sábado, 31 de enero de 2009

EL CINE HECHO POR NEGROS o un presidente negro hoy viene a cenar a casa



-¿Y piensa que Barack Obama puede ganar las elecciones?-
“Hay esperanzas. Tenemos esperanzas, las mismas esperanzas que nuestros ancestros tuvieron durante la esclavitud, sobreviviendo, yendo a la iglesia, cantando canciones espirituales, rezándole al Todopoderoso, esperando que algún día podamos conocer al fin elegido... Mi abuela vivió hasta los 100 años. Su madre era esclava cuando nació y sin embargo, llegó a tener un título universitario. Pero ella jamás imaginó que hubiese alguna posibilidad de tener a uno de nosotros como Presidente de los Estados Unidos. Te da una idea del movimiento que ha generado este país. Hay muchos jóvenes norteamericanos que no tienen la imagen que vivieron sus padres o sus abuelos. Fíjate la gente que pretende desmitificar el hip hop y sin embargo el 70 por ciento de los chicos blancos lo consumen igual, demostrando que no van a dejarse imponer por las ideas diferentes. Todas las encuestas que están saliendo no creo que tengan en cuenta a esos chicos blancos que van a votar por primera vez. Todo tiene que ver con la esperanza y la oportunidad que tiene este país de concretar lo que nunca hicieron los padres fundadores. En las escuelas no lo enseñan, pero George Washington tenía esclavos. Thomas Jefferson también. Es gracioso, pero si alguien puede demostrar que es descendiente de Thomas Jefferson, puede estudiar en la Universidad de Virginia, completamente gratis. Pero eso lo hicieron mucho antes de que existiera el ADN (Ríe a carcajadas). Ahora, tal vez puedan lograrlo de verdad, porque Jefferson hacía lo suyo con la corte de esclavas.”
Entrevista realizada a Spike Lee en el canadiense Hotel Park Hyatt de Toronto por Fabián W. Waintal el 05-Octubre-2008


Antes que nada debo aclarar algo. Para hacer esta nota tuve que unir dos asuntos muy diferentes. Los desastres naturales en EE.UU y la cultura afroamericana. Pero esto tiene una explicación.

Nueva Orleans es una ciudad única. Dos tercios de su población son negros, y ha sido un puerto esencial en el comercio de esclavos. Además, no hace mucho se convirtió en un testimonio crudo y descarnado de lo que puede hacer un huracán impresionante sobre uno de los estados más pobres de EE.UU, un país poderoso, con muchos recursos humanos y tecnológicos, pero con una cultura despiadada dominada por la codicia, la segregación y los fanatismos religiosos.


Spike Lee, realizador cinematográfico norteamericano y negro, realizó un documental sobre el huracán Katrina que asoló EE.UU., titulado “When the levee broke: A Requiem in Four Acts (Cuando se rompieron los diques-Una tragedia americana-Requiem en 4 actos)”. Los cuatro estados más golpeados fueron Florida, Alabama, Mississippi y Luisiana, pero en el documental se centra en Nueva Orleans (Estado de Luisiana), porque es una ciudad única, como dije antes y ha dicho Lee, ha sido española y francesa, además fue uno de los puertos esclavistas más importantes y ha sido cuna de importantísimos géneros musicales donde dos tercios de la población son de raza negra. En EE.UU esto es muy importante. La ciudad quedó inundada en un 80% y sumergida en un caos del que todavía no se ha repuesto. El documental cuenta la historia del huracán, la ruptura de los diques y el desastre humanitario posterior. También muestra cómo son los planes de reconstrucción y cómo fue la actuación del Gobierno federal durante la tragedia, muy criticada por los afectados por su lentitud e ineficacia. Este testimonio cinematográfico se inicia cuando muestra el famoso desfile de comparsas, personajes y bandas de Nueva Orleans y un grupo de músicos negros encabeza un funeral al son de “Do You Know What It Means To Miss New Orleans” -cantada por ese extraordinario trompetista y mejor vocalista aún, que fue Louis Armstrong (nacido en esa misma ciudad)-, uno de los temas de la música negra más tradicionales y populares del país. El colorido, los movimientos, cómo arrastran sus pies los participantes o se deslizan por las calles de la ciudad, cómo los músicos se desplazan mientras sus instrumentos hacen sonar su lamento, mientras los distintos personajes que se muestran, típicos de ese rito tan particular de los pobladores negros mueven sus cuerpos armónicamente, son imágenes que impresionan por su fuerte compromiso vivencial con una historia de tristeza y esclavitud.

Este es un aspecto, la visión de un artista negro acerca del comportamiento del gobierno federal norteamericano frente a un desastre natural de graves consecuencias sociales y económicas en cuatro estados del sur poblado en su mayoría por negros. El otro aspecto es que la cuestión de la presencia del hombre negro (como realizador o productor) en la industria cinematográfica no ha sido muy numerosa, y por varias razones, entre ellas, étnicas, sociales y políticas, todo un fenómeno de los EE.UU. Alrededor de esto la discusión se ha centrado primero en las oportunidades y segundo en una polémica ideológica sobre la integración o no del negro en la sociedad norteamericana, y por supuesto en el cine.

Actores negros, como Sidney Poitier, en la década del 60, mostraron al negro sufriendo la segregación, la exclusión y el rechazo, pero con el típico atuendo del hombre blanco e incluso compitiendo en ámbitos y aspectos donde era difícil que pudieran descollar. Denzel Washington, uno de los más importantes actores negros de la actualidad, protagonista de numerosos films donde se enfoca con una aguda crítica ciertas actitudes de las fuerzas armadas norteamericanas, y también de su policía, encara en ellas una especie de continuidad de aquél Sidney Poitier. De todas maneras, a pesar de la forma tradicional y convencional de su cine -ha llegado a dirigir alguna película-, no escapa a las normas éticas y estéticas de la gran industria, y no nos extraña. Lo mismo podría decirse de Morgan Freeman o Forest Whitaker.

Es decir, para tratar de aclarar estos conceptos sobre la cuestión negra en Estados Unidos, el “star-system” es muy perverso; así como tuvo su lista negra en la época del macarthysmo mas virulento y su decálogo de moralidad anacrónica y recalcitrante, es capaz de tolerar cierta crítica hacia sí mismo, siempre y cuando los resortes, en última instancia, ético-financieros no impidan acrecentar los márgenes de ganancias convenientes para la continuidad de la explotación cinematográfica, y su consecuente expansión.

John Singleton es otro director negro, autor de Boyz N the Hood (1991), Poetic Justice (1993), Higher Learning (1995), Rosewood (1997), Shaft (2000), Baby Boy (2001), 2 Fast 2 Furious (2003), Four Brothers (2005), Tulia (2009), Luke Cage (2009). Sólo dos rescato, donde retrata Los Ángeles con crudeza y sin mucha consideración, aunque sin abandonar cuando puede algún tono poético, Baby Boy y Poetic Justice, con actores negros y problemáticas étnicas bien actuales.

En cuanto a la literatura escrita por negros, aunque no es tema ahora que quisiéramos abordar, por su complejidad y profunda trascendencia, no ha sido muy prolífica ni ha sido tema muy considerado por el stablishment cultural estadounidense y universal. Ha tenido y tiene, sin embargo, excelentes poetas y narradores, no hay duda.

Pero, sí ha sido muy prolífica la creatividad del negro en el terreno de la música. Esto explica los primeros planos y el fondo musical de “Cuando se rompieron los diques”, la evolución de la música negra desde la esclavitud, y la aparición de las distintas expresiones musicales que dieron origen a uno de los géneros musicales más ricos: el jazz.

En el cine, en el teatro, la comedia musical, los grandes creadores blancos (George Gershwin, Cole Porter, Jerome Kern, etc.) y los grandes músicos de distintas etnias, han bebido, se han nutrido y han producido música negra (jazz). No termina aquí, la música universal ha recibido su influencia, sobran ejemplos y daría pie a una nota mucho más extensa.

Pero en el cine, en la realización, en lo que respecta a la creación cinematográfica, otros rumbos se han perfilado en cuanto a la participación del hombre negro y de la cultura afroamericana en general. La multiculturalidad, esa compleja red cultural, expresión social de un fenómeno humano sin muchos precedentes, por razones étnicas y religiosas también, en este país, no se ha revelado o ha tenido un modo de manifestación muy peculiar, donde ha provocado obras muy ricas y ha dado lugar a injustas exclusiones que aún hoy se sienten y perciben. Otras etnias, otros pueblos, otros hombres de otros lugares del mundo han tratado, y lo han logrado, insertarse en esa civilización. Y surge así una cuestión relevante, por sus implicancias socio-culturales, y es que el origen de las grandes productoras de películas, no ha tenido lugar ni en la comunidad negra, ni en el criollismo, ni en el blanco puro norteamericano. Otro fenómeno se produjo e impregnó esta actividad de cuantiosos dividendos, ganancias, o como quieran llamarlo. Pero generó, por otro lado, uno de los resortes de expansión política y cultural más grandiosos de los últimos siglos.

Desde la caída del imperio otomano, desde la oscura edad media, con su excepcional peculiaridad en todos los órdenes de la vida, desde el renacimiento, con su particular modo de considerar al hombre y a sus obras, no ha habido una complejidad tan contradictoria y a la vez invasiva y desprejuiciada, como la que se creó con la aparición de la imagen fílmica. Si la literatura tuvo que pergeñar una expresión, a veces complementaria y otras independiente y con características propias; si la novela decimonónica tuvo que dar a luz un género que le diera continuidad semántica y actualizada a los nuevos tiempos, el cine fue ese prodigio, no hay duda.

La presencia del negro en el cine ha dado u originado otros fenómenos en la cultura norteamericana, tal es el caso de la “blaxploitation”, o sea un cine producido para actores negros, cuyo rol protagónico se destaca por sobre el blanco. Se destaca pero queda sin respuesta ante el planteo estético. Y sobre esto es necesario, también aclarar algo, no es lo mismo un cine hecho por blancos anglosajones para su difusión y desahogo por todo el mundo, que un cine hecho por otras etnias, sean negros, musulmanes o amarillos. No hay duda que cada expresión, provenga del mundo occidental y cristiano, o del mundo del lejano oriente, tendrá aristas y perfiles propios, peculiares, aunque el resultado final sea cine, un arte como cualquier otro. El hombre creará, realizará su obra y utilizará las herramientas y las formas del género en función de sus capacidades, dones, su subjetividad, y sin duda, la concepción del mundo que posea, es decir, según lo que quiera expresar y cómo lo quiera expresar.

Desde este punto de vista, hablar de un cine hecho por negros, o un cine de blancos, es una cuestión que no tiene mucho futuro ni aporta nada a la creación, ni al arte. Gustará o no gustará, tendrá, desde la forma, más belleza o no, pero desde la realización cinematográfica, el lenguaje, la imagen, etc., no dejará de ser cine.

Otro ángulo es, y los EE.UU se destaca, quizá, como el país más importante, la utilización de este género más allá de los fines puramente estéticos. La expansión cultural, política y económica de este país ha sido única en la historia del hombre. No creo que haya otra manifestación hecha por un país que se compare con este dominio, técnica y formalmente hablando.

En este contexto tan particular, surge un presidente negro. Pensemos si esta historia, en un país donde el prejuicio étnico se constituyó, en algunas regiones más que en otras -no olvidemos la guerra Norte-Sur-, en una forma de vida; donde el ghetto se asentó como una particular estructura urbana; donde el enfrentamiento de las distintas expresiones sociales y culturales generó paralelamente otros tantos enunciados de artistas y personajes de peso en el mundo del arte; pensemos si esta tan alardeada multiculturalidad, caótica, conflictiva y muy dura, puede originar gobiernos tolerantes, pacíficos y solidarios con el mundo entero.




No necesitamos irnos de Hollywood, ni del país, para explicar o ejemplificar, a través del cine, de la historia del cine norteamericano, cómo los distintos creadores, directores, guionistas, fotógrafos, actores, etc., desde el nacimiento de este fenómeno, concibieron o se hicieron eco de esta trama tan compleja de choques y acercamientos interétnicos. También podría suceder que es propia de esta peculiar universalidad, haber nacido y desarrollado así, y que continuará así por el resto de nuestras vidas sin cambios ni alteraciones sustanciales, podría ser. Este imperio es impredecible e imprevisible, o sea que podría, en sus entrañas, manifestarse de cualquier manera, independientemente de nuestra voluntad y racionalidad. Todo podría ser.

Héctor Correa
Punta Alta, enero de 2009

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