domingo, 29 de julio de 2012

MONSIEUR LAZHAR. LAS OTRAS FORMAS DE LA VIOLENCIA

Profesor Lazhar



“Queremos que se dedique a enseñar, no a educar a nuestra hija“.

Una madre

(del film “Monsieur Lazhar”)



TÍTULO ORIGINAL: Monsieur Lazhar
AÑO: 2011
DURACIÓN: 94 min.
PAÍS: Canadá
DIRECTOR: Philippe Falardeau
REPARTO: Mohamed Fellag, Sophie Nélisse, Émilien Néron, Marie-Ève Beauregard, Vincent Millard, Seddik Benslimane
GUIÓN: Philippe Falardeau
MÚSICA: Martin Léon
FOTOGRAFÍA: Ronald Plante


Nominada a los OSCAR 2011 en la categoría de Mejor Película de Habla no Inglesa (representando Canadá)
Festival de Locarno 2011: Premio del Público y Premio Variety Piazza Grande votado por críticos cinematográficos.
Seminci 2011: Sección Oficial a competición - Premio de la Crítica y Premio "Miguel Delibes" al Mejor Guión
Premio del Público en el Festival Internacional de Rotterdam 2012
Premio a la "Mejor Película de Canadá" en el Festival de Toronto 2011
6 Premios Genie, que otorga la Academia Canadiense de Cine y Televisión, incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Actor




Tres films, últimamente, han incursionado en la temática educativa dentro de las aulas, o al menos relacionados con la vida interior de instituciones o establecimientos formativos de niños y adolescentes. Dos de ellas, se detienen en las relaciones alumno-profesor, “Entre les murs” (El aula o Entre los muros) de Laurent Cantet del 2008, de origen francés, y ésta de la que estamos hablando, “Monsieur Lazhar” (Profesor Lazhar) de Philippe Falardeau, adaptación de una obra de teatro “Bachir Lazhar” de Évelyne de la Chenelière, de origen canadiense. La tercera es una película de Roman Polanski, “Carnage” (Un dios salvaje) (2011) en la que, desde afuera de los muros, muestra la irracional y desmesurada reacción de cuatro padres ante la escaramuza de dos alumnos que termina con la pérdida de un diente en uno de ellos. Todas tienen aristas comunes y no hacen más que describir el estado de desconexión y distanciamiento que a veces se observa en la institución educativa (incluso los padres), especialmente frente a acontecimientos que sobrepasan lo cotidiano y rutinario de la actividad pedagógica.



En apariencia el suicidio (como acto cruel, cruento, horrendo e inaceptable) dentro de un aula, o de un establecimiento, más cuando es descubierto y observado por un pequeño alumno, y cuando está involucrado con el sujeto, puede ser manejado cinematográficamente de dos maneras. Por un lado es un hecho de un volumen dramático de mucho impacto en los educandos y en los educadores, según el pasado del suicida. Y por el otro, la irrupción de un tercero, con una historia particular plena de acontecimientos infaustos, con experiencia de una trágica y triste vida como refugiado argelino.  Este es el nudo del film: cómo manejan las autoridades, los profesores semejante acontecimiento frente a los niños. No deja de ser, sea como  sea, un acto violento. Y, como tal, supera, por su naturaleza, cualquier otro suceso inhumano para las pequeñas mentes de la escuela.



La película está ambientada en un colegio de Montreal, Canadá, donde se habla francés. Allí llega el supuesto profesor para cubrir el cargo de maestro dejado vacante por la docente muerta, y allí este argelino de triste, pero desconocido pasado, empieza su fina tarea de desmontar emocionalmente los resabios negativos del funesto acontecimiento. Fino, porque la sencillez, los escabrosos resortes que va tocando, y la sutileza con la que desmonta esa tenebrosa carga en los niños y los docentes, es una obra de excelencia humana y riqueza psíquica y moral, que no se encuentran en ningún ámbito educativo común. Por otro lado, va descubriendo sus extrañas motivaciones que lo llevaron a esa ciudad, a ese colegio y a entablar las profundas relaciones espirituales con el entorno.
El film es todo un ejercicio hondo, conmovedor, inquietante, de profundas raíces emocionales, como amplio y abarcador por los temas que van surgiendo, desde la étnica, el aspecto multicultural, ciertos resabios discriminatorios, las relaciones familiares, hasta los pedagógicos con los que tiene que luchar ante el avance vertiginoso de las nuevas tendencias aún dudosas y que, en algún momento se transforman en barreras difíciles de salvar aún ante el peligro y la ignorancia. Todo un abanico de interrogantes para nosotros, los padres, los educadores y, por supuesto, sus educandos, que son nuestros hijos.
Héctor Correa

Punta Alta, julio de 2012




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