sábado, 5 de diciembre de 2015

BARAKA. LA UNIDAD CON LA NATURALEZA Y EL HOMBRE.

 UN DOCUMENTAL PARA NO OLVIDAR






Este es un fragmento apropiadamente seleccionado del documental "Baraka" del realizador Ron Fricke realizado en 1992

"La geografía, como disciplina del hombre estrechamente vinculado a la tierra o a su entorno, le ha dado al cine una dimensión que impregnó de esencialidad a la narración cinematográfica, para lo cual el realizador debió, y debe tener en su debida cuenta ahora más que nunca, el lugar, la espacialidad, y la integración total hombre-naturaleza, dándole a la obra su correcta proporción y equilibrio como obra de arte. No habría film sin esa capacidad para establecer relaciones con la naturaleza, relaciones muy especiales, muy humanas y sensibles."(www.cinenpunta.blogspot.com.ar)



video


Ficha técnica
Título original: Baraka
Año: 1992
Duración: 100 min.
País: Estados Unidos
Director: Ron Fricke
Guión: Ron Fricke, Genevieve Nicholas, Mark Magidsen, Bob Green
Música: Varios
Fotografía: Ron Fricke
Productora: Magidson Films
Género: Documental

Sinopsis:

Aclamado documental sobre la naturaleza del planeta Tierra. Rodada en 24 países diferentes, trata de captar la esencia de la naturaleza y la cultura de la humanidad y sus costumbres, al tiempo que señala las formas en las que el ser humano se relaciona con su medio ambiente. La aparente fragilidad de la vida humana es contrastada con la grandeza de sus obras, subrayándose la desigual relación entre hombre y naturaleza. Baraka no tiene argumento lineal, ni personajes ni diálogos, pero, en medio de estos enormes contrastes, la espiritualidad de la humanidad surge como el elemento más importante que la distingue de otras especies. Un mundo más allá de las palabras. (FILMAFFINITY)

Críticas
"Delicada y esplendorosa rareza (...) poema visual ancho, dolorido y ambicioso, frontal y fraternal (...) mirada aterrada y esperanzada a la tierra. Una mirada al mismo tiempo herida y enamorada"
Ángel Fdez. Santos: Diario El País 





Acerca de este extraordinario documental:

"La geografía, como disciplina del hombre estrechamente vinculado a la tierra o a su entorno, le ha dado al cine una dimensión que impregnó de esencialidad a la narración cinematográfica, para lo cual el realizador debió, y debe tener en su debida cuenta ahora más que nunca, el lugar, la espacialidad, y la integración total hombre-naturaleza, dándole a la obra su correcta proporción y equilibrio como obra de arte. No habría film sin esa capacidad para establecer relaciones con la naturaleza, relaciones muy especiales, muy humanas y sensibles."


martes, 9 de junio de 2015

CONSIDERACIONES SOBRE EL CINE COMERCIAL Y EL CINE DE AUTOR



CONSIDERACIONES SOBRE EL CINE COMERCIAL Y EL CINE DE AUTOR

Cinencuentro 

Sobre ir al (multi)cine y ver películas, en el Perú

Escrito por Laslo Rojas

Lunes, 8 junio 2015


Luego de leer esta entrevista al gerente general de Cineplanet, la empresa de multicines más grande del Perú, y los comentarios que se hicieron al respecto en distintos medios online, como en el blog En Cinta del amigo Alberto Castro, algunas ideas se me vinieron a la cabeza, algunas reflexiones sobre lo que significa ver películas en estos días, en un país como el Perú.



Multicines en Lima, Peru (Foto: Agencia Andina)

Para comenzar, pienso que nos estamos equivocando si esperamos que el multicine como lo conocemos actualmente sea una especie de templo del cine, un lugar donde el visionado de ese objeto sagrado llamado película sea lo más importante. Si eso fue así en algún momento del pasado, dudo mucho que lo volvamos a vivir. (Y probablemente las personas de mi generación, treintañeros para abajo, nunca vivimos tal época dorada). Considero además que esta palpable realidad no es necesariamente algo malo, es simplemente… distinto. Intentaré explicarme en las siguientes líneas.

Con los años de experiencia que tengo como espectador/consumidor, considero que el visionado de la película dentro de un multicine no es lo principal para el negocio de la exhibición. La película se ha convertido más bien en la excusa perfecta para atraer público a estos establecimientos cuyo principal (y válido) negocio es vender popcorn y otros snacks. Estos son los productos que, así lo entiendo, les ofrecen la mayor rentabilidad a las empresas exhibidoras, así que desde el punto de vista empresarial, se entiende porqué le dan tanta preponderancia a la venta de esos productos, por encima incluso de la experiencia del visionado de la película.

Por ejemplo, sobre la cada vez más extendida práctica de vender popcorn dentro de la misma sala, e incluso durante la proyección de la película: Es poco probable que las empresas exhibidoras (los multicines) estén haciendo esto si saben que van a mortificar y espantar a su público, sus preciados clientes. Todo indica que el público en general –no nosotros, “los cinéfilos”- le da más importancia a comodidades como esa venta delivery que a la proyección inmaculada y sin interrupciones de una película. El público quiere ver la película, sí, pero al parecer no les molesta perderse unos minutos del filme para atender al vendedor de canchita. (Por cierto, tampoco les molesta salir un toque al baño, o chequear su celular. Elaboraré sobre esto último más adelante). 

“Ir al cine” se ha convertido, pues, en una experiencia que se desarrolla alrededor de la proyección de la película, pero que no se limita a eso, para nada, sino que incluye el consumo de otros aditamentos, comidas, bebidas, así como servicios extras, proyección en 3D, salas con sillones especiales con efectos de movimiento, sonoros, etc. Y todo esto por supuesto, compartido con nuestros amigos o familiares. “Ir al cine” es una experiencia social. Lo sigue siendo, en todo caso.

Sin embargo a mí me gusta pensar que en la actualidad “El Cine” no se limita al multicine. Para mi “Cine” es ver una película en esa sala oscura, con sillones grandes y olor a popcorn, como también lo es ver un blu-ray en un buen TV LED, darle play a ese archivo de video que descargué o que elegí en el app de Netflix en mi laptop o tablet.

Como decía, ver una película ha sido siempre una experiencia social. Es cierto, al ver la película está uno y las imágenes, esa es la relación inicial que se establece, de uno a uno, aparentemente solitaria dirían algunos. Pero al mirar estas imágenes se dispara también la necesidad de compartir nuestras sensaciones sobre lo que acabamos de ver. Antiguamente uno esperaría a que terminara la proyección, para luego conversar sobre el filme con los amigos, tomando un café. En ocasiones, se llegaba a comentar algo, brevemente y en voz baja durante la misma proyección. Así de fuerte es la necesidad de compartir la experiencia de ver una película.

En nuestros días esto es así: Uno sigue queriendo compartir estas sensaciones con los demás, utilizando entre otras cosas las herramientas con las que contamos hoy, léase el smartphone. Pero las normas sociales que ha establecido desde siempre una sala de cine no son compatibles con estas recién adquiridas costumbres: mantenerse callado y quieto a oscuras, durante dos horas seguidas, es un reto para más de uno. Aquí es cuando aparece como opción ideal el visionado de una película en la comodidad de tu hogar.

Al ver una película en casa, uno puede interrumpir el visionado a voluntad, para ir al baño, prepararse algo de comer, o chequear Facebook en el celular sin molestar a nadie, o repetir esa última escena que te gustó tanto o que no lograste entender completamente. Ventajas notables que, como todos sabemos, no se pueden conseguir en un multicine. 

Desde hace ya un buen tiempo, realizar alguna de estas actividades durante el visionado de una película dejó de ser para mí un pecado mortal. Esto fue algo que sentí validado cuando, al ver películas en casa junto a amigos que son mucho más tradicionalistas que yo al respecto (del tipo de los que aman el celuloide y extrañan los cines de barrio), noté que incluso ellos, puristas entre los puristas, no tenían reparos en revisar sus smartphones durante los tiempos muertos de la película rumana de turno. Ningún cinéfilo murió por hacer esto, ni modificó su valorización final de la película.

Viendo nuestro cine



Viaje a Tombuctu

Respecto a la discusión sobre el maltrato que recibe el cine peruano de parte de los multicines: Me parece que desde hace un par de años, las empresas exhibidoras han dejado de considerar al “cine peruano” como una categoría única. Para los multicines las películas peruanas ahora son o “películas de géneros comerciales” o “el otro cine”, tal como subdividen al resto de películas de otras latitudes. Para bien o para mal.

Desde la aparición de Asu Mare, los multicines se dieron cuenta que podían considerar a una película de “cine peruano” como “película comercial”, con las posibilidades de negocio que eso significaba para todas las partes involucradas, productores, exhibidores, distribuidores, etc. (E incluso con ventajas respecto a los blockbusters gringos: aca sí tienen a las estrellas de los filmes locales a su entera disposición, para promocionar día y noche sus productos/películas en medios masivos, una herramienta de marketing que Hollywood explota sin piedad). 

Mientras tanto, el resto de películas nacionales, las “cintas de autor” que les dicen, continuarían recibiendo el trato que reciben todas las otras películas de intéres del cine mundial que logran asomar por nuestro país. Así, lo que por estos días sufre la peruana “Climas” (ser exhibida solo en cinco salas, en 16 funciones al día), lo sufrieron en su momento las estadounidenses “Boyhood” y “Foxcatcher”, o la japonesa “Like Father, Like Son”, por mencionar solo algunos estrenos recientes de películas de primerísimo nivel.

Retomando un poco la idea inicial de este rant: No creo que el multicine sea el lugar ideal para esperar ver ese “otro cine”, el peruano o de otras procedencias. El multicine y su público no son compatibles con ese cine distinto, que requiere mayor atención del espectador. Una “película de autor” sufre en ese ambiente rodeado de blockbusters y cajas de popcorn. Me que parece en vez de esforzarnos en lograr el preciado estreno de estas películas en multicines, deberíamos comenzar a crear más salas alternativas a este circuito comercial, algo que cineastas como la directora de “Climas” también propone, imitando lo que se hace en grandes ciudades del mundo.

Otros espacios ideales para ese “cine distinto” son las nuevas pantallas, que ya no son tan nuevas, y las cuales considero tan Cine (en mayúscula) como las pantallas del multicine o de la sala independiente. Me refiero a la proyección casera en todas sus variantes, en televisores, en computadores, en tablets.

Sí, siempre escucharemos a los que exigirán y desearán ver aquel esperado nuevo filme portugués o turco en “el cine”, en pantalla grande, con sonido Dolby, a oscuras y sin interrupciones mundanas. ¿Pero qué si estás condiciones tan específicas no se llegan a dar nunca? ¿Se deja de ver aquel venerado filme, y se queja uno eternamente? ¿O nos adaptamos a los tiempos que corren, tomamos las herramientas con las que contamos, y vamos moldeando un nuevo estándar de visionado de películas?

Más que “renunciar y resignarse” a no tener nuestras películas favoritas proyectadas en pantallas gigantes en un sistema inventado hace más de un siglo, creo que debemos buscar opciones y así renovar la experiencia de ver cine. Porque al final de cuentas lo más importante siempre han sido las imágenes, las historias, y el feeling de verlas, oírlas y compartirlas, mucho más importante que el soporte, el ecran, la pantalla o los pixeles.


Carlos dice:

8 junio 2015

“La película se ha convertido más bien en la excusa perfecta para atraer público a estos establecimientos cuyo principal (y válido) negocio es vender popcorn y otros snacks. Estos son los productos que, así lo entiendo (…)”

Esto es desmentido por el gerente de Cineplanet en la entrevista. ¿Hay alguna fuente que confirme este parecer? Personalmente, no me parece apropiado argumentar parte de un artículo de acuerdo a lo que el autor “así lo entiende”.

Laslo Rojas dice:

9 junio 2015

Lo que el gerente de Cineplanet dice en la entrevista es que el mayor porcentaje de sus ingresos brutos (del “ticket”) proviene aun de las entradas al cine. Lo que no dice aquí es qué lado del negocio les es más RENTABLE, si la venta de snacks o la venta de entradas. 

Respecto del negocio del popcorn en la industria de los multicines recomiendo que lean el libro “Cultura Mainstream”, en particular estas páginas: “…la rentabilidad del cine no reside tanto en las entradas como en las concesiones, cuyos ingresos conservan íntegramente el exhibidor”

Aquí el libro completo http://es.scribd.com/mobile/do.....Mainstream


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Punta Alta, 09 de junio de 2015

domingo, 15 de marzo de 2015

UNA VEZ MÁS EL REALITY SHOW





Espectáculos

Domingo 15 de marzo de 2015

Entrelíneas

La tragedia detrás del show

Por Marcelo Stiletano | LA NACION

   En los años 80 pasó por la televisión argentina un éxito grande en frasco bien pequeño. Se llamaba El país que no miramos y sus emisiones de escasos minutos condensaban con mucha destreza la historia y el retrato de algún lugar, paraje, reducto o hito de la Argentina, de esos que pasan inadvertidos ante nuestros ojos hasta que la pantalla nos revela su condición de secreto bien guardado.

Tres décadas después quizá valga la pena retomar aquel título y aplicarlo a otro tiempo histórico y mediático, aunque el punto de partida mismo de esta idea se nos haga intolerable. La televisión que no miramos es lo que aparece en medio de la bruma y del dolor de un accidente incomprensible, el que cobró diez vidas en un paraje casi inaccesible de la provincia de La Rioja.

Allí, en la tarde del martes pasado, chocaron en el aire dos helicópteros en plena tarea de filmación de un reality show llamado Dropped, éxito indiscutido del género en Francia. En el hecho murieron diez personas, entre ellas, tres deportistas muy queridos en ese país, campeones en sus especialidades y triunfadores olímpicos. También perecieron cinco integrantes del equipo de producción y los dos pilotos argentinos.

Dropped es uno de los muchos ejemplos de una televisión que no miramos sencillamente porque se produce en la Argentina para ser exclusivamente vista en otros países. Por cuestiones de costos o de características de producción, nuestro país funciona como escenario de programas que probablemente jamás llegarán a los hogares argentinos, pero que en otros países serán vistos por millones de personas. Así viene ocurriendo desde hace algunos años con un rango amplio de reality shows que van desde los espantosos juegos de Fear Factor (cuya razón de ser es el regodeo morboso en los miedos y las fobias de los participantes) hasta los desafíos deportivos extremos de El conquistador del fin del mundo.

Dropped pertenece por definición a esta última categoría, tal vez el desprendimiento más exitoso del género más joven de la TV, surgido en 1999 con el primer Gran Hermano. Producido por el gigante europeo Zodiak Media (dueño de 45 productoras en 15 países y un archivo de programación propia de más de 20.000 horas) a partir de un formato original de origen sueco, este gran éxito de la televisión verdad en Francia invita a un grupo de famosos (por lo general estrellas deportivas) a instalarse dentro de un helicóptero con los ojos tapados, sin saber dónde serán depositados (de allí el título del programa, en inglés). Sólo pueden quitarse la venda al llegar a tierra firme y descubrir que sólo están rodeados por naturaleza pura. Sin mapas ni ayudas tecnológicas deberán salir en busca de un enchufe para cargar el teléfono, primer símbolo de reencuentro con la civilización. El que llega primero, gana.



En ese trámite estaban la nadadora Camille Muffat, la regatista Florence Arthaut y el boxeador Alexis Vastine cuando se produjo el impacto entre las dos máquinas en el cielo riojano. Se preparaban para descender y exponer (más allá de su preparación) toda la debilidad de un ser humano privado de recursos frente al poder de la naturaleza. En este sentido, Dropped se aproxima peligrosamente a las retorcidas fórmulas de Fear Factor.

Los cruces entre ambas dimensiones (la exploración del límite máximo de la resistencia humana y el sensacionalismo morboso) se fueron haciendo cada vez más constantes, por más que sus responsables y muy probablemente buena parte de la propia audiencia se resistan a aceptarlo. Allí están como prueba algunas de las ideas más extremas que la TV reciente se animó a poner en el aire en la búsqueda del máximo realismo posible.

Tal vez el más crudo e incomprensible de todos los programas sea Born in the Wild, un reality documental que acaba de lanzar en Estados Unidos el canal Lifetime (la première fue el 3 de marzo) y que sigue al detalle a un grupo de mujeres embarazadas y resueltas a dar a luz en medio de la naturaleza y sin ningún tipo de ayuda médica.

Una versión igual de incómoda de este modelo, pero un poco más frívola y provocativa, es Naked and Afraid, que desde 2013 produce Discovery y que obliga a una pareja a sobrevivir en algún lugar cercano al estado puro de naturaleza completamente desnuda y sin otra ayuda que un mapa y un solo ítem a elección. La experiencia transcurrió en lugares como Tanzania, la selva amazónica, las islas Maldivas, Borneo y hasta la zona selvática montañosa ubicada en el límite entre la Argentina y Bolivia.

También hay nudistas voluntarios en el reality show de supervivencia más popular de Italia, L'isola dei famosi, que este año cumplió sus 10 temporadas consecutivas. Cada año una decena de famosos se instala en una isla (por lo general ubicada en algún lugar de América Central) y quien llegue más lejos en los desafíos de supervivencia (deben construirse su propia casa y procurarse el alimento, entre muchos otros objetivos) obtendrá la mayor recompensa.

Este año, el elenco de figuras de L'isola dei famosi contó con nuestra conocida Charlotte Caniggia y un detalle inesperado: la francesa Catherine Spaak, recordada protagonista de Il Sorpasso, apenas llegada a la isla de este año, en Honduras, tuvo su "bautismo" con una furibunda tormenta y decidió abandonar el programa sin esperar ni siquiera el primer capítulo. Ya de regreso en Roma, al enterarse de la tragedia de sus coterráneos en La Rioja, dijo: "Yo fui muy criticada por la prensa porque me fui. La verdad es que tenía miedo de morir. Y acerca de lo ocurrido en la Argentina sólo voy a decir una cosa: se trata de una tragedia anunciada".



El testimonio de Spaak se sumó al debate que se desató casi al mismo tiempo en Francia, en Italia y en el mundo anglosajón luego de la tragedia de La Rioja. En medio de ese hervidero no dejan de conocerse reproches a las productoras francesas de este tipo de programas, que al parecer están empeñadas en sacar el máximo provecho del atractivo de la TV verdad con el mínimo costo posible. Y no fueron pocos los que recordaron el infausto antecedente de Koh-Lanta, equivalente francés de Survivor, el más longevo de los reality shows de su tipo. El 22 de marzo de 2013, Gérald Babín, uno de los participantes, murió de un infarto en Camboya. Poco después se suicidó el médico oficial del programa.

Detrás del gran show de la realidad televisada, concebido para que nada se oculte a nuestros ojos, siempre aparece algo que no queremos mirar..



La Nacion Digital

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domingo, 11 de enero de 2015

LA TELEVISIÓN ARGENTINA Y LAS VACACIONES. LA ESTRATEGIA MEDIÁTICA DEL MÍNIMO ESFUERZO





Espectáculos 
Domingo 11 de enero de 2015
Entrelíneas
Toda la televisión de vacaciones
Por Marcelo Stiletano | LA NACION

La TV nos recuerda a cada momento que estamos en verano. Por si no llegamos a darnos cuenta después de largas horas en la calle, expuestos al pegajoso contacto con una sensación térmica que se empecina en mantenerse en lo más alto, cada vez que llegamos a casa y encendemos el aparato alguna voz nos dice, palabras más, palabras menos, que estalló el verano.
Pero en verdad ese mensaje debería leerse a la inversa de lo que estamos acostumbrados. La televisión en este caso no emite una consigna desde el interior de la pantalla hacia un supuesto receptor. Habla para adentro. Porque el que está de vacaciones es el propio medio.
Tan acostumbrada está nuestra TV a la autorreferencialidad que ese dato se transformó directamente en el eje de todos sus comportamientos. Esa atracción fatal hacia el ombliguismo es tan irresistible que para quienes hacen televisión en la Argentina no poner el mínimo esfuerzo durante las fiestas de fin de año resulta algo natural. Pensar en lo contrario, además de incomprensible, es casi herético.
Por eso, aplicando otro giro asombroso e inexplicable a las prioridades que deberían regir el comportamiento de un medio masivo sin necesidad de regulaciones escritas, la TV resolvió por decreto que el televidente debe estar al servicio de ella. Y en vez de redoblar esfuerzos para acompañar a quienes están solos y necesitan sobre todo a fin de año la cercanía de quienes se jactan de brindar un servicio público, decidió que era el momento de tomarse vacaciones. Que tiene el derecho, después de un arduo y desgastante esfuerzo anual, de cerrar todas las puertas y dejar la pantalla por largos días en piloto automático. Otro servicio público que cada vez que resulta interpelado por un cliente necesitado de explicaciones entrega por toda respuesta la impersonal voz surgida de una cinta grabada. "Nos comunicaremos a la brevedad", les faltó decir.
Bochorno interminable
El bochorno estuvo lejos de culminar en un "festejo" de Año Nuevo en pantalla con imágenes desgastadas de fuegos artificiales que vaya uno a saber en qué década ya superada se emitieron por primera vez. Un despropósito que quedó todavía más en evidencia ante la elemental comparación, en vivo y en directo, con el despliegue técnico y humano exhibido desde los canales internacionales por emisoras públicas y privadas conscientes del deber elemental que la TV tiene de celebrar la llegada del nuevo año cerca de la gente.
En realidad, lo ocurrido en Año Nuevo fue el inmejorable prólogo para el primer capítulo del libro del año escrito por nuestra televisión. Un volumen que por el despliegue visto en los últimos días tendrá escritas pocas palabras y contará con bastantes espacios en blanco. Porque la mayoría parece no haber regresado aún de sus vacaciones.






En ese papel en blanco sólo aparecen notas borroneadas en idiomas extranjeros. Quizá por primera vez en la historia de nuestra TV de aire asistimos, en el horario central, a una batalla por el rating librada entre los dos canales líderes con dos novelas extranjeras como estandartes. Por el lado de Telefé, la brasileña Rastros de mentiras. Por el lado de El Trece, la turca Las mil y una noches. Tal vez se trate de un nostálgico regreso a aquellos tiempos (décadas atrás) en los que la programación se reforzaba con las series extranjeras más notorias, hoy instaladas en otros espacios. O tal vez sea el resultado de un nuevo cuadro de situación (baja de encendido, cambios de hábitos en los televidentes, nuevas opciones en otras plataformas) que desconcierta a los canales de aire y los deja sin respuestas. O mejor, sin espíritu creativo.
Desde otra mirada, un poco más optimista, podría decirse que esta suerte de apertura al mundo expuesta en el prime time veraniego resulta provechosa. Siempre es bueno aprovechar las buenas lecciones llegadas desde el exterior cuando el ámbito doméstico no tiene demasiado para decir.
Pero en verdad no parece surgir de este cuadro una admisión del poco halagüeño cuadro de situación que afronta la TV local y mucho menos un aprendizaje de los errores. Si faltan reflejos en la pantalla es porque el medio se mueve con demasiada modorra, algo lógico si consideramos el período XL de vacaciones con el que nuestra TV decidió "autopremiarse". Y la demostración más contundente del cuadro la ofrecen hoy los equívocamente llamados canales de noticias, que en verdad deberían modificar su ubicación actual dentro de las tipologías televisivas.
Hoy, esas señales funcionan como grandes muestras de variedad o miscelánea, como si en algún punto anhelaran mimetizarse en esencia y en propósitos con los canales de aire. En la mayoría de ellos el concepto de noticia aparece distorsionado o, por lo menos, mal entendido, dato que queda en evidencia cuando se produce (y de esto hay innumerables ejemplos en las últimas horas) el viraje dramático que viaja sin escalas desde las trágicas calles de París a las burbujeantes playas de la costa atlántica bonaerense.
Y aquí vale de nuevo la comparación. La masacre del semanario Charlie Hebdo ocurrió en la mañana del miércoles último. Esa misma noche, la pantalla de CNN Internacional nos mostraba a uno de sus periodistas estrella, Anderson Cooper, en vivo y desde la calle, a pocos metros del lugar de la tragedia, en diálogo con algunos testigos clave. Se había tomado el primer avión para estar donde la noticia lo exigía ¿Dónde están, en cambio, los expertos en asuntos internacionales de las señales locales de noticias? ¿Qué análisis o evaluaciones del hecho que mantiene en vilo al mundo pueden hacerse sin voces rigurosas y especializadas? En la televisión local, la conjetura o la duda surge después del pronunciamiento más temerario y apresurado sobre cualquier cuestión. Se trate del asunto más delicado de la política internacional o del hecho de la crónica roja doméstica que conmueve en el momento a la opinión pública, y al que se consagran horas y horas de transmisión ininterrumpida.
Lo mismo ocurre cuando la TV, en un arriesgado salto mortal, nos deja llenos de dudas por lo que ocurre en París y cambia la pregunta o la consigna. Ahora hay que recorrer las playas para preguntarles a los que descansan si el verano estimula la infidelidad o llenar la pantalla de consignas francamente incomprensibles, cargados de onomatopeyas o abreviaturas ("Sábado para pile y licuadito", decía uno anteayer). En el más amplio sentido de la palabra, nuestra TV está de vacaciones..

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