viernes, 28 de diciembre de 2012

LA MATANZA EN LA ESCUELA SANDY HOOK O EL CULTO A LAS ARMAS

Progreso Semanal
Published on Saturday, 22 December 2012
Victoria Soto, 27 años, puertoriqueña, cristiana,maestra, puso su vida ante las balas y salvó a 17 niños en la escuela Sandy Hook. ¿La recordaremos?

Por Manuel Alberto Ramy

LA HABANA. Hubo una vez un rey llamado Herodes. Un buen día sus asesores le advirtieron que, según informes, había nacido un niño que sería rey. Temeroso de perder el poder –Ay, el miedo, Ay, el poder–, el tal Herodes ordenó rápidamente pasar a sable a todos los recién nacidos. Realizó una masacre.

Para recordar este trágico suceso, cada 28 de diciembre se conmemora el Día de los Santos Inocentes; en otros países la fechase corre hacia la primavera, época de florecimientos, mariposas y aumento de la libido, según dicen.

Lo importante no es la fecha en el almanaque, sino cómo se recuerda esta tragedia: generalmente con bromas haciendo caer a los amigos y vecinos en simpáticas engañifas para entonces gritarle: ¡Inocente! Y divertirnos.

Nuestra cultura ha convertido el sablazo asesino, la masacre perpetrada contra decenas y decenas de niños, en una festividad graciosa. El humor negro –hasta esta calificación es elocuente–nos viene de lejos y lo practicamos, forma parte de nuestra “civilización”, como la violencia. Somos los sujetos y objetos de una herencia practicada de diversas formas a través de los siglos y con métodos cada vez más exquisitos: las hitlerianas cámaras de gas eran tan refinadas y precisas que hasta contabilizaban el número de personas a matar por metro cúbico de gas y tiempo de ejecución.

Entonces ¿de qué nos sorprendemos cuando alguien toma un arma y asesina fríamente a 20 niños y seis adultos en una escuela? ¿Cuánto dura nuestro estupor al ver las imágenes en la pantalla de los televisores? ¿Hasta la próxima noticia de una reina debelleza? Dentro de tres semanas, ¿cuántos recordaremos el nombre de la maestra que sacrificó su vida para salvar a unos cuantos de suspequeños alumnos? Con 30 segundos de un comercial borramos la heroica entrega por los otros y ni siquiera meditamos cuánto denuestra infancia murió con ellos. Mucho menos nuestra corresponsabilidad en el crimen –calificación edulcorada, pues se define como complicidad.

Violencia y miedo enraizados en nuestras sociedades, especialmente en las opulentas donde como ocurre en EE.UU. hay más de unarma de fuego por cada ciudadano y el derecho a poseerla, consagrado constitucionalmente, es defendido aunque su origen viene de la previsión destinada a dotar a cada ciudadano de la capacidad defensiva, caso que la metrópoli inglesa, recién derrotada, intentase volver por sus fueros. Si bien este es un asunto que debería resolverse –cosa difícil ya que hay otro tipo de armas en poder de la Asociación Nacional del Rifle, que se llama dinero y lobby–, la clave universal no reside en los gatillos, pasa por ellos y proviene de que a escala mundial vivimos –mejor decir morimos—en una sociedad enferma.

Dicen los sicólogos que la adaptación de las personas a la sociedad es síntoma de salud. Tal calificación supongo parte del supuesto de que nuestras sociedades son sanas. ¿Lo son? Revisémonos. Nos adaptamos a tejidos sociales enfermos en los cuales la práctica de los valores y principios éticos predicados son desmentidos cotidianamente por las redes de comunicación y el quehacer de los políticos. Valores por un lado, la vivencia de estos por otro. Somos coherentes con la enfermedad, nos adaptamos a ella, portamos el virus y lo transmitimos. Así venimos desde hace siglos trucidándonos, de modos diferentes, hasta los muy tecnológicos y sofisticados de hoy cuyos daños son definidos como colaterales. ¿Son tales?

Once upon a time…, Hubo una vez. Hoy… ¿Mañana…?

La condición de sociedad y ciudadano saludables pasa por voltearnos al revés. Por la revolución del espíritu y de las estructuras.

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