lunes, 20 de enero de 2014

LA CULPA DE LA TV O LA RESPONSABILIDAD DE LOS QUE LA HACEN. UNA POLÉMICA SIN FINAL







Espectáculos
Domingo 19 de enero de 2014 | Publicado en edición impresa
Entrelíneas
La suma de todas las culpas
Espectáculos
Por Marcelo Stiletano | LA NACION


Nicolás Maduro lo dijo con todas las letras. En la noche del miércoles último, frente a la Asamblea Nacional, el presidente venezolano acusó directamente a la televisión de su país de "incitar a la violencia y al odio en la sociedad".
Con calculada estrategia, Maduro fue de lo particular a lo general. Primero aludió sin mención explícita a la telenovela más exitosa del momento en Venezuela, De todas maneras Rosa , y dijo que su protagonista es la heroína del relato pese a haber matado a nueve personas, incluyendo a su propia madre. Después cargó contra los canales de TV y los medios privados. Y como cierre de este círculo acusatorio instruyó a los organismos reguladores de los medios para revisar la programación televisiva entera, responsable de poner en el aire programas que fomentan "antivalores de la muerte, culto a la droga, culto a las armas, culto a la violencia".
Esta obsesión por culpar a la TV, a los medios y a ciertos personajes surgidos de la cultura popular de algo tan grave como una tasa de homicidios que en Venezuela se ubica entre 39 y 79 por cada 100.000 habitantes es una historia escrita en capítulos. Antes, Maduro había responsabilizado del alarmante cuadro de violencia que padece su país al Hombre Araña y a Superman. Y allá por 2008, todavía en tiempos de Hugo Chávez, el enemigo a combatir eran Los Simpsons , cuya presencia en pantalla constituía "una potencial mala influencia para los niños", según el veredicto oficial.
¿Habrá leído Maduro a François Mariet, el reconocido intelectual que desde los años 90 ejerce una influencia indiscutida entre los estudiosos del tema a partir de la tesis de su libro Déjenlos mirar la televisión ? "El problema reside en pensar que la televisión fue creada para educar. Eso es un error. Los responsables de la educación son los padres y la escuela. La función de la TV es entretener. Parte de la tarea de los padres es formar televidentes responsables, con capacidad crítica frente a los mensajes que emite la pantalla." Estas palabras de Mariet a la nacion en 1996 tienen total vigencia.
La tutela cerrada y casi absoluta de los contenidos que ahora pretende imponer Maduro anula por completo esa posibilidad. Parece casi imposible que esa capacidad crítica a la que alude Mariet pueda construirse con natural espontaneidad si desde el poder ya aparece predeterminado lo que está bien y lo que está mal hasta en el terreno de las ficciones, donde debería reinar la libertad creativa.
Para remediar una gravísima crisis de inseguridad que le costó la vida hace pocos días a la ex Miss Venezuela y estrella de las telenovelas Mónica Spear, Maduro carga contra los "villanos de ficción", en palabras del actor Iván Tamayo. Y descuida al mismo tiempo lo que dice un reconocido vecino suyo, el colombiano Omar Rincón, uno de los más importantes analistas y estudiosos televisivos de América latina, experto además en telenovela.
"Ninguna investigación del mundo ha demostrado que haya una relación directa entre televisión y violencia, o entre televisión y valores", señaló Rincón en una entrevista de 2010. Más cerca, en febrero de 2013, Rincón firmó con María Paula Martínez el capítulo dedicado a Colombia del valioso libro Convergencia y transmedialidad (Gedisa), que pone al día el cuadro de las ficciones televisivas latinoamericanas en el flamante contexto de un medio abierto a decisivas transformaciones tecnológicas. Allí se habla del fenómeno de las narcoseries , genuino producto colombiano que nació y evolucionó a través de títulos conocidos por el público argentino como Pasión de gavilanes y Sin tetas no hay paraíso , y que narran, con poderosa impronta audiovisual, "la otra historia de Colombia: la verdad narco".
Este modelo de historias, que en palabras de Rincón "argumentan, justifican y exculpan el cómo se llega a ser narco o mujer de silicona" tiene su ejemplo más reciente en Pablo Escobar, el patrón del mal , que desde hace un par de semanas exhibe entre nosotros Canal 9, adaptando al formato de miniserie sus 113 capítulos originales.
A Rincón le preguntaron una vez si podría aumentar la violencia de las personas que siguen novelas dedicadas a tratar temas de narcotráfico. "Si en la familia, si en la escuela, lo narco no se celebra sino que se reflexiona y se critica, y la religión y la política también lo hacen, pues no hay ningún problema", respondió.
Hace unos años, Rincón investigó el caso de la violencia en la pantalla chica colombiana en relación con los jóvenes, y llegó a la conclusión de que para ellos la programación más violenta está en los informativos. "En los telenoticieros los jóvenes reconocen las violencias con que están hechas sus realidades locales, nacionales y mundiales", señala. Y en otro lado dice, en cambio, que la telenovela "sirve para disfrutar un papel conocido, para comprender qué atormenta y divierte a cada sociedad, para encontrar las morales colectivas, para pensarnos desde el amor, para comprender la política de nuestro tiempo...La telenovela es un placer narrativo, no de contenidos."
A la luz de esta mirada aparece deliberadamente intencional considerar la telenovela, tal como lo hizo el presidente de Venezuela, como el enemigo público número uno de un país enfrentado a un conflictivo escenario social, económico y político que no pertenecen a la ficción, sino a una realidad demasiado incómoda. "La ficción es la ficción -dijo una vez Quentin Tarantino-. Hay mucha más violencia en los informativos y nadie habla de prohibirlos o de censurarlos. No estoy a favor de controlar la creatividad, de censurar el cine." Más preciso todavía fue David Cronenberg, para quien "los censores son como los psicópatas: confunden la realidad con la fantasía"..

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