lunes, 18 de enero de 2010

DOS NOTAS: X e Y "deslumbrante" análisis sociológico sobre los jóvenes argentinos



Sociedad Generación Y: ¿jóvenes atrapados en la adolescencia?
Tienen entre 18 y 30 años. Crecieron rodeados de tecnología, consumo y publicidad. No creen en el trabajo para toda la vida ni en la política, aunque la ecología logra movilizarlos. Cómo es y cómo ve el mundo esta generación hedonista, a veces díficil de decodificar


Ser Y, un lujo de minorías
Entre los jóvenes de sectores menos favorecidos, valores como la estabilidad laboral siguen siendo prioritarios

jueves, 7 de enero de 2010

LA OLA (Die Welle)





Dirección: Dennis Gansel.
País: Alemania.
Año: 2008.
Duración: 108 min.
Género: Drama.
Interpretación: Jürgen Vogel (Rainer Wenger), Frederick Lau (Tim), Max Riemelt (Marco), Jennifer Ulrich (Karo), Christiane Paul (Anke Wenger), Elyas M'Barek (Sinan), Cristina Do Rego (Lisa), Jacob Matschenz (Dennis), Maximilian Mauff (Kevin), Ferdinand Schmidt-Modrow (Ferdi).
Guión: Dennis Gansel y Peter Thorwart; basado en el relato corto de William Ron Jones y en la obra de Johnny Dawkins y Ron Birnbach.
Producción: Christian Becker, Nina Maag y David Groenewold.
Música: Heiko Maile.
Fotografía: Torsten Breuer.
Montaje: Ueli Christen.
Diseño de producción: Knut Loewe.
Vestuario: Ivana Milos.
Estreno en Alemania: 13 Marzo 2008.


“La Ola” se inscribe en ese tipo de films que, de forma indirecta, intentan volver sobre uno de los hechos más horrendos producidos por el hombre, la Segunda Guerra Mundial. Films en los que se aborda la cuestión de la responsabilidad histórica del pueblo alemán con la estética de la obediencia debida, muy común en los países desarrollados o superdesarrollados de Europa, donde la moda en nuestros días es indagar, a través de la psicología social, sobre ciertos acontecimientos históricos, con el fin de encontrar, si es posible evitar que el espantoso paso de la historia se transforme en un replanteo de sus nefastas formas económicas y sociales, de hoy y de ayer. Habíamos tratado este fenómeno en otra nota acerca de las estructuras neocoloniales (étnicas) y el cine, en especial tratando de analizar ciertos autores y su relación con esta temática.

Señalar que la conciencia colonial de los países centrales de economías muy desarrolladas, adopta actitudes irresponsables y “egocéntricas” frente a los grandes problemas de nuestro planeta, la naturaleza y su depredación, el hambre y la inequidad, ya es una constante en este blog dedicado al cine como expresión -en todos los órdenes- del hombre. Por supuesto, nuestra concepción se asienta en considerar al arte cinematográfico como el más “renacentista” de los géneros artísticos, puesto que en éste confluyen todas las artes, posibilitando que se lleve a buen término su realización; así se desarrolló a través de su historia, y así tomó su última forma estética y fue vehículo de los mejores pensamientos y hechos artísticos de los últimos tiempos. Tal su magnitud y trascendencia universal. Pero, así también refleja la marcha de nuestro mundo en todos sus aspectos, aquellos relacionados con lo humano y su interioridad, como aquellos que se refieren a cómo y qué hacemos con la tierra en que vivimos.

En la búsqueda constante y permanente de su esencia, donde la cuestión humana es el objeto primordial, se han preocupado, los grandes realizadores, de sus bellas y prodigiosas realizaciones, como de sus deformaciones, y sus más peligrosas y perniciosas concepciones. Y éste es el caso.

No creo que haya habido autor que hubiese podido concebir sus obras como despojadas y ajenas a la problemática de lo humano. Todos, de alguna manera, inconsciente o conscientemente, han tomado posición sobre esto y han sido espejo de los acontecimientos relevantes de la realidad, por más intrascendente que hayan sido sus realizaciones. Así, entonces, no existe un cine descomprometido, como no existe un periodismo “independiente”, o una poesía aséptica e ingenua.


Indagar, como hizo Dennis Gansel, en los límites de la perversión, a través de un experimento, en última instancia, es tratar de diseccionar la naturaleza, si existe, del hombre. Introducirse en la mente de unos adolescentes para observar cómo se van generando sus inclinaciones más horrendas como si el ser humano fuera “por naturaleza” depredador, o tuviera una porción de su interioridad –o conciencia- ya establecida un aspecto maligno que sólo hay que despertar por medio de técnicas psicológicas apropiadas, es concebir de antemano que todos somos proclives a tales actos si somos debidamente entrenados. Aparentemente, ni el autor, ni nosotros, creemos que es tan así. La conciencia moral, producto del intercambio y la interacción constante y permanente, con el entorno social y su desarrollo a través de la evolución histórica, en algún momento hace aparición, choca, contradice o se opone, y nos alerta de alguna manera. Hacerse daño a sí mismo hasta la muerte es una forma, o bien las estructuras sociales se conmocionan y “gritan” provocando rupturas o eclosiones muchas veces irremediables. El mundo entero está lleno de ejemplos, los conflictos étnicos e interétnicos es uno de ellos, las guerras mundiales fueron y son sus expresiones más evidentes y claras. Todavía padecemos sus consecuencias. Los países pobres y expoliados, sufrientes y vulnerables, a nivel mundial, son las víctimas de este proceso.


El ojo de la cámara, como les gustaba llamar al uso del fenómeno cinematográfico a los realizadores franceses de la “nouvelle vogue”, intentó plasmar esta realidad, y percibió que, además, debía modificar la técnica de su uso, sus forma, para los nuevos contenidos. Otros, prefirieron continuar la estética tradicional, en lo posible perfeccionándola teniendo en cuenta los avances tecnológicos que se iban produciendo. Pero una sola cosa quedó inmóvil para ambos: la realidad, y debieron tomar consciencia de que era más dura e inalterable que lo pensado, por lo tanto había que incursionar por otros caminos, donde lo que importaba era estar convencido de si es posible modificar esa realidad y hasta dónde sus instrumentos son aptos para tal tarea. Pero sobre esto no hubo mucho consenso, y la gran industria primó, haciendo de esta genial herramienta un mero fenómeno masivo destinado al esparcimiento y el placer.

Otros autores tomaron experimentos, de orden psicológico, para hacer cine, no sé si con el afán de contribuir en esa búsqueda, o como simple vehículo narrativo para hacer más atractiva una historia.

He aquí este film:




Título: I... comme Icare (I como Icaro)
Año: 1979
Género: Thriller
Nacionalidad: Francia
Director: Henri Verneuil
Duración: 123 minutos.

El “experimento de Milgran”, que se introduce en este film, así llamado por haber sido llevado a cabo por Stanley Milgran, psicólogo en la Universidad de Yale, es un ejemplo interesante de lo que estamos diciendo. El experimento de Milgram fue una serie de experimentos de psicología social también llamado “del comportamiento de la obediencia”. El fin de la prueba era medir la buena voluntad de un participante a obedecer las órdenes de una autoridad aún cuando éstas puedan entrar en conflicto con su conciencia personal.

Pero geniales realizadores como Stanley Kubrick adaptaron obras –todavía estamos discutiendo si es una muy excelente adaptación de una muy buena novela-, como “A Clockwork Orange” (La Naranja Mecánica), de 1971, donde utiliza como modelo la técnica de Ludovico, perversa experiencia o más, tanto por su violencia como por la descarnada -y teñida además por la hipercorrupción estatal-, forma en que es usada por los hombres de ciencia al servicio de los poderes constituidos.

Conectar estas experiencias, sobre todo “La Ola” –leer el libro de Morton Rhue, pseudónimo de Todd Strasser, complementaría perfectamente el film, y describe el experimento, llamado La tercera Ola que realizara el profesor Ron Jones, en Palo Alto, California, acerca del fenómeno nazi-, con las causas por las cuales se produjo y se podría producir nuevamente el nazismo, tomado como un producto, más cercano a la psicología social que a la historia, sería como explicar El Imperio Romano como fruto de los afanes de un grupo humano en un lugar y en un tiempo determinado de la historia sin otra conexión que las razones interiores, deformadas y patológicas, de sus afiebradas mentes. Que es muy complejo, desde los fenómenos socio-económicos que se fueron produciendo en la Europa de comienzos del s. XX, intentar, por un lado, establecer las razones históricas del surgimiento de una Alemania con las características de un afán expansionista desmesurado como ningún otro país tuvo hasta ese momento –luego veremos que la historia siguió- no cabe duda, así como por el otro, determinar responsabilidades a partir de la psicología social, sobre la conciencia de un pueblo que se suma masivamente al proceso, horripilante proceso, es una labor histórico-científica sin parangón. Quizá, se lo pueda comparar con el conocimiento y la búsqueda de la cadena genética y sus consecuencias, para poder comprender la magnitud de tal tarea.

En un pequeño, pero sustancioso, análisis de un film alemán, vemos como el crítico Giullo Cesare Castello, incursiona en este tema tan complejo:

Kinder, Müter und ein General, de Lazlo Benedek, 1955, Alemania Occidental.( De Bianco e Nero, Roma, mayo de 1957).

Las recientes tentativas del cine alemán occidental en el sentido de un "replanteo" de la historia de su país durante el nazismo --o, más precisamente, durante la guerra hitleriana- no siempre han sido acogidas en Italia con serenidad. Es frecuente encontrar acusaciones de mala fe, pues se sospecha que se está buscando a toda costa, a través del sugerente lenguaje universal, que es el cine, una "coartada póstuma para un pueblo y su clase dirigente. Es honrado reconocer que esa sospecha tiene más de un justificativo: en algunas de esas películas se sostiene con insistencia la tesis de que toda la responsabilidad de una serie monstruosa de hechos nefastos debe atribuirse a un partido, o en último caso a un hombre, cuando todos nosotros conocemos por experiencia la maciza solidaridad con que la inmensa mayoría del pueblo alemán siguió las directivas de sus Jefes, por lo menos hasta que la suerte de las armas comenzó a serles ruinosa.


Por otro lado es evidente que a esta altura de los acontecimientos hay subproductos de esa corriente que nos interesa hasta cierto punto; nos referimos a las obras de alguna talla, aquellas en las que puede comprobarse la existencia de una razón moral auténtica, de una sinceridad innegable, por lo menos en lo que se refiere a ese autor en particular. Ya se sostuvo una polémica al respecto a raíz de la exhibición “El general del diablo”, película que no se podía rechazar ligeramente sobre la base de desconfianzas genéricas: nombres como los del dramaturgo Carl Zuckrnayer y el director Hèmut Käutner constituían seria garantía de honradez. En realidad, Käutner representa el caso más típico de toda una tendencia. No se trata de una personalidad comprometida en una dirección determinada desde el punto de vista político, y no me parece que sea obligatorio pretender una posición de su parte.


Pero el humanitarismo, el antibelicismo, la repulsión de este director por los mitos retóricos, me parecen por encima de toda sospecha. Si ha realizado en la posguerra obras como “El último puente” (cuyo valor moral consistía en la aparente falta de toma de posición que algunos críticos celosos le imputaron), como” El general del diablo”, como” El capitán de Köpenik”, como “Cielo sin estrellas”, no hay que olvidar que en plena guerra filmó “Un día y una noche”, película indudablemente singular y que se destaca dentro de la producción nazi de la época. Es exacto que su temperamento induce a Käutner a poner límites a su propia polémica (“El capitán de Köpenick” es buen ejemplo de esto), pero negar a su cine la calificación de "civil" sería, a la par que poco generoso, absolutamente ingenuo. Por otro lado, “El general del diablo” es una película que puede servir para explicar muchas cosas referentes a las razones y los medios con que el nazismo se sostuvo, gracias también al apoyo de individuos que no creían sustancialmente en él y para los que no se puede decir que Käutner demuestre indulgencia irracional (solamente su connatural “imparcialidad” lo empuja a iluminar hasta el fondo lo que pirandelianamente podríamos definir como "la razón de los demás"). Más sospechoso resulta el cine alemán cuando intenta ilustrar la gesta de una "resistencia" nacional. Pero aquí también se trata de modos, de medida. La resistencia alemana fue un fenómeno, en el conjunto, de escaso relieve: en sus aspectos más notables se basó, sobre todo, en la rebelión de algunos exponentes de la casta militar que no podían acostumbrarse a la de una catástrofe en la que el partido la había metido (véase la película, sobre el atentado del 20 de julio, que fue el clon de aquel desgraciado movimiento). Pero, visto lo que antecede, no se puede negar a los alemanes el derecho de recordar y de recordar a los demás la existencia de un fenómeno que sería deshonesto negar aunque deba circunscribirse a sus proporciones exactas. Hay además películas sobre la guerra tout court, y también aquí es indispensable distinguir el cómodo sistema de atribuir toda la responsabilidad a único y cómodo chivo emisario (sea el Führer o el partido nacionalsocialista) y la tentativa de cumplir con un examen de conciencia, aunque más no sea que parcial, en el que se exprese un sincero repudio de la violencia organizada militarmente. El punto obligado de referencia es la serie 08/15, que no deja de ser ambigua pero que tiene una violencia polémica acorde con una tradición positiva en literatura y en cine.


Es cierto que en estas películas (sobre todo en la primera de la serie), los chivos emisarios parecen haber sido elegidos un poco "marginalmente" (los suboficiales, por ejemplo), y tal enfoque no puede dejar de generar protestas; pero también es verdad que esas películas persiguen como objetivo la sátira de la vida militar como manifestación de absurdas coacciones sobre la colectividad. Dentro de estos límites se trata de obras probablemente sinceras y dotadas de insólito sentido crítico.


Pero el punto más avanzado a que ha llegado la polémica antimilitarista desarrollada en el cine alemán está, sin duda, en “Hijos, madres y un general”, película que lleva la firma de Lazlo Benedek, húngaro de origen, quien se había abierto crédito en Hollywood con realizaciones como “La muerte de un viajante” y “El salvaje”. Me parece innegable que se trata de una película contra la guerra, en la que no hay reservas mentales (resta saber si hubiera ocurrido lo mismo en caso de una victoria alemana, dirá el lector; de acuerdo, pero olvidemos que la película ha sido producida por Erick Pommer, otra personalidad insospechable). Basta escuchar el diálogo indudablemente pletórico y prolijo, pero explícito, sobre el que se basa, en buena parte, el aspecto polémico de la obra. En su generoso esfuerzo de denuncia de la guerra como fuente de horrores y estragos, la película se acerca, más que ninguna otra producida en Alemania después de 1945, a ciertas realizaciones filmadas alrededor de 1930, tales como “Cuatro de infantería” (y, de otro modo,” La tragedia de la mina”) de Pabst, “Tierra de nadie” de Trivas, y sobre todo “Sin novedad en frente” de Milestone.


El relato se refiere a una realidad reconocible y particularmente amarga de los últimos meses de guerra, en los que la exaltación provocada, por la insensata propaganda nazi indujo a muchos muchachos alemanes (algunos de los cuales no habían llegado a la adolescencia) a enrolarse voluntariamente como carne de cañón contra los rusos que habían ocupado el territorio nacional. Piénsese en ese noticiario que mostró Pabst en una escena de “El último acto”, en el que Hitler se reúne un batallón de estos jovencitos inconscientes. La película de Benedek trata de un grupo de mujeres -algunas madres y una hermana- , de Stettrin, las cuales, al conocer la fuga de sus niños, parten a buscarlos y llegan a la primera línea del frente para rescatarlos, con las razones del buen sentido y del amor, de la férrea "razón militar". A pesar de todo, tal intervención no parece haber sido inútil, pues, en un momento dado un oficial decide la retirada a un lugar aislado, a pesar de las órdenes superiores de resistencia a toda costa. Pero en el último momento una orden de contraofensiva vuelve a arrancar a las mujeres sus criaturas, víctimas de un fanatismo ciego; la partida de la columna hacia su nuevo destino, con esas mujeres desesperadamente solas por segunda vez, tomada en plano larguísimo, constituye el mejor momento de la película que concluye con solemne, doloroso pathos, una parábola, contrapesada por algunos elementos narrativos destinados a apoyar una "trama" descarnada en la cual hay, como hemos anotado, una verbosidad arrolladora aunque significativa. En sustancia, los valores de la película no son absolutos, sino relativos en gran parte a la importancia de un mensaje hay derecho de considerar sincero (y debe señalarse que película ha conquistado en su país notables reconocimientos oficiales), destinado a ser eficaz, a través de la denuncia, como ejemplo de las desastrosas consecuencias que ciertas concesiones provocan en las generaciones más jóvenes."

GIULIO CESARE CASTELLO -texto extraído del libro “Cómo se mira un film” de Giacomo Gambetti y Enzo Sermasi, EUDEBA (Buenos Aires,1962)


Habíamos hablado, en la crítica sobre “El lector”, sobre la conciencia histórica de los pueblos y su responsabilidad moral. En este caso frente al fenómeno del nazismo. En esta película, una mujer se involucra en la matanza de judíos, luego, toma una decisión extraña al hacerse cargo voluntariamente y frente a los jueces de dicha disposición, por lo cual es condenada. Si es culpable o inocente no es relevante. Lo interesante aquí es su actitud frente al hecho. Supera lo que podríamos llamar “justicia” para adoptar una decisión moral trascendental al reconocer la tremenda responsabilidad histórica del pueblo alemán, por lo menos de aquél pueblo que miró hacia un costado cuando sus compatriotas llevaban a la muerte a otros hombres en nombre de una concepción del mundo expansionista, falsa y tenebrosa. Por supuesto, para entender esto partimos de un punto de vista donde este personaje funciona como un elemento metafórico o simbólico, síntesis de un pueblo y de una ideología.

En “La ola”, la supuesta recreación del proceso psico-sociológico del nacimiento y consolidación del nazismo en un grupo de alumnos de un colegio alemán (norteamericano en el libro), a partir de lo más simple hacia lo más complejo donde la muerte es su conclusión, funcionaría de la misma manera, ya que nos llevaría al mismo interrogante: si es posible que un pueblo, una comunidad de chicos en este caso, es capaz de involucrarse, -lo que es lo mismo ser indiferente-, o tomar una posición activa y comprometida con la ideología y las creencias que alimentan tal posición frente al mundo.

Muchos podrán extrañarse frente a este experimento y sus conclusiones. Lo que sí es cierto es que la historia de los pueblos y las naciones –a través de sus instituciones-, está repleta de ejemplos, de conciencias impasibles, y de responsabilidades morales colectivas capaces de provocar holocaustos tremendos jamás juzgados o puestos sobre el tapete de la historia.


La película está bien hecha, sus imágenes ayudan y mucho a trasladarnos a la intolerancia y la irresponsabilidad, la narración nutre con cierta inteligencia el proceso. Involucra personajes, transparenta conflictos de conciencia y desarma psicologías que aparentaban fortaleza pero que en realidad escondían indiferencia y desinterés, así como otras, movidas por el mero interés personal, descreen y minimizan los hechos contundentes de una transformación indiscutible, o bien se montan sobre la experiencia y en el “éxito”, mentiroso éxito disciplinario. Pero esto es la cáscara, la experiencia apunta a lo otro, más severo, profundo y apocalíptico. La pregunta va dirigida hacia otra dimensión, sin duda. Y no creo que se trate de la posibilidad de que se repita, más bien se trata de afrontar lo sucedido y hacerse cargo ahora, ante el hombre de hoy, producto además de una historia cruenta y deshumanizada. Y aquí entra en el juego Kubrick, su “Naranja Mecánica”, que quizá sea la muestra de un futuro de esa naturaleza y de esos responsables.

Héctor Correa
Punta Alta, enero de 2010



martes, 5 de enero de 2010

TEMA APASIONANTE Y POLÉMICO SOBRE EL CINE

Tema apasionante y polémico sobre el cine: podemos estar de acuerdo o no, pero, sin duda nos hará reflexionar sobre el arte cinematográfico.

(Entrevista realizada por LLUÍS AMIGUET a Fernando Trueba, el 05 de enero de 2010, extraída del diario LA VANGUARDIA.ES)

Fernando Trueba, cineasta, opta a su segundo Oscar con ´El baile de la Victoria´

"He hecho cine sin dinero, pero nunca por dinero"

LLUÍS AMIGUET - 05/01/2010

Tengo 55: con los años se aprende y desaprende. Yo no soy un tema que me ocupe. Nací en el Estrecho, Madrid: mis padres trabajaron muchísimo. No tengo ningún paraíso perdido en el pasado de este país que fue siniestro. Un superhéroe es un imbécil vestido de modo grotesco

Me ha emocionado su película y no quería...

Pues quiera, hombre, quiera: en el cine hay que abandonarse a la peli y reírla y llorarla y dejarte que se apodere de ti. A mí lo que me gusta en el cine es que la película me lleve.

¿Como profesional no nota los trucos?

A veces he visto una película muy buena varias veces para analizarla y aprender, pero era tan buena, que, al final, acabo sin analizar nada, pero vuelvo a disfrutar de cada plano como un colegial.

¿Y cuando la dirige?

Exactamente igual: lea usted los Cincuenta consejos mágicos para pintar de Dalí.

¿Y lo entenderé?

Lo entenderá si lo lee con todo; no sólo con la razón. Dalí da consejos estrambóticos como: "Para pintar el cuadro - creo recordar-.mire al modelo por el hueco de un erizo"...


Era su método "paranoico-crítico".


Y al llegar al consejo número 50, Dalí remata: "Pero todos esos consejos no sirven para nada si, en el momento de pintar, tu mano no es guiada por un ángel".
¡...!


... ¡Un ángel! Es una de las verdades más profundas que he oído en mi vida.

¿Quién es el ángel?

El ángel es aquello que, cuando estás creando, te guía más allá de ti mismo y tu raciocinio: no es tu cultura, ni tu oficio, ni tu inteligencia... El ángel es la obra que te lleva y hace de ti un mero médium.


... El ángel es la película que ruedas; el libro que escribes; el poema que concibes y que te engulle y arrastra con su propia lógica. En esos momentos, cuando noto al ángel de la película que guía mi mano, cuando no soy yo, es cuando disfruto haciendo cine.

¿Y si no llega el ángel?

Si puedo analizar o dirigir una película fríamente es que no es buena.

A veces se hacen para pagar facturas.

Yo he hecho películas sin dinero, pero nunca por dinero.

Hubo quien las hizo y bien.

Billy Wilder me confesó un día: "Los periodistas no paran de decir que el sistema de Hollywood no me deja hacer más películas y yo lo que lamento no es no haber hecho seis más sino no haber hecho seis menos."

Seguro que no eran tan malas.

Buñuel y John Ford hicieron películas para mantener a la familia, pero a mí no me sale.

¿Por qué?

No lo sé. Tampoco miro mis películas ni leo las entrevistas que me hacen: yo no soy un tema que me ocupe.

Pues Dalí era un genio narcisista.

El genio se manifiesta por cariño. Cuanto más cariño necesitas, más te esfuerzas por ser genial. La búsqueda de cariño es el motor del genio y de cualquier forma de arte.

¿Crear es una muestra de debilidad?

No lo dude. Todos queremos que nos quieran y si eres un genio creas genialidades para que te quieran.


O por lo menos te lean o te miren o...


Cualquier obra de arte: película, novela, cuadro, poema... Es maravillosa cuando la ves: "¡inolvidable!", repites. Pero pasan los años de verdad y ¿qué recordamos de ella?

Depende de la lotería de la memoria.


Con el tiempo, todo se confunde en el mercadillo de la memoria: un cuento que te contó tu madre con algo que te pasó en el colegio y un cuadro con otro y aquella película magnífica con un anuncio de champú.

¿Qué nos queda entonces?

La intensidad y nobleza del sentimiento: su aspiración de trascender. En cambio, hoy cultivamos el realismo sucio; la vulgaridad deliberada; el cinismo... Borges decía que el western era la última forma de épica.


Cinematográfica.


No; literaria. El cine, como dijo Azcona, genial, no es más que otro género literario.

El western tenía, como la Ilíada, héroes, duelos y mundos por explorar...


La épica surge cuando un ser humano hace algo sobrehumano: es capaz de luchar y morir en un instante o de vivir toda una vida por y para los demás.


Buscamos la ejemplaridad perdida.


Y no la hallaremos sin épica. Pero hoy no tenemos héroes, sino superhéroes, que son todo lo contrario de la épica.


¿Superman no es personaje épico?

Un superhéroe es un imbécil vestido de forma estrafalaria, un fracaso de la ficción.


Si los efectos especiales son buenos...

Serán lo que sean, pero no son cine. El superhéroe carece de aliento épico, de grandeza: es fruto barato de esta época sin héroes pero con supergilipollas con superpoderes.


A ratitos son humanos.


¡Sandeces! Un héroe de verdad es un cínico capaz de tragarse hasta su propio cinismo para jugárselo todo en un instante por los demás sin esperar nada a cambio.


¿Dónde están hoy los héroes?

Los he visto cuando rodé El milagro de Candeal. Son niños y viejos luchando día a día por mejorar su comunidad, cada metro cuadrado donde viven...


No sé si eso es muy taquillero.


Me decían: "¡Pero qué estas haciendo!"...

Cine ONG.

Para mejorar el mundo siempre hay que ser ingenuo. Porque los inteligentes se quedan en los bares haciendo frases y jurando que "el mundo es una mierda y no hay Dios que lo arregle". Olvidan que si la inteligencia te paraliza, es una estupidez.

"He hecho cine sin dinero, pero nunca por dinero"



Con los ojos cerrados



"Las mejores películas se ven con los ojos cerrados", sentencia Trueba. Y me amonesta por decirle que con su cine me he emocionado a menudo, pero a mi pesar, porque quería estar atento a sus trucos de gran oficio. "No vaya al cine de crítico - aconseja-,porque si una película no consigue que apague su razón y se abandone al sentimiento, es que no es cine". Sin emoción como mucho sólo hay inteligencia, pero "si la inteligencia - concluye-te impide disfrutar, es una estupidez". Y entonces se emociona al recordar a Rafael Azcona, "genio sin pretenderlo" del género literario que es el cine: "Un género en el que los directores sólo somos quienes cuidamos de todo lo que pasa dentro del rectángulo".

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martes, 15 de diciembre de 2009

EL CINE Y LA EDUCACIÓN SEGÚN HOLLYWOOD - CRÍTICA E INGENUIDAD



"Los instrumentos de la guerra tienen un papel que jugar para mantener la paz", dijo el presidente estadounidense al recibir el galardón en Oslo. Intentó justificar así su decisión de mantener y reforzar la presencia militar en Afganistán. Afirmó además que sus logros "son escasos".
Barack Obama al recibir el Premio Nobel de la Paz (Jueves 10, Diciembre 2009)


“Cuanto más crítico un grupo humano, tanto más democrático y permeable es. Tanto más democrático, cuanto más ligado a las condiciones de su circunstancia. Tanto menos experiencias democráticas exigen de él el conocimiento crítico de su realidad, participando en ella, intimando con ella, cuanto más superpuesto esté a su realidad e inclinado a formas ingenuas de encararla –formas ingenuas de percibirla, formas verbosas de representarla-, cuanto menos crítica haya en nosotros, tanto más ingenuamente tratamos los problemas y discutimos superficialmente los asuntos.”
Paulo Freire, “La educación como práctica de la libertad”, 1969



Hollywood creó los géneros cinematográficos, pero no hizo de la educación, mejor dicho de su visión o concepción de la educación, un género más, por suerte. Es así que conocemos el cine policial, el bélico, la comedia musical, el cómico, el melodrama, el western, y algún otro más, pero sobre la enseñanza, la ignorancia, la formación del niño y el adolescente, la pedagogía, el analfabetismo, o la incultura, no logró estructurar una forma especial cinematográfica, aunque sí penetró, incursionó o cruzó, sin duda, todas sus producciones con sus ideas relacionadas con la actividad más importante del hombre sobre la tierra: la educación. Y esto tiene una explicación.

Desde las primeras obras, en los comienzos, hace más de un siglo, se observa, como no puede ser de otra manera, que la cultura norteamericana es el gran tema de su cinematografía. Por supuesto, detrás, como soporte formal, toda una estética sustenta este hecho cultural supranacional o universal. Esto es importante de remarcar. Si no hubiese habido cierta concepción formal de cómo hacer este cine no podría haberse sostenido su expansión. Si los encuadres, las escenas, las secuencias, toda la planificación, el guión con sus diálogos y su música, no hubiese respondido a un criterio político-cultural, por un lado, y a una necesidad de llegar, por el otro, a la mayor cantidad de espectadores posible, por razones económicas, el fenómeno no hubiera sido posible. La gramática, el lenguaje del cine adopta una estructura lógica propia, hacer de este medio lo más accesible y viable para el espectador, de tal manera que se despoja de todo aquello que mediatiza o que impide una comprensión simple y sencilla de la historia, desde el punto de vista narrativo, al mismo tiempo que el cuento transporta todo ese caudal temático y conceptual de la cultura occidental y del imperio. Desde lo moral-costumbrista hasta lo ideológico y filosófico de lo que alimenta y se nutre la sociedad estadounidense. Al fin de cuentas los géneros que hemos mencionado no son más que la expresión de todo esto.

La polémica forma-contenido se torna trivial, en este contexto, frente a la ingenuidad formal de las imágenes hollywoodenses, esto le garantiza no sólo una llegada masiva e indiscriminada, sino una actitud acrítica de la realidad que se le transmite y el espectador pasivamente absorbe. La profundidad semántica se transforma en un simple y elemental proceso de causa y efecto donde el montaje y los planos se trivializan hasta el hartazgo, y los diálogos y la música responden mecánicamente a los intereses superiores de la historia contada superficialmente con la menor cantidad de aristas conceptuales. Esto es así ya que el producto, serialmente concebido, debía llegar en forma directa y efectiva al espectador masivo.

Para sustentar esta concepción narrativa a través de las imágenes en movimiento nada mejor que la estética aristotélica asentada en las unidades y el desarrollo de los géneros con reglas y normas para estructuras fijas e inamovibles en lo que a contenidos, y en consecuencia, sus correspondientes “formas”. El montaje fue una herramienta de una capacidad extraordinaria que manejada por técnicos y especialistas de las grandes productoras consolidaron un cine industrial y comercial de gigantescas proporciones y de gran alcance cultural en todo el mundo. Eso fue Hollywood.



Fue así hasta que un grupo de cineastas franceses, tales son los casos de François Truffaut, Jean-Luc Godard, Jacques Rivette, Éric Rohmer o Claude Chabrol, y sobre todos ellos su precursor Jean Pierre Melville, provocan una ruptura en el modo de narrar y concebir la estructura formal del cine, hasta tal punto que ponen en tela de juicio todo lo que se había hecho hasta alrededor de 1950 que es cuando surgen, generando obras como “Los 400 golpes”, “Hiroshima mon amour”, “Orfeo Negro”, etc. Todos alrededor de autores como Marguerite Duras y Alain Robbe-Grillet, quienes desarrollan en literatura una obra subversiva y provocadora frente a la más conservadoras y estereotipadas formas vigentes de la narrativa universal. Por supuesto todo esto tiene antecedentes incuestionables y de una trascendencia muy pesada tanto en el cine como en la letras. En EE.UU. Orson Welles crea su obra maestra “El ciudadano Kane” considerada cumbre por su precoz forma de concebir el tiempo cinematográfico y por ende la forma de contar una historia. Y en la ex Unión Soviética las discusiones político-ideológicas se insertan como para determinar de qué manera las cuestiones sociales y sus luchas determinan los procesos y las estéticas cinematográficas.



Mientras se desenvuelven todos estos acontecimientos en el mundo del arte en general y en el cine en particular, Hollywood prosigue su inserción en el mundo del entretenimiento, puesto que así es concebido por las grandes productoras este fenómeno llamado cine. Así y todo, y como muy bien lo describe Amílcar Moretti en su excelente nota sobre “Hollywood: libros al cine (La buena literatura siempre fue inspiradora)”, en el Diario “El Día” del 05 de marzo de 2008:


“Los Oscar a "Sin lugar para los débiles" y "Petróleo sangriento", basadas en novelas de Corman McCarthy y Upton Sinclair, notables escritores norteamericanos, dieron lugar a que algunas informaciones descubrieran como novedad que el cine norteamericano toma como inspiración su propia literatura. Oscar o no, Hollywood siempre apeló a obras de los mejores escritores del país. En la entrega de las producciones de 1932-33, "Adiós a la armas", sobre la novela de Hemingway, se llevó una estatuilla. Eso sin tener en cuenta que ya en la ceremonia que inauguró el ritual, en 1927, "Alma pecadora", basada en "Lluvia" de Somerset Maugham (inglés), figuró entre las nominadas, y al año siguiente tuvo su estatuilla la olvidada "El puente de San Luis Rey", de la novela de Thorton Wilder. Y en la entrega de 1930 el Oscar a la mejor película fue para "Sin novedad en el frente", sobre el libro de Remarque (norteamericano nacionalizado de origen alemán). De modo que el asunto no es nuevo. Por el contrario, se practicó siempre con dispares y contradictorios resultados. A veces, de novelas malas surgieron películas excelentes, como "El Padrino" o "El silencio de los inocentes", dirigidas respectivamente por Coppola y Jonathan Demme. Otras veces, las más, de novelas notables quedaron películas mediocres. En pocos casos textos valiosos dieron lugar a filmes de calidad muy premiados, por caso "Viñas de ira", escritura de Steinbeck y cine de John Ford.”

Lo que presupone, de alguna manera, que ciertas corrientes, en ocasiones de mucha preponderancia, narrativas, y junto con ellas, directores de alta calidad artesanal, pudieron hacer prevalecer sus concepciones y formas de hacer un cine no precisamente acrítico. Basta mencionar, como ejemplo, entre otras, las tres, que si bien se ubican en lo más alto del “star system”, incursionan en temáticas de muy profundo impacto cultural y social, me refiero a “Al Este del Paraíso (East of Eden)” de Elia Kazan, -1955-, “Rebelde sin causa (Rebel without a cause)” de Nicholas Ray, -1955-, y “Gigante (Giant)” de George Stevens, -1956-, todas protagonizadas por el mítico James Dean.



Sobre la base de esta idea y de este potente instrumento pergeñado por los Estados Unidos, otras obras cinematográficas incursionaron en los temas cruciales de la educación, entendida ésta como producto y proyección de cierta concepción del mundo, y se constituyeron, algunas de ellos en verdaderos hitos en su tratamiento tal el caso de la “Sociedad de los poetas muertos” -Dead Poets Society-, película de Peter Weir, un australiano que en 1989, toma la concepción hedonista del “carpe diem” (en latín: vive el día -Carpe diem quam minimum credula postero- frase o locución de Horacio en sus Odas, de honda repercusión moral frente a la idea de la muerte en la Roma antigua) para replantear o poner al descubierto la hipocresía moral del sistema educativo, conservador, elitista y retrógrado, del sistema educativo norteamericano, apelando desde el punto de vista estético a las mismas formas hollywoodenses que se nutrieron de esa moral. Y no es nada extraño, como ejemplo, ya que es bien notorio que uno de los mecanismos que ha usado la cinematografía de EE.UU es haber producido films muy críticos y a la vez muy tolerados, lo mismo en la poesía como en la narrativa. Esto determinó todo un cumulo de films que se detuvieron en mostrar y criticar ácidamente el estilo de vida norteamericano, pero con una particularidad, sin ir mucho más lejos en cuanto a las raíces o las últimas causas de la constitución de la potencia. Además todo un proceso de autocensura se instaló fundado en primer lugar en campañas y listas negras (v.gr. el mccarthysmo) y luego en la posibilidad de que los autores pudiesen crear sus obras con cierta libertad e independencia.

Otras obras, en la misma tónica de la estética “ingenua”, antecedieron a la “Sociedad de los poetas muertos”, siempre hablando del cine hecho en EE.UU. Tal el caso de “Semilla de maldad” y “Al maestro con cariño”. Sólo diremos de estas obras que incursionaron en este tema, que son claras en algunos aspectos, especialmente en aquellos que se refieren a la situación interétnica y social de post-guerra, y a la difusión de ciertos valores referidos a la preservación del “statu-quo” y el “destino manifiesto”, como ejes de naturaleza cultural y educativa. Hollywood era consciente de los peligros interculturales del avance de la etnias en la sociedad y de los problemas económicos y sociales de la reinserción de los combatientes, así como de las consecuencias de su participación como nación en la Guerra Mundial contra el nazismo, con todo lo que esto implicó e implica en la actualidad.

En otros países, de la Europa bélica y post-bélica, conservadora a ultranza como El Reino Unido, y “de gaullista” en el caso de Francia, se generaba una cinematografía que en los temas atinentes a la educación pasaban de la mera y trivial apología del sistema con en las dos versiones de “Adiós, Mr. Chips”, o la crítica cruenta y despiadada de “If” -Lindsay Anderson-, “The wall” –Alan Parker- o “El Sr. de las moscas” (Lord Of The Flies) -Harry Hook-, a la sombra del mayor y más rico movimiento del cine inglés, el llamado “Free Cinema” (Karel Reisz, Tony Richardson, Lindsay Anderson, etc.). En Francia, quizá la más importante haya sido “Les quatre cents coups (1959)” de François Truffaut obra que si bien fue considerada como perteneciente a la corriente de la “Nouvelle Vague” en muchos aspectos lo trasciende por su magnífico análisis de las contradicciones insalvables de la educación establecida o estatal y la cruda realidad de la infancia abandonada a su suerte en un país muy desarrollado de la Europa decadente. Luego vendrán enfoques más modernos como la inocua “Ser y tener” (2002), o la muy interesante “Entre les murs” (Entre los muros) -2008- ya comentada en este blog.

El nuevo cine alemán, o sea el de los últimos años, se ha introducido con valentía y dubitativamente en este terreno, pero con la particularidad de su irremediable herencia histórica –la conciencia de los pueblos-, lo que provocó que sus historias giraran en torno a la herencia y las consecuencias de su pasado nazi. Tal el caso de “La ola” (Die Welle) -2008- de Dennis Gansel. “El lector” del británico Stephen Daldry -2008-, ambientada en la Alemania de post-guerra es, por el tratamiento de su polémico y complejo tema casi una película alemana, ya que asume quizá la mayor problemática del país más importante de Europa, aquella que pone sobre el tapete la conciencia del pueblo alemán frente a su responsabilidad de lo que significó la tragedia mundial de la guerra. Un tema o una cuestión que la educación alemana deberá abordar o enfrentar para bien del hombre a nivel universal. Trataremos de decir algo en una próxima nota acerca de “La ola”, experiencia que merece cierto tratamiento a raíz de este planteo crucial para la humanidad.

Desde otro ángulo, y dentro del mejor cine alemán, cabe mencionar “El enigma de Kaspar Hauser” de Werner Herzog (1975), donde aborda una de las más curiosas historias acerca de la educación en la Alemania del s. XIX, sistema que cuida Herzog de mostrar y de denunciar por su actualidad y vigencia. Merece ser vista, por su cuidada realización y la profundidad de su planeo que traduce en imágenes a veces crueles y otras veces intensas por su exaltación de los valores humanos más profundos e inquietantes, o bien, de las miserias de los hombres frente a lo no normal y desconocido.



Lo mismo puede decirse, pero ya adentrándonos en el cine italiano de los hermanos Paolo y Vittorio Taviani, quienes en 1977 crean “Padre Padrone”, -adaptación de la novela “Padre Padrone. L'educazione di un pastore” de Gavino Ledda- film que irrumpe en la Italia profunda, la del campesino o el pastor del sur abandonado y despojado. Aquí la educación, en sus formas más primitivas y esenciales, se trata como un derecho o un fin inalienable para la formación y el enriquecimiento del hombre como hombre. Todo un tema.



Y para terminar, y como obra cumbre del tratamiento que se le ha dado al tema educativo, por los autores de real significación y trascendencia, ya sea por la forma de abordarlo o por las consideraciones de los fines que con ella han experimentado sectores del stablishment, tenemos que analizar o por o menos tocar algunos aspectos del film de Stanley Kubrick “La Naranja Mecánica” -A Clockwork Orange, 1971-, adaptación magistral de la novela (1962) de Anthony Burgess del mismo nombre. La película, considerada extremadamente violenta, trata sobre la utilización del método llamado Ludovico, una experiencia de readaptación para hombres violentos, quienes terminan siendo sometidos y con la voluntad anulada como un claro ejemplo de deshumanización y utilización de técnicas que ignoran la integridad y la esencia precisamente del sujeto a quien quieren reeducar. Un planteo sumamente polémico, tanto por su crítico y trágico tratamiento, como por destilar una violencia que refleja una sociedad enferma y sucia en un futuro cercano.

Héctor Correa
Punta Alta, diciembre de 2009

domingo, 15 de noviembre de 2009

La vejez y tirar un viejo por la ventana todos los días: o cómo el diagnóstico alimenta la violencia cotidiana

Ser viejo



El fenómeno de la nueva ancianidad bajo la óptica de la filosofía y la sociología modernas. Por qué la vejez dejó de ser sinónimo de autoridad y sabiduría. Un ensayo sin concesiones de Diana Cohen Agrest sobre los cambios culturales que afectan a la tercera edad.



"Parece, pues, que una vejez honorable lo es si se vale por sí misma, conserva sus derechos, no se hace esclava de nadie, si mantiene hasta la muerte la autoridad sobre los suyos. Me complace el joven que posee madurez y el anciano que tiene alma juvenil. De lo que puede concluirse que se puede ser viejo de cuerpo, nunca de espíritu".

"Cato maior, sive De Senectute"
Marco Tulio Cicerón (Arpino, 106 adC- Formia, 43 adC)

sábado, 14 de noviembre de 2009

EL SECRETO DE SUS OJOS. TRANSCULTURACIÓN O DEPENDENCIA



TÍTULO ORIGINAL El secreto de sus ojos
AÑO 2009
DURACIÓN 126 min.
PAÍS Argentina
DIRECTOR Juan José Campanella
GUIÓN Juan José Campanella, Eduardo Sacheri
MÚSICA Federico Jusid, Emilio Kauderer
FOTOGRAFÍA Félix Monti
REPARTO Ricardo Darín, Soledad Villamil, Guillermo Francella, Pablo Rago, Javier Godino, José Luis Gioia, Mario Alarcón, Mariano Argento, Ricardo Cerone, David Di Nápoli
PRODUCTORA Coproducción Argentina-España; 100 Bares / Tornasol Films / Haddock Films / Telefé


Antes que nada queremos decir algo sobre el cine que se hace en nuestro país. En nuestro universo el cine norteamericano, o sea el cine hecho en Hollywood, es el que prima, es así, nos guste o no. Pero, no sólo por la cantidad y la profusión con que se distribuye, sino y en especial porque toda una estética, una "forma" de crear y realizar films fue lo que determinó tal prodigalidad. Una forma que estuvo y está aún, y creo que por mucho tiempo más, enraizada en la cultura de ese imperio. Esto quiere decir que si bien los orígenes del cine podemos ubicarlo en otros países -se lo dejamos a los historiadores-; tuvo extraordinarios aportes de Rusia y la ex-Unión Soviética; se indagó, investigó y desarrolló por obra de profundos y minuciosos teóricos en toda Europa; pero en realidad fueron los estadounidenses los que lograron e hicieron una grandiosa, eficaz y provechosa industria del séptimo arte. Ahora, si bien el criterio comercial fue el que motivó y puso en marcha esta maquinaria, la praxis cinematográfica fue superada por un objetivo superior que algunos llamaron el "destino manifiesto", lo que significó en especial hacer del cine un vehículo propicio y apropiado para la difusión de un estilo de vida bien claro y definido, el occidental y judeo-cristiano.

Esta peculiar forma de fabricar films, por supuesto, no surgió espontáneamente, miles de años de desarrollo humano fueron necesarios para definir y llegar a la penosa conclusión de que la "cultura de masas" -y la implícita concepción del mundo-, era la expresión más práctica y eficiente de llegar a todos los rincones del mundo a través de la imagen en movimiento.

Esta pequeña introducción quizá sirva para explicar algunos aspectos de la masiva concurrencia a las salas de cine que provocó "El secreto de sus ojos". Esto es fácil de entender si acordamos que Franchela es un actor muy simpático y Darín atrae porque encarna como ninguno la idiosincrasia del porteño piola. Por otra parte muy pocos se acordaron de la historia que cuenta el director, una adaptación hecha, en forma conjunta con el autor de la novela, Eduardo Sacheri, escritor de cuentos sobre fútbol y costumbres del hombre medio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, nombre éste un tanto aparatoso y ostentoso adoptado para nuestra Capital Federal. Y ahí se desarrolla la narración.

Declamar de nuevo sobre "La cabeza de Goliat" (Ezequiel Martínez Estrada), resulta un tanto aburrido a esta altura del partido. Ha corrido mucha agua debajo del puente, estamos en el s. XXI, pero aún sigue siendo un tema crítico y urticante para este extraño país, mezcla de estructuras culturales hundidas en los intersticios más profundos de etnias ancestrales con un fenómeno inmigratorio de una Europa deprimida y castigada desde fines del siglo XIX. Por lo tanto no podemos abandonar la idea, tremenda idea, de una cultura muy particular y cosmopolita. Pero, por sobre todo, asentada no en la Argentina "profunda" como le llaman ahora, sino en una capital absorbente y dominante, y muchas veces, extraña a los verdaderos intereses de todos los argentinos.

Por supuesto, no vamos a hacer recaer la culpa en Campanella, ni en Sacheri, ni menos en Darín de tener un país como el que tenemos. Los productos culturales –y el cine es uno de ellos-, son una consecuencia de múltiples factores, entre otros, la capacidad y formación del creador, su "creatividad", y por último de dónde y cómo -y me refiero al los ambientes socio-culturales- tomó las pautas y criterios estéticos que hicieron o determinaron que hiciera tal o cual obra. En este caso cómo el director de "El secreto de sus ojos" llegó a la conclusión de adaptar esta novela, confeccionar un guión, realizar el casting, y estructurar la narración haciendo uso del lenguaje cinematográfico de la mejor manera posible, todo en forma conjunta con el autor del libro repetimos, Eduardo Sacheri, quien merece, sin duda, un más minucioso tratamiento literario de su obra, independientemente del film. Y creo que la mejor manera, por prudente y presuntamente eficaz, era tratar de no abandonar en lo posible la forma narrativa que la tradición universalizó a través de Hollywood. Creo que lo logró; la cantidad, medida en butacas vendidas, así lo demostró, según los analistas y críticos de los medios metropolitanos. Ahora fue elegida para representarnos ante el premio mayor, o sea el Oscar, y otros galardones más.

Pero en este contexto se filma esta película. Los que han escrito y estudiado sobre la historia del cine argentino nos han enseñado que hubo distintos períodos en los que predominaron distintas expresiones y distintos creadores, temáticas y contenidos. Los de más esplendor fueron aquellos en los que se notó en mayor medida una influencia importante y determinante de Hollywood. También existieron aquellos donde, en algún momento poderoso, el cine europeo, Italia y Francia en especial, motivó a ciertos autores a contar historias que poco tenían que ver con las entrañas sufrientes del sur, o el norte pobre y castigado, pero pretendían mostrar que existía cierta sensibilidad frente a la inequidad y el drama del argentino provinciano o de la periferia (inmigrante) porteña. Y autores de la talla de Leonardo Favio, Lautaro Murúa, Hugo del Carril o “Pino” Solanas, tomaron la cámara y esgrimieron una suerte de cine denuncia, muy temerarios en cuanto a los contenidos, pero un tanto divagantes o incoherentes desde el punto de vista formal, quizá producto de una cine pobre, de escasos de recursos económicos, y rico en ideas e intenciones. Hoy, nuevos autores, han adoptado o han incursionado en temáticas y formas narrativas más vinculadas a criterios estéticos “realistas”, como Trapero, Burman o Lucrecia Martel.



Otro enfoque merece esta historia o esta película por haber sido catalogada dentro de las mejores obras del cine policial negro de nuestro país. Bien, se presta entonces para hablar un poco sobre el cine policial negro o blanco, tradicional o “films noirs” como lo llaman a veces. Desgraciadamente debemos volver sobre el cine norteamericano, o también, como consecuencia, sobre el policial inglés y un poco el francés, pero nada más. Los principales autores (del negro por supuesto), únicos por otra parte, se originaron y desarrollaron sus obras en EE.UU. Alrededor de Raymond Chandler (en 1939 inició su serie de novelas, con el protagonismo de Philip Marlowe en la mayoría de ellas, el detective privado que recorrería toda su obra. “El sueño eterno”, “Adiós muñeca”, “La ventana siniestra”, “La dama del lago”, “El largo adiós” y “Playback”, son algunas de sus creaciones), de Dashiel Hammet, (“El halcón maltés”, “El hombre delgado”, “Cosecha roja”, donde Sam Spade fue el personaje más notorio), o de Ross McDonald, quien creó el personaje del detective privado Lew Archer, (con obras como “El blanco móvil”, “Costa Bárbara”, “Dinero negro”, “La mirada del adiós”, etc.), por citar algunos, giró la creación y origen del policial negro. Cobró caracteres estéticos peculiares, gestó una literatura muy particular y tomó perfiles que en ningún otro país pudo emularse. Así es, y se puede observar haciendo un examen comparativo minucioso entre las obras de autores ingleses y franceses, por ejemplo, de los más conocidos, Conan Doyle, Agatha Christie, G.K Chesterton, en Gran Bretaña; Emile Gaboriau, Maurice Leblanc, Gaston Leroux, en Francia. Pero es en EE.UU donde nace, se desarrolla y adquiere perfiles peculiares y estéticos capaces de convertirse en un generador de verdaderas obras maestras del cine universal. Este trabajo excede la posibilidad de hablar de Alan Edgar Poe, de Bierce, o de Faulkner, pero es con estos autores de quienes se nutre este género, considerado menor a nivel literario, pero con joyas cinematográficas tremendamente significativas a nivel artístico, cultural y social. Me gustaría citar algunas de esta obras, entre otras, como siempre: “El Halcón Maltés” (John Huston), “Atraco perfecto” (Stanley Kubrick), “Testigo de cargo” (Billy Wilder), “El beso mortal” (Robert Aldrich), “Nido de ratas” (Elia Kazan), “Los sobornados” (Fritz Lang), “Tener y no tener” (Howard Hawks), etc.

En nuestro país, los intentos de confeccionar literatura policial fueron realizados por obra del genio de Jorge Luis Borges, “SEIS PROBLEMAS PARA DON ISIDRO PARODI”, con la colaboración de Adolfo Bioy Casares, cuentos que se insertan en el esquema del singular investigador, astuto, avezado y perspicaz de los autores ingleses y franceses. Más aquí “Plata quemada” de Ricardo Piglia intenta una forma más cerca del policial negro norteamericano, aunque, creemos, dista mucho de lograrlo. Por supuesto, hubo otros intentos, pero no alcanzaron en ningún momento conformar un “movimiento”, una forma propia, o un estilo definido que permitiera hablar de “cine policial argentino”.

Con esta pequeña introducción queremos decir lo siguiente: si bien Edgar Alan Poe fue el creador del cuento policial, y fue estadounidense, esta forma se desarrolló más que nada en Inglaterra y Francia. En cuanto al “policial negro” tuvo su origen y desarrollo en EE.UU y no hubiese podido ser de otra manera ya que las condiciones económicas y sociales, producto del vertiginoso y contradictorio crecimiento de la potencia, determinaron una literatura y un cine que reflejara ese proceso con la profundidad estética que implicaba describir ese fenómeno por parte de sus creadores. Magníficos creadores.

Volviendo a nuestra película, ahora hagamos nuestro análisis teniendo en cuenta esta historia del policial. Creo que no tenemos mucha tradición al respecto, así como nuestro país no tuvo las condiciones socio-culturales propicias como para gestar esa literatura. Hubiese sido necesario transgredir esas formas, esas estéticas y esas concepciones de la realidad norteamericana, para abordar otra manera de concebir la novela o el cine policial negro. En Buenos Aires no se vive como en Los Ángeles o San Francisco, no tuvo una súper industria cinematográfica, ni autores (de libros policiales al menos) que escribieran utilizando la jerga o los modismos del hampa y los servicios privados. En definitiva, para crear o generar una literatura o guiones se necesitan otras condiciones que hagan propicia la creación de tales productos. Imitar pensando que Darín puede convertirse en Marlon Brando o Humprey Bogard, o que Soledad Villamil se moverá en la pantalla con la soberbia de Barbara Sanwyck o Rita Hayworth, son pretensiones de una visión que excede la capacidad de nuestro cine, sin duda.

Siempre será arduo hacer un cine -para la industria y la comercialización-, que alcance el virtuosismo artesanal de algunos directores de Hollywood, pero más complicado aún es hacer algo que ellos –los norteamericanos-, y me refiero a ciertos géneros –como el policial-, han sido pioneros y los han llevado a su máxima expresión , desde todo punto de vista.

Creo que siempre estamos a tiempo de incursionar en un cine nuestro, con temáticas propias, con autores comprometidos con nuestras problemáticas y realidades, y con ansias de experimentar en formas de realización no anti-hollywoodenses porque es casi quimérico, pero sí más originales y estéticamente innovadoras. No creemos que sea imposible.

Héctor Correa
Punta Alta, noviembre de 2009




martes, 10 de noviembre de 2009

THE TRUMAN SHOW. NUEVO ENCUENTRO EN EL BAR CENTRAL



Viernes, 20 de noviembre a las 20:30 hs. Nuevo encuentro en el Bar Central de Punta Alta, con la proyección del film "The Truman Show".

Entrada: un alimento no perecedero.

 LANZAMIENTO DEL LIBRO  "EJERCICIOS CRÍTICOS SOBRE CINE" PRELUDIO  "El cine es la música de la luz”Abel Gance "Esta músi...