, es la concepción más tortuosa que Kubrick tiene del desarrollo científico del hombre. El avance tecnológico, su manejo descontrolado, produce violencia. Más, esa tecnología es usada para generar más violencia. La sociedad está impregnada de

El final de esta historia es un bebé navegando en el espacio infinito. Saquemos la conclusiones que obtengamos, miremos estas imágenes desde cualquier punto, siempre vamos a conseguir múltiples lecturas sobre la vida, su evolución y las inciertas consecuencias que podemos dejar de considerar.

Héctor Correa

Punta Alta, junio de 2009

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