sábado, 17 de enero de 2009

JUNO. 4 meses, 3 semanas, 2 días



“Juno”

(año 2007)
Duración 92 min. País: EE.UU. Director: Jason Reitman. Guión: Diablo Cody. Música: Kimya Dawson, Matt Messina. Fotografía: Eric Steelberg. Reparto: Ellen Page, Michael Cera, Jennifer Garner, Jason Bateman, Olivia Thirlby, J.K. Simmons, Allison Janney, Rainn Wilson. Productora: Fox Searchlight Pictures
2007: Oscar mejor guión original. 4 Nominaciones: película, director, guión original y actriz (Ellen Page)

Juno, desde el punto de vista de su etimología, tiene una raíz, de una lengua anterior al griego, que significa “fuerza vital”. De esa raíz se puede inferir que deriva, hacia el latín, juvenil, hombre joven, y rejuvenecer. Pero en la mitología romana, Juno era la diosa del matrimonio, o también doncella de los nacimientos. Todo esto es interesante desde la óptica de la lingüística, la mitología, y el origen de ciertos nombres utilizados por casi todo el mundo.

Pero, desde el punto de vista de este film, donde la protagonista es una adolescente embarazada llena de fuerza y vitalidad –llamada Juno, como la mítica diosa-, puede tener otras connotaciones, o bien otras interpretaciones. Tres referencias importantes nos traen a nuestra pobre mente este personaje y su estado. Primero su edad, segundo su estúpido noviecito, y tercero el matrimonio, débil y casi quebrado, que había elegido, luego de una intensa y discutida búsqueda, para hacerse cargo del bebé luego de que nazca.

Si aceptamos que el cine, según algunos estudiosos, es un arte que ayuda a pensar, o al menos a eso debe aspirar, nosotros vamos a tratar de dilucidar algunos aspectos que nos parecen o creemos de cierta relevancia para ubicar la película en su contexto socio-cultural. Quizá una forma de intentar comprender el fenómeno cinematográfico –o al menos esta película-, o una de las tantas formas que deambulan por el universo del análisis y la crítica cinematográfica para tal fin.

La película tiene una estructura convencional, dirigida al rápido entendimiento del adolescente actual –y al casi adulto en transición hacia la adultez-, con una fresca y ágil actuación por parte de la protagonista y el chico futuro padre. La banda musical, excelente, se destaca y aporta una atmósfera entre melancólica y tierna, acorde al estado maternal que impregna toda la obra. Todo, hay que reconocerlo, muy acorde con las leyes y normas narrativas de la llamada “meca del cine”.

La frescura, la agilidad mental, la adultez que por momentos inspira Juno, contrasta, en el contexto de la cultura estadounidense, con la indecisión, las contradicciones o la imprevisibilidad del adulto que rodea y nos pega, a nosotros, que vivimos atormentados por la indolencia y la indiferencia del adolescente. Por otro lado, la atmósfera de escasa o nula preocupación y alarma que trae el acontecimiento del embarazo, refleja sin duda, cierta displicencia a la hora de considerar la llegada de un nuevo ser a este mundo, o al mundo “americano”, como ustedes quieran.

El tratamiento que de este “escandaloso” hecho –así considerado también en otras latitudes-, que hace el director, el candor, la frescura, la ingenuidad, la serena o calma en la reacción de los personajes, revela muchas cosas, y una de ellas es que aún en países súper desarrollados, con culturas muy adelantadas o presuntamente a la vanguardia en el tratamiento de ciertos temas con claras y profundas implicancias morales y éticas –quizá el otro caso sea la pena de muerte y la discriminación-, existe alguna desorientación a la hora de tomar una postura o decisión en el momento oportuno, justa y saludable.

No hay duda que en el mundo occidental, con EE.UU a la cabeza junto con los países más desarrollados de Europa, según Jason Reitman, director de Juno, la cuestión del embarazo de una adolescente es tratado social, moral y culturalmente como un tema “natural” y motivo de películas candorosas, simpáticas, tiernas, dulces, además de posibles candidatas al mayor premio del mundo cinematográfico hollywoodense.

Hay que reconocer una cosa -a la hora de ver films norteamericanos que mejor transparenten las costumbres, las normas morales y éticas, la forma de hacer política, el humor, los métodos y el bagaje bélico alimentado por la discriminación étnica y la xenofobia, la música, la delincuencia, y hasta la manera de considerar las adicciones como las drogas y el alcohol-, no hay nada mejor que analizar una buena película hecha en sus estudios, con toda su tecnología, con sus excelentes directores, y con sus mejores escritores y guionistas para comprender en toda su magnitud el alcance y la significación de esa cultura. La historia de la cinematografía estadounidense es la historia casi de la historia de la cultura universal. Han tomado las reglas aristotélicas sobre la estética y la forma, y han bebido de la religión judeo-cristiana sobre como manejar los contenidos y dotarlos de esa cualidad que los hizo universales, para todo público, sociedad y etnia. Pero no en todas la sociedades y culturas han tomado asiento tan fácilmente.

No podemos hablar de Juno sin mencionar esta otra película, pero de origen rumano: “La muerte del Señor Lazarescu” de Cristi Puiu, ni de esta otra: “4 Meses, 3 semanas, 2 días”. Pero quizá de esta última debamos ocuparnos sobre todo, hoy, en este análisis.

Rumania es un país que hoy pertenece a la Unión Europea y a la OTAN, limita con Hungría, Serbia, Ucrania, Moldavia, Serbia y Bulgaria. Se encuentra también junto al Mar Negro. El río Danubio y los montes Cárpatos son, quizá, parte de esa diversidad geográfica que le ha dado a este país, junto a una región llamada Transilvania –en el centro del país-, un carácter histórico-cultural muy particular. No podemos olvidar que una de las obras más importantes de la literatura universal, Drácula (Vlad Draculea), se desarrolla, por la calidad narrativa y poética del irlandés Brad Stocker en 1897, en esta región. Pero, en otros aspectos también -citaremos sólo dos grandes autores-, se le ha otorgado reconocimiento universal, en teatro –en especial su “teatro del absurdo”, realmente genial- Eugene Ionesco, y en la antropología Mircea Eliade, profundo y minucioso.

Ubicar geográficamente el país de “4 Meses, 3 semanas, 2 días”, o sea el país de Cristian Mungiu, mencionar algo de su historia y sus personajes no es en vano. Significa, por el simple acto de situarnos en su espacio, poner las cosas en su justo lugar, con toda la significación que encierra, y entender de qué se trata cuando la narración adquiere un tono trágico, o se torna cálida y melancólica cuando retrata los personajes y los mueve en lugares –en este caso la urbe-, con cierta historia y características peculiares. Y conocer cómo, en este país, un director joven, de escasa trayectoria, pero dotado de mucha sensibilidad, encara un tema tan ríspido, controvertido y polémico, como el aborto, no hay duda que es entrar en una forma de pensar distinta, imbuido de otras aristas, otros aspectos y otras conclusiones.


“4 luni, 3 saptamini si 2 zile”

Director: Cristian Mungiu. País: Rumania. Intérpretes: Anamaria Marinca (Otilia), Laura Vasiliu (Gabita), Vlad Ivanov (Sr. Bebe), Alex Potocean (Adi), Luminita Gheorghiu (Sra. Radu), Adi Carauleanu (Sr. Radu), Madalina Ghitescu (Dora), Catalina Harabagiu (Mihaela), Sanziana Tarta (Carmen), Mihaela Alexandru (Daniela). Género: Drama.
2007: Cannes: Palma de Oro. 2007: Academia del Cine Europeo: mejor película, mejor director. Autor también de Occident (2001)




Desgraciadamente, el embarazo de una adolescente y el aborto van de la mano. Este es el tema de este film rumano. No son acontecimientos felices y anodinos, más bien, arrastran una aureola trágica que invita a reflexionar sobre los temas más trascendentes de la vida y el hombre. Si a esto le sumamos el contexto socio-político de una Rumania al borde del cataclismo mundial que desemboca en el desmoronamiento del muro de Berlín y el cambio de las condiciones geo-estratégicas a nivel (llamémosle globalización) de las relaciones continentales, la mirada del director no tiene más que detenerse un poquito en la estructura cultural y moral de ese pobre país de la Europa Central para recrear todas las condiciones propicias para desenmascarar los valores y decadencia de esa sociedad en plena desestructuración y crisis.

Antes que nada aclaremos que esta película es la primera de una serie enmarcada en un proyecto titulado Relatos de la edad de oro, aún en elaboración.

Por supuesto, se nos ocurre que el film –sobre el aborto en Rumania-, es una mirada sumamente personal del director. La desaparición de la famosa cortina de hierro trajo más de un problema cultural, social, político y, por qué no, religioso, a más de un país enrolado con la ex Unión Soviética.

De todas maneras, este tema no es problemático o crítico sólo en este país. Es, en el nuestro y en cualquier otro, tan polémico y conflictivo como ninguno. Sólo con analizar tranquilamente “La muerte del Señor Lazarescu”, donde vemos cómo un hombre moribundo recorre todo el sistema sanitario de la capital de Rumania, Bucarest, en busca de ayuda para su enfermedad terminal, vemos y sentimos que por estos pagos también se cuecen habas. Es el motivo por el cual la menciono. Y en esa tónica, el drama de Otilia y Gabita, para decidir y resolver la interrupción de un embarazo no deseado, entra en la antología de los episodios más trágicos de la historia de la humanidad.

Cómo hizo, Mungiu, esta película es otra cuestión muy distinta, puesto que abordó semejante tema con una economía de recursos realmente impresionante. Y no podía ser de otra manera, Bucarest no es Hollywood, ni el cine rumano tiene o goza de una trayectoria excepcional. Así que detenernos a bucear o desmenuzar cada encuadre, cada escena o secuencia, sería inútil, y no es el objeto de esta nota. Cada autor elige dentro del lenguaje cinematográfico aquella técnica, estilo o forma que más le gusta o mejor se adapta para los objetivos que persigue; si la versión final es coherente o no, el espectador comprende el mensaje o le resulta críptico y desarticulado, bello o desmañado y ridículo es harina de otro costal, merece, sin duda, un capítulo aparte o un análisis de otra naturaleza. De todas maneras, el cine de ciertos países del ex mundo comunista de la Europa oriental, Polonia, Hungría, Yugoeslavia, Checoeslovaquia, la Unión Soviética, etc., en especial durante las décadas del 50 y del 60 del siglo pasado, fueron de una calidad estética original y trascendente desde todo punto de vista. Vale recordarlo en este caso.

Héctor Correa
Punta Alta, enero de 2009

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