miércoles, 21 de noviembre de 2012

FAUST (FAUSTO)


FAUST


Dirigida por  Alexander Sokúrov

Producida por Andrey Sigle

Escrita por Alexander Sokúrov, Marina Koreneva, Yuri Arabov

Basado en el Faust de Johann Wolfgang von Goethe, y Doctor Faustus de Thomas Mann

Actores: Johannes Zeiler, Anton Adasinsky, Isolda Dychauk, Hanna Schygulla

Música: Andrey Sigle

Cinematography: Bruno Delbonnel

Director de casting: Kristin Diehle

Edición: Jörg Hauschild

Studio Proline Film

The film ganó el Golden Lion del 68th Venice International Film Festival el 8 Septiembre 2011

Duración: 134 minutes

País: Rusia

Lenguaje: Alemán


Filmografía:
La voz solitaria del hombre (1978–1987)
Los degradados (1980)
Dolorosa indiferencia (1983–1987)
Imperio (1986)
Días de eclipse (1988)
Seguro y protegido (1989)
El segundo círculo (1990)
Piedra (1992)
Las páginas susurrantes (1993)
Madre e Hijo (1996)
Moloch (1999)
Taurus (2000)
El arca rusa (2002)
Padre e hijo (2003)
El Sol (2004)
Aleksandra (2007)
Fausto (2011).




El Fausto de Alexander Sokúrov es la síntesis, y a la vez, la interpretación más amplia de la simbología que encarna la leyenda. Esa leyenda –el mito fáustico-, universal, ha alimentado muchas obras de arte, pintura, teatro, escultura, música, etc., y por qué no el cine y la televisión. Explicar un mito entraña una tarea profunda y dificultosa. Pero tratar de desentrañar la historia reinterpretándola a la luz de la angustia y el incierto destino del hombre es, quizá, mucho más ardua. Es lo que ha hecho Alexander Sokúrov, un ruso, que ha desandado un camino tortuoso pero implacable –por su abominable descripción-, del infierno de nuestros tiempos.



Si en la mitología gauchesca, por supuesto argentina, el Fausto de Estanislao Del Campo, se convierte hacia el año 1866 en la reinterpretación de las “Impresiones del gaucho Anastacio el Pollo” según la puesta en escena de la Ópera de Charles Gounod, lo que indica el carácter universal de la narración; y luego Leonardo Favio transforma, a partir de un programa radial muy popular, sobre el lobizón y su pacto con el diablo, por otra parte cansado y abatido, el tratado fáustico en un acuerdo con el Mandinga, hoy no podemos dejar de lado, siguiendo las primeras secuencias de la obra de Sokúrov, donde disecciona un cadáver, putrefacto, mientras discute acerca de la naturaleza del diablo, de la vida y del mal, con su tenebroso ayudante, que tres series de la televisión norteamericana se asientan –sin consciencia, por supuesto-, en sus también abominables relatos: cómo cirujanos de extraordinarios hospitales (algunos pertenecientes a sectores de la iglesia protestante), intervienen pacientes mientras hablan sobre cuestiones fútiles o conflictos personales, y sentimentales como Faustos Sokúrovianos frente a los cadáveres. Las series a las que me refiero –sumamente exitosas y a veces macabras- son “Grey's Anatomy”, “Dr. House”, y “Private Practice”. Por otra parte no podemos olvidarnos, en esta tesitura, el genial film de Robert Altman, “M.A.S.H.” (1970) en el cual se manifiestan todas las, inmorales, desquiciadas y a veces teñidas de un desopilante humor negro, conductas de los médicos y enfermeras de un hospital de campaña en plena guerra en Vietnam. 



La lucha entre la vida y la muerte, la vitalidad y lo putrefacto, la existencia del mal como una horrenda transacción para lograr algunos placeres, y la transformación o deformación de los humano como una insoslayable realidad que debemos admitir, son tópicos en Del Campo, en Favio, en Goethe, en F.W. Murnau, en Thomas Mann, o en Sokúrov, porque son claves del relato fáustico. Del desasosiego, el nihilismo o el cósmico escepticismo participan no sólo el hombre, débil y ansioso frente a lo mundano y efímero, sino también los seres de los que se vale el diablo, como Mefistófeles, o la encarnación del apuesto y bien plantado en apariencia Mandinga del Fausto criollo que se encuentra, según confiesa, apesadumbrado y cansado de ser diablo, en un claro e interesante planteo existencial, al mismo Nazareno. Como lo es también el ridículo, deforme y grotesco diablillo que acompaña y transa con Fausto en el film, o el mismo Fausto, un ilustre pensador de características renacentistas que lucha incansablemente para alcanzar el conocimiento total, y agotado acuerda con el diablo la venta de su alma. 


Una vuelta de tuerca introduce Sokúrov, y es que el mundo es más tenebroso que sus propias apetencias, y que, el mito fáustico es un útil instrumento para retratarlo y actualizarlo, que no tiene remedio y que los sistemas sólo obedecen al mal que lo carcome y lo deshumaniza hasta el final. Sólo la irreductible soledad en un paisaje desolador es el fin y el destino del hombre, el de hoy, de nuestro hombre. 




Para el realizador este film es un tránsito, dantesco, hacia lo que es más espantoso para el hombre: la soledad total y absoluta. Y Mefistófeles lo guía aprovechándose de la propia debilidad e ingenuidad que la propia naturaleza humana le confiere. Esos círculos, esos espacios o lugares dantescos o fáusticos, por los cuales va caminando nuestro “héroe”, no son ni más ni menos que las distintas visiones o concepciones que Sokúrov tiene de su mundo, de su país, de su región o de su territorio, ya sea desde lo político-ideológico, como de lo social y cotidiano. Ha sido para él una buena parábola o metáfora para poder mostrarnos toda un visión sobre su entorno político y social, no hay duda. Pero, para eso, debe hurgar en donde sea, hasta en las vísceras de cadáveres malolientes, que le provee su ayudante, como el dejarse engañar, consumido por el peso y el indomable afán de sentirse tocado por la sabiduría y el conocimiento eternos. Pero la historia sigue, es implacable, y nuestro protagonista mata al hermano de la mujer que quiere poseer, y no duda en pactar con Mauricius, encarnación terrena del diablo, quien le ofrece a Gretchen a cambio de una noche con ella. Ese Mefistófeles le dice “En el principio era la escritura”, mientras su conciencia le dicta que “En el principio era la palabra”. Todo un dilema a resolver, ya que la indagación sobrevuela el film, nos describe un mundo complejo y sin destino, al menos en manos del hombre, y los míticos relatos que dábamos por extinguidos o perimidos recobran vida y son utilizados por los grandes creadores para expresarse y advertirnos, una vez más, que debemos cuidar la vida por sobre todas las cosas.

Héctor Correa
Punta Alta, noviembre de 2012
 


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