jueves, 29 de octubre de 2009

LA QUESTION HUMAINE Y LA DEGRADACIÓN DE OCCIDENTE



Dirección: Nicolas Klotz . Adaptación, guión y diálogos: Elisabeth Perceval, adaptación de la novela de Francois Emmanuel "La question humaine". Imagen: Josée Deshaies. Montaje: Rose-Marie Lausson . Sonido: Brigitte Taillandier . Dirección artística: Antoine Platteau. Vestuario: Dorothée Guiraud. Música: Syd Matters. Producción ejecutiva: Iean-Christophe Gigot, Michel Zana. Productores: Sopbie Dulac, Michel Zana. Producción de Sophie Dulac Productions, con la participación del Centre National de la Cinématographie; con el apoyo de la Région Íle-de-France y de la Région des Pays de la Loire, en colaboración con el CNC, y la ayuda en la creación cinematográfica y audiovisual del Conseil Général du Val-de-Mame, y del Conseil Général de la Sarthe.

Intérpretes: Matbieu Amalric (Simon), Michael Lonsdale (Mathias Jüst) , Jean-Pierre Kalfon (Karl Rose) , Lou Castel (Arie Neuman), Laetitia Spigarelli (Louisa), Valérie Dréville (Lynn Sanderson),  Edith Scob (Lucy Iüst), Delphine Chuillot (Isabelle), Rémy Carpentier (Jacques Paolini), Nicolas Maury (Tavera), Erwan Ribard (Miguel).


“No hace mucho tiempo, la tierra estaba poblada por dos mil millones de habitantes, es decir, quinientos millones de hombres y mil quinientos millones de indígenas. Los primeros disponían del Verbo, los otros lo tomaban prestado. Entre aquéllos y éstos, reyezuelos vendidos, señores feudales, una falsa burguesía forjada de una sola pieza servían de intermediarios. En las colonias, la verdad aparecía desnuda; las "metrópolis" la preferían vestida; era necesario que los indígenas las amaran. Como a madres, en cierto sentido. La élite europea se dedicó a fabricar una élite indígena; se seleccionaron adolescentes, se les marcó en la frente, con hierro candente, los principios de la cultura occidental, se les introdujeron en la boca mordazas sonoras, grandes palabras pastosas que se adherían a los dientes; tras una breve estancia en la metrópoli se les regresaba a su país, falsificados. Esas mentiras vivientes no tenían ya nada que decir a sus hermanos; eran un eco; desde París, Londres, Ámsterdam nosotros lanzábamos palabras: "¡Partenón! ¡Fraternidad!" y en alguna parte, en África, en Asia, otros labios se abrían: "¡...tenón! ¡...nidad!" Era la Edad de Oro.
Aquello se acabó: las bocas se abrieron solas; las voces, amarillas y negras, seguían hablando de nuestro humanismo, pero fue para reprocharnos nuestra inhumanidad. Nosotros escuchábamos sin disgusto esas corteses expresiones de amargura. Primero con orgullosa admiración: ¿cómo?, ¿hablan solos? ¡Ved lo que hemos hecho de ellos! No dudábamos de que aceptasen nuestro ideal, puesto que nos acusaban de no serles fieles; Europa creyó en su misión: había helenizado a los asiáticos, había creado esa especie nueva. Los negros grecolatinos. Y añadíamos, entre nosotros, con sentido práctico: hay que dejarlos gritar, eso los calma: perro que ladra no muerde.”…

Jean-Paul Sartre
Septiembre de 1961.

Así comienza, en el Prefacio de ese sustancioso y extraordinario libro sobre el colonialismo que escribió Franz Fanon “Los condenados de la tierra”, Jean-Paul Sartre acerca de la significación de semejante obra.

En el año 2007 Nicolas Klotz realiza "La Question humaine". Quizá una de las mejores películas hechas por un francés en los últimos diez años. Esto, si tenemos en cuenta la producción bastante pobre en calidad del último cine francés, del que se pueden rescatar muy pocos realizadores y films que valgan la pena. Esta obra narra una historia donde se describe la deshumanización, la irresponsabilidad, y la inconsciencia de la sociedad francesa -y por extensión, la europea-, frente a los recursos humanos o laborables, y frente a las consecuencias -tremendas consecuencias humanas, sociales y culturales- del fenómeno nazi, del que fueron responsables sectores económicos vinculados a la remodelación de los factores del poder mundial durante buena parte del siglo XX. Según esta forma de ver el film, se trata de reconocer, a través de la labor de un psicólogo, la poca o casi nula "humanidad" de las grandes multinacionales frente al hombre, fin último de cualquier proceso económico, por el sólo interés en sus últimos objetivos centrados en la exclusiva generación de riquezas, poder y dominio absoluto de los recursos básicos para la vida humana.

Como siempre no vamos a contar sus detalles argumentales. Quisimos centralizar en primer lugar el tema. El párrafo inicial trata de resaltar lo que el director, y su mujer -la guionista-, quisieron contarnos acerca de cómo está este mundo occidental a principios del siglo XXI.

Así, el título del film deviene importante, desde el punto de vista semántico, en tanto y en cuanto nos remite a la obra máxima y monumental de Balzac:"La Comedia Humana". La cuestión humana en la narrativa balzaciana asume todo el planteo de inhumanidad que Nicolas Klotz describe en su "La cuestión humana", por lo que "La Comedia Humana" con toda su carga de despiadada radiografía de la sociedad francesa y europea de principios de siglo XIX es o se constituye en la obra cumbre y antecesora de este film y de todos aquellos, incluida la literatura, que han pretendido hacernos conocer las deshumanización del occidente conservador y decadente.

Por otra parte, en 1933 André Malraux escribe "La condición humana", una narración apasionante y sustantiva de la literatura política francesa del siglo XX. Ambientada en Shanghái, describe los momentos cruciales de la guerra civil china. Casualmente en ella está presente la problemática profundamente humana de las luchas y los sacrificios por la reivindicación de lo más significativo del hombre: su condición y su esencia.

El nazismo, como producto ideológico, como concepción del mundo, y como herramienta política para la toma del poder, está aún vigente, no hay duda. En distintos y variados ámbitos, en políticas destinadas a la estructuración de relaciones económicas entre países e inclusive individuos; en las relaciones laborales e inclusive religiosas y sociales, la concepción que tuvo el nazismo del hombre tiene el mismo vigor y efectividad todavía hoy. La conclusión fundamental y definitiva de la película de Klotz.

Así como Balzac y Malraux describieron y denunciaron a través de sus obras cómo la Europa egocéntrica y moderna aplastaba continentes enteros e influía en las relaciones interpersonales y sociales de los individuos, esta película muestra y advierte que aún esos elementos de explotación, inequidad y muerte, se encuentran activos en los grandes y resplandecientes escritorios, y lo que es peor aún, en la conciencia de los dirigentes y sus albaceas. Ya avizoraban las deformaciones que llevaba en su seno el desarrollo, el crecimiento desmedido, la globalización y los avances desproporcionados de la Europa esclavista. Dickens lo advirtió en las calles de un miserable y degradado Londres, y Balzac en cada rincón y estamento de la sociedad francesa.

Qué no fue el sistema de la Alemania nazi si no la ineludible consecuencia de ese mundo, subhumano y truculento, que esas extraordinarias narraciones de la literatura épica del siglo XIX nos mostraron y que tan bien Kubrick en 1975 fotografió en esa magistral obra que es "Barry Lyndon". Qué diferencia hay entre "La cuestión humana" y "La naranja mecánica", donde en ambas el sistema aliena, enajena y crea métodos de manipulación psicológica para preservar y sostener incólume esas estructuras de dominio y poder. No, Klotz no inventa nada nuevo, sólo recrea muy bien y nos advierte acerca de la actualización de prácticas que han venido, durante siglos, reafirmando la necesidad de ejercer un método eficaz y eficiente a la hora de someter y esclavizar conciencias.

En "The reader" hablábamos de la conciencia histórica, la culpa, y la actitud de ciertos sectores de la sociedad europea, y también occidental, frente a las dos grandes guerras que les tocó justificar, explicar o fundamentar; el latrocinio y el despojo, la muerte y el genocidio, la exterminación y el avasallamiento de pueblos, y tratamos de esclarecer el tono y el objetivo del film desde la perspectiva histórica de aquél que observa impávido y desconcertado cómo se repite, hoy, cuando se trata de afrontar y responder al por qué de semejante inhumanidad, frente a las etnias, las distintas religiones y las nacionalidades diversas que se masacran en distintas regiones de nuestro mundo. En el film que tratamos de entender ahora vemos otra forma de afrontar este interrogante, y observamos cómo el director apela a una de las deformaciones que más han perdurado en el mundo occidental, la utilización de ciertas herramientas con el fin de eliminar los más preciado del hombre, la conciencia de sí y la voluntad para discernir entre la fragmentación de su esencia, la pérdida de los valores elementales para la convivencia y la solidaridad, y la condena a la hambruna y la desaparición de etnias enteras.

Héctor Correa
Punta Alta, octubre de 2009

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