miércoles, 22 de enero de 2014

POCO INTERÉS POR EL CINE ARGENTINO. Y NINGUNO POR NUESTROS REALIZADORES SEGÚN EL INCAA

PAGINA 12
CULTURA Y ESPECTÁCULOS
Miércoles, 22 de enero de 2014

Datos reveladores sobre el consumo de cine en el país

El espectador al desnudo

Un informe del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales radiografía usos y costumbres del público local.

El Gaumont fue una de las salas donde se llevó a cabo la encuesta.





¿Cuáles son los usos y costumbres del espectador cinematográfico argentino? Según un informe publicado por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (Incaa), el 53,5 por ciento de los habitantes de Capital Federal y Gran Buenos Aires va al cine entre una y dos veces al mes. A su vez, como figura en el informe, el 16 por ciento concurre a las salas una vez a la semana, y un 25 por ciento de toda el área metropolitana lo hace una o dos veces cada mes. El estudio, elaborado por la Gerencia de Fiscalización del Incaa, con fuentes de Indigo Producciones, analizó la audiencia en Capital Federal y Gran Buenos Aires y permite llegar también a algunas conclusiones sobre el consumo de cine argentino.

Del análisis se desprende que en los sectores socio-económicos más elevados, identificados en la muestra como ABC1, C2 y C3, el 51,3 por ciento va al cine entre una y dos veces al mes, el 26 por ciento con menor frecuencia y el 18,1 sólo una vez por semana. En el ámbito metropolitano se registra un promedio superior a las 12 películas anuales por persona. El estudio abarca un perfil etario de entre 18 y 35 años, con un total de 400 encuestados tanto en el caso del conurbano bonaerense como la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, e incluye espectadores del Hoyts Cinema Abasto, el Espacio Incaa Gaumont, el Multiplex Belgrano y la sala del Malba, una variedad necesaria por su amplitud socio-económica y por su programación diversa. Los tópicos relevados fueron la frecuencia con que se va al cine, qué tipo de películas se ven, el gusto por el cine argentino, la cantidad de dinero que se suele gastar en cada salida y también la valoración respecto de las localidades y del cine argentino.

El trabajo, además, incluye un relevamiento sobre el sistema de acceso a la información sobre la actualidad cinematográfica que las audiencias utilizan a la hora de tomar decisiones y la relación que existe entre los medios de comunicación convencionales y los que crecieron en la última década respecto de los estrenos cinematográficos. Uno de los datos sorprendentes que arroja el estudio es cómo recibe información el público: el 65,3 por ciento de los encuestados se enteran de las últimas novedades a través de Internet, incluidos blogs y foros, en tanto que el 51 por ciento lo hace a través de la televisión, un 29,5 por diarios y revistas, el 19,8 por recomendación de familiares y sólo el 12,8 a través de la publicidad en la vía pública. De esta información, se deduce que del nivel socioeconómico más alto, el 67,1 se informa a través de Internet, el 44 por televisión y el 33,5 por diarios y revistas. En cuanto a las razones para elegir una película, el 49,5 lo hace por género y, en orden de importancia, el 39,5 por el elenco, el 21,8 por la trama y la sinopsis y un 21,5 por el director.

Con respecto a los condicionantes al momento de ver una película, el país de origen y los premios obtenidos por el film no parecen influir en la elección. Por su parte, los géneros también son otro eje que orientan la preferencia del espectador. Así, el 55,5 por ciento se inclina por la comedia, el 38 por la acción, el 36,8 por el suspenso, y el 32 por la ciencia ficción, al igual que por el género fantástico, el drama y el terror.

En lo referido al modo de concurrencia, el 39,8 por ciento concurre en pareja, el 34,8 con amigos, el 18 en familia y el 6,5 lo hace solo. Del total de encuestados, el 75 por ciento recurrió alguna vez a promociones, mientras que el 66 por ciento recurre a la compra convencional en las salas, y no a Internet porque pierden promociones y muchos desconfían de las reservas, incluso en las categorías de mayor nivel socioeconómico. En cuanto a la provincia de Buenos Aires, algunos resultados se relacionan, pero en general el consumo parece ser mayor: el 47 por ciento concurre entre una y dos veces por mes, el 34 con menor frecuencia, el 16 una vez por semana, el 2 por ciento dos veces por semana y el 1 por ciento entre 3 y 4 veces por semana. En el conurbano bonaerense, el 61 por ciento ve cine argentino mientras que el 39 no lo hace. Por otro lado, el 73,8 dice ver cine argentino en otros soportes como DVD, TV abierta o cable. En la franja ABC1, el 71,4 por ciento ve cine nacional por otros medios, mientras que en otras franjas sociales sube a 72,3 y 75,2, lo que significa que el cine argentino se inserta en capas sociales de menor poder adquisitivo.

Con respecto a los directores argentinos favoritos, el 15,1 del público encuestado dice elegir a Juan José Campanella, mientras que el 58,9 no sabe-no contesta y el 20, no tiene ninguno. Por último, en cuanto a los actores favoritos de la pantalla local, el 34,2 por ciento eligió a Ricardo Darín, el 21,3 a Guillermo Francella y el 2 por ciento a Adrián Suar, mientras que el 18,1 no sabe-no contesta y el 9 por ciento no tiene actor favorito.



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lunes, 20 de enero de 2014

LA CULPA DE LA TV O LA RESPONSABILIDAD DE LOS QUE LA HACEN. UNA POLÉMICA SIN FINAL







Espectáculos
Domingo 19 de enero de 2014 | Publicado en edición impresa
Entrelíneas
La suma de todas las culpas
Espectáculos
Por Marcelo Stiletano | LA NACION


Nicolás Maduro lo dijo con todas las letras. En la noche del miércoles último, frente a la Asamblea Nacional, el presidente venezolano acusó directamente a la televisión de su país de "incitar a la violencia y al odio en la sociedad".
Con calculada estrategia, Maduro fue de lo particular a lo general. Primero aludió sin mención explícita a la telenovela más exitosa del momento en Venezuela, De todas maneras Rosa , y dijo que su protagonista es la heroína del relato pese a haber matado a nueve personas, incluyendo a su propia madre. Después cargó contra los canales de TV y los medios privados. Y como cierre de este círculo acusatorio instruyó a los organismos reguladores de los medios para revisar la programación televisiva entera, responsable de poner en el aire programas que fomentan "antivalores de la muerte, culto a la droga, culto a las armas, culto a la violencia".
Esta obsesión por culpar a la TV, a los medios y a ciertos personajes surgidos de la cultura popular de algo tan grave como una tasa de homicidios que en Venezuela se ubica entre 39 y 79 por cada 100.000 habitantes es una historia escrita en capítulos. Antes, Maduro había responsabilizado del alarmante cuadro de violencia que padece su país al Hombre Araña y a Superman. Y allá por 2008, todavía en tiempos de Hugo Chávez, el enemigo a combatir eran Los Simpsons , cuya presencia en pantalla constituía "una potencial mala influencia para los niños", según el veredicto oficial.
¿Habrá leído Maduro a François Mariet, el reconocido intelectual que desde los años 90 ejerce una influencia indiscutida entre los estudiosos del tema a partir de la tesis de su libro Déjenlos mirar la televisión ? "El problema reside en pensar que la televisión fue creada para educar. Eso es un error. Los responsables de la educación son los padres y la escuela. La función de la TV es entretener. Parte de la tarea de los padres es formar televidentes responsables, con capacidad crítica frente a los mensajes que emite la pantalla." Estas palabras de Mariet a la nacion en 1996 tienen total vigencia.
La tutela cerrada y casi absoluta de los contenidos que ahora pretende imponer Maduro anula por completo esa posibilidad. Parece casi imposible que esa capacidad crítica a la que alude Mariet pueda construirse con natural espontaneidad si desde el poder ya aparece predeterminado lo que está bien y lo que está mal hasta en el terreno de las ficciones, donde debería reinar la libertad creativa.
Para remediar una gravísima crisis de inseguridad que le costó la vida hace pocos días a la ex Miss Venezuela y estrella de las telenovelas Mónica Spear, Maduro carga contra los "villanos de ficción", en palabras del actor Iván Tamayo. Y descuida al mismo tiempo lo que dice un reconocido vecino suyo, el colombiano Omar Rincón, uno de los más importantes analistas y estudiosos televisivos de América latina, experto además en telenovela.
"Ninguna investigación del mundo ha demostrado que haya una relación directa entre televisión y violencia, o entre televisión y valores", señaló Rincón en una entrevista de 2010. Más cerca, en febrero de 2013, Rincón firmó con María Paula Martínez el capítulo dedicado a Colombia del valioso libro Convergencia y transmedialidad (Gedisa), que pone al día el cuadro de las ficciones televisivas latinoamericanas en el flamante contexto de un medio abierto a decisivas transformaciones tecnológicas. Allí se habla del fenómeno de las narcoseries , genuino producto colombiano que nació y evolucionó a través de títulos conocidos por el público argentino como Pasión de gavilanes y Sin tetas no hay paraíso , y que narran, con poderosa impronta audiovisual, "la otra historia de Colombia: la verdad narco".
Este modelo de historias, que en palabras de Rincón "argumentan, justifican y exculpan el cómo se llega a ser narco o mujer de silicona" tiene su ejemplo más reciente en Pablo Escobar, el patrón del mal , que desde hace un par de semanas exhibe entre nosotros Canal 9, adaptando al formato de miniserie sus 113 capítulos originales.
A Rincón le preguntaron una vez si podría aumentar la violencia de las personas que siguen novelas dedicadas a tratar temas de narcotráfico. "Si en la familia, si en la escuela, lo narco no se celebra sino que se reflexiona y se critica, y la religión y la política también lo hacen, pues no hay ningún problema", respondió.
Hace unos años, Rincón investigó el caso de la violencia en la pantalla chica colombiana en relación con los jóvenes, y llegó a la conclusión de que para ellos la programación más violenta está en los informativos. "En los telenoticieros los jóvenes reconocen las violencias con que están hechas sus realidades locales, nacionales y mundiales", señala. Y en otro lado dice, en cambio, que la telenovela "sirve para disfrutar un papel conocido, para comprender qué atormenta y divierte a cada sociedad, para encontrar las morales colectivas, para pensarnos desde el amor, para comprender la política de nuestro tiempo...La telenovela es un placer narrativo, no de contenidos."
A la luz de esta mirada aparece deliberadamente intencional considerar la telenovela, tal como lo hizo el presidente de Venezuela, como el enemigo público número uno de un país enfrentado a un conflictivo escenario social, económico y político que no pertenecen a la ficción, sino a una realidad demasiado incómoda. "La ficción es la ficción -dijo una vez Quentin Tarantino-. Hay mucha más violencia en los informativos y nadie habla de prohibirlos o de censurarlos. No estoy a favor de controlar la creatividad, de censurar el cine." Más preciso todavía fue David Cronenberg, para quien "los censores son como los psicópatas: confunden la realidad con la fantasía"..

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