sábado, 31 de octubre de 2009

"¡Qué desastre la TV! (pero cómo me gusta...)" o la crítica gatopardista de los medios. Otra forma de alimentar la violencia, banalizarla y publicitarla



Televisión Héroes y cómplices en la vitrina nacional
La nueva televisión bajo la óptica de dos expertos. Anticipo del libro
¡Qué desastre la TV! (pero cómo me gusta...) Ir a la nota
lanacion.com| ADN Cultura | Sábado 31 de octubre de 2009

jueves, 29 de octubre de 2009

LA QUESTION HUMAINE Y LA DEGRADACIÓN DE OCCIDENTE



Dirección: Nicolas Klotz . Adaptación, guión y diálogos: Elisabeth Perceval, adaptación de la novela de Francois Emmanuel "La question humaine". Imagen: Josée Deshaies. Montaje: Rose-Marie Lausson . Sonido: Brigitte Taillandier . Dirección artística: Antoine Platteau. Vestuario: Dorothée Guiraud. Música: Syd Matters. Producción ejecutiva: Iean-Christophe Gigot, Michel Zana. Productores: Sopbie Dulac, Michel Zana. Producción de Sophie Dulac Productions, con la participación del Centre National de la Cinématographie; con el apoyo de la Région Íle-de-France y de la Région des Pays de la Loire, en colaboración con el CNC, y la ayuda en la creación cinematográfica y audiovisual del Conseil Général du Val-de-Mame, y del Conseil Général de la Sarthe.

Intérpretes: Matbieu Amalric (Simon), Michael Lonsdale (Mathias Jüst) , Jean-Pierre Kalfon (Karl Rose) , Lou Castel (Arie Neuman), Laetitia Spigarelli (Louisa), Valérie Dréville (Lynn Sanderson),  Edith Scob (Lucy Iüst), Delphine Chuillot (Isabelle), Rémy Carpentier (Jacques Paolini), Nicolas Maury (Tavera), Erwan Ribard (Miguel).


“No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado. Entre aquéllos y éstos, reyezuelos vendidos, señores feudales, una falsa burguesía forjada de una sola pieza servían de intermediarios. En las colonias, la verdad aparecía desnuda; las "metrópolis" la preferían vestida; era necesario que los indígenas las amaran. Como a madres, en cierto sentido. La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena; se seleccionaron adolescentes, se les marcó en la frente, con hierro candente, los principios de la cultura occidental, se les introdujeron en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se adherían a los dientes; tras una breve estancia en la metrópoli se les regresaba a su país, falsificados. Esas mentiras vivientes no tenían ya nada que decir a sus hermanos; eran un eco; desde París, Londres, Ámsterdam nosotros lanzábamos palabras: "¡Partenón! ¡Fraternidad!" y en alguna parte, en África, en Asia, otros labios se abrían: "¡...tenón! ¡...nidad!" Era la Edad de Oro.
Aquello se acabó: las bocas se abrieron solas; las voces, amarillas y negras, seguían hablando de nuestro humanismo, pero fue para reprocharnos nuestra inhumanidad. Nosotros escuchábamos sin disgusto esas corteses expresiones de amargura. Primero con orgullosa admiración: ¿cómo?, ¿hablan solos? ¡Ved lo que hemos hecho de ellos! No dudábamos de que aceptasen nuestro ideal, puesto que nos acusaban de no serles fieles; Europa creyó en su misión: había helenizado a los asiáticos, había creado esa especie nueva. Los negros grecolatinos. Y añadíamos, entre nosotros, con sentido práctico: hay que dejarlos gritar, eso los calma: perro que ladra no muerde.”…

Jean-Paul Sartre
Septiembre de 1961.

Así comienza, en el Prefacio de ese sustancioso y extraordinario libro sobre el colonialismo que escribió Franz Fanon “Los condenados de la tierra”, Jean-Paul Sartre acerca de la significación de semejante obra.

En el año 2007 Nicolas Klotz realiza "La Question humaine". Quizá una de las mejores películas hechas por un francés en los últimos diez años. Esto, si tenemos en cuenta la producción bastante pobre en calidad del último cine francés, del que se pueden rescatar muy pocos realizadores y films que valgan la pena. Esta obra narra una historia donde se describe la deshumanización, la irresponsabilidad, y la inconsciencia de la sociedad francesa -y por extensión, la europea-, frente a los recursos humanos o laborables, y frente a las consecuencias -tremendas consecuencias humanas, sociales y culturales- del fenómeno nazi, del que fueron responsables sectores económicos vinculados a la remodelación de los factores del poder mundial durante buena parte del siglo XX. Según esta forma de ver el film, se trata de reconocer, a través de la labor de un psicólogo, la poca o casi nula "humanidad" de las grandes multinacionales frente al hombre, fin último de cualquier proceso económico, por el sólo interés en sus últimos objetivos centrados en la exclusiva generación de riquezas, poder y dominio absoluto de los recursos básicos para la vida humana.

Como siempre no vamos a contar sus detalles argumentales. Quisimos centralizar en primer lugar el tema. El párrafo inicial trata de resaltar lo que el director, y su mujer -la guionista-, quisieron contarnos acerca de cómo está este mundo occidental a principios del siglo XXI.

Así, el título del film deviene importante, desde el punto de vista semántico, en tanto y en cuanto nos remite a la obra máxima y monumental de Balzac:"La Comedia Humana". La cuestión humana en la narrativa balzaciana asume todo el planteo de inhumanidad que Nicolas Klotz describe en su "La cuestión humana", por lo que "La Comedia Humana" con toda su carga de despiadada radiografía de la sociedad francesa y europea de principios de siglo XIX es o se constituye en la obra cumbre y antecesora de este film y de todos aquellos, incluida la literatura, que han pretendido hacernos conocer las deshumanización del occidente conservador y decadente.

Por otra parte, en 1933 André Malraux escribe "La condición humana", una narración apasionante y sustantiva de la literatura política francesa del siglo XX. Ambientada en Shanghái, describe los momentos cruciales de la guerra civil china. Casualmente en ella está presente la problemática profundamente humana de las luchas y los sacrificios por la reivindicación de lo más significativo del hombre: su condición y su esencia.

El nazismo, como producto ideológico, como concepción del mundo, y como herramienta política para la toma del poder, está aún vigente, no hay duda. En distintos y variados ámbitos, en políticas destinadas a la estructuración de relaciones económicas entre países e inclusive individuos; en las relaciones laborales e inclusive religiosas y sociales, la concepción que tuvo el nazismo del hombre tiene el mismo vigor y efectividad todavía hoy. La conclusión fundamental y definitiva de la película de Klotz.

Así como Balzac y Malraux describieron y denunciaron a través de sus obras cómo la Europa egocéntrica y moderna aplastaba continentes enteros e influía en las relaciones interpersonales y sociales de los individuos, esta película muestra y advierte que aún esos elementos de explotación, inequidad y muerte, se encuentran activos en los grandes y resplandecientes escritorios, y lo que es peor aún, en la conciencia de los dirigentes y sus albaceas. Ya avizoraban las deformaciones que llevaba en su seno el desarrollo, el crecimiento desmedido, la globalización y los avances desproporcionados de la Europa esclavista. Dickens lo advirtió en las calles de un miserable y degradado Londres, y Balzac en cada rincón y estamento de la sociedad francesa.

Qué no fue el sistema de la Alemania nazi si no la ineludible consecuencia de ese mundo, subhumano y truculento, que esas extraordinarias narraciones de la literatura épica del siglo XIX nos mostraron y que tan bien Kubrick en 1975 fotografió en esa magistral obra que es "Barry Lyndon". Qué diferencia hay entre "La cuestión humana" y "La naranja mecánica", donde en ambas el sistema aliena, enajena y crea métodos de manipulación psicológica para preservar y sostener incólume esas estructuras de dominio y poder. No, Klotz no inventa nada nuevo, sólo recrea muy bien y nos advierte acerca de la actualización de prácticas que han venido, durante siglos, reafirmando la necesidad de ejercer un método eficaz y eficiente a la hora de someter y esclavizar conciencias.

En "The reader" hablábamos de la conciencia histórica, la culpa, y la actitud de ciertos sectores de la sociedad europea, y también occidental, frente a las dos grandes guerras que les tocó justificar, explicar o fundamentar; el latrocinio y el despojo, la muerte y el genocidio, la exterminación y el avasallamiento de pueblos, y tratamos de esclarecer el tono y el objetivo del film desde la perspectiva histórica de aquél que observa impávido y desconcertado cómo se repite, hoy, cuando se trata de afrontar y responder al por qué de semejante inhumanidad, frente a las etnias, las distintas religiones y las nacionalidades diversas que se masacran en distintas regiones de nuestro mundo. En el film que tratamos de entender ahora vemos otra forma de afrontar este interrogante, y observamos cómo el director apela a una de las deformaciones que más han perdurado en el mundo occidental, la utilización de ciertas herramientas con el fin de eliminar los más preciado del hombre, la conciencia de sí y la voluntad para discernir entre la fragmentación de su esencia, la pérdida de los valores elementales para la convivencia y la solidaridad, y la condena a la hambruna y la desaparición de etnias enteras.

Héctor Correa
Punta Alta, octubre de 2009

miércoles, 14 de octubre de 2009

ARGENTINA – PUNTA ALTA - “CINE - BAR”



DIÁLOGO entre amigos
Setiembre 2009
Noticiario Nº 47 del Centro del Diálogo con personas de convicciones no religiosas
Encuentros e Iniciativas
ARGENTINA – PUNTA ALTA - “Cine - bar”

“Con el deseo de testimoniar y transmitir nuestra experiencia de diálogo de estos años, el sábado 25 de abril, salimos como grupo a la “vida pública” a través de un cineforum; “cine-bar”. La presencia en el grupo de dos hermanos, Héctor y Luis Correa, expertos en cine y el ofrecimiento del “Bar Central” (patrimonio histórico), de la ciudad de Punta Alta, nos facilitaron esta actividad que tenía el objetivo de recoger alimentos para nuestro centro comunitario “Nuevos Horizontes”.

El grupo del diálogo se presentó como una expresión del Movimiento y se leyeron las premisas necesarias para construirlo. A continuación se proyectó la película “Cinema Paradiso”. La elección tenía un motivo preciso: salir al encuentro de la realidad que se vive en la ciudad; la única sala cinematográfica que reunía durante años a la comunidad está a punto de desaparecer. Claras y precisas las palabras del “amigo” Héctor Correa: “Queremos aclarar una vez más que no pretendemos hacer un cine-bar, sino un espacio privilegiado para el diálogo.”

Entre los más de 70 participantes, habia 20 alumnos de la Escuela de suboficiales de la armada de Puerto Belgrano (base militar), estudiantes de “Artes plásticas” de la universidad USO (universidad privada con sede en Punta Alta); casi el 50% de los presentes eran jóvenes.. Hubo una gran atención y un gran silencio. Fernando, encargado de los actos en el bar, nos decía: “Soy militar y conozco bien la actitud de estos chicos. Es muy difícil conseguir interesarlos. Verlos callados, escuchando como hoy, nunca lo había visto. ¡Ha sido sorprendente! Apenas comenzó la película, quedaron todos enmudecidos”. En la conclusión, para nuestra sorpresa, los participantes comenzaron a levantar la mano uno a uno. Las impresiones fueron fortísimas, ponían el acento sobre los valores, experiencias personales que les habían venido a la memoria. Pasaron 40 minutos ininterrumpidos en los que Héctor y Luis llevaron adelante el debate con claridad y competencia profesional. Antes de despedirnos, les preguntamos si les parecía oportuno volver a vernos en otra ocasión para contrastar opiniones sobre otros temas, otros valores, a través de otras películas. Una chica de 20 años tomó el micrófono y dijo: “Para mí es como una necesidad encontrar estos momentos de diálogo, que exista esta posibilidad de compartir opiniones sobre diversos argumentos”. Ha sido un momento significativo, profundo, de mucha esperanza, en el que se percibía que había crecido entre nosotros la relación” (Sisi Deramo y Kiko Digiacomo – Punta Alta).

sábado, 10 de octubre de 2009

SAM MENDES Y LA CUESTIÓN DE LA MORAL EN OCCIDENTE





"Mi decisión fue ir a buscarlo, más allá de toda la gente en el mundo"
Ernest Hemingway. (1951)The Old Man and the Sea.


Richard Yates es el autor de la novela sobre la que Sam Mendes construye su película “Revolutionary Road” con el guión elaborado por Justin Haythe, en 2008.





He aquí la ficha técnica:

Dirigida por Sam Mendes
Producida por Bobby Cohen, Sam Mendes, Scott Rudin, Sharan Kapoor
Escrita por el Novel: Richard Yates
Guión: Justin Haythe
Intérpretes: Leonardo DiCaprio, Kate Winslet, Michael Shannon, Richard Easton, Jay O. Sanders y Kathy Bates
Música de Thomas Newman
Edición por Tariq Anwar
Estudios: DreamWorks Pictures, BBC Films
Distribuída por Paramount Vantage
País: Estados Unidos y Gran Bretaña



Sólo obtuvo un premio, un Globo de Oro a la mejor interpretación femenina para Kate Winslet. Quizá esto no sea lo más importante, por lo que preferimos hablar de otros aspectos del film.

No podemos dejar de lado, ni ignorar, las vitales e intensas relaciones entre la moral imperante en la sociedad norteamericana (y en occidente todo) con los productos cinematográficos a través de la historia de Hollywood. Si es así, nos preguntamos si sólo lo moral ha influido en el siglo y medio de cine -o casi-, o han existido otros factores sociales, económicos, políticos y culturales que de la misma manera, sin duda, han configurado una estructura ideológica poderosa y sólida, como ninguna, en el seno de la potente industria del cine de los EE.UU.

Si bien esto último es lo seguro e incuestionable -creemos que uno de los pilares de esa maquinaria que tuvo en los “géneros” y el “star system” una forma sólida de atracción y expansión universal-, fue el “melodrama” impregnado de una concepción moral y filosófica fundada en las raíces ético-religiosas de las colonias constructoras de la nación más poderosa del mundo. En el melodrama -y, por supuesto, en todos los otros géneros, desde el bélico, el western hasta la comedia musical-, quizá se observe con más transparencia y contundencia dicho credo.

¿Cómo enlazar toda esta cuestión de las pautas y valores morales con la creación cinematográfica en Hollywood? Estamos convencidos que analizando los fundamentos estéticos y conceptuales de los autores del teatro y la comedia de Broadway (Tenessee Williams, Arthur Miller, Edward Albee, y la obra literaria de los grandes narradores (novela) norteamericanos -quienes también muchos fueron estupendos guionistas-, por un lado, pero por el otro comprendiendo cómo se generó la riqueza y el estilo de vida americano (American style of life). Sistema constituido, sin duda, por la milenaria tradición anglo-sajona impregnada de la religiosidad y moralina anglicana y protestante; todo un complejo tema de alcances inabordables, en estos momentos, para este sencillo trabajo.




Desde este punto de vista, Sam Mendes, realizó tres interesantes películas. Nosotros vamos a abordar una de ellas ‘Revolutionary Road’ (2008), sin perder de vista, por supuesto, la primera “American Beauty” (1999), y “Road to Perdition” (2002), así como, en general, todas aquellas cuyos temas giran alrededor de la descomposición matrimonial, las relaciones familiares, y la hipocresía de la naturaleza moral del hombre medio norteamericano.



No podemos olvidar, a propósito, “Ordinary People” (“Gente como uno”), aquel film de Robert Redford -1980-, que incursiona sin muchas reservas en las relaciones padres-hijos, la culpa, el suicidio, y las terapias psiquiátricas, en la vida de una familia de la clase media en EE.UU. ¿Por qué? Redford retrata muy bien las costumbres, hábitos, deseos y necesidades, así como relaciones laborales, de una familia, pero en una situación extrema donde la muerte se hizo presente, y desenmascara un estado y una constitución familiar endeble e inestable en medio del alto nivel de vida (bienestar) de la clase media. El teatro y luego el cine han sido muy críticos y buenos observadores de los conflictos que trae un país en pleno avance capitalista y en plena expansión mundial. Me aventuro a afirmar que la fecundidad que mostró, en algunos aspectos, y en ciertos períodos, fueron producto más de la naturaleza del desarrollo avasallador del hegemonismo económico y militar, lleno de un cúmulo de contradicciones pero con objetivos bien coherentes acerca de la prosperidad a la que hay que llegar por cualquier medio, que de la riqueza cultural de la propia sociedad, sumida en una cruel lucha por la supervivencia y el consumo. No vamos a hablar mucho más de esta película, el autor dice muchas cosas en medio de una problemática de colisiones emocionales y vitales, y quizá sea motivo, más adelante de otras notas y comentarios más específicos, siempre afines a cómo el cine fue o se hizo eco de tanta pugna y trastorno social.



Como tampoco debemos olvidar ese estupendo film, adaptación de la obra de teatro de Edward Albee (¿Quién le teme a Virginia Wolf?) “Who's Afraid of Virginia Woolf?”, realizado por Mike Nichols en 1966, obra que se transformó en un film emblemático a la hora de ejemplificar las tortuosas relaciones de dos mujeres y dos hombres en una noche donde el combate, la pugna, y el intercambio de roles desde una óptica psicologista, se constituyen en la mejor muestra de cómo el poder se va desfigurando y transformando en una cuestión de ejercicios crueles, tremendamente agresivos y descarnados, entre individuos.



O este interesante film de Noah Baumbach, “The squid and the whale” (Historias de familia), -2005-, donde recrea los últimos días de un matrimonio de intelectuales.

Y, no podemos dejar de hablar de Woody Allen, especialmente sobre estos temas tan notorios en su extensa y rica filmografía sobre las relaciones hombre-mujer en el espacio neoyorquino y londinense, con problemáticas ético-morales y religiosas bien concretas.

Pero volvamos a ‘Revolutionary Road’, película que se interna, de la mano de dos actores simples, sencillos y bastante esquemáticos, en los dramas de aquellos norteamericanos que en un determinado momento se dan cuenta que sus ilusiones tejidas alrededor del modelo se van desmoronando; cuestión que causa pánico y cruenta desesperanza. Sí, es tremendo ver cómo los ideales perdidos, los desencuentros y los dramas y conflictos que esto produce van erosionando las relaciones familiares y desenmascarando los rincones más ruines de los personajes. En este aspecto, quizá lo más importante del film, el eje se mueve alrededor de los dramático y no de lo fílmico, en razón de que para la moralina del hombre medio todo se reduce a la consecución o pérdida de los aquellos valores que hacen al bienestar de su estilo de vida.

Sobre la influencia que tuvo el teatro ruso en estos autores, no sólo en cuanto a la construcción dramática de los personajes y la puesta en escena, sino en sus otros aspectos fundamentales como los temas que desarrollan: el amor, las relaciones familiares, las pérdida de las esperanzas, los ideales de la juventud -quizá uno de los principales temas de la obra de Chejov-, habría mucho que decir. Ya el cine clásico produjo, en especial de creadores europeos radicados o refugiados en EE.UU, obras donde el “melodrama” se yergue como la forma más apropiada para la descripción de las costumbres, hábitos y formas de pensar del hombre sobre temas como el matrimonio, los dramas familiares, los conflictos generacionales, la educación del adolescente, el trabajo, la generación de la riqueza, las relaciones sexuales, la religión y su influencia en la vida cotidiana, la guerra, el expansionismo económico y cultural, o los conflictos interétnicos y con sus vecinos del sur del Río Grande, etc. Todo un universo de temas que al fin y al cabo constituyen el famoso estilo de vida, y el destino manifiesto tan proclamado y elaborado por la inteligencia del país.

Tennessee Williams en “Un tranvía llamado Deseo” (1948), “La gata sobre el tejado de zinc caliente” (1955), o “Nueva York: El zoo de cristal” (1945), y Arthur Miller en “Todos eran mis hijos” (1947), “La muerte de un viajante” (1949), o “Las brujas de Salem” (1953), por citar sólo algunas de las tantas obras de estos dos extraordinarios dramaturgos, han mostrado con suma transparencia y sin pruritos esta forma de vida y esta estructura mental tan particular. Mentalidad que poco tuvo que ver con los vecinos del sur de América, o con la de otros continentes que intentaron sino copiar, al menos tomar muchos de estos valores, como únicos e incuestionables para la resolución de sus problemas vitales, y también de sus cinematografías. El “sueño americano”, extraordinario mito americano, fue duramente desenmascarado y advertido por peligroso y perverso, por estos autores que vieron plasmadas sus obras en Hollywood paradójicamente.



Con respecto a la cuestión sexual en la mente del hombre americano medio quizá “Oleanna”, la pieza de David Mamet sea una de las más polémicas y controvertidas. El autor en un juego dramático muy dinámico e ilustrativo enfrenta un profesor preocupado por su estabilidad laboral en la universidad donde es docente, las demandas telefónicas de una esposa enfrascada en la compra de una vivienda, con una alumna que habiendo sido reprobada utiliza cualquier recurso –hasta la amenaza de acoso sexual y violación- para tratar de revertir su situación en el aula. Todo una puesta en escena de enredado y controvertido enfrentamiento por el poder en el sistema educativo norteamericano. Visión cruda e ilustrativa de un modo de establecer pautas y esquemas pedagógicos del mundo académico asentados en una sociedad muy contradictoria e histérica, y a la vez, deshumanizada hasta en la propias formas de las relaciones docente-alumno. Todo un planteo donde emerge la mejor y más notoria concepción sexofóbica de las relaciones persona a persona (hombre-mujer) llena de ambigüedades y malos entendidos, típica de ciertos estratos sociales y claustros en el sistema educativo universitario. Una obra donde vemos la interacción de las retrógradas posiciones feministas y antifeministas de la sociedad norteamericana, el fino y complejo sistema universitario como reflejo de ciertas estructuras mentales y sociales, la idea de la verdad absoluta como arma e instrumento del poder, y el relativismo de los planteos morales como instrumento dominador y coercitivo para alcanzar objetivos egoístas y personales.

Y, por último, no podemos dejar de mencionar el rol que le cupo a la novela negra, Dashiell Hammett, William Faulkner, Ross MacDonald, Raymond Chandler, James Cain, etc., quienes también hicieron su aporte al cine de Hollywood, pero que retrataron magistralmente la decadencia y la corrupción imperante en todos los rincones de la política y la alta sociedad, así como describieron ciertas regiones, especialmente el sur de los EE.UU, y la gran ciudad como escenario propicio y muy adecuado y conveniente para el delito en todas sus formas, abandonando las conservadoras formas, en muchos casos, de la novela y el cuento policial tradicional, para adoptar estructuras narrativas donde se interconectan el mundo de la altas finanzas, la droga, la prostitución, los negocios de la corrupción, y la degeneración moral de ciertas familias encumbradas o no pero que reflejan sin duda los grandes conflictos sociales y las tremendas deformaciones familiares en el país del norte. En las obras literarias como en los films que fueron surgiendo de ellos, la cuestión moral adquiere el mismo plano, o el mismo lugar, en las historias, que la violencia de los personajes, y la dureza que las caracterizó tanto en los diálogos como en la construcción de los personajes, junto con el desparpajo, la falta de escrúpulos y la ironía llevada a su máxima expresión, contribuyeron a generar un género literario y fílmico impregnado de connotaciones directas que muchas veces abarcaban la denuncia explícita como la tonalidad, sutil y enmascarada, de la pintura más introvertida. Pero, siempre, y en primer plano, resaltan la descomposición familiar y social como ejes narrativos, y lo que es más digno de destacar, con una calidad estética que pocas literaturas o cinematografías nacionales se atrevieron a demostrar en otros lugares del mundo.

Todo esto, por supuesto, cubierto o protegido por un tinte religioso que nos remite a las posturas más ortodoxas y fundamentalistas de las creencias musulmanas que tanto critican y denostan invocando la libertad y la justicia del mundo occidental. La moral superburguesa, las posturas liberales, la hipocresía en las relaciones matrimoniales, “el destino manifiesto”, la religiosidad dominguera, la maquinaria o el complejo bélico-industrial, y los códigos de conducta y prohibiciones a todo aquello que signifique romper con esa moralina, son y fueron los resortes a los cuales se apeló para la imposición y el dominio de sus valores y creencias, asentadas en un manejo bíblico del destino, una “temible” esperanza en la realización de un país joven y poderoso junto con la destrucción de todo aquello que encarne la inminente llegada del Apocalipsis. Eso ha sido y seguirá siendo el genio y la inteligencia de un cine que si bien invoca los ideales perdidos, o la pérdida de las ilusiones, no es ni más ni menos que la lucha inclaudicable por la defensa irrestricta de un estilo de vida y la conservación de sus bienes por sobre todas las cosas, como tan bien lo expresó Hemingway en la cita del comienzo de esta nota.

Héctor Correa
Punta Alta, octubre de 2009